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A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

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A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Karen Ellaway el Dom Sep 06, 2015 2:08 am

Pasaron los meses desde aquél día en la playa, para ser exactos tres meses. Se suponía que deberíamos estar divorciados y viviendo cada uno por nuestra cuenta, sin embargo, Ian seguía en mi casa y nosotros seguíamos casados. ¿Si me molestaba? En realidad ya me había acostumbrado. Me encontraba cómoda viviendo con él, y a decir verdad, pensar en que se fuera me provocaba una extraña sensación, según yo porque me había acostumbrado a vivir con él. ¡Mentira! Aunque yo aún no me hubiera dado cuenta, Ian se había convertido en alguien muy importante para mí, no sabía cómo ni cuándo había pasado a formar parte de mi vida. En definitiva, y resumiendo, me gustaba vivir con él.
En aquellos momentos me encontraba plácidamente dormida, pero entonces escuché una voz con la que me había familiarizado mucho durante estos últimos meses. Poco a poco abrí los ojos, enfocando por fin al hombre que se encontraba conmigo tumbado en la cama. ¡UN HOMBRE! ¡En MI cama! Si no fuera porque salió de la cama le hubiera dado una buena patada, incluso agarré lo primero que encontré y se lo lancé, pero el objeto impactó contra la puerta pues Ian había salido del cuarto.
-Será idiota- Me quejé, tenía el corazón a mil. ¿Por  qué seguía reaccionando así cuando tenía a un hombre en la cama? Se suponía que yo ya tenía todo superado, me había acostado con muchos, muchos hombres. ¿Por qué entonces tenía aquella ansiedad? “No le des importancia, Karen” me dije a mí misma mientras volvía a tumbarme en la cama, arropándome con las sábanas. Entonces Ian volvió a entrar y…
-¿Qué? ¿A mí por qué?- Del “susto” me había incorporado de la cama de un brinco. ¿Por qué querían conocerme? Vale, era la esposa de su hijo y vivíamos juntos… Pero eso no significaba nada, solo era un estado temporal. ¿No? -Ahora tengo que conocer a mis suegros… Tengo lo peor de una relación, pero sin disfrutar de los bueno- Exacto, él y yo aun no habíamos hecho nada más allá de provocarnos el uno al otro. Y, claro, una que no es de piedra… Estaba que me subía por las paredes. -En fin… Supongo que habrá una cena ¿No? Habrá que prepararlo todo… Cocinas tú- Me levanté de la cama y me quité a camiseta que usaba como pijama, sin ningún tipo de pudor. Estamos casados ¿No? Además, él me había visto muchas veces con menos ropa aún.
-Yo iré a ducharme, luego tendremos que ir a por lo que sea necesario- Lancé un beso a Ian con un pequeño gesto burlón y fui al baño.
Justo cuando csalía de la ducha mi móvil comenzó a sonar, haciendo que casi tropezara. Corrí para cogerlo y pronto la voz de mi madre sonó tras el teléfono. Me contó entusiasmada que ella y mi padre habían ido a España de vacaciones, me habló sobre el país y blablablá. Todo iba bien, hasta que se me ocurrió la fantástica idea de contarle que los padres de Ian vendrían aquella misma noche. Sus siguientes palabras me dejaron sin habla.
Cuando colgamos yo todavía seguía pálida, salí del baño con una toalla rodeando mi figura y miré a Ian como si estuviera viendo un fastasma.
-Mis padres están de vacaciones en Barcelona con mi abuelo, conté a mi madre que tus padres vendrían hoy… Ahora los míos vienen de camino.- Hoy no era nuestro día, estaba claro. ¿Se podía saber a qué narices tenían que venir? Vale, les echaba de menos y todo eso… Pero es que encima vendrían también los padres de Ian. Me dejé caer sobre el sofá, aún sin peinarme si quiera, y miré a Ian dando un suspiro.
-La que nos espera…-En ese momento agarré a Ian del brazo y tiré de él hacia mí para tirarle a mi lado en el sofá, tal y como acostumraba a hacer continuamente durante esos tres meses. Lo cierto es que sospechaba que se dejaba tirar, pero eso es lo de menos.
-Sé un buen marido y prepárame el desayuno mientras me visto y todo ¿Vale?- Guiñé un ojo, acompañado de una pequeña sonrisa. A decir verdad, tener al moreno tan cerca me provocaba cierta tensión, es decir… Llevaba 3 meses sin nada de sexo, y él estaba tan cerca… Y habíamos estado tan cerca… Pero nunca rematábamos la faena, y eso me estaba matando. Por si fuera poco, me sentía mal si lo  hacía con otros. Lo había intentado, creedme ¡Pero imposible! ¿Por qué? Quizás por estar casados, aunque no tuviéramos una relación propiamente dicha. Vamos, que estaba en una situación difícil, y muy estresante, creedme.
Para cuando me terminé de vestir el desayuno ya estaba preparado, así que me senté en la mesa, justo frente a Ian, con las piernas separadas y los codos apoyados en mis muslos.
-¿Sabes? He estado pensando…- Acerqué mi rostro un poco más al suyo, sonriendo burlona. -No estaremos oficialmente casados hasta que no consumemos el matrimonio ¿No?- Con esas palabras pasé de la mesa a sus piernas. Y sí, vale, sonaba un poco desesperado… Pero es que ya estaba desesperada. Probad vosotros a estar tres meses sin sexo mientras tu marido/compañero de piso se pasa el día calentándote. Vamos, que si me descuido se pueden hacer huevos fritos en mi piel. Pero no iba a ser ahora cuando termináramos nada de lo que dejamos pendiente, porque yo le tenía algo más importante guardado. Acerqué mi boca a su oreja, le di un pequeño mordisco y susurré:-¿Cuántas veces tengo que… En ese momento, sin previo aviso, cogí una tostada ya untada con mermelada y se la restregué en la cara a Ian. -No entres a mi habitación mientras duermo- terminé la frase, pero esta vez en un tono más alto y algo enfadado. -Sabes que lo odio, es muy… “angustioso” sería la palabra, pero no quería usar esa pues sonaría un tanto… extraño -Incómodo- terminé por decir, levantándome y sentándome en una de las sillas. La tostada que le había restregado era mía, así que con total tranquilidad cambié mi plato vacío por el de Ian, que aun tenía la tostada intacta. -Lávate rápido, seremos muchos esta noche y tienes mucho por cocinar, cielo~. Yo estaré muy ocupada investigando sobre la agresividad humana.- Vamos, que estaba enganchada a Juego de Tronos y quería seguir viéndolo. En otras circunstancias me hubiera mostrado algo más amable, pero en cierto modo estaba molesta. Lo cierto es que no con Ian, más bien con el hecho de que yo estuviera afectada por algo tan pequeño. -Pero si quieres puedo acompañarte a comprar lo que necesites. Ah, y pastillas para el dolor de garganta. Lo necesitarás. Y es que mi abuelo está sordo como una tapia…
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Ian Forssel el Mar Sep 08, 2015 4:13 pm

Esbocé una sonrisa irónica mientras con mis dedos limpiaba la mermelada que había acabado en mi rostro. Seguía sin entender por qué a Karen la afectaba tanto cuando me metía en la cama con ella pero os aseguro que pronto lo averiguaría. De momento nuestros padres eran razón de mis nervios y preocupación... La verdad es que tenía un leve mal presentimiento. – Si crees que vas a escaquearte de cocinar vas lista gordinflona. – lamí el dedo en el que tenía puesta la mermelada y sonreí burlón mientras me levantaba de la silla. – Mhm... Fresa con un toque de Ian. Así incluso está más buena. – le guiñé un ojo a Karen y caminé hasta la habitación para ponerme un pantalón junto con una camiseta, ya que seguía estando solo en calzoncillos... Por si alguien no se dio cuenta. Me lavé mejor la cara y cuando volví al salón, como me imaginaba la morena ya estaba viendo Juego de Tronos. Sonreí pícaro y me puse delante de la tele impidiendo que siguiera viendo. – Amor mío, sabes que siempre te dejo descansar pero hoy viene nuestra querida familia y si no quieres que eche Bourbon en la comida, vas a ayudarme. – apagué la tele y le tiré un delantal de color rosa que había encontrado en uno de los armarios de la cocina. – Anda, pontelo. Seguro que estarás monísima. – le guiñé un ojo y me adentre en la cocina comenzando a sacar todos los trastos necesarios. Puede que no lo pareciera pero lo cierto es que hacer platos de restaurante era uno de mis puntos fuertes.

Pasaron unas cuantas horas y Karen y yo seguíamos cocinando como locos. Dentro de poco tiempo llegaría nuestrafamilia así que debíamos darnos prisa. En otras ocasiones no me habría esforzado tanto pero quería que mis padres vieran que aún después de aquella decepción con Elena, yo estaba perfectamente bien. Hablando de Elena... Es muy posible que viniera acompañada por Paul. Tras unas cuantas llamadas que había hecho a Finlandia, me enteré de que seguían juntos y bueno... Ya no me molestaba. Después de haberle contado todo lo sucedido a Karen, una noche en la que había bebido, me sentía mejor. Creo que ya la había dejado ir.
Probé la salsa de tomate que estaba cocinando pero no estaba demasiado seguro del sabor. Por lo que di un paso hacia Karen junto con la cuchara y se la acerqué a la boca. – Pruebalo. ¿Crees que le puse mucha sal? – después de su respuesta asentí con la cabeza y cuando quería continuar me fijé en que le había quedado algo de tomate en la comisura de los labios. Juro que intenté controlarme... Pero últimamente eso de la resistencia se me estaba dando de pena. – Mira que eres cochina. – solté una suave risa y dejé la cuchara sobre la mesa mientras agarraba a la morena por la cintura y la acercaba hacia mi cuerpo. – Pero no pasa nada, eso se arregla en un segundo. – susurré cerca de su oreja y acerqué mis labios a los suyos mientras limpiaba su comisura con mis dedos. Iba a alejarme pero en vez de eso deposité un suave beso en su boca y la miré directamente a los ojos. – Sabes... Eso de estar casados ya no me molesta. ¿Y a ti? – no esperé demasiado tiempo por su respuesta, ya que los impulsos me nublaron por un instante. Observé otra vez sus orbes y volví a besarla pero esta vez de una forma mucho más intensa. ¿Que estábamos en la cocina? Como si fuera en plena calle... Ya me daba igual. Bajé mis manos a sus muslos y la cargué sentándola sobre la mesa sin dejar de besarla. Llevé una de mis manos a su espalda, debajo de su camiseta y la otra la puse en su nuca mientras bajaba mis labios y la mordía en el cuello... Pero entonces me di cuenta de la presencia de alguien y sin alejarme de Karen giré un poco mi rostro dando un suspiro.

– Hola mamá. – acoté mirando a una mujer alta y morena quien nos observaba atónita en la entrada de la cocina. Aclaro, mi cabeza seguía apoyada entre los pechos de Karen por lo que nos había pillado en una situación bastante comprometedora. Me aparté de la morena y caminé hasta mi madre dándola un abrazo. – ¿A caso no sabes llamar? – ella me devolvió el abrazo y sin dejar de mirar a Karen dijo que la puerta estaba abierta y quería darnos una sorpresa. Pues sí que lo había conseguido. - Encantada de conocerte. Soy Isabella. - dijo acercándose a Karen para darle un efusivo abrazo. - Veo que no perdéis el tiempo eh...- comento burlona a lo que respondí soltando una risa. – No mucho. ¿Dónde está el resto? – inquirí mirando por la ventana y me dijo que estaban aparcando y ahora vendrían. Aquello significaría que vería a mi hermano y mi ex en menos de cinco minutos... Esperaba que no hubiera tensiones innecesarias.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Karen Ellaway el Sáb Sep 26, 2015 11:59 pm

-Tsk, pesado- me quejé cuando el moreno se interpuso entre mi querida tele y yo, pero supongo que en verdad no me quedaba de otra que ayudarle, le veía capaz de echar bourbon en la comida y emborracharnos a todos. Me levanté del sofá y me coloqué el delantal que me había lanzado Ian, básicamente porque no quería mancharme. -Que conste que lo hago porque quiero, no porque tú me lo pidas- puntualicé mientras me dirigía hacia la cocina.
Pasamos horas cocinando, y cuando ya nos quedaba poco una vez más el ambiente comenzó a caldearse. De lo que yo no me daba cuenta, o no quería darme cuenta, era que ya no era solo una simple tensión sexual… Ahora había algo más fuerte que eso detrás.
-Lo cierto es que a mí tampoco me molesta- respondí. De alguna manera me gustaba escucharle decir aquellas palabras, no sabría dar una explicación, pero tampoco la busqué. Simplemente dejé pasar el sentimiento sin preguntarme por él, quizás porque no quería saber la respuesta, o tal vez  simplemente el motivo era que con Ian no me preocupaban los porqué.
Y, como no, cuando más… “inspirados” estábamos nos interrumpieron ¿Por qué siempre pasaba algo así? ¡Encima ahora era su madre!
-Karen- me presenté mientras me adecentaba un poco. Estaba claro que comenzábamos con buen pie ¿Eh? Por si fueraq poco, supondría que la ex de Ian vendría con su hermano… Y por un momento sentí una punzada de celos. No me gustaba que esa tipa pisara mi casa, de hecho lo aborrecía ¿Pero yo qué podía hacerle? No me quedaba de otra que aguantarme e intentar apoyar a Ian, dudaba que a él le hiciera ilusión que Elena viniera, de hecho suponía que no se debía encontrar demasiado bien. Por este motivo, después de que su madre nos informara de que estaban aparcando, puse una de mis manos sobre el hombro de Ian.
-Todo saldrá bien- Susurré al oído del moreno mientras acariciaba su hombro por unos segundos.
Después de eso charlé de banalidades con su madre, por lo menos hasta que los demás llegaron.
-Soy Karen, su mujer- Sin darme cuenta miré fijamente a Elena mientras decía aquello último, como si quisiera dejarla claro que aquel hombre era mío y no suyo. Pero… ¿En verdad lo era? Se suponía que no teníamos una verdadera relación sentimental ¿No? Cada uno podíamos hacer lo que nos diera la gana con quien nos diera la gana, pero entonces ¿Por qué narices yo seguía a dos velas? Siempre que quería hacer algo con otra persona, Ian me venía a la cabeza como si le estuviera traicionando o algo así.
Tras todas las presentaciones fuimos al salón y nos sentamos todos alrededor de la mesa mientras algunos preparativos terminaban y mis padres llegaban. Me habían llamado y decían que les quedaba poco de camino… Como si no tuviera suficiente con los que ya estaban aquí. “¿Cómo pudo Elena dejar a Ian por su hermano?” me preguntaba mientras miraba de arriba abajo al otro, buscando qué narices puso verle la chica, pero por más que miraba… Ian parecía mucho mejor. Y no solo físicamente, en lo que se refiere al carácter de alguna manera Paul no me daba buena espina, quizás por toda la historia que me había contado Ian ¿Qué hermano haría algo así? Yo en su situación jamás habría salido con Elena, por mucho que me gustara. “Bueh, mejor para mí. Si no él ahora no estaría conmigo” pensé distraída, tanto en que no noté el detalle de que él no estaba conmigo.
-Pues sí, lo cierto es que estamos increíblemente bien. Incluso hemos penado en tener un hijo dentro de un tiempo- Contesté a una de las preguntas, abrazando a Ian. Inevitablemente lancé una mirada burlona a Elena, de nuevo dejándola claro que Ian ya se había olvidado de ella. Pero a veces no podía evitar cuestionarme si realmente sería así “¿Y si él aún la quiere?” ese pensamiento me provocaba una pequeña punzada de dolor en el pecho, pero una vez más lo dejé pasar. Necesitaba la cabeza fría aquel día si quería sobrevivir a aquellas visitas. Después de aquello los otros contestaron que se alegraban por nosotros y blablablá, pero yo notaba en Elena que no decía del todo la verdad, aunque después ellos también aclararan que estaban bien juntos.
Después de aquella charla fui a la cocina y me encontré con Ian de espaldas.
¿Qué tal lo llevas?- Pregunté apoyando mis manos en sus hombros. -Esa conversación empezaba a ser un tanto… Incómoda- Comenté soltando sus hombros y colocándome delante de él. Me senté en la encimera mientras le miraba con cierto deje de preocupación., desués agarré su mano y le atraje hacia mí. -Por suerte cuando mi madre esté aquí solo se hablara de tu bonito culo y de cuantas veces lo hacemos al día- dije e un tono de despreocupación fingido, soltando una pequeña risa al final. Lo peor de todo es que era cierto, mi madre era casi tan pervertida como yo, supongo que de alguien debía haberlo sacado. Por el contrario mi padre era un hombre algo más serio, a veces me preguntaba cómo era que habían acabado juntos siendo tan diferentes en ciertos aspectos. -Si se entera de que no hicimos nada seguro que nos encierra en una habitación con condones- añadí siguiendo la broma. Justo en ese momento sonó el timbre. -Hablando del rey de Roma…- bajé de la encimera de un salto para ir a abrir la puerta, pero justo antes de salir de la cocina, por puro instinto y sin pensarlo ni un segundo, puse mi mano en la mejilla de Ian y le besé, aunque esta vez no era solo un beso de deseo, sino uno más tierno y cariñoso. ¿Qué por qué me comportaba así? Yo quería creer que simplemente era cariño hacia Ian, pero un cariño de amigos. Nada más lejos de la realidad.
Abrí la puerta y pronto una mujer castaña más o menos de mi altura, bastante parecida a mí (pero con arrugas), se lanzó a abrazarme.
-¡Te eché de menos!- Gritó mientras prácticamente me ahogaba entre sus pechos, algo más grande que los míos incluso. Correspondí al abrazo como pude y por el rabillo del ojo vi cómo mi abuelo entraba mirándolo todo con cara de pocos amigos. Se quedó plantado delante de todos, analizándolo todo. Me separé de mi madre y recibí también a mi padre, quien entró detrás del abuelo.
-¡Un gato! ¿A quién se le ocurre tener a un gato en casa?- Ya estaba mi abuelo refunfuñando… Ya sabía yo que tenía que poner alguna pega. Por si fuera poco él no hablaba, si no que gritaba. -¿No sabes que transmiten enfermedades? Tienen la rabia, la peste, tuberculosis…- El anciano señaló con el bastón al gato y luego a mí
[b-Claro abuelo… Mira, este es Ian-][/b] Presenté ignorando las quejas sin sentido de mi abuelo. -Esta es mi madre, él mi padre y el viejo chillón mi abuelo. Está sordo como una tapia, así que dudo que se esté enterando de algo ahora mismo.-
-Menudo te has buscado ¿Eh?- Me dio un codazo mientras me guiñaba un ojo, y yo sacudí al cabeza. Ya empezaba. -Supongo que no le dejaste la habitación de invitados y duerme contigo ¿No?- Cabe decir que mi madre sabe toda la historia de Las Vegas y demás… Pero no sobre mi fobia a dormir con hombres. -Claro, no dejaría que un hombre así no durmiera en mi casa- Mentí, rezando para que Ian luego no preguntara.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Ian Forssel el Dom Sep 27, 2015 7:01 pm

Los demás familiares no tardaron en entrar a la casa y bueno…  Saludé a mi padre con un abrazo y cuando vi a Paul y a Elena por un momento me sentí un tanto perdido. Como si hubiera vuelto a aquella época en la que todo estaba bien. Noté a Elena bastante tensa y vamos…  Creo que por un momento todos nos quedamos en silencio. Luego de aquel instante tan extraño simplemente dejé escapar una suave risa y me acerqué hacia Paul dándole un abrazo. – Hermano. – él me devolvió el abrazo y al separarnos miré a Elena sonriendo ladino. – Cuñada. – acoté burlón para luego volver al lado de Karen y presentarnos entre todos.
Miré un tanto sorprendido a Karen cuando comentó que dentro de un tiempo queríamos tener hijos. Estábamos casados, sí… Pero se suponía que aquél matrimonio no tenía que durar demasiado. Es más, podríamos buscar otro abogado y divorciarnos en nada. Pero no quería. ¿Estaría comenzando a sentir algo por ella…? La verdad es que la respuesta a esta pregunta era cristalina. Pero aún no lo veía del todo claro. Propuse unas bebidas y fui hasta la cocina para servirlas. Entre tanto, muchos pensamientos pasaban por mi cabeza pero casi todos estaban centrados en una cosa: Karen. Ya no era una simple tensión sexual, estaba seguro de eso… ¿Pero estaría realmente en el camino correcto? Entonces, noté las manos de la morena en mis hombros y esbocé una suave sonrisa girándome hacia ella. – Sí, ya sabes. Hermanos, ex novias… Bebés. Todo va según lo previsto. – solté una risa pero no tuve tiempo de decir mucho más debido al sonido del timbre. – Espero que esta vez… – pero Karen me dejó con la frase en la boca pues literalmente me calló dándome un beso. Me quedé ahí parado, viendo como se alejaba mientras en mi rostro se dibujaba una sonrisa ladina. Creo que cada vez lo estaba teniendo más y más claro.

Después de aquello Karen me presentó a su familia, tengo que decir que el abuelo me causaba cierta gracia. Aunque lo que sí no llegué a comprender fue la última frase de la morena. ¿Por qué mentía a su madre? En fin… Se lo preguntaría cuando estuviéramos a solas, no quería sacar el tema con nuestros padres delante. – Encantado de conoceros. Pasad al salón, mi familia también está allí. –
Tras unas largas presentaciones nos sentamos a cenar y mi madre como siempre tenía que hacer una de sus típicas listas de comprobación. Vamos, para examinar qué tipo de personas eran Karen y su familia. – ¿Y bien Karen? ¿A qué te dedicas? Saben, Elena ha terminado la carrera de medicina y es bastante conocida en nuestra ciudad. – agregó como “dato del día” mientras bebía su copa de vino. – Es psicóloga. Una bastante conocida en la ciudad. ¿Seguiremos haciendo comparaciones, mamá? – inquirí con una sonrisa aunque en mi mirada se veía que no me hacía nada de gracia. En fin, no quería más tensiones innecesarias así que me levanté para cambiar los platos. Supuse que Karen querría ayudarme así que quise pasarle unos cuantos vasos. Sin embargo, mi madre sujetó el brazo de la morena y la pidió que se sentara y descansara. –  Elena, ayuda tú a Ian. – no hizo falta decir que en mi semblante se dibujó una mueca, ¿verdad? Elena dijo que no había ningún problema así que se levantó y me ayudó a recoger los platos restantes para luego llevarlos a la cocina. Cogí otros para poner la carne y mientras tanto, Elena se puso a mi lado para ayudarme.

– Así que… Hijos. Cuando estábamos juntos no querías tener hijos. – solté una risa y seguí poniendo la comida en los platos como si nada. – ¿Por eso preferiste a mi hermano? – ella se quedó callada, sin saber qué  decir. Pero bueno, tampoco esperaba que lo hiciera. – Las personas cambian. Y bueno… Karen y yo estamos dispuestos a darlo todo para que las cosas funcionen. Pero hey, ahora eres feliz, ¿no? Me alegro por vosotros en serio. – si bien mi tono de voz sonaba algo sarcástico, lo que decía era cierto. Ya no me importaba como antes y lo único que deseaba era volver a la mesa para proteger a mi esposa de las preguntas de mi madre. Justo cuando iba a volver al comedor, Elena volvió a hablar. – Ian… Te quise de verdad. Nunca pretendía herirte. – me quedé parado en seco y dirigí mis orbes hacia abajo negando con la cabeza. – ¿Piensas que con eso mi corazón se ablandará y os daré mis bendiciones con flores y corazones? – me giré hacia ella, cambiando mi expresión por una más seria. – Lo he olvidado. Pero eso no significa que vaya a perdonar. – sin decir más, volví al comedor y dejé los platos de la comida sentándome nuevamente al lado de Karen.

– ¿Y bien? ¿Os quedaréis a dormir o habéis reservado en un hotel? – esperaba que fuera la segunda opción, pero mi madre me sorprendió diciéndome que Paul y Elena se quedarían con nosotros porque “no quedaban plazas en el hotel”. Mi madre tenía planeado algo y aquello no me gustaba para nada. – Bueno, tenemos una habitación de invitados. Como yo duermo con mi amada esposa… ¿Verdad, cariño? – rodeé los hombros de Karen y le di un suave beso en la mejilla. No sabía si los padres de la morena también iban a quedarse pero me imaginaba que esto iba a ponerse “muy bueno”. Terminamos de cenar y mientras ambas familias charlaban me levanté de la silla recogiendo todos los platos. Hice un gesto a Karen para que viniera conmigo y una vez en la cocina dejé los platos en el lavavajillas girándome hacia la ojiazul. Me acerqué a ella tomándola de las manos y le di un beso en la frente. – Ha sido una noche un tanto estresante. ¿Eh? – la miré directamente a los ojos y coloqué un mechón del cabello detrás de su oreja. – ¿Tú qué tal lo llevas? – sabía que no era demasiado fácil conocer a tus suegros pero me imaginaba que no le había gustado demasiado que mi madre la atosigara con preguntas. – Oye… No sé porque voy a decirte esto pero allá va. El hecho de que Elena esté aquí no significa nada. Lo superé. – apoyé mi frente en la suya y esbocé una sonrisa ladina poniendo la otra mano en su mejilla. – Gracias a ti. – entonces, acerqué mis labios a los suyos y le deposité un suave beso. Pero claro… Como siempre alguien tenía que interrumpirnos. Y esta vez se trataba de Paul. – Lo siento. Mamá y papá ya se van al hotel y quieren despedirse. – di un suspiro y me alejé de Karen caminando hacia donde estaban mis padres. Les di un abrazo pero antes de irse mi madre pareció acordarse de algo y volvió dentro de la casa antes de cerrar la puerta. – ¡Se me olvidaba! Mañana vamos todos de excursión a un parque temático. ¿Qué os parece? – iba a preguntarle qué edad se suponía que tenía pero me hizo callarme antes de que hablara. – Tus padres también están invitados querida. – le guiñó un ojo a Karen y por fin salió de la casa.

Dentro de un par de horas, el ambiente se calmó y antes de enseñar la habitación de invitados a Paul y Elena, saqué mis cosas llevándolas a la habitación de Karen. Después de despedir a los padres de la morena conduje a la parejita feliz a su cuarto y me dirigí al baño para darme una ducha. La verdad es que estaba agotado, física y mentalmente. Encima mi madre con su dichoso parque temático… ¿Tenía cara de que me gustara montar en atracciones y ver animalitos? Envolví mi cadera con solo una toalla y justo cuando abrí la puerta del baño me topé con Elena quien se quedó viéndome sin cortarse un par de segundos. – Perdón. Quería ir al baño. – murmuró por lo bajo. – ¿Y esta cara? Ni que fuera la primera vez que me ves desnudo. – decir que su cara era de portada sería muy poco. Sin más, me dirigí a la habitación de Karen y al verla me acerqué por detrás agarrándola por la cintura. – Te eché de menos en la ducha. – susurré en su oído y acto seguido me dejé caer en la cama con los brazos cruzados detrás de mi nuca. – ¿Vienes? – no me había olvidado de aquello de “no dormir con los hombres” así que dependiendo de su reacción, le preguntaría de qué se trataba todo este asunto. No quería que siguiera guardando secretos… Solo deseaba que confiara en mí.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Karen Ellaway el Vie Oct 30, 2015 5:59 pm

Oh... bien, genial. Estaba más que claro que la madre de Ian prefería mil veces a Elena hasta que a mí. ¿Cómo podía querer que uno de sus hijos estuviera con una chica que le había dejado plantado por su hermano? Venga... Soy mejor que eso ¿No? Pero claro... Yo no tenía porqué estar pensando en estas cosas, Ian no era nada mío, supongo que solo un amigo al que le tenía muchas ganas y cariño ¿No? Por si fuera poco, el hermano y la cuñada se quedaban a dormir... Además mis padres también se quedarían, cómo no. Y claro... Yo tenía que dormir sí o sí con Ian, no me quedaba de otra. Si mi madre se enteraba de que dormíamos separados seguro que me haría un interrogatorio, y había ciertas cosas de las que no quería que se enterase. Al final, estuve toda la cena autoconvenciéndome de que Ian era el hombre perfecto y no había problema con que durmiera con él. Cuando me dijo aquello de Elena reforzó aquello... Sobre todo aquél beso, que consiguió que se me acelerase por un momento el corazón, demostrándome que algo estaba cambiando entre ambos. Pero con todo, cuando me invitó a la cama y entré, inmediatamente me empecé a poner nerviosa. Noté que me temblaban las manos y el corazón se me aceleraba. Necesitaba salir de la cama si no quería que me diera un maldito ataque de ansiedad.

-Tengo que ir al baño- me levanté inmediatamente de la cama, sin siquiera dirigir mi mirada al moreno. Básicamente corrí hacia el baño, justo a tiempo de ver la espalda de Elena, quien salía del baño. No le dije nada, lo que me faltaba ahora era hablar con esa chica. Entré al baño y cerré la puerta con cerrojo.

-Solo es Ian, Karen. No pasará nada, solo dormiréis- Traté de calmarme, pero lo imagen de mi tío venia a mi cabeza sin yo poder evitarlo, y el recuerdo de aquellas noches se hacía más vivo en mi cabeza, haciéndome sentir de nuevo aquella niña pequeña e indefensa. Una parte de mí, una gran parte, sabía que no pasaría nada. Conocía a Ian ¿Qué iba a hacerme? Si de hecho yo me moría de ganas de acostarme con él. Pero otra parte me repetía una y otra vez “Si tu tío lo hizo, ¿Por qué él no?” y esa estúpida frase que se repetía en mi cabeza me provocaba todas esas sensaciones. Me mojé un poco la cara y unos minutos después volvía, algo más calmada, a la cama. Intent´penar en excusas para no dormir juntos, pero ninguna era lo suficientemente buena, Ian seguro iba a preguntar ¿Qué le iba a decir? No me veía preparada para contarle nada, aunque en el fondo necesitaba contarselo a alguien y rápido. Como psicóloga sé perfectamente que al compartir este tipo de experiencias la sensación de angustia aminora. Pero contarlas no es tan sencillo.
Cuando llegué a la cama, en vez de tumbarme me senté, el corazón parecía que iba a salirse de mi pecho. ¿Qué se suponía que iba a hacer? Me sentía tan impotente que tenía ganas de llorar. Pero no, no iba a llorar delante de Ian, ¿Qué explicación le daría después? Definitivamente no podía llorar... Pero, espera ¡Tarde! Una lágrima furtiva comenzó a rodar por mi mejilla, y entonces las demás vieron la oportunidad de salir, por lo que cuando me quise dar cuenta mis mejillas estaban empapadas de lágrimas. El día mejoraba poco a poco ¿Eh?
-Me entró algo en los ojos- Me excusé limpiándome con el dorso de la mano, pero era obvio que la excusa no iba a colar. Ian, como respuesta me abrazó y sin pensármelo dos veces respondí al abrazo, agarrándole más fuerte de lo que creía. -No puedo dormir contigo- confesé cuando me había calmado suficiente. Pero ¿Ahora qué se suponía que iba a hacer? Tenía la cabeza hecha puré. Por un lado me moría de ganas de superar mis miedos y quedarme allí con Ian, pero sabía de sobra que no conseguiría hacerlo, no hoy.
-No durmamos ¿Vale?- Quizás parecía una “propuesta indecente” pero para nada iba por ese camino. Era cierto que no podría dormir con él, pero en verdad no tenía ningún miedo a quedarme con él en la cama, siempre que no fuera para dormir. Así que me tumbé, abrazándole y apoyando mi cabeza en su pecho. ¿Por qué me reconfortaba tanto? La respuesta ya estaba clara en mi mente, ni siquiera con Andrew había tenido esas sensaciones tan fuertes. ¿Pero estaba realmente bien?

Las siguientes horas las pasamos charlando, a veces de cosas sin la más mínima importancia, otras veces le contaba cosas que nadie más sabía pero a él, en ese momento, no me importó contar.
-Cuando tenía 12 años tuvimos que ir a vivir con mis tíos, porque la empresa de mi padre quebró- expliqué distraidamente. Solo decir eso me había alterado ligeramente, sin embargo llevaba demasiado tiempo calmada como para comenzar a ponerme realmente nerviosa. -No fue una experiencia agradable- Añadí, por un momento estuve s punto de contarle todo, pero en vez de eso cambié radicalmente de tema.

¡Luz! ¿De dónde venía la maldita luz? Oh... no había bajado la persiana por la noche. “Esta no es mi cama” pensé despejandome poco a poco. No tardé en percatarme de que estaba abrazada a alguien, y ese alguien era... ¡Ian! En el momento en que me di cuenta me alejé tan de golpe que me caí de culo de la cama. Maldición, se me había acelerado el corazón de golpe. ¿Cuándo me abía quedado dormida?
-Auch...- me quejé mientras me levantaba poco a poco, tratando de no hacer más ruido puesto que Ian seguía durmiendo. Al final anoche nos habíamos quedado despiertos hasta muy tarde, a saber a qué hora nos dormimos. Me senté en la cama, mirándole fijamente un rato. A veces el moreno podía llegar a ser muy tierno, y el recuerdo del abrazo de la noche anterior vino a mi mente. Quizás... Quizás con él de verdad superara mis miedos ¿por qué no? De momento había hecho un gran avancé.
Miré el reloj y... ¡Era la 1! Seguro que los padres de Ian no tardarían en volver, si es que no lo habían hecho ya, y el resto ya estarían despiertos. Genial.

-Ian~- traté de despertarlo, tocándole el brazo e incluso dándole un suave beso en la mejilla. Después le susurré: -Creo que mi abuelo se ha terminado él solito todo el bourbon... En ese momento se pudo escuchar al viejo quejarse porque seguíamos durmiendo, diciendo tonterías sobre la juventud y bla bla bla. Si Elena y Paul estaban escuchá ndole, estoy segura de que era cosa del karma... Porque aguantar a mi abuelo es un verdadero castigo.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Ian Forssel el Sáb Oct 31, 2015 3:18 am

Aunque hayamos llegado a tal situación, Karen no parecía demasiado conforme con la idea de dormir conmigo… Y la pregunta “¿Por qué?” no dejaba de rondar por mi mente hasta que se levantó para ir al baño. No era un vidente, ni tampoco psicólogo para saber qué es lo que le estaba pasando, sin embargo no hacía falta tener un título para darse cuenta que no estaba bien. Di un pesado suspiro y esperé hasta que regresó al cuarto. Tal y como me imaginaba, algo iba mal pues aquellas lágrimas no eran cosa de una simple molestia; eran verdaderas lágrimas de dolor. Sin pensármelo dos veces, me incorporé poniéndome enfrente de ella y la abracé con fuerza. No esperaba que todos sus males se fueran con aquél abrazo pero en aquellos momentos el deseo de protegerla y tenerla a mi lado superaba cualquier otra cosa. Y aquello tan solo confirmaba que no era una simple compañera… Era alguien muchísimo más que eso. – Lo que la gordinflona ordene. Esta noche estoy a tus órdenes. – dije con una sonrisa ladina mientras me tumbaba sobre la cama y comenzaba a acariciar la cabeza de Karen. Hablamos de muchas cosas, de hecho, llegó a contarme un fragmento de su vida el cual llamó mi atención… ¿Tendría aquello que ver con su problema? Una parte de mí quería negarlo, pero la otra, muy profundamente, poco a poco comenzaba a comprenderlo. ¿Pero quién era yo para interrogarla? Sí, soy egoísta y muchas veces hago las cosas por mi bien y sin pensarlas. Pero con ella era diferente, no podía ser egoísta con esa mujer… Por lo que no la atosigaría con preguntas. “Cuando te sientas con suficiente confianza para contarlo, estaré ahí para escucharte. No lo dudes.” Pensé mientras seguía acariciándole el cabello con un semblante relajado. Al final, horas más tarde ella pudo dormirse.

– ¡¿Qué?! ¡MI BOURBON NO! – exclamé incorporándome repentinamente de la cama mientras observaba a mi alrededor. ¿Qué diablos? ¿Qué hora era? En este instante pude distinguir a Karen, quien parecía que se estaba riendo un poco de mí… – Oh… Tienes unos métodos muy efectivos para despertarme gordinflona. – sin previo aviso, la agarré por la cintura y me puse encima de ella atrapando sus muñecas. – Creo que tal comportamiento merece un castigo. – susurré inclinándome hacia su rostro para darle unos pequeños besos en las mejillas. Continué bajando mis labios, pero entonces una risa inevitable se escapó de mi boca. – Y este castigo serán las… Cosquillas~. – sin más comencé a hacerle cosquillas por todos los lados de su cuerpo sin dejarla escapar. Su sonrisa era lo que deseaba ver desde la noche pasada y creo que aquella dosis de risas “matutinas” resultaba ser muy efectiva. Incluso llegué a subirle la camiseta para comenzar a hacerle pedorretas y mordeduras. Sin embargo aquél momento no duró mucho más pues la puerta de la habitación se abrió y cómo no… Mi madre estaba en el marco de la puerta. – ¡Pero no os da vergüenza! Dormir hasta tal hora y ahora hacer escándalo… – ¿Cuándo diablos había aparecido? Me incorporé mirando a la mujer un tanto desinteresado y me encogí de hombros. – Es nuestra casa y si piensas que puedes dictar unas reglas sobre nuestro estilo de vida… Eres libre de irte. – dije sin más mientras sonreía alzando ambas cejas. Mi madre se quedó viéndome completamente estupefacta pero acabó por retirarse y cerrar la puerta del cuarto. ¿A quién le voy a mentir? Odiaba que se entrometiera en mi vida y por desgracia no era su amado Paul. Así que, qué diablos, estamos en nuestra casa.

– No dejes que su comportamiento te afecte. Siempre ha sido así. – comenté relajado dedicándole una mirada un tanto tierna para luego depositar un suave beso cerca de sus labios. Me levanté de la cama y cogí un par de prendas de ropa para luego disponerme a salir del cuarto. – Iré a darme una ducha, nos vemos fuera. – cerré la puerta y caminé hasta el baño esperando no volver a encontrarme con mi madre… Aquella mujer sabía cómo llegar a ser irritante en algunas ocasiones.

Después de unos quince minutos salí de la ducha y fui hasta el salón donde toda la familia ya estaba reunida para la comida, que bueno… En nuestro caso con Karen sería el desayuno. Comimos sin demasiado ajetreo y cuando terminamos de lavar los platos mi madre ya estaba hablando con la de Karen para ir todos juntos al dichoso parque temático. ¿Aún seguía con esa estúpida idea en la cabeza? Aunque bueno… Los parques temáticos suelen ser enormes y no tendríamos que quedarnos todos juntos en familia siempre, ¿no es así? Mientras ambas madres discutían el tema, yo me acerqué hacia Karen y la abracé por la espalda poniendo mi barbilla sobre su hombro. – Cuando estemos en el parque… ¿Qué te parece hacer una escapada los dos solos? – en este momento dejé escapar una risa y le mordí la oreja. – Me siento como un adolescente que planea una huida junto con su novia para que la madre no le pille… – susurré. En este momento pude notar una aguda mirada de Elena hacia nosotros, aunque hice caso omiso. Aquella mujer estaba completamente en otro plano, aunque estaba bastante seguro que mi madre planeaba algo… Tan solo espero que ese parque temático no sea una excusa para volver a unir las piezas del pasado.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Karen Ellaway el Sáb Nov 21, 2015 1:52 pm

-Ums… ¿Una escapada? No suena nada mal- contesté con una sonrisa traviesa en los labios. Realmente sonábamos como dos adolescentes, pero me daba exactamente igual. Además, al fin y al cabo, a veces comportarse de esa manera no estaba mal ¿No?
Después de aquello preparamos las cosas y pusimos rumbo al parque temático. Como éramos muchos no nos quedó más remedio que ir e dos coches diferentes. Lo ideal hubiera sido que la familia de Ian fuera por un lado, incluyendo a Elena y Paul, y que Ian y yo fuéramos con mi familia. Sin embargo, no sé cómo la madre de Ian se las apañó para que la colocación fuera algo diferente… Vamos, que Ian y Elena acabaron en el mismo coche junto a los padres de Ian y Paul y yo en el otro con mis padres y mi abuelo. ¡Perfecto! Ahora esos dos estaban solos. “No te pongas celosa Karen, no tienes motivo. Ian no te haría algo así” me dije a mí misma. Por un momento me tranquilicé, hasta que me di cuenta de que Ian y yo no teníamos nada real, o al menos eso se suponía, así que el moreno era totalmente libre de hacer lo que quisiera. Para colmo iban con su madre, seguro que la tipa trataba de hacer alguna cosa extraña. Al final, terminé por pasarme todo el viaje en coche molesta, imaginando las cosas que podrían estar pasando en el otro coche. Ni siquiera pronuncié palabra, simplemente me limité a estar callada, con cara de pocos amigos mientras mi madre charlaba con Paul sobre cosas que no me interesaban y mi abuelo se quejaba sobre el tamaño del coche, lo largo y pesado del viaje y de mi escote. ¡Menudo pesado!
Para cuando llegamos yo me había creado tantas historias mentales que podría escribir varias novelas basándome en ellas. De hecho, en el momento en el que me bajé del coche y vi a Ian fui hacia él y le abracé.
-Te eché de menos, idiota- solté guiñando un ojo. Vamos, pensaba “secuestrarlo” en cuanto tuviera la oportunidad. Ni de broma me quedaba con ese popurrí tan extraño de familia que teníamos. Entre abuelos locos, una madre salida, la otra que, sospechaba, no me quería con su hijo, una exnovia cuñada y un hermano no muy leal… Teníamos el circo montado.
Sin embargo pronto descubrí que no me sería tan fácil como creía realizar ese pequeño secuestro. Mi abuelo siempre estaba encima de mí y mi madre prestaba una atención desproporcionada a Ian, eso sin contar que Elena no dejaba de mirarnos ¿O quizás me comenzaba a obsesionar un poco?
Tras una media hora mi madre propuso entrar en una atracción, una especie de castillo antiguo que parecía abandonado. Supongo que era algo así como una casa del terror. Todos se mostraron de acuerdo y entramos. Fue unos minutos después cuando vi mi oportunidad de librarme de aquella situación. En uno de los pasillos del castillo, donde había una puerta que conducía a Dios sabe dónde. Aprovechando que estaban distraídos, entré en la sala agarrando a Ian del brazo para que entrara conmigo. Los demás siguieron andando como si nada.
-Pensé que nunca nos libraríamos de ellos- comenté con una pequeña sonrisa. Sentía que me acababa de quitar un gran peso de encima. Miré a mi alrededor y vi que se trataba del salón principal. Era increíblemente grande y estaba bastante cargado de adornos, aunque en su mayoría polvorientos e incluso algunos rotos. -Vaya, no podría haber elegido mejor lugar- dije mirando la enorme lámpara de araña. Di una vuelta por el salón, curioseando algunas cosas. Al fondo había un enorme sofá. Al verle miré a Ian son una sonrisa traviesa, e inmediatamente después corrí hacia el sofá y me tiré en plancha. Afortunadamente el sofá no tenía polvo, pues hubiera sido muy desagradable que se levantara tal cantidad de polvareda.
-¿Vienes?- invité al moreno, colocándome con los pies en el respaldo del sofá y la cabeza bocabajo, señalando el sitio libre a mi lado. -¿Sabes qué? Desde esta perspectiva no eres tan guapo- bromeé guiñando un ojo. -Ags, comienzo a marearme- dije cuando Ian se sentó a mi lado. Entonces me coloqué bien en el sofá, más o menos. Básicamente lo que hice fue girar un poco mi cuerpo, de manera que terminé usando el regazo de Ian como cojín. -Muchísimo mejor- Estiré un poco mis piernas, en realidad tenía algo de sueño puesto que nos habíamos acostado un poco tarde, pero eso poco me importaba.
-¿Sabes? Me molestó no ir contigo en el coche. Pero a decir verdad, me molestó más que fueras con Elena- confesé, mirando distraída hacia una chimenea que no había sido encendida desde hacía mucho tiempo. Pero… Esperen ¿Qué narices hacía yo diciendo eso a Ian? Yo no tenía ningún derecho a decirle nada como eso, porque en verdad no éramos nada “¿No será que comienzas a creerte demasiado esto de estar casados?” me pregunté a mí misma. -Ignora lo que acabo de decir, en verdad no tengo ningún derecho a estar celosa- solté inconscientemente, pero cuando me di cuenta de que lo que acababa de decir me quedé blanca. -O sea, celosa no. No tengo motivos para estarlo, tú y yo ni siquiera somos pareja o algo así- ¿Es mi imaginación o acababa de meterme en un marrón yo solita? -Mejor cambiemos de tema…
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Ian Forssel el Dom Nov 29, 2015 7:13 pm

Salimos de la casa y como siempre mi madre tuvo que hacer de las suyas haciendo que Karen y yo fuéramos en dos coches diferentes. Todo esto me resultó bastante molesto pero bueno… Por una media hora de viaje no me moriría, aunque hubiese preferido ir en moto. Durante el trayecto mi madre no paraba de hablar de lo bonito que sería hacer un viaje “familiar” y yo simplemente me limité en cerrar los ojos y dormir. No pensaba escuchar todas esas tonterías de volver a reunir a la familia. ¿Cuándo se daría cuenta que nada volvería a ser igual? Por fin llegamos al dichoso parque temático y al bajar del coche lo primero que hice fue recibir a Karen entre mis brazos. – Ya sabía que no podías estar cinco minutos sin mí. – respondí  acercando mi boca hasta su oreja. – Aunque yo también te eché de menos. – susurré esbozando una sonrisa ladina mientras colocaba un mechón de su cabello detrás de la oreja.

Después de un tiempo entramos dentro de una especie de casa encantada donde Karen y yo por fin pudimos separarnos de los demás. Escuchaba sus palabras mientras acariciaba su cabello pero mi mano se detuvo cuando mencionó el asunto sobre Elena. Alcé una ceja sin poder evitar poner una expresión de sorpresa. A caso… ¿Ella realmente estaba celosa? Cuando terminó de hablar, sin más me incliné hacia ella dándole un beso. Corto pero intenso. – Pero yo no quiero cambiar de tema. – dije serio sin dejar de mirarla directamente a los ojos. La ayudé a incorporarse y fue entonces cuando sujeté una de sus manos. – No es el mejor sitio para hablar de temas como estos pero debo admitir que es original. – bromeé sonriendo ladino para volver a ponerme algo más serio. – ¿Sabes? Tan solo hace unos meses estaba desesperado por firmar unos papales para divorciarnos y así poder vivir mi vida sin preocupaciones. Sin embargo… Ahora no puedo imaginarme pasar un día sin ti a mi lado. – parecía calmado pero la verdad es que decirle eso no fue tan sencillo. Pero ya no había vuelta atrás. Sabía perfectamente cómo me sentía e iba a ir a por ello aunque ella aún no estuviera segura. Coloqué un mechón de su cabello tras su oreja pero cuando quise seguir hablando fuimos interrumpidos por los gritos de ambas familias… Como no. Mi madre entró a la sala y al vernos se nos acercó de inmediato llamando a los demás también. – ¡Creíamos que os habíais perdido! Venga, no os volváis a separar. – di un suspiro bastante fastidiado. ¿Por qué demonios tuvo que venir ahora? Ni siquiera había terminado de hablar.

En un momento para otro nos encontrábamos en un puesto de comidas y bueno, yo no dejaba de mirar a Karen en ningún momento. Realmente deseaba volver a casa para seguir aquella conversación sin interrupciones. Paul fue a comprar unos tickets para una función y yo me quedé sentado al lado de Karen hasta que mi madre llamó a la morena invitándola a sentarse a su lado, como en la cena anterior. Estaba seguro que tenía planeado algo. – Karen, querida. Tu madre y tú os parecéis mucho. Las dos muy atractivas. ¿De dónde erais? – yo rodé los ojos continuando con mi comida hasta que Elena se levantó para ir a buscar las bebidas. – Ian. ¿Traes las bebidas con Elena? Si no vais dos tendrá que hacer dos viajes y sería incómodo para todos. –

–  Claro, como es una mujer tan delicada… – acoté sarcástico levantándome de mi asiento. Sin embargo, antes de irme le dediqué una suave sonrisa a Karen, como si le estuviera diciendo que no se preocupara. Comenzamos a andar, en silencio, y no tardamos demasiado en obtener las bebidas. Sin embargo cuando íbamos volviendo Elena pareció tropezarse y claro, todas las bebidas que llevaba terminaron por los suelos. – Sigues siendo una torpe despistada. – ella no respondió y yo di un suspiro agarrándola del brazo para levantarla. – Mi pie. – alcé una ceja mirándola extrañado. – ¿Te duele el pie? – ella asintió con la cabeza y yo volví a dar un suspiro ayudándola a llegar hasta una banca cercana. Me acuclillé enfrente de ella y le quité el zapato alzando un poco su pie. – ¿Dónde te duele? – pregunté toqueteando su tobillo mientras ella me señalaba. No es que estuviera precisamente preocupado por ella, pero era bombero y a veces era simplemente mi naturaleza hacer esta clase de cosas. – Ya veo. Bueno, cuando llegues a casa lo mejor es te lo vendes y pongas hielo. – fue entonces cuando escuché la voz de mi madre pero al querer girar mi rostro Elena me agarró por la barbilla para besarme bruscamente. Obviamente, desde otra perspectiva nos veíamos como cualquier pareja dándose un beso, aunque realmente no fuera así. Al principio me sorprendí tanto que ni la aparté al instante, pero cuando lo hice le dediqué una mirada de desprecio total. – Vaya… Aún después de haber tenido esas ganas de besarte creo que no es lo mismo que con Paul. –

Me incorporé con rapidez y al voltearme sentí como si me dieran un puño en el estómago. Ahí estaba, mi madre parada junto con Karen; quien obviamente pudo verlo todo. Me acerqué rápidamente hacia ellas y agarré del brazo a la ojiazul alejándola de mi madre. – ¿Este era tu plan? ¿Intentar hacer que volvamos y joder a Paul? ¿Viniste aquí con Karen para esto? Solo buscas lo más conveniente para ti. Eres un ser de lo más despreciable. – solté con el ceño fruncido mientras arrastraba a Karen junto a mí. Llegamos hasta una noria y sin siquiera esperar a la cola pagué al tipo metiéndonos en una de las cabinas. – Bien aquí nadie interrumpirá seguro. – la cabina comenzó a ascender junto con mis ganas de aclarar todo aquél asunto de una vez. La miré por unos segundos y luego di un paso hacia adelante. – Al carajo, no soy bueno con palabras. – me acerqué hacia ella y tomé su rostro de una forma un tanto brusca para luego besarla. La puse contra el cristal de la cabina sin dejar de besarla ni un segundo. Si bien al principio fui un tanto rudo, luego mis labios comenzaron a moverse de una forma mucho más suave. Terminé de besarla y miré sus ojos sin alejarme un paso de ella. – Lo que viste ahí, no significó absolutamente nada. – susurré. – Porque a quien quiero besar, tocar… Con quien quiero ver películas y cocinar durante mucho, mucho tiempo más es contigo. Y me da igual si tú no sientes lo mismo. Porque soy un jodido egoísta que va a conseguirlo quieras o no. –
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Karen Ellaway el Lun Feb 08, 2016 3:22 pm

Aquello no iba bien, no iba nada bien... O bueno, más bien el problema era que la cosa estaba demasiado bien. Lo que más me gustaba de aquella historia con Ian era que no era real. Se suponía que éramos dos personas que habíamos cometido un error una noche de borrachera y ahora simplemente nos divertiamos hasta que solventaramos aquel error. ¿Por qué se tenía que complicar todo? Si me enamoraba de verdad de él ¿No se echaría todo a perder? O al menos yo lo creía así. Nunca fui del tipo de mujer que tuviera miedo a los compromisos, pero nada sería igual si Ian y yo nos convirtieramos en pareja de verdad. Casi agradecí a la madre de Ian cuando entró e interrumpió aquél momento, aunque una parte de mí le odió. Ciertamente, tenía la cabeza hecha un lío.
Para mejorarlo todo, y nótese que hablo con ironía, la madre de Ian y Elena se las apañaron para que viera cómo Elena e Ian se besaban. Obviamente no era idiota, no me hacía falta que Ian me explicara que él no había querido, pero aún así él me agarró del brazo y me llevó hasta una de las cabinas de la noria. Cuando me besó noté un escalofrío recorrer todo mi cuerpo, y unas mariposas en el estómago que pocas veces había tenido la oportunidad de sentir. Cuando se separó de mí y me dijo todo aquello noté cómo una fuerza invisible me golpeaba por dentro. ¿Por qué tenía que decirme justamente lo que quería oir? ¿Cómo no me había dado cuenta de que todo aquello se estaba convirtiendo tan real? No me malintepretéis, no soy idiota. En verdad lo sabía, sabía que ya no era el juego de las primeras semanas, pero hasta ahora había bastado con disimular que lo sabía.
-Ian, yo...- ¿Qué demonios debía decirle? Era un momento clave, podía mentirle, decirle que yo no sentía eso por él y solo era un juego, perdería la oportunidad de estar con él pero mantendría aquella relación que no podía categorizarse como amigos, pero tampoco de pareja. Mi otra opción era declararme y... bueno, esperar que fueramos una buena pareja. -No creo que me gustes de esa manera- En el momento en el que pronuncié aquellas palabras me arrepentí, pero sospechaba que si hubiera elegido la otra opción también me hubiera arrepentido. Tragué saliva y me quedé mirándole fijamente unos segundos, dando fuerza a mi mentira. -Solo quiero que sigamos como hasta ahora- añadí. Ya era tarde para echarme atrás.
Cuando la cabina volvió al suelo me bajé, no tenía ni idea de cómo comportarme en estos momentos. De repente la mujer segura que siempre era se había esfumado. ¿Cómo había llegado a ese punto? Diablos... Lo peor de todo es que todavía no podíamos volver con nuestras familias, sería demasiado incómodo.
-Ya que nos hemos desecho del circo andante... ¿Qué te parece si damos tú y yo una vuelta?- pregunté con una sonrisa lo más natural que me fue posible. Me sentía un tanto tensa, básicamente acababa de rech¡azar al hombre que me gustaba. Bien pensado, no tenía ningún sentido. -¿Te hace un kebab? Seguro que hay un puesto por aquí cerca- propuse, y sin esperar una respuesta prácticamente le obligué a ir conmigo. Pagué los kebab y di a Ian el suyo.
De paso, esto te quitará el sabor de los labios de Elena de la boca- bromeé guiñándole un ojo. Lo cierto es que, aún sabiendo que no había sido culpa de Ian, no podía evitar que me molestase un poco... o bastante. ¿Y si le había gustado? Lo cierto es que Elena y yo nos parecemos un poco, quizás todo lo de la cabina sean cosas que en verdad quería decirle a ella. Quizás yo solo le guste porque me parezco a ella. Al fin y al cabo, se casó conmigo cuando ella le dio plantón antes de casarse. Y ¿Qué jardín secreto hago pensando en estas cosas?
-¿Te gustó? El beso- pregunté casi inconscientemente, con la mirada perdida en mi Kebab. En verdad, no tenía sentido preguntarle aquello después de todo lo que había pasado aquél día.
Justo en aquel momento nos interrumpieron mi madre y mi abuelo. Parecía ser que llevaban un rato buscándonos.
-¿Qué pasa? Teniamos hambre- dije como si no pasara absolutamente nada. Ahora tendríamos que volver con todos... Menudo fastidio.
Mientras íbamos al lugar donde se encontraba el resto, mi madre, cómo no, comenzó a hacerme un interrogatorio. Que si me gustaba Ian de verdad, que si nos habiamos declarado... Ya os imaginais.
-Para, lo de Ian y yo es demasiado complicado- respondí harta de la situación. Como se notaba que tenía que venirme mi "amiga" y estaba demasiado hormonada. Por si todo esto fuera poco, cuando nos reunimos todos y comenzamos de nuevo la visita al parque, la madre de Ian se me acercó y comenzó a hacerme sentir peor, asegurándome que en verdad Ian aún estaba enamorado de Elena, y que yo no tenía nada que hacer con su hijo, que solo se divertía conmigo. Aquella mujer me estaba cabreando de verdad, sentía que iba a explotar.
-¿¡Quieres cerrar la boca de una puta vez?!- y exploté. Las palabras salieron solas, una tras otra, y una vez abierto el cajón de mierda... Ya no se podía cerrar. -Me da igual si Elena quiere a Ian, o si tú la prefieres a ella. Incluso si Ian quiere pasar toda su vida con ella antes que conmigo. ¿Sabes por qué? Porque no estoy enamorada de Ian, a ver si os entra en la cabeza- Obviamente era mentira, y una vez más me arrepentí según dije aquellas palabras. Miré por un segundo a Ian, me sentía fatal por lo que acababa de decir, estaba estropeándolo todo. Estaba demasiado confundida. Sin decir más, y sintiendo la mirada de todos los presentes clavada en mí, me alejé del grupo. Estaba tan absorta en mis pensamientos que terminé por perderme.
-Perfecto...- Susurré. Había conseguido perderme en un maldito parque temático, y por si fuera poco empezaba a hacerse tarde. "Estas cosas solo me pasan a mí" pensé. Aunque, a decir verdad, no tenía ganas de enfrentarme a Ian. Había complicado demasiado las cosas en un solo día. Pero, debía reconocer que estaba asustada. De repente todo era demasiado real, ya no era un simple juego.
-Vaya... sí que tienes un buen trasero- escuché una voz en mi oído, y de repente noté una mano en mi cintura. Me hubiera gustado que fuera Ian, pero en lugar de eso era un hombre de unos 25 años, algo más alto que yo. Quise apartarme pero el hombre me agarró del brazo, tan fuerte que probablemente después tuviera marca. -¿No quieres pasar un buen rato conmigo, guapa?- Simplemente entré en pánico, nunca hubiera esperado encontrarme en una situación así en un sitio así. Creia que la gente que iba a este tipo de sitios eran familias y parejas, no pervertidos irrespetuosos. Sin poder evitarlo di un chillido, tan fuerte que me dolió la garganta por un momento. La gente a mi alrededor se quedó mirando, pero nadie parecia querer arriesgarse a acercarse.
-Disculpate y di que no ha sido nada- me susurró al oído. Obviamente no haría tal cosa ¿Qué podía hacerme en público? Pero, si decía la verdad a saber dónde me llevaría. Así que simplemente me quedé callada mientras el otro me apretaba más y más el brazo en un intento de que le obedeciera.
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Re: A dos velas... ¡Y con mis suegros! [Priv Ian Forssel]

Mensaje por Ian Forssel el Lun Feb 29, 2016 1:55 am

Esuchar aquellas palabras de su boca simplemente me dejaron… Congelado. Hasta que no bajamos de la noria no sabía bien qué decir o hacer, era la segunda vez en la vida que me sentía tan perdido. Básicamente acababa de rechazarme la mujer que me gustaba así que era obvio que no supiera cómo debía reaccionar. De repente me encontraba en un puesto de comidas para comprar unos kebabs. Al recibir el mío, simplemente rodé los ojos y esbocé una sonrisa algo irónica. ¿Eso era lo que hacía cuando rechazaba a alguien? ¿Comprarle kebabs? – Original. – acoté dándole un mordisco antes de que me preguntara sobre aquel beso con Elena. ¿Y ahora por qué salía con esas? – No estuvo mal. – mentí, esperando a ver su reacción. ¿Qué no sentía nada por mí? Eso ya lo veríamos. – Ya sabes, volví a sentir esas extrañas mariposas que te llenan el interior cuando estás cerca de una persona que has querido por años y todas esas cosas cursis de arcoíris y unicornios multicolor. – sentencié sarcástico mientras la miraba alzando las cejas y esbozando una amplia sonrisa. Suponía que se daría cuenta que estaba de coña, sin embargo no pudimos continuar con la charla ya que la familia volvió a intervenir. Yo simplemente di un suspiro y continué andando. Cuando ya nos reunimos todos, me adelanté unos cuantos pasos mientras Paul se colocaba a mi lado. – Hey. ¿Va todo bien? – preguntó a lo que solo contesté con una risa burlesca. – Quizás a quien deberías preguntarle eso es a tu novia… Le dolía mucho el pie. – sentencié antes de escuchar el discurso de Karen, quien dejó prácticamente a todos anonadados.

¿Estaba dolido? No. Más bien devastado. Mis ojos seguían clavados en los suyos, incluso cuando se marchó no dejé de ver su figura alejarse de nosotros hasta finalmente desaparecer entre la multitud. ¿A caso esa era la tercera vez que me rechazan? Esta historia me parecía tan surrealista que simplemente me dejé caer sentado en el próximo bordillo de la calle mientras llevaba mis manos hacia mi cabeza y comenzaba a reírme. Ambas familias me miraban incrédulas, como si no supieran de qué demonios me estaba riendo. Fue entonces cuando volví a incorporarme y me acerqué hacia Paul poniendo una mano sobre su hombro. – Hermano, tu novia es una zorra que me ha estado tirando los trastos desde que llegó a Francia. Antes de que te engañe con otro idiota, déjala ir. – le di unas palmaditas y luego me acerqué a mi madre esbozando una sonrisa ladina. – Allí lo tienes, todo lo que has querido siempre. ¿Eres feliz por destrozarme la vida? Veo que te encanta. – fue entonces cuando me incliné hacia ella, mirándola un tanto intimidante. – Vuelve a tu cueva llena de mierda y joyas y déjame en paz. No dejaré que me manipules. ¿Entiendes? – como no, se escuchó la autoritaria voz de mi padre quien me decía que no le hablara así a mi madre. Pero digamos que sus palabras igual me importaban un comino. Miré a la madre de Karen y agaché el rostro a modo de disculpa y sin más, comencé a alejarme de ellos en busca de mi supuesta esposa.

“Gordinflona, sal de dónde estés porque igual te encontraré~.” Pensaba mientras andaba por todo el parque para ver si divisaba una castaña seguramente cabizbaja. Pero para mi sorpresa lo único que pude ver fue a un tipo intentando llevársela a algún lado. – Genial, más problemas. – el tipo comenzó a arrastrarla fuera de la zona pública, obviamente, así que los seguí entre la multitud intentando no destacar demasiado. Llevó a Karen hasta una zona de lo que parecían ser atracciones abandonadas y cuando se hubieron parado, simplemente me acerqué por detrás del tipo para darle unas pequeñas palmaditas en el hombro. Cuando me miró esbocé una sonrisa comenzando a negar con la cabeza. – Venga… ¿Un parque de atracciones? ¿No hubieras escogido mejor los barrios bajos para acosar? – el tipo soltó a la morena e inmediatamente quiso darme un puñetazo que esquivé sin gran dificultad inclinando mi cabeza hacia un lado. – Wow, estoy asombrado por tus técnicas de ataque. Muy buenas. – no, el sarcasmo no lo perdía incluso en esta clase de situaciones. Fue entonces cuando sacó una navaja y dio un paso adelante comenzando a amenazarme. – ¡Oh dios una navaja! ¿Es de verdad? Joder, mi punto débil… Vale, vale, me rindo. – sin más me puse de rodillas con las manos detrás de la nuca y el tipo esbozó una sonrisa satisfecho asintiendo con la cabeza. – Eso, ahora lárgate. – yo he sonreído ladino y me incorporé rápidamente sujetando su brazo para luego agarrar sin más la navaja y tirarla al suelo. – ¿Sería bonito si fuera verdad eh? – fue entonces cuando lo agarré por el cuello con un brazo y lo estampé contra la pared comenzando a alzarle poco a poco. El tipo era alto pero seguía siendo un palillo, me costaba creer que nadie se hubiera atrevido a detenerle. Lo observé entrecerrando los ojos y acto seguido comencé a apretar su cuello con mis dedos, oh sí, comenzaba a ahogarse pero no me importaba demasiado. – Escúchame atentamente. Esta mujer a la que le atreviste a poner tus sucias manos me pertenece. Tienes suerte de que sea un hombre de ley… Porque ahora mismo no me importaría ahorcarte sin ninguna clase de arrepentimiento. – lo solté empujándole al suelo y volteé hacia Karen agarrándola del brazo sin demasiada brusquedad para luego largarnos de allí.

Cuando estábamos entre algo más de gente la solté y me giré a mirarla. Iba a decir algo pero simplemente me limité a mirarla y dar un suspiro. Sus palabras seguían resonando en mi cabeza, era razón suficiente para mandar todo a la mierda e ir al bar más próximo a beber Bourbon… Pero aún así no podía actuar así enfrente de ella. – No me mires con estos pequeños ojos llenos de culpa y arrepentimiento. Ahora mismo estoy comenzando a sentirme aburrido e impaciente. Y yo no suporto estar aburrido e impaciente así que… Dejemos esto para otro momento. ¿Estamos? – coloqué ambas manos sobre sus hombros y sonreí irónico mientras a lo lejos observaba como ambas familias volvían a acercarse. – Volvemos a casa. –
A pesar de las quejas que había recibido por parte de mi madre, todos acabamos de vuelta en los coches para poder retornar a la casa de Karen. Para cuando llegamos ya se hacía de noche y allí obligué a mi madre a recoger absolutamente todas sus cosas y después de despedirme de mi padre, mi familia acabó por marcharse. Los padres de Karen seguían en la casa pero tras ver que no dejaba de dar vueltas por el salón a la espera de quedarme a solas con la morena, finalmente se fueron a su habitación. Obviamente, no sin las quejas del abuelo. Cuando por fin estábamos solos, miré a Karen sin esperar ninguna clase de explicación de su parte, no la necesitaba. En aquel momento no me importaba realmente si quería decir algo o ya lo estaba haciendo, simplemente me acerqué a ella y la abracé colocando una mano tras su cabeza. – Lo sé, no sientes nada por mi y bla bla bla. Pero creo que ya te había mencionado que soy un egoísta y conseguiré lo que quiero no importa cuánto me cueste. – sentencié sin dejar de abrazarla por unos largos minutos. – Está bien, seguiremos como siempre. Pero solo hasta ahora porque no pienso desaprovechar la oportunidad de haberte encontrado, sería idiota si lo hiciera. – me separé de ella y coloqué un mechón de su cabello detrás de su oreja esbozando una leve sonrisa. – Porque estar contigo me vuelve loco. Y no estar a tu lado me vuelve loco también. – puse ambas manos sobre sus mejillas y acerqué mis labios a su frente depositándole un suave beso en la frente. – Buenas noches, Karen. – y así sin más, volteé para retirarme a lo que se suponía que era mi habitación.


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Mensaje por Tema Cerrado el Dom Mayo 08, 2016 1:18 pm

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