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The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Hao Asakura el Jue Sep 24, 2015 7:45 am

No iba a negar que una de las primer cosas que le llamó la atención de la ciudad era la vista. Es decir, como cualquiera sitio construido con enormes estructuras de concreto y pisos de asfaltos, era exactamente igual a la mayoría de las capitales urbanas que antes había visitado, y su único motivo real de estar allí era buscar a su prometida como parte de su capricho. Sin embargo, él, a diferencia de la mayoría de los seres humanos que habitaban esos espacios artificiales, era capaz de apreciar la belleza de la naturaleza inmersa allí. Eran detalles sutiles, como el olor de la brisa en la mañana, el sonido de los pájaros. Pero sin duda, su favorito personal serían ver las estrellas que desfilaban cada noche en el manto nocturno. Habría de ser un completo idiota para no apreciar la belleza del espectáculo, y por ese motivo sentía que tenía derecho a reírse en la cara de cada persona en esa ciudad, tan diminutos. Preocupados por sus propios asuntos y siendo asquerosamente egoístas, ni siquiera se daban el tiempo para levantar los y mirar a su alrededor. Por eso los detestaba, ah, inútiles sacos de carne...

Y continuó tumbado sobre su espalda, con una sonrisa de tranquilidad en su rostro. No era precisamente el momento para esos pensamientos, ¿verdad? Dejar aflorar su misantropía desde los confines de su mente a veces se volvía difícil de evitar, y en ese instante quería concentrarse más disfrutar de las estrellas del firmamento que ahogarse en pensamientos amargos, cuando de momento no le eran indispensables. Soltó para sí una pequeña risa, que rápidamente se volvió una carcajada, pese a que no había nadie allí para escucharlo. ¿Acaso estar de buen humor era un crimen? Lo dudaba, y si lo era, ¡incluso mejor! No le importaba. Se mantuvo en la misma posición por tiempo indeterminado, tan sólo disfrutando la brisa fría acariciando su rostro, hasta que finalmente tuvo que ahogar un bostezo con la palma de su mano. Sin levantarse, se quedó observando el guante rojo que cubría su puño, y la figura de estrella marcada en la tela. Luego hizo ademán de estirar ambos brazos hacia el cielo, como si esperara alcanzarlo. Y finalmente, estirándose un poco, enderezó su espalda y se sentó de piernas cruzadas en la hierba. ¿Dónde estaba? Suponía que en una especie de terreno baldío, quizá a los bordes de la ciudad o una ubicación similar de conveniente. No tenía nada de raro que fuera a recorrer por sí mismo el resto del Sweet Valley, ya que probablemente a su prometida le sacaría los nervios tenerlo cerca en todo momento.

¡Claro que antes había considerado la idea! Pero después de una reflexión profunda, lo otro le pareció una mejor opción para pasar la noche. Eran raras las ocasiones cuando no dormía con los miembros de su pandilla, aunque ni siquiera era de madrugada todavía, sólo se echó a dormitar y a admirar la vista en el primer sitio que estimó conveniente. Era bastante callado, y eso le agradaba. Escuchaba sus propias pisadas, pensamientos y respiración, junto al aire suave que mecía su cabello y le daba escalofríos. Estaba empezando a helar, no era sorpresa, terminaba el verano para dar lugar al otoño. Sin pensarlo dos veces, sonrió cuando pensó que encender una fogata sería una buena idea. Y por supuesto, tampoco le tomó demasiado tiempo hacerlo. Después de todo, tenía una amplia experiencia y leve complejo de piromanía, ¡era literalmente pan comido! Se conformó con contemplar las llamas crecer, de forma lentamente, hasta que tomaron la forma definitiva y emitían el calor característico del fuego. Incluso parecía un pequeño campamento improvisado, él con ambas manos al frente calentándose con el fuego. Pese a que el lugar era tan inhóspito que el contexto habría de parecerse a un incendio de proporciones mínimas, o quizá alguien quemando basura.

La última idea le hizo surcar una sonrisa de diversión, y cerrar los ojos. Al momento en que se veía tan calmada que casi podría quedarse dormido tal como estaba, sentado en la tierra, escuchó unas pisadas suaves, casi demasiados ligeras para ser de cualquier persona. ¿Iba a tener compañía? Eso no arruinaba del todo su perspectiva de una velada apacible, pero necesitaba algo de tiempo para pensar si de verdad le agradaba la sorpresa—. ¿Hm? ¿Disfrutando de la vista? —cuestionó en voz alta, con una risa suave saliendo de su garganta. Habló a la intensidad suficiente para asegurarse de ser escuchado, pese a que su tono no estaba siendo exigente o agresivo, dejaba bastante en claro que ya tenía conocimiento de quien fuese que estuviese allí. Estaba de buen humor después de todo, ¿no? Podría incluso disfrutar algo de compañía, no iba a morder.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Lun Oct 12, 2015 7:21 am

Sus dedos se habían movido de un lado a otro en la pequeña hoja del cuaderno, eran dedos poseídos que actuaban bajo el mandato de sus ideas ardientes, deseosas por salir de su cabeza y descansar en los renglones de las hojas blanquecinas. La idea había aparecido frente a sus ojos de manera vaga, casi como un pensamiento sin sentido, como si raspara sólo la superficie de un iceberg, sin embargo cuando sopesó más a fondo descubrió que la musa de su inspiración había tocado sus neuronas y las había puesto a trabajar sin parar. ¿En qué consistía la tan maravillosa idea? Ya no lo recordaba, la idea inicial había perdido el sentido y se dejaba llevar, ya no tenía una concepción concisa de qué es lo que estaba escribiendo, su mente mandaba y ella soltaba las palabras y las escribía con lápiz negro con su no tan delicada caligrafía. Y llevaba así varios minutos y varias hojas escritas, arrancadas sin delicadeza del cuaderno y puestas de forma ordenada a un lado de ella, las cuales volvía a desordenar de vez en cuando para volver a releer las cosas que escribía y verificar una vez más que estaba sumamente conforme con lo que fuera que estuviera escribiendo. Eto amaba cuando eso sucedía, cuando tenía un momento a solas con sus ideas, momentos de ella y su retorcida mente que ansiaba, quería y pedía a gritos feroces que la desgracia y los horrores puedan volverse físicos, tener cuerpos de tinta.

Pero de igual manera que la idea llegó también se fue: sus dedos, esas finas y largas varas de carne y hueso ya no se movían desenfrenadamente, parecía que sus nervios habían muerto y que ya no podría escribir nunca más. Su mente antes llena de filosas ideas gritonas ahora lloraba, lloraba porque estaba blanca, blanca y vacía. Y estaba frustrada, demasiado frustrada. Al segundo parecía que escribiría una obra magnifica como alguna suya ya publicada, y al otro sus neuronas murieron inesperadamente, trabadas, aplastadas, trituradas, ya no servían. Ella estaba enojada, tomaría las hojas y las rompería, arrancaría su propia piel y la rompería, arrancaría sus globos oculares y los despojaría de las cuencas de su rostro y gritaría hasta que sus ideas vuelvan a gritar con ella. No obstante, a pesar de que nadie era espectador de ese espectáculo imaginario más que ella, se calmó y actuó de manera civilizada, puesto que aunque arrancar la piel de sus brazos y los ojos de su cara sonara tentador y hasta divertido, no podía permitirse algo tan bárbaro si quería seguir escribiendo y viendo cosas maravillosas que sus ojos no habían sido capaz de ver aún.

¿Era ésa su excusa más plausible? Lo era, su cuerpo hecho de vendas e hilos de adversidad y carne desgraciada y podrida era el recipiente para su alma sinuosa y sus demonios alegres, había sufrido lo suficiente en el pasado para que ahora en el presente tuviera más resquebrajaduras. Y allí estaba de nuevo, hablando de ayer, hablando de lo que no debería rememorar, de lo que está enterrado bajo tierra y acero y muertos abandonados en una parte muy profunda de su olvido. La solución que había encontrado para calmarse  y volver a enterrar sus pensamientos era extraña, era insólito inclusive para la protagonista del hecho. La decisión fue explorar una vez más los alrededores de Sweet Valley, pero ella necesitaba algo nuevo, algo que le de paz, y las calles llenas de personas muertas por dentro y de pisos duros y luces destellantes que queman los ojos no era lo que necesitaba en ese preciso momento. Por eso necesitaba estar en un escenario natural. Incluso tenía la mera y torpe esperanza que sus neuronas sintieran el toque suave de los dedos de su musa al ocultarse en algún lugar verde. El paradero era desconocido, pero la idea de que había llegado tan lejos como quería, tan lejos  de cualquier cosa viviente e insignificante, era la que reinaba, quería suponer, esperaba y deseaba, estar en los extremos de la cuidad.

El humo, el humo había sido su guía, el humo y la curiosidad de saber qué clase de humano se encontraba en ese lugar. Saltaba de alegría en el camino y reía y cantaba porque algo emocionante había salido de irse tan lejos, la frustración parecía ser ignorada y sus pies descalzos suspiraban al suave tacto de la hierba. Se acercó al lugar proveniente del humo e intentó ser silenciosa, “ocultándose” al lado de un árbol, sosteniéndose de su firmeza. Pero sus nervios tambalearon en respuesta a la voz, activando su sentido de alerta y diversión y al igual que él respondió con una risita. Se acercó sin decir una palabra, no era necesario por el momento, esperaría hasta estar cerca. Se sentó a su lado, de igual forma que él, sin pedir permiso, y pudo distinguir que a pesar de que de espaldas parecía ser una mujer por la larga cabellera era en realidad un muchacho. —Por supuesto, no es malo dejarse envolver por una vista como ésta de vez en cuando, ¿verdad? —habló, al fin, entregándole una pequeña sonrisa acompañando a la aniñada voz a la cual ya estaba demasiado acostumbrada. — ¿Qué hace un humano como tú aquí, tan lejos? ¿Te desterraron de las tierras allá atrás? —interrogó, otra vez con sus comisuras levantadas, mientras veía el fuego con ojos risueños. El fuego, el calor, el rojo de la combustión llamaban su atención y no pudo evitar llevar su mano por encima de él. No quemaba, ya no, no dolía ni su piel se abría y dejaba carne viva como antes, pero sus vendas se quemarían, tendría cuidado de no acercar demasiado la mano.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Hao Asakura el Mar Feb 23, 2016 1:00 am

¿Qué estaba esperando en ese momento? La respuesta era curiosa y simple: nada. No tenía motivos para ir allí, no tenía motivos para estar a la intemperie más que la contemplación de las estrellas, tan sólo estaba allí relajado, existiendo junto a los astros de luz reflejadas en el cielo, a miles de años de distancia y que sin embargo, desde su posición, sentía que casi podría rozarlos con sólo levantar un poco su mano enguantada. Disfrutaba de la calma, de la armonía con la naturaleza. Era uno de los pocos placeres que le quedaban, que esas bolsas de carne que eran los humanos no eran capaces de destruir por completo. Por ello, tenía consciente que debía disfrutar todo su tiempo tumbado en ese lugar, como le placiera. Primero observó largamente las estrellas, hasta perderse en algún punto y llegar a dormitar, con los brazos cruzados sobre su cabeza. No era un problema dejar el tiempo pasar, no tenía un horario ni una fecha siga para estar, nunca. Él era libre de todas esas ataduras que los humanos se colocaban a sí mismos.

Por ello, ni siquiera se alteró cuando el cielo se colocó cada vez más oscuro, de hecho, le agradaba observar mejor la nitidez del brillo de las estrellas, especialmente en la oscuridad. Apreciaba su inmensidad, aunque no lo hacían sentir pequeño. No se sentía como en el fondo del mundo; por el contrario, él estaba en la cima. Arriba de todo, y sobre todos. Ese pensamiento no hacía más que hacerlo sonreír, hasta soltar una carcajada en el silencio, haciendo que ésta se escuchara más fuerte en la oscuridad. A los pocos minutos, se desperezó, estirando sus articulaciones adoloridas por permanecer quieto un tiempo tan prolongado. Y decidió fugazmente encender una fogata al aire libre sólo para gozar de la calidez del fuego, y algo de luz bastante necesaria. Por supuesto, no le pasó desapercibido la presencia de una sombra observándole, nada más podía estar interesado en que se tratase de una sombra tan exquisitamente silenciosa, que de ser cualquier otra ni la hubiera notado. Hizo algo simple, y la llamó en voz alta. No le molestaba que se quedara allí, si acaso era un cobarde que no quería tratar con él, perdería todo lo poco interesante que tal presencia poseía.

Por ello, volvió a curvar sus labios en una sonrisa breve al distinguir una silueta aparecer, hasta acercarse lo suficiente para acomodarse literalmente al lado del fuego, y de él—. Me alegra que estemos de acuerdo, hay quienes no son capaces de apreciar la inmensidad del espectáculo —ladeó la cabeza a un costado, en aparente gesto feliz. Sin embargo, sus ojos escudriñaban con intensidad similar a las llamas el cuerpo menudo de la mujer ubicada a su lado, junto con la presencia de los vendajes blancos que la cubrían. Bueno, hablando de apariencias peculiares, sin lugar a dudas la otra se llevaba el premio en esa ocasión. Sin embargo, la dejó ser, ya que algo tan superficial como la apariencia no era realmente un tópico interesante para él, aunque no negaría que le causaba inmensa curiosidad saber la razón de las vendas. Suponía que podía esperar, suerte que era una persona paciente—. ¿Hm? Criaturas diminutas como los humanos jamás conseguirían desterrarme de ningún lugar —soltó esta vez una carcajada ligeramente más fuerte que la anterior, porque debía estar incluso ofendido de haber sido nombrado como un igual a tales seres desagradables: él era el Shaman King. Que nunca hubiese visto a la mujer en su vida no le daba derecho de llamarle de tal manera, que resultaba perceptible en el leve toque de hostilidad al mencionarlos.

¿Acaso debo hacerte la misma pregunta? —prosiguió, y esta vez no se molestó en mirar a su acompañante temporal; tenía sus ojos oscuros pegados en la intensidad del fuego frente a ellos, como quien admira a su más preciada posesión. Las llamas tenían esa clase de magia que sencillamente lo maravillaba, al igual que el calor que emitía de ellas—: ¿qué hace un ser humano como tú, en tierras baldías como éstas? —aunque su tono resultaba levemente festivo, hizo evidente el énfasis en la frase con la satisfacción de enterrar una daga profunda en carne blanda. Sencillamente, estaba disfrutando de su lujo de ser imprudente, pues podía percibir de alguna manera que la entidad sentada a su lado detestaba a los sacos de carne tanto como él: sólo porque los seres humanos no se mencionan a sí mismos como tales. No cabía duda de qué clase de criaturas interesantes se pueden atraer en la noche con una fogata pequeña, aunque la primera en la lista de invitados fuese él, todavía podía darle una oportunidad a la ajena.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Lun Mar 07, 2016 6:59 am

No hace falta, la respuesta sería la misma, humanos simples y llanos no podrían desterrar a Eto —contestó, con una simple sonrisa pequeña dibujada levemente en sus facciones. Ciertamente, la mayor había sentido una pizca de algo entre sus entrañas cuando lo escuchó hablar de tal manera, así, tan igual a ella. Se preguntaba internamente cuántas personas había en ese mundo compartiendo pensamientos iguales a ellos y lo llamativo que sonaba: personas odiando a personas; porque debía ser sincera, ella se aclamaba superior y un monstruo completamente alejado de cualquier concepto de humano, pero al fin y al cabo era el mismo pequeño animal que todos los demás—. Yo no soy un ser parecidos a ellos, ¿qué eres tú? Eto está ansiosa por saber —y en realidad, tenía un montón de preguntas por hacer que revoloteaban en su cabeza, hiperactivas y desesperadas por escaparse de su boca, sin embargo, ya habría tiempo para eso, después de todo, podría pasar toda la noche allí en la compañía ajena porque esta vez no cometería el error de dejar escapar a su nueva pequeña presa tan fácilmente: el recuerdo la encolerizaba enormemente.

Pensó por un momento su siguiente respuesta, ¿qué hacía allí? ¿Escapar de su mundo mental estático de fantasía literaria? ¿O era porque realmente estar encerrada por mucho tiempo le hastiaba hasta los huesos? Llegó a la conclusión que la respuesta tocaba la punta de las dos opciones y realmente estaba demasiado aburrida y muy cansada de una vista tan común como las calles sucias y personas de menguada capacidad mental pisotear la tierra—. No lo sé —en cambio su respuesta fue más simple que toda la filosofía que se había creado dentro de ella—. Simplemente lugares como este me traen paz, y la vista del humo me trajo directamente aquí, aburrido, ¿verdad? —no mentiría, su respuesta no tenía ni una pizca pequeña de sugestivo, pero la señorita escritora no era de mentiras fantasiosas (no siempre) y no adornaría su verdad para sonar interesante a los oídos de alguien que al fin y al cabo todavía no había hecho mucho por entretenerla—. Sin embargo, aún no escuché tu respuesta, ¿tienes alguna razón interesante o sólo somos un par de desconocidos gastando tiempo? —soltó de repente, como si se lo hubiera estado guardando desde hace mucho tiempo.

No obstante, entre ellos se formó una brecha de silencio tan grande que parecía muy difícil de achicar tan fácilmente; Eto pensó que aquello no podía ser simplemente un desperdicio de tiempo y ella tenía un nuevo juguete con el que entretenerse, ¿dejaría pasar el tiempo mientras imaginariamente se quemaba las manos en el fuego? No, ella había visto un fuego diferente y más atrayente, la personificación de un incendio sentada a su lado con un desprecio notable por cualquier humano que se atreviera acercar mucho sus extremidades a la punta de su llama; pero a ella sentía el ímpetu de quemarse las manos de todas formas, era casi inevitable. Dio un largo suspiro, y se paró de repente, cualquier que la viera diría que claramente se había cansado de estar hundida en el sosiego, pero la pequeña ninfa tenía más paciencia que eso; en cambio dio un par de pasos tan delicados que parecían el roce de una pluma con la hierba y se posó frente al muchacho castaño, con sus dos pozos de desesperación enfocados en los ajenos—. No quiero charla banal, no quiero que me aburras, sé que puedes hacer más que eso —rió despacio, ¿era ésa una provocación? Cabía la enorme posibilidad que inconscientemente sí lo fuera.

Eto quiere jugar un juego —y ella nunca se cansaba de su lado aniñado, pero es que sus juegos siempre terminaban por traer algo interesante, ¿verdad? Esperaba que el muchacho frente a sus ojos no lo arruinara como el albino de tiempo atrás, aquel que no había dejado su mente desde hacía buen rato—. Será divertido, lo prometo —volvió a estirar las comisuras de sus labios, con una sonrisa que oscilaba entre lo macabro y lo adorablemente extraño—. Es algo sencillo, verás: a Eto le gusta jugar a las escondidas, y un bosque es el lugar perfecto, ¿no? —hasta allí, muy normal, nada interesante que pudiera despertar la emoción de ninguno de los dos—. La diferencia será, que jugaremos una sola vez, y el que pierda tiene que ser el juguete del ganador —aplaudió, como vitoreándose a ella misma por la maravillosa idea que tenía, ¡porque por supuesto no había ninguna posibilidad de perder! Ser una sombra silenciosa era cosa fácil para ella, pero a la japonesa le atraía aquel poder que había tenido en ajeno para detectarla tan fácilmente y era un reto no sólo para él sino para ella misma: ser más silenciosa que el silencio—. ¿A qué me refiero con juguete? Un juguete al que puedes controlar, sus acciones, sus movimientos, sus quebraduras, todo. ¿Qué dices? Ésta no es una oportunidad que le doy a cualquiera —finalizó, estirando su mano para dar a entender que el trato se cerraba allí.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Hao Asakura el Miér Mayo 04, 2016 8:27 am

A su consideración, podría resultar un poco inútil esperar a que algún suceso interesante simplemente le revoloteara en el rostro, vamos, que en la vida real eso nunca solía pasar. La vida era tan aburrida como disfrutable, la diferente para él era que era libre de todas aquellas ataduras imaginarias que la sociedad se empeñaba en implementar en todos los ciudadanos. Tenía un nombre, un apellido, pero poco importaban en la identidad de un heredero que se podría haber dado por muerto años atrás. Era una ventaja consecuencia de la vida nómada, hasta que se aburrió de la misma y decidió por mero capricho instalarse en la misma ciudad que su prometida de la infancia. ¿No era ser impulsivo un don maravilloso? Tenía el libre albedrío de hacer lo que quisiera sin importar qué quisieran los demás, siempre era beneficioso para su persona tener a esa clase de gentuza leal a su alrededor. Pero ése no era el punto, todos necesitaban tiempo a solas de vez en cuando, aunque en su caso particular era la mayoría del tiempo por el simple hecho que los humanos eran escoria barata y no le agradaba estar en su presencia. Era simple.

Tal vez por eso debería considerar afortunada a la presencia que se acercó a él, meramente atraída por el calor del fuego como un animal salvaje. Ya que él era el Shaman King y le permitió quedarse, no emitió reclamó alguno cuando efectivamente la sombra intrusa dio pasos dentro de la luz, trasformándose en una entidad vívida: una mujer cubierta en vendajes. Era peculiar que su presencia no se hiciera menos ambigua incluso frente a las llamas, sin estar oculta en la oscuridad, pero a él no le importaban mucho las apariencias de todos modos. Le llamó poderosamente la atención que la otra se refiera a los sacos de carne conocidos como seres humanos de igual forma que él: con un desprecio implícito. Aunque el hecho de ser considerado dentro de la misma categoría de estos le resultó en un insulto, su respuesta no fue tan grave, sólo una carcajada y la poca sutileza de clavar la misma acusación en su interlocutora. Sin duda tenía que resultar interesante que dos criaturas negando su inherente clase biológica se conocieran—. Eto —repitió el nombre, imitando la pronunciación melódica con que la mujer se llama a sí misma—. Yo soy Hao, lo mismo que tú, supongo —se encogió despreocupadamente de hombros, embozando una sonrisa serena.

Por supuesto, continuó escuchando con la misma expresión de entretenimiento leve, intercambiando su vista entre el fuego y el cuerpo menudo de su acompañante casi a intervalos regulares, eso fue, al menos, hasta que dijo que nuevamente podía hacerlo reír—Estuve aquí primero, quien me hace gastar tiempo eres a—tuvo la necesidad de corregir esa pequeña frase, con la soberbia de un rey que tenía autoridad absoluta, porque, ¿no era así?—. Sólo vengo a observar las estrellas, donde el cielo es limpio y no intervienen las luces de la ciudad —su acotación fue sencilla y plana, pero su voz había sonado consistente, como para tratarse de hablar de un hecho relevante y no del espacio observable en la ciudad. Y con todo su buen humor, estaba perfectamente para él si la charla banal que compartían acabase justo en ese punto, era mejor el silencio a no tener nada concreto que decirse. A él realmente le bastaba con contemplar el fuego y la luz de las estrellas, relajarse y disfrutar de los dotes que la naturaleza colocaba a su disposición. Ese fue el principal para que, apenas Eto se había levantado de su lugar para colocársele de frente, interrumpiendo la vista que estaba disfrutando, su primera acción al escuchar sus palabras fue fruncir levemente el ceño.

A pesar de la leve provocación implícita, su tono de voz carecía de hostilidad, porque aún no había necesidad—¿Y por qué debería de entretenerte a ti? —fue su respuesta, volviendo a embozar una sonrisa suave, sólo que ésta parecía una máscara quebradiza para el fastidio que estaba sintiendo en ese momento. ¿Qué era ella para exigirle cosas a él? Continuó observándola con ojos críticos, una mirada fija que era tan intensa como el calor de las llamas a espaldas de ella. Continuó con el semblante neutral, sonriendo apenas un poco más al notar lo dramático que eran todos los ademanes que la otra mostraba de forma tan natural, como si ella fuese un persona por sí mismo—. Tú sabes, jugar a las escondidas y los juguetes son cosas de niños —recitó con lentitud, tomándose el tiempo para entrelazar sus dedos en su regazo, aprovechando que no se había levantado del suelo todavía. Era una crítica, ni siquiera se iba a molestar en disimularlo, la actitud aniñada de Eto era cansina hasta cierto punto, pero él era paciente—. Pero tienes suerte, el Shaman King jugará contigo esta noche —él tampoco estaba restringido a comportamientos dramáticos, tan pronto como la sentencia salió de sus labios estaba de pie, y se sacudió el polvo imaginarios de las manos y la ropa. La diferencia de alturas era notoria, pero él no la miró hacia abajo, sino que levantó el cuello para admirar los astros sobre sus cabezas una última vez al hablar—. Ve a esconderte, voy a contar hasta diez —recitó con voz suave, y no necesitaba repetirse, pues sabía que la otra estaba más ansiosa por jugar que él mismo.

Tan pronto dio la expresión, cerró los ojos y empezó a contar en voz alta, sin apresurarse: si Eto no se escondía bien eso no iba a ser divertido para ninguno. Podría quemar el bosque entero para encontrarla, pero no podía atendar contra la naturaleza de ese modo tan vil. Cuando finalizó de contar, quedó súbitamente en silencio, para girar sobre sus talones y avanzar hasta la penumbra del bosque, sin introducirse entre los árboles todavía. Miró a su alrededor, y no distinguió ninguna sombra, ni siquiera captó el sonido de una pisada en la distancia. Eso le iba a tomar tiempo, pero la resolución de ello incluso le hizo sonreír con anticipación.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Sáb Oct 29, 2016 9:14 am

Tener encuentros casuales con seres terrenales se había vuelto parte de la vida diaria de Eto, encontrarse con entes que pasaban efímeramente en su camino y sus caras eran olvidadas en minutos era común para la japonesa y conseguía contar con los dedos de la mano las veces que tenía la interesante coyuntura de estar en presencia de existencias que fueran más llamativas que el resto de la sociedad: Hao corría con la suerte de caer limpiamente en el segundo término, cautivando la atención de la escritora de manos pequeñas con el simple hecho de compartir ideales con respecto a la humanidad, y que el ajeno alegara que no compartía la misma especie que ésta última terminó por convencerla totalmente de quedarse más tiempo allí platicando con lo que-sea-que-fuera el muchacho de cabellos castaños—. ¿Y cómo es que Hao sabe precisamente lo que soy? ¿Sabes? Hay muchos tipos de individuos en este mundo y aún no encontré a nadie como yo, dudo que tú lo seas —aun así replicó, quizá con las implícitas ganas (o necesidad) de molestarlo un poco o por lo menos tener una reacción que la divirtiera, quitando el hecho, por supuesto, que realmente le picaba la curiosidad saber qué es lo que se consideraba alguien como él.

La sonrisa no evitó mostrarse animosamente en sus labios con aquella acotación brusca y vertiginosa: llevaba bastante impetuosidad contestar de aquella manera a un comentario simple no obstante, más que molestarle simplemente logró hacerla reír—. En resumidas cuentas —siguió, sin mirar al ajeno a sus ocelos—, no tienes ninguna razón interesante y estás aquí perdiendo el tiempo igual que yo —finalizó. Y la situación en la que se vieron envueltos podría haber terminado allí, mas Eto consideraba que la velada tenía mucho por delante aún y no se quedaría sentada a ver como los minutos tortuosos pasaban frente a sus ojos sin nada que lograra divertirla. La solución era sencilla para la joven mujer de cabellos verdes: jugar a las escondidas—. Porque, eventualmente, tú también tendrás la ocasión de jugar a algo interesante, nos… ¿Cómo decirlo? Entretendremos mutuamente. Quién sabe, al final de la noche, quizá tienes un nuevo juguete humano —en su fuero interno se carcajeaba fuertemente pensando que ni en su más sano juicio cabría la posibilidad de que ella perdiera y fuera la marioneta de hilos y movimientos limitados de alguien desconocido, ni de nadie, a decir verdad.

Bueno… —comenzó—. Si mi Dios es un niño caprichoso con desmesurado poder, entonces, ¿por qué yo no puedo serlo? La vida no es divertida si no hay juegos de por medio —oh, ¿qué si le molestaba ser comparada con una niña pequeña? Por supuesto que no había nada más lejos de la realidad: Eto se caracterizaba por ser una mujer visceral y despiadada que aún podía conservar sus toques aniñados y la capacidad de ver el mundo desde una perspectiva diferente, quizá ¿desde una perspectiva infantil?—. Es un honor, Shaman King —susurró con emoción, mas no hizo ni siquiera un ademán de reverencia incluso si el ajeno se autoproclamaba un rey; lo había dicho antes y sus labios podían caerse y su garganta estar degollada que ella no se cansaría de decirlo una y otra vez: Eto sólo tenía un Rey. No respondió a la declaración de Hao, sino que, con sumo entusiasmo bullendo dentro de ella, se dio la media vuelta y de la manera más taciturna comenzó con sus pequeños pasitos a la vez que Hao comenzaba a contar pausadamente desde el uno al diez. Los metros que caminó no son precisos, sin embargo, supuso que se había alejado lo suficiente porque ya no lo escuchaba contar. Sopesó superficialmente el lugar y tomó la iniciativa de que el mejor lugar para esconderse sería: claramente en la alta copa de algún tupido árbol; rio despacio cuando comenzó a escalar por las ramas de éste, con la descabellada idea de que ella realmente parecía un búho situándose cómodamente en algún tronco.

Media hora fue lo que tuvo que pasar para que la mujer lograra divisar al muchacho que había tomado el trabajo de ser su cazador, media hora que gastó tarareando canciones segura de que Hao no estaba ni un ápice de cerca de su paradero; siendo sincera con ella misma pensó por una milésima de segundo que aquel ente que había conocido cerca de la fogata se había ido, dejándola a ella aburrida y colérica, decepciona más que cualquier otro sentimiento. Lo caminar apaciblemente, como si quisiera escuchar cada ruido que bailaba en el viento, lo vio escaneando el panorama en busca de alguna ninfa pequeña y miscelánea, no obstante, no parecía tener consciencia de que aquella presa que buscaba tan fervientemente estaba por encima de él: en muchos sentidos; y cansada de esperar semi-acostada en una rama alta de un árbol, se permitió soltar una suave risa que innegablemente el Shaman King oyó—. ¿Te has perdido, pequeño? —vociferó risueña—. Déjame decirte, te has tomado mucho tiempo en encontrarme y —suspiró, bajando delicadamente de la copa del árbol que fue temporalmente su banca de espera—, de todas formas, ni siquiera has podido verme allí arriba. Qué decepción, Shaman King —se permitió una mueca de fingida lástima profunda, llevando una sus manos vendadas a su pecho—. Yo gané —sonrió maliciosamente—, y tú eres mi juguete.
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Re: The view from here. [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Hao Asakura el Dom Nov 27, 2016 7:21 am

No esperaba nada interesante de manera particular, y sin embargo, la suerte se empeñaba en vanagloriarse de su indiferencia; interrumpiendo su tranquilidad con una visita indeseable, y aún así, no necesariamente mal recibida. No tenía motivo alguno para mostrarse hostil con la otra criatura que había sido atraída hacia el brillo del fuego para cobijarse en el calor de las llamas, justo como él. Con las estrellas resplandeciendo sobre sus cabezas y el silencio apacible llenando el vacío de la noche, era difícil interrumpir la tranquilidad de su semblante, de sus pensamientos distantes. ¿Qué tanto podrían tener en común dos criaturas que desprecian la humanidad? A él también le gustaría una respuesta satisfactoria, pero la réplica vaga de su condición aparentemente "no-compartida" no fue del todo de su agradado, pero decidió que encogerse de hombros era la mejor solución al conflicto inexistente—. Entonces es una lástima, me hubiera encantado hallar a otra una criatura desprendida de la sociedad. Será la próxima vezuna completa lástima que el libre albedrío se tratase de un don tan escaso esos días.

Y sin embargo, se trataba de ese detalle minúsculo, esencial el que marcaba toda la diferencia. El por qué los seres diminutos se distinguían de los reyes. Pero en esa ocasión, él no estaba allí para juzgar, no estaba allí más que por capricho propio, y no iba a soportar que le discutieran lo contrario, ni siquiera una ninfa de rostro difuso y voz aterciopelada como una lija bajo la lengua—. Seguramente pierdes mucho el tiempo y te gusta pensar lo mismo de los demás, eso es interesante —repuso, ya sin ocultar la leve hostilidad oculta bajo su sonrisa de bordes quebradizos. Conocía lo suficiente la naturaleza humana para adivinar cuándo se trataba de mero egocentrismo, él sufría exactamente del mismo problema. La diferencia es que no tenía la delicadeza de tacto para querer lidiar también con el ajeno—. ¿Un nuevo juguete humano? —repitió, ahogando su repentino fastidio en la extrañeza breve. Aunque aquélla pronto fue reemplazada por diversión, y pronto una carcajada limpia de lo profundo de su ser, expresado así resultaba de una idea risible, apropiada. Y le recordaba a aquel escueto grupo de personas que esperaban a por él en algún escondite vacío de la ciudad—. Qué cosa tan inútil y frágil, eh. Tú has de tener muchos de esos.

Si acaso lo ofrecía con tanta libertad, ni siquiera lo dudaba. Ni siquiera tenía caso en reclamar por ofrecer tal actividad infantil cuando su interlocutora se hallaba oh tan identificada con el concepto de Dios y el poder, era una asociación extraña que no le resultaba del todo ilógica, pero seguramente él sería la última persona a quien debiese preguntársele—. Si no tienes un mejor modelo a seguir, no me sorprende —se carcajeó levemente, esta vez, sin rastros de burla ni hostilidad, sólo genuino entretenimiento. No le sorprendió hallarse involucrado finalmente en el juego, lamentablemente, con una pizca de emoción disminuida que no se comparaba en absoluto al entusiasmo de la menuda mujer. Empezó a contar hasta diez, y escuchó los pasos alejarse hasta que el sonido se fundió con el silencio negruzco del ambiente. Cumplió su papel a la perfección, se sumergió en la oscuridad del bosque recorriendo con escrupulosa lentitud el camino marcado, observando y escuchando cada pequeña criatura a su alrededor. Nada. Ni siquiera cuando trascurrieron los minutos (cinco, diez, quince, veinte, no quiso continuar contando) hizo posible algún avancé, y sólo cuando escuchó una risa provenir de arriba de su cabeza supo a la perfección lo que ocurrió. Había perdido algo tan insignificante como un juego, y no sabía bien si debiese sentirse patético por ello, pero de todas maneras no evitó una mueca curvar en sus labios al llegar a sus oídos las palabras que repetían aquello ya evidente.

Se cruzó de brazos y cerró los ojos, como si estuviese examinando una y otra vez la entera situación en su cabeza. No había duda posible, perdió. No era lo que se estaba esperando, aunque no esperaba ninguna conclusión, probablemente de hacerlo ésa sería su menos favorita—. Ah, pensar que estabas sobre la copa de un árbol... —se lamentó en voz alta, soltando un suspiro desganado y marcando en sus facciones una expresión de profunda desilusión. A nadie le gustaba la derrota, se sentía como un trago amargo en su boca y la razón de su ceño fruncido. Se dejó caer sentado en la hierba, con las piernas cruzadas y los manos enguantados de estrellas sobre las rodillas. Desde allí, abrió los ojos oscuros una vez más, para mirar con profundo interés a la silueta cubierta en vendajes, con un rastro leve, apenas perceptible, de entretención en la voz—. ¿Y bien? —interrogó, todavía con la exigencia y porte esbelto de un monarca—. Me intriga sabe qué clase de tareas les asignas a tus juguetes —entrelazó los dedos, embozando exactamente la misma sonrisa amena que frente a las llamas de la fogata.
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Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 02, 2017 12:54 pm

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