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We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

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We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Nagito Komaeda el Vie Jul 17, 2015 9:27 am

Creía que quizá debería ser su segunda oportunidad en un barrio como ése, si su memoria y cálculos no fallaban. ¡Vamos! Incluso era capaz de reconocer el graffiti en las paredes, las formas poco agraciadas y colores desteñidos que se distinguían con la poca luz que un farol cercano ofrecía. De ser cualquier otra ocasión, probablemente se hubiese detenido tiempo extra en observarlo, e incluso intentar analizar aquellas líneas aparentemente al azar que alguna persona se molestó en plasmar en el muro. Pero no estaba de ese particular humor, de hecho, se sentía un poco aburrido en ese momento. No en la definición mortalmente aburrido, no, no, aquello sería exagerar demasiado. Pero se permitió el travieso pensamiento de imaginar cómo sería una persona que realmente se aburriera hasta la muerte, por el motivo que sea. Paradójicamente, le parecía una posibilidad bastante interesante de estudio. No resultaba del todo extraño que entonces una sonrisa extravagante cruzara por sus facciones, y sus ojos verdes resplandecieran con diversión por un instante breve, casi semejante a un parpadeo.

¡Pero, por supuesto, eso no era importante! Después de todo, ¿qué más daba lo que pudiera pasar por la cabeza de una basura como él? Uno que otro pensamiento sin importancia, y alguna broma interna que le hiciera arrancar una carcajada suave, allí, en medio del callejón y del absoluto silencio del tiempo nocturno. Pues literalmente llevaba deambulando lo que podría llamarse horas, ni siquiera recordaba cuántas, y la única razón para detenerse era si acaso lo atacaba la ansiedad repentina de que algo interesante estaba pasando alrededor. Aunque la mayoría de las veces sólo se equivocaba, y lo más interesante que podía encontrar era algún gato callejero vagabundeando igual que él. Podía tentar la suerte e intentar acercarse, pero el animal en cuestión le rehuía tan veloz como si tuviera lepra o alguna otra enfermedad de características infecciosas. Claro que aquello no lo desanimaba, prácticamente se esperaba aquel comportamiento del felino. Apenas se encogía de hombros, luego de soltar un suspiro que se oía bastante similar a resignación, pero nunca podría decir completamente que lo era, embozaba una pequeña sonrisa y retomaba el camino. Distraídamente, hizo nota mental que llevar un reloj de pulsera consigo le caería de maravilla, pues la noche no estaba siendo productiva y se continuaba aburriendo, aparentemente conocer todo el Sweet Valley ya no le era una excusa suficiente para desperdiciar valiosas horas de sueño.

Ah, como si sus horarios no fueran los suficientemente malos. Considerada, de hecho, todo un logro que no tuviera hambre, pues que su hora de almuerzo debió pasar hace bastantes horas. Sin embargo, rindiéndose temporalmente, se detuvo con la espalda apoyaba a la pared de ladrillo, esta vez, sin molestarse en determinar la presencia o no de graffitis en ella. Esperando, esperando, ¿y por qué no? Esperando también. Usualmente sucedían cosas interesantes cuando la gente se detenía en medio de un callejón sin motivo aparente, ¿no? ¿Que era que esa vez no estaba teniendo suerte, o era la suerte la que quería evitarle algún otro encuentro desagradable como el anterior? Ladeó la cabeza, arrugando el entrecejo mientras sopesaba el asunto, como si en realidad se tratara de algo muy importante. Pasaron uno, dos, tres segundos. Nada. Ni una risa estridente, ni un grito, ni siquiera el click de unas tijeras para cortar. Frunció los labios, y de creer tener sentido común, tal vez se hubiera dicho que aquello no iba a funcionar.

En su lugar, se cruzó de brazos, y en sus rasgos podía distinguirse algo de impaciencia mal disimulada, literalmente como si se tratara de un muchacho caprichoso al que se le ha negado el juguete en la vitrina de una tienda. ¡Sólo le faltaría caminar de regreso a casa pateando una inocente lata de aluminio y daría la imagen perfecta de adolescente irritado en sus malos días! Tal imagen mental le divirtió, casi de una manera irónica. Pero no hubo necesidad de ahogar una carcajada esta vez, porque fue capaz de distinguir una sombra interesante deslizarse por los callejones. Lo único que pudo reconocer de ella a esa distancia fue una forma morada, pequeña. Y con prisa, pues con igual rapidez había salido de su campo de visión. ¡Allí había por fin algo que hacer! No perdió ni un segundo considerándolo, y fue a perseguir a la silueta misteriosa como Alicia salió a perseguir al conejo blanco. Prácticamente, aunque dudaba mucho que a la persona en cuestión le pareciera favorable esa comparación. Aquella sólo hizo que ampliara un poco más su sonrisa, caminando sigilosamente detrás de la sombra, que a esa altura ya podía distinguir perfectamente como un ser humano. Oh, ¿y qué era aquello? Algunos vendajes blancos.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Sáb Jul 25, 2015 11:15 am

Muchas veces existen ese tipo de razones especiales, razones inexplicables que Eto sigue sin saber el por qué ni para qué. Ella simplemente acata los impulsos repentinos acompañados con argumentos inentendibles como si fueran una regla implícita en su vida. Y no creía en nada, no hay dioses ni entidades para ella, no, sin embargo era una fuerte creyente cuando estas ideas atacaban su paz. Ésa es la raíz, el comienzo, la causa de que ella esté vagando por las calles solitarias en medio de la madruga, con sus pies descalzos, enfundados en tela blanca al igual que su cuerpo, que su rostro, al igual que toda su totalidad, cubriendo lo blanco por el manto morado que tanto adoraba. No le temía a las cosas inciertas que podría pisar, no le importaba si en su camino algún vidrio escurridizo cortaba la carne de sus pies, ella ya no le temía al dolor. Las cortaduras en la planta de sus pies eran cosas insignificantes, había sentido dolores peores, ¿acaso ahora sería delicada y se quejaría sólo por tener una vida –casi– normal? No había nadie allí, nadie que la viera sin su falsedad, entonces, ¿por qué debería fingir dolor? El único lamento allí era la suciedad que luego debería limpiar de sus vendajes: pero sus razones querían que salga así.

No había senderos ni direcciones, ni siquiera tenía la certeza de dónde se encontraba, ignoraba si estaba lejos o cerca de su hogar, prescindía de saber calles y nombres de tiendas cerradas, ella sólo caminaba, saltaba, giraba y daba pasos aleatorios, porque la regla de caminar recto era bastante injusta, ¿no tenía todo el pavimento derecho a ser tocado por la punta de sus pies? Lo recto –o lo correcto– era aburrido. Y de la mano de aquel baile extraño llegaba la música, una melodía inventada desde lo más profundo de su cabeza con altos y bajos, reproducida por una cantarina voz. Quizá si hubiera más luz, quizá si no fuera por las paredes oscuras ni por el aura lúgubre aquello parecería la escena de algún cuento, con una alegre niña danzando en un prado. Sólo que el prado era algún tipo irregular de embaldosado, que ella no era una niña, era una mujer y que eso no era un cuento ni mucho menos, ¿cómo podría un cuento de hadas tener una protagonista tan sádica? En los ellos no había muerte, la sangre no escurre de los cuerpos, y en la cabeza del personaje principal no había ni un gramo de morbosidad. Esta era la vida real, su vida real.

Sus pasos, además de no tener rumbo, eran rápidos y pequeños, como si estuviera llegando tarde, sí, sí, como si llegara tarde a un encuentro. Eso no era una exactitud, no sabía si terminaría en un encuentro o si simplemente vagaría por el pavimento hasta el cansancio, y tal vez la comparación había llegado a su fuero interno recordando las veces que se quedaba dormida y llegaba apresurada a las conferencias, firmas o cualquier evento, cualquier encuentro que implicara un par de minutos de tardanza, y aquello le sucedía bastante seguido. Sí, pequeños pasitos apresurados que ahora eran huellas, pistas que dejaba para que la persona que llevaba siguiéndola desde hace unos minutos admirara y persiguiera. ¿Cómo se había dado cuenta? Sus sentidos no se habían desarrollado de una forma increíble como para que no se percatara que ya no era la única en esas calles, ahora tenía un acompañante, uno bastante curioso. Ahora dejaba huellas tramposas, su pequeña salida se había convertido en un fugaz juego. Ella era la fugitiva y la persona detrás era quien debía atraparla. Ah, se estaba divirtiendo. Y una vez más constataba que sus impulsos eran en una de las pocas cosas no sobrenaturales que podía creer.

Era bastante afortunada de estar entre varios callejones, de esa forma podía perder con mayor facilidad al sujeto que estaba en su búsqueda. Una vuelta a la derecha, dos a la izquierda, pasar varias veces por donde ya había pisado y pronto los pasos sigilosos fueron silenciados. Sintió algo de decepción que durara tan poco, no obstante aquello a penas comenzaba. Era algo impensable que ella se fuera de allí sin saber las razones de su persecución, y es que había tantas y con una variedad tan grande de contigencias que cabía la posibilidad que la causa del –ahora que podía verlo desde la lejanía– muchacho fuera de su interés. Dio un par de pasos, soltando una lacónica risa –cínica–, alegre, llamando la atención del, oh sorpresa, albino, y poniendo sus manos detrás de su espalda. –Perdiste el juego, no pudiste encontrarme. –soltó como si él supiera de qué estaba hablando. No podía evitarlo, regodearse de su victoria era tan satisfactorio, reiría más fuerte, se burlaría más, pero era consciente que sólo ella sabía del efímero juego que había interpretado. – ¿Qué es lo buscas de mí, extraño? –demandó sin dejar de tener ese semblante risueño, a pesar de que estaba cubierto por vendas.  – ¿Necesitas algo de Eto? Eres bastante osado como para seguirme sin decoro, tienes suerte de que perdonaré tu vida por haberme divertido. –volvió a carcajear, balanceándose en sus pies, exagerando totalmente la situación. Ella era cruel, ella podía asesinar sin ningún tipo de remordimiento, sin embargo, el chico parecía divertido, y, repetiría, aquello a penas comenzaba.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Nagito Komaeda el Lun Ago 03, 2015 4:22 am

Él no necesitaba excusas para aquellas salidas a horas irreverentes que aparentemente tanto disfrutaba de dar. Realmente, el tiempo en general, junto a todo los juegos de horarios de las personas comunes, como un acuerdo social tácito, le tenían sin el más mínimo cuidado. Después de todo, lo único a lo que podría atribuírselo era a la suerte, todo sucedía siempre dictado por la magia de las casualidades, casi de ese talento suyo de estar en el peor lugar en el momento menos indicado. Le resultaba realmente divertido pensar eso, todo en su cabeza, y la mayoría del tiempo actuar y hablar como si el resto de las personas supieran exactamente a qué se refería con conceptos tan abstractos cuando se refería a la Esperanza o la Desesperación, y como podían mezclarse hasta ser prácticamente irreconocibles la una de la otra. Era, realmente, realmente muy divertido. Porque en el fondo nadie más tenía idea, sólo él. Que era completamente una basura sin utilidad, ni propósito que no fuera servir a aquello en lo que creía.

Después de todo, él siempre se había considerado afortunado. Era usual que cada una de sus acciones, cada palabra y cada pequeño detalle estuvieran directamente ligados entre sí sólo por la suerte, en ocasiones con las circunstancias más improbables como las más simples. Un accidente de avión, un encuentro con un asesino, un billete de lotería. Para él, todo tenía sentido, y hasta le entraban monstruosas ganas de reír. Pero, incluso así, con sus ojos verdes resplandeciendo en la oscuridad de la noche, moviéndose completamente al azar entre callejones y más callejones sin nombre en específico, no podía deshacerse tan fácilmente de la realidad a la que estaba condenado. Porque no podía encerrarse en el mundo de su cabeza para siempre, aunque fuera el lugar donde pasara más tiempo. Y las veces que salía de allí, para examinar con detenimiento a su alrededor, en su memoria buscando escrutinios que le permitieran tener una idea parcialmente clara del panorama, podía deducir que se aburría.

Que sentimiento más peculiar, extraño y desagradable. No era de extrañar porque a menudo las personas a su alrededor, cada vez que era capaz de escuchar uno que otro diálogo al aire, se quejaba de ello. Aunque sin duda alguna, las situaciones de las que se quejaba la mayoría de la población eran nimiedades sin importancia, nada interesante, nada que le concerniera. Quizá era eso también lo más dolorosamente aburrido de todo. También era aquello el motivo por el cual, al momento que distinguió a la distancia una sombra moviéndose, un vestigio de oportunidad para hallar algo interesante, alguien interesante, no dudó ni un segundo en lanzarse en su búsqueda. Su persecución, porque la figura delgada en una mancha apenas reconocible de morado no estaba dejándole exactamente el camino fácil para ir a su encuentro. ¡Verdaderamente, parecía que lo estaba evitando, instándolo a jugar más! Y ya no fueron callejones puramente al azar los que se apresuraba a recorrer, no, ahora era una serie de huellas, mezcladas y confusas, pistas dejadas adrede por la sombra en cuestión.

Eran pasos irregulares, sin patrón en absoluto. Que acompañados con la quietud de la noche, la oscuridad y la brisa fría daban la impresión de tratarse del camino trazado por un duende travieso, o un hada risueña y de sonrisa torcida, no sabía cuál de los dos ejemplos considerar más apropiado para comparar a su (todavía) misterioso acompañante, que no deseaba ser acompañado. Sin embargo, en algún momento, se detuvo. No la sombra que se deslizaba por el callejones con pasos gráciles, no calculados y encantadoramente al azar, no. Eran sus propios pies, a su diferencia, toscos y ominosos, los que no fueron capaces de seguirla. Una mueca, y una expresión de desdén parecido a lo que podría interpretarse como un berrinche, porque él quería seguir el juego. No pretendía perder el rastro de las huellas así como así, se sentía como que algo muy grande acababa de sencillamente pasar de él y no le agradaba. Oh, pero su decepción fue breve. Tan pronto como escuchó una risa, aguda, risueña, macabra provenir de entre las sombras, distinguió la misma sombra que corría por callejones, a sólo unos metros lejanos de él. Curiosamente, acercándosele. Y nuevamente acudió a su cabeza la imagen de un hada, menuda, traviesa y cubierta totalmente por vendajes. No le sorprendía si efectivamente se trataba de un ser de cuento a esa altura.

Oh, sé que perdí, no soy bueno con el juego de las escondidas de todas maneras —se encogió de hombros, con una sonrisa débil, aparentemente apenado por su falta de habilidad. No era una sorpresa después por qué se consideraba a sí mismo una basura—. Espero que al menos te hayas divertido, así como yo —declaró, con solemnidad, manteniendo su propio gesto risueño. Caminó sin vacilar unos pasos en dirección a la pequeña figura, cerca, pero no demasiado cerca. Sólo lo suficiente para observarla carcajearse y dar un par de vueltas sobre sí misma, ciertamente, como una criatura del bosque que fuera arrancada y puesta en la ciudad sin tener idea del cambio—. No busco nada, sólo te vi caminar de reojo y pensé que sería interesante —prácticamente, la última parte la había ronroneado, sólo para dar a entender qué tanto estaba disfrutando la situación hasta ese momento. Ya era bastante, ¡y eso que apenas había hablado! No dejaba de resultarle divertido, incluso cuando la otra insinuó una amenaza de muerte en su contra, y que sólo por esa vez lo perdonaría.

Muy amable de tu parte, Eto —se inclinó levemente hacia adelante, de forma tal que sus cabellos le tapaban completamente el rostro. No iba completamente en serio, tal como tampoco se trataba de una burla, tan sólo le gustaba exagerar. Saboreó el nombre en sus labios, y aunque estaba bien, pensó que tal vez le faltaba algo de condimento—. ¿Acaso es un descaro de mi parte preguntar porque alguien como tú... una criatura como tú, recorre callejones a esta hora? —quiso saber, dejando entrever curiosidad reflejarse en sus orbes verdes. Acortó la distancia un paso más, parándose de frente con una sonrisa amplia—. ¡Tengo la esperanza de que podamos hacer algún otro juego divertido! —instó, con entusiasmo que era palpable.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Sáb Sep 05, 2015 8:18 am

Si bien ella se encontraba en esas andanzas por orden de algún impulso imperioso y sin nombre, no negaría que caminar sin protección en los pies por las toscas calles desconocidas de la oscura cuidad era simplemente entretenido. Ése era uno de sus entretenimientos que ella misma catalogaba como “extraño” siguiendo los parámetros de la normalidad por la que la sociedad estaba regida. Y aun así, eran pocas cosas las que tenían el derecho de estar en esa lista, tan pocas que podía incluso contarlas con una sola de sus pequeñas manos. Fundar su menudo cuerpo de vendas blancas, caminar sin rumbo por una cuidad prácticamente desconocida o hasta reír de las desgracias ajenas y disfrutar como un espectáculo las tragedias eran de esas actividades favoritas que se mantenían ocultas a los demás, a todos aquellos no dignos de ver, a todos aquellos que no entendían que, para ella, eso era lo normal. Por eso no sentía la soledad aunque los callejones estaban completamente desolados y no le importaba que las únicas compañías a su lado fueran la fría brisa que revolvía su capa morada y la resplandeciente y llena luna.

Pero las cosas siempre se podían poner mucho más divertidas y la soledad siempre podía sentirse menos solitaria. Le era indiferente, o mejor dicho, le agradaba que pudiera tener un acompañante para jugar. Porque hacía tanto tiempo que ella no jugaba, tanto tiempo que no tenía alguien siguiendo sus pasos sin sentir la presión de escapar por su propia vida, y no era aquello lo único, porque, a pesar de que le gustara, no era entretenido ser siempre la rastreadora en vez de la persona rastreada. Y se permitió jugar y girar y saltar muchas veces más, se permitió soltar risas traviesas y macabras que inundaban los callejones vacíos y jugó con su nuevo acompañante como si fuera su nuevo juguete, después de todo, cualquier ser llamativo y curioso que se metiera en el camino de Eto terminaba siendo su juguete, para bien o para mal. Sonaba como una niña pequeña y se sentía como tal, como una niña caprichosa que desechaba sus muñecos de carne y hueso cuando ya no eran necesarios y que conseguía constantemente cosas nuevas para divertirse. La idea le parecía bastante acertada, por lo tanto no pudo evitar el sentimiento entusiasta cuando el ajeno comenzó el juego implícito de las escondidas.

Dos, tres o cuatro giros fueron suficientes, varias vueltas y algún que otro desvío. Así de fácil había sido perder de vista al muchacho que empecinado seguía sus pasos. Quizá aún conservaba mucha de su cordura, y por eso no había reído de forma desquiciada cuando el hastío en las facciones ajenas le produjeron un sentimiento de puro deleite: adoraba ver la frustración tan marcada en un rostro. Aun así esa risa tan típica de ella, llena de suficiencia, se escapó de sus finos labios para llena una vez más en silencioso lugar. Sin embargo, unas cuantas palabras fueron las necesarias para que sus comisuras volvieran a su lugar, en línea recta: no estaba feliz, la reacción no fue la esperada. ¿Dónde estaba su rostro marcado de rencor? ¿Por qué tomaba su derrota como una nimiedad? Chistó brevemente, estaba decepcionada, no obstante, la noche era joven, y se sentía especialmente condescendiente: daría una de esas segundas oportunidades que muy pocas veces aparecían en su vida. —Me divertí, sí, especialmente porque he ganado. —sonrió, a pesar de que sus labios estaban ocultos la sonrisa podía verse perfectamente, los vendajes eran lo suficientemente finos para marcar su boca. —Entonces sí buscas algo. Buscas que pase algo interesante con Eto, ¿no es así? —corrigió. Le era imposible no intentar llevarle levemente la contra, era una costumbre suya.

Era divertido como su boca estaba bajo un vaivén constante, en un momento sonreía y al segundo ya se encontraba completamente sería. Esta vez se trataba otra vez del primer caso: la vista, la forma en la que se inclinaba el muchacho le resultaba deliciosa, como si él mismo admitiera que estaba por debajo de ella. —Ah… ¿Una criatura como yo? —rió luego de una pausa. Bien, el ajeno estaba ganando puntos imaginarios en su gran tabla de juicio sin siquiera saberlo, y de manera tan espontanea que hasta aquello era necesario resaltar. —Mis impulsos. Mis impulsos me trajeron aquí. —comentó al aire, restando importancia, sin ninguna explicación de por medio, le parecía un hecho insignificante de aclarar, ni siquiera era necesario. —¿Y tú, humano? ¿Quién eres? —lo llamó, sin incluirse al término. —¿Por qué alguien como tú recorre callejones a esta hora …? —citó perfectamente las mismas palabras, apuntando con un solo dedo el rostro del muchacho, teniendo que levantarlo para que quedara a la misma altura que los ojos ajenos.

Un juego… ¡Un juego! —festejó. Se acercó entonces, de la misma forma irregular y danzarina de antes, al joven, rodeándole completamente hasta quedar detrás de su espalda. Oh, estaba disfrutando de la velada. Sabía que sus impulsos no fallaban, sabía que la situación podría volverse más y más divertida, estaba ansiosa por saber qué deparaba el destino para la noche oscura donde ambos desconocidos se encuentran en un callejón. —Eto estaría encantada de jugar un juego contigo, humano. —entonces, se alejó de nuevo un par de pasos para quedar al frente, mostrándole la felicidad que sus labios demostraban. Su mano volvió a levantarse, quedando desde su perspectiva de una manera tal que su índice y su pulgar encerraban la pequeña cabeza ajena. —En especial uno donde Eto gane. —y ambos dedos se juntaron, aplastando imaginariamente el cráneo del albino. —¿Qué propones? No tengas miedo, puedo jugar a lo que quieras. —finalizó con tono inundado de malicia.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Nagito Komaeda el Vie Oct 09, 2015 6:54 am

Ya a esa altura, se podía hallar totalmente fuera de cuestión el por qué de su presencia allí. Al mismo tiempo, un sinsentido semejante era el por qué le había seguido el juego al hada de sonrisa torcida, que danzaba escapándose de su seguimiento, reía y probablemente se burlaba en su rostro por no ser capaz de alcanzarla. Pero éso a él no le molestaba ni un poco, de momento se encontraba totalmente fascinado con la idea de una criatura (tal fuera de los bosques como de la ciudad, un ser de cuentos seguía siendo un ser de cuentos) de pies ligeros revoloteando por allí. Incluso si su motivo de ser era tan tosco como el suyo, por principio la otra era exponencialmente más interesante que la basura de su persona. Por supuesto, allí estaba su buena suerte trabajando otra vez. Porque de otra manera no habría tenido oportunidad  de un encuentro interesante, ni mucho menos la oportunidad de encontrarse cara a cara con la criatura, verla de cerca y examinar la cantidad de vendajes que cubrían su cuerpo pequeño. ¿Cuál sería el motivo de estos? ¿Cicatrices? Sonrió al pensarlo, pero no sería más que una indiscreción preguntar aquello en voz alta. ¡Y para nada era su intención arruinar el momento! No, no todavía. Quería disfrutarlo, ver hasta dónde era capaz de llegar en esa ocasión.

La última situación que así recordaba había resultado por demás interesante, y divertida. Por eso volvió a sonreír, e incluso se río levemente al escuchar su corrección a su propia respuesta. ¿Qué esperaba, que le discutiera, que admitiera su error? Oh, existían muchas posibilidades, y en su mente, se daba el lujo de tomarse el tiempo, una fracción de segundo, para pensar en todas ellas. Después de todo, esa cabeza suya no estaba solamente llena de aire. Aunque según sus doctores tenía algo así como un tornillo suelto, aunque él se sentía magníficamente bien la mayoría del tiempo. ¿A quién le importaba? Sea probable que ni siquiera a él mismo le iban a resultar interesantes sus propias cavilaciones. No, no, la persona, la criatura frente suyo era mucho más importante ahora. Por ese motivo continuó sonriendo, incluso cuando su tiempo de respuesta había expirado un poco y el gesto, en cualquier situación aburrida y cotidiana, podría resultar fuera de lugar. Finalmente, se encogió de hombros y concedió el punto—. Si así quieres verlo, pues sí. Tu presencia me es intrigante —ladeó la cabeza, sin apartar sus ojos verdes de la figura menuda, escrutándola de arriba a abajo sin molestarse en sutilezas.

Por supuesto, sobraba decir que escuchó con la mayor atención del mundo su respuesta, aunque se tratase sólo de una risa divertida, macabra, pero no estridente como a las que estaba acostumbrado a escuchar. ¿En qué contexto? ¡No importaba! Le deleitaba reconocer la sutileza del cambio de expresión en su rostro, ya fuera la sonrisa torcida o los labios levemente fruncidos de frustración. Era algo así como un espectáculo, donde no necesariamente estaba siendo partícipe, pero contaba con la fortuna de hallarse muy, muy cerca del protagonista de éste. Él también soltó una carcajada suave, pequeña, similar al tono que profirió la otra. No sabía por qué de repente podía encontrar el término "humano" tan hilarante al aplicarlo a su persona, pero no dejaba de ser asquerosamente apropiado. Eso era todo lo que era: un humano igual a todos los demás. Ah, incluso le era un poco depresivo pensarlo, tanto que debió soltar un suspiro, que de todas maneras no alteró su gesto de diversión—. ¿Yo? —se apuntó tontamente, sin esperar respuesta, ya que obviamente no habría otra persona—. No lo sé, siempre me digo que sólo me gusta caminar —contestó, con una sonrisa de inocencia, ¡era su excusa favoritas de todas! ¿No? Hasta incluso podría empezar a creérsela.

¿Y quién soy? Nada más una basura humana de nombre Nagito Komaeda —repitió la pregunta, y sin problema alguno brindo la respuesta. Era su costumbre de dar el nombre completo, nada más. Extrañamente, sin hacerlo siempre sentía que "algo" le faltaba a su presentación. No tuvo deparo en llamarse a sí mismo "basura" frente a la extraña, después de todo, era lo que es y no podría cambiarlo ni aunque quisiera. No era un detalle importante, así que no tuvo ninguna expresión facial en específico al mencionarlo, más que su constante semblante de diversión. ¿Qué más hay que agregar? Apenas mencionó en voz alta la posibilidad de un juego, Eto se deslizó de su lugar, con sus pies ligeros empezó a danzar alrededor en una especie de festejo. La observó fijamente, todavía muy entretenido, y asintiendo obedientemente a las palabras de la otra. Sonrió incluso más ampliamente al reconocer su acción de aplastarle el cráneo imaginariamente, aquello sin duda iba a resultar divertido. Fingió llevar una mano a su mentón, con gesto reflexivo—. Hm, me pregunto, ¿qué podríamos hacer? —cerró los ojos un instante fugaz, y podría considerarse que era la primera vez desde que se encontraba con el hada de sonrisa torcida que en sus facciones se reflejaba una mueca de seriedad.

Rápidamente, chasqueó los ojos. Abrió los ojos, y sus ocelos verdes resplandecieron de excitación. ¡Oh, tenía una idea! ¡Una maravillosa idea! Obviamente era brillante, no él, sino su idea—. Podemos usar esto —le dedicó nuevamente una sonrisa entusiasmada, casi como un niño pequeño, un simple infante felizmente ignorante de tener un arma de fuego en las manos, literalmente. ¿De dónde la había sacado? ¡Simple! Era un secreto. No es como si siempre la llevara, ni como si se planease suicidar con ella. ¿De dónde sacarían algo tan disparatado? ¡Él no estaba loco! Sólo era un muchacho muy, muy afortunado—. ¿Alguna vez jugaste a la ruleta rusa? —interrogó, con voz extremadamente suave, casi como si ronroneara la palabra. Tomó una pequeña pausa, acariciando el arma de metal con las manos, para luego sostenerla del mango y llevarla en dirección a su cabeza—. ¡Es muy simple! Tienes el arma contigo, jalas el gatillo... ¡y boom! —dramatizó, con su otra mano ejecutando una interpretación como si se hubiese volado los sesos allí mismo. Claro que al hacerlo, soltó una carcajada. Usualmente se jugaba con un revolver, y eso era exactamente lo que tenía. Seis orificios, sólo una bala.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Miér Oct 28, 2015 7:10 am

Seguía siendo un misterio, hasta para ella, quien era la única poseedora de su propia carne, el por qué todavía usaba esas vendas sobre todo su cuerpo, esas vendas que pasaban desde sus extremidades hasta su cabeza, ocultando su largo cabello de color artificial, escondiendo sus grandes pozos de perdición que las personas suelen llamar ojos. Le gustaba pensar que era más una costumbre del cerebro que algún capricho corpóreo, pero nada era más cierto que decir que ella se sentía verdaderamente segura y protegida bajo unos simple harapos ya bastante viejos. Era una lástima pensar que la gente no comprendía lo maravilloso del misterio y que era obligada a practicar ese hábito cuando nadie más la veía –o eso creía– en lo oscuro de la noche, puesto que tampoco era necesario utilizar esos pedazos de tela cuando se encontraba sola, en su departamento. Era una lástima que las usara sólo cuando salía de su hogar y que esas veces en las que podía utilizarlas eran muy escasas. Y le era encantador cuando tenía la oportunidad de que alguna persona la conociera por aquella oscura y retorcida, pero infantil faceta suya. Porque de cierta forma podía ser ella, su verdadera ella, Eto, no Takatsuki.

Perfecto, me gusta ser intrigante para las personas. ¿No es más divertido cuando las cosas no son transparentes? —levantó ambos brazos, como si fuera a presentar una obra de teatro. Fue casi una pregunta retórica, por supuesto que todo lo que no estaba esclarecido a simple vista era mucho más interesante. A Eto no le gustaban las cosas fáciles, y consideraba que tener si podía escrudiñar hasta la carne y los huesos para ella sería mucho más divertido. Y la persona frente a ella tenía la suerte de que ya comenzara a entrar en la lista de personas por las que escrudiñar, ¿no era alguien con tanta facilidad para sonreír digno de ser puesto a prueba por sus ocelos verdes? Y no sólo aquello, sino también que hasta podía admitir que esa sonrisa no era normal, muy pacifica, demasiado tranquilizadora y a la vez lograba ponerle los pelos de punta. Humanos con esa capacidad sobre ella había pocos, muy pocos, y Eto era afortunada, el espécimen que tenía frente a ella era de esa menguada cantidad de personas. — ¿Sólo caminar? —rio, de nuevo, despacio y al segundo volvió a ponerse sería, su boca era una línea recta, vacía. —A Eto no le gusta esa respuesta —su voz incluso sonaba oscuro ahora, apagada y seria — ¿No esperas nada? ¿No buscas nada? ¿Sólo caminas y nada más? —podía hasta sentirse un leve tono de indignación en su voz.

Pero eso podía ser olvidado con facilidad, era una de las habilidades de la menuda mujer: su sonrisa, sus estados anímicos, su sonrisa, su voz, inclusive su cuerpo con todo lo que respecta iban y venían en un cambio abrupto. Podía sentirse decepcionada de él y al segundo pensar que la respuesta había sido de lo más ingeniosa y llamativa, la había hecho volver a sonreír y hasta se recriminaba a ella misma por haber pensado mucho más rápido de lo que debía. «Una basura humana de nombre Nagito Komaeda» dijo él, y ella negó con la cabeza. —Todos los humanos son basura en este podrido lugar. —lo eran, todos los humanos, todos los seres vivos que ella no consideraba sugestivos eran una simple inmundicia en su camino, en su vida, en el mundo. Se acercó más a él, tan cerca como le era posible, tanto como para contar uno de sus más grandes secretos. —Pero tú no pareces estiércol del montón, Komaeda. —susurró en su oído, con los labios encorvados al final, con una risa incluso más pequeña y baja. Diciendo su nombre como lo más secreto de toda su oración. Se alejó y estiró su mano. —Para Eto es un placer conocerte, humano. —saludó, y a partir de allí ella no volvió a llamarlo por su nombre.

Y cuando se alejó se quedó expectante por una respuesta, mirándolo fijo justo como él lo había hecho minutos atrás. Le molestaba que el muchacho no se mostrara inquieto por su fija vista, le molestaba que sus nervios no se manifestaran sino todo lo contrario, los de ella estaban a flor de piel. Ponto se removió en su lugar cuando escuchó que el humano tenía una idea, sus manos mostraban nada más ni nada menos que un revolver. Emocionada, sus ojos estaban alterados, miraba el artefacto cual enamorada mira a su amante. Hacía tanto tiempo que no tenía un arma entre sus finos dedos que hasta había olvidado cómo se sentía el metal chocar con su piel. —Tu idea es maravillosa, ¡tienes un gran cerebro! Te dije que no eras estiércol del montón. —se acercó más, esperando cual niña a tener el arma en sus manos. La pregunta llegó a sus oídos, y levantó la vista con duda impregnada en sus pupilas. Negó levemente la cabeza, afirmando que nunca había jugado a un juego de tal magnitud. No, ella nunca había apuntado un arma en su propia contra, ni de broma, ella sólo apuntaba cuando mataba y era certero que cuando tenía un objetivo en la mira, éste no se escaparía. Sin embargo sabía las reglas, todo el mundo tenía la mera idea de cómo se jugaba a la ruleta rusa.

¡Entiendo, entiendo! —y sin aviso alguno tomó el arma de las manos del más joven. — ¡Eto quiere empezar! ¿Está bien? —y allí había otra pregunta retórica, no le importaba si él quería empezar o no, Eto se encontraba emocionada: era un juego que nunca había sido capaz de jugar, y quería ganar. Cargó el arma y la llevó a la altura de su sien derecha y sin vacilaciones, sin dar aviso de sus acciones, apretó el gatillo y el click se dejó escuchar en todo el callejón, era lo único que sonada. Ni siquiera había cerrado los ojos, era como si estuviera segura de que la bala no estaba en ese orificio. — ¡Eto no murió, fue divertido! —festejó, feliz, entretenida de la acción que se desarrollaba esa noche. —Te toca, humano, que tus sesos decoren los pavimentos. —aquello dejaba en evidencia que no soportaría una derrota, podía sonar cruel, no obstante: Eto quería ganar, ¡no! Ella iba a ganar.  Sonrió y le entregó el arma al muchacho, esperando por su turno, esperando ver el orificio en su cabeza y por su victoria.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Nagito Komaeda el Jue Dic 24, 2015 9:50 pm

Estaba completamente fuera de tema aclarar que él era una persona muy afortunada. En todas las ocasiones, todos los momentos y segundos fugaces se lo recordaba, como un mantra aprendido y memorizado hasta la saciedad. Ése era el motivo por el cual salir por las noches, solamente a caminar, para su persona resultaba de una experiencia totalmente enriquecedora la mayoría (si es que no, todas) las veces. Aunque corría el riesgo de aburrirse, es cierto, y ese sentimiento tan típico y banal simplemente no le sentaba nada de bien. Sin embargo, fue al momento de encontrarse con la figura menuda cubierta en vendajes que supo que también había tenido suerte esa noche, aunque la sombra era escurridiza, finalmente dejó en claro que ella también quería divertirse con él. ¡Aquello era maravilloso! Auguraba que tendrían una divertida velada a partir de ese momento, empezando por el juego de las escondidas que perdió implícitamente.

Podía percibirse fácilmente en el brillo de exaltación de sus ojos, y la sonrisa marcada, que a diferencia de la contraria, la suya nunca se apartaba de sus facciones sino que solía ampliarse más según continuaba la conversación—. ¿Y qué respuesta le gustaría a Eto? —preguntó de regreso, con solemnidad demasiado exagerada, y muy atento a la contestación, con sus ocelos verdes fijos en los vendajes que cubrían los mismos de su compañera. Había imitado sus palabras, pero sin intención de burla. La última impresión que deseaba dar era aquélla, después de todo—. Oh, yo busco un montón de cosas. Pero generalmente son esas cosas las que me encuentran, ¡y por eso me gusta caminar! —finalizó, con una expresión de alegría que desentonaba con todo el ambiente lúgubre del lugar. Su mentalidad era simple, como la de un niño, actuaba por capricho y sus caprichos eran caprichos de algo más. Pero no tenía motivo para sumergirse en los pensamientos de por qué, otra vez. Porque la realidad estaba siendo muchísimo más interesante que el mundo de su cabeza, y vamos, debía aprovecharla antes que la presencia frente a él se aburriera de su juguete.

A pesar de que se presentó con todos los ánimos del mundo, igual que siempre, y no tuvo consideración alguna en mencionarse como la basura que era, la frase de Eto logró descolocarlo un poco. Porque no se estaba esperando una acotación de esa índole, o sea que únicamente nunca lo consideró. Aunque su gesto no se descompuso por completo, sólo frunció los labios, y alzó la vista hacia el cielo oscuro, en actitud reflexiva—. ¿Eso quiere decir que soy una redundancia? —cuestionó, con cierto deje de humor, y una pizca de impaciencia ansiosa. Si todos los humanos eran basura, y él era humano... Ah, ¿desde cuándo el asunto era tan complicado? Se hubiese cruzado de brazos a considerar el asunto un largo rato, pero no había tiempo, y en un despiste de su parte la criatura de nombre Eto se había aproximado a su persona. Y su sonrisa volvió a su rostro tan pronto como la escuchó pronunciar esas palabras, tan cerca como se le hablaría a un enamorado—. ¿Y qué importancia tiene? El estiércol siempre es estiércol —repuso, con la sonrisa recuperada, y no pretendía llevarle la contraria, sólo estaba demasiado convencido de su propia condición—. La dicha es mía, Eto —imitó su ademán tan pronto como la figura menuda se distanció, sólo que no había rastro de segundas intenciones en sus palabras, hablaba con trasparente sinceridad.

Quizá el único aporte útil que hizo en el encuentro fue sugerir una actividad para divertirse, nada muy complicado. ¡Por el contrario! Era tan sencillo que incluso alguien como él podía ejecutarla sin problemas. Después de todo, no se necesitaba nada de motricidad para sujetar una pistola contra su cabeza, ¿verdad? Hasta cierto punto, estaba bastante orgulloso de sí mismo al presenciar que tal como esperaba, la sugerencia había entusiasmo a su acompañante tanto como a su persona. Disfrutaba del tacto del metal frío que sujetaban sus dedos, y con la misma sonrisa amplia que llevaba desde el inicio, dirigió el arma a su cabeza para hacer una breve demostración de cómo acabaría el juego, ya que alguno tenía que perder. Se tomaban de lo más natural que los sesos de alguien volarían a la pared más cercana, más natural que sería alguno de ellos. Pero, ¡hey! Sólo era un juego, y los juegos son divertidos. Estaba particularmente feliz porque nunca habría encontrado a otra persona que aceptara jugar con él tan amistosamente como el hada de sonrisa torcida; recalcaría que se sentía muy afortunado—. Eto puede empezar sin problemas —repitió obedientemente, sin despegar sus ojos frenéticos ni un momento de la trayectoria de la pistola. Que viajó rápidamente hacia la sien derecha de la figura cubierta en vendajes, y cuando presionó el gatillo, sólo se escuchó un click vacío.

Festejó su pequeña victoria a la par que el hada menuda, soltando una pequeña carcajada y aplaudiéndole un par de veces—. ¡Muy bien! Eto es realmente buena en este juego, ¿no? —felicitó, con una expresión de euforia bastante marcada. Porque ya era su turno de jugar, controlando sus ansias, tomó con delicadeza ceremonial el revólver de las manos ajenas, admirando una vez más el metal frío que acarició con sus dedos antes de apuntarse a la cabeza—. Oh, mi suerte se encargará de que mis sesos decoren el pavimento —declaró, nuevamente dejando escapar de su garganta una risa pequeña, más controlada que las demás. Sin duda su suerte era una cosa muy caprichosa, y a su amante caprichosa no le gustaba que ganara en los juegos, estaba acostumbrado a su lógica simple desde hace mucho, mucho tiempo. Tanto que podía estar seguro que en el siguiente disparo estaba la bala, confiaba plenamente en la capacidad de su suerte—. Antes de continuar, sólo quiero decir, que ha sido un placer tener este juego contigo —parafraseó levemente, con una mueca de solemnidad que desencajaba con su semblante frenético, empezó a dar pasos para posarse exactamente de espaldas a la pared del callejón. La sonrisa marcada en sus labios nunca abandonó su expresión, ni siquiera cuando empezó mentalmente la cuenta hacia atrás.

¡Tres, dos, uno! ¡Y el espectáculo iba a continuar! Apretó el gatillo, justo al tiempo que uno de sus pies torpes tropezaban con un relieve en el suelo. Ni siquiera él mismo sabía cómo, pero habría de resultar patética su caída hacia atrás, porque perdió el equilibrio justo a tiempo para escuchar claramente a la bala pasar por al lado de su cabeza, que milagrosamente no se le estampó directo en el cráneo, sino que pasó de largo directamente hacia la pared de concreto. Al mismo tiempo, su espalda golpeó contra el suelo duro, patéticamente todavía sosteniendo el revólver en su mano. Por primera vez, no era una sonrisa lo que llevaba plantado en la cara. Por el contrario, era una mueca de fastidio y sorpresa al mismo tiempo—. Yo... perdí —dijo en voz alta, como para romper el trance de sí mismo—. No me esperaba ser demasiado inútil para no poder siquiera perder apropiadamente... —continuó hablando, con una mueca de contrariedad. Tal vez había sido demasiado ingenuo de su parte esperar que fuera tan simple.
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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Feb 05, 2016 1:08 am

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Re: We're not playing hide and seek, right? [Priv. Sen Takatsuki]

Mensaje por Sen Takatsuki el Jue Abr 28, 2016 10:31 am

¿Me lo preguntas en serio? —imitó abiertamente la acción del muchacho frente a ella y sonrió marcadamente, sonrisa que apenas era perceptible para el ajeno, ya que sus labios finos estaban cubiertos por un manto de color no tan blanco, era color desgastado. Le parecía hilarante que a este punto de la situación él no se diera cuenta que esperaba más que simpleza en una respuesta; para Eto este escenario de pinta ilusoria era como un gran juego y era sencillo mantenerse en él: cautiva al hada de manos ligeras y serás el ganador—. Supuse que alguien como tú tendría motivos más interesantes, dignos de tu imagen pictórica —y es que no todos los días Eto presenciaba una sonrisa permanente y la calma andante, podría sencillamente escribir un relato de puro terror sólo con la imagen del muchacho allí, ¿no era suficiente la sonrisa perpetua algo para calar el miedo en cualquiera? Incluso ella ya había admitido incomodarse enormemente con su estoica acción alegre—. ¡De eso estaba hablando! Entonces sí buscas cosas, ¿qué tipo de cosas serán las que buscas para caminar por lugares así? ¿La muerte? ¿No tienes entonces nada fijo en tu mente? ¿Es que tienes oleadas de curiosidad? Es probable, no pareces del tipo que retiene logros o intereses permanentes. Tu vida debe ser lo bastante aburrida para buscar “cosas” en las barrios más bajos de este lugar —concluyó, hablando y razonando más para sí misma que teniendo una charla banal con el albino de nombre japonés.

Sus presentaciones, percepciones y opiniones ya habían sido completamente dichas, sin embargo, el hecho que el joven no aceptara que él era algo más que sencillez la descolocaba, incluso le enojaba de forma pusilánime: Eto estaba halagándolo y él se empeñaba en meter la cara en la bahorrina, ¿no había sucedido algo igual antes? Claro, situaciones diferentes, diferentes personas, la misma… ¿humildad falsa? Que tanto detestaba—. ¿No es mejor ser una redundancia más que un simple humano? —declaró retóricamente, porque desde su perspectiva misantrópica, cualquier cosa era mejor que pertenecer a una sociedad climatizada en la inmunda irrealidad. Si antes se había acercado de tal forma como para decir un secreto ahora sus ocelos verdes estaban extremadamente cerca como para percatarse de cualquier menguado defecto—. Además, déjame decir, que Eto no está completamente segura de que seas algo humano, pero, ¿puedo catalogarte de otra forma? Claro, ¡ya lo tengo! Eres una inexistente aparición a mis ojos, ¿una entidad ectoplasmática? Pero eres muy tangible… Como sea, Komaeda, me gustas y eso está bien por el momento —¿su nombre de nuevo? La excepción a la regla, por supuesto.

Casi podía sentir la emoción emanar en ella en una estructurada forma de risa, ¡su idea era de lo más loable! Y debía de felicitar con creces al japonés que había tenido el ingenio. Desde un punto de vista ajeno a ellos, la tesitura era risible sin duda alguna: para empezar, ¿cómo es que congeniaban exitosamente entre ellos? Bueno, era fácil, mientras Eto tuviera con qué reírse todo estaba bien, y eso era poco inquietante teniendo en cuenta que había implicado un adolescente con un arma refugiada en los huecos de su bolsillo; la escritora ignoraba las razones y podía decir que incluso se sentía agradecida de que él la tuviera, porque el juego, la circunstancia, su relativamente buena y bizarra relación decaerían si él no pensaba en nada lo suficientemente entretenido—. Qué amabilidad la tuya, querido ente fantasmagórico —por su parte, estaba alegre y ocupada pensando en que la pared estaría con un patrón totalmente nuevo, un patrón que diría que había ganado con todas las letras; quizá por su seguridad es que no vaciló un segundo es dejar el arma en su cráneo y apretar el gatillo, estaba casi cien por ciento segura que la pequeña bala que marcaría una muerte no tenía su nombre en ella. En efecto, sólo se escuchó el genérico sonido del total vacío, un click ya muy conocido que dejaba en claro que por ahora, ella llevaba la delantera en ese curioso y excepcional juego; ahora comenzaba la función y no podía esperarla más ansiosamente que como en ese momento.

Ah, seguro que es suerte de principiante, o el destino quiere que mueras esta noche, no lo sé, ¿qué crees? ¿Te sientes preparado para la muerte? Espero que lo estés, probablemente es lo que te espera, ¡no estés asustado! Algún día me encontrarás vagando en los mismos lugares que tú cuando… Alguna vez “muera” —¿qué era eso? Nada más especial que un intento de animar al ajeno, ¿no era noble de su parte? Komaeda tenía el derecho de ver la compasión en ella después de todo. Quizá al fin y al cabo ya se había encariñado con ese espectro producto de su imaginación, pero, de todas formas, Eto estaba ansiosa por la explosión en su cráneo—. Serás una linda obra de arte, mi querido amigo pictórico, lo sé, no te preocupes —y sin más, sosteniendo la respiración vio con sus ojos esquizofrénicos como él se alejaba de su persona para ponerse justo en frente de la pared; oh, ¿en serio quería redecorarla? Era un espectro de lo más adorable, ¿verdad? —. Adiós, Komaeda. Es una verdadera lástima que tu intelectual órgano cerebral no dure más, fue un placer, ojalá juguemos más juegos en la otra vida —para este punto, Eto no sólo estaba extasiada por la situación sino por el brillo frenético y casi enfermo que se mostraba en él: debía admitirlo abiertamente, que no había conocido a alguien nunca que estuviera tan feliz de encontrarse con la muerte; sí, era una verdadera lástima que no durara más.

Entonces, como si el pequeño niño con poder desmesurado la hubiera escuchado e interpretado aquello como una súplica, su juego se vio totalmente arruinado: la bala no había impactado en ningún cráneo ni había reto ningún cerebro, el joven se encontraba patéticamente recostado sobre el sucio asfalto con la misma cara de incredulidad que ella. Se vio totalmente decepcionada, y la sonrisa, la risa, el éxtasis y cualquier buen sentimiento albergado en ella desaparecieron permanentemente. Se acercó con paso taciturno, lentamente, como su en su trayectoria pensara cuál sería su siguiente movimiento—. Lo arruinaste —dijo, seca, sin más. Sus ocelos mostraban nada más que un puro vació, la ira en ella era tan tangible como cualquier cuerpo sólido, podía cortarse con tijeras con una felicidad extrema. Se puso cuclillas justo al lado de su cabeza y llevó las manos hasta sus mejillas atrapando con su pequeña mano todo su rostro de lado a lado y estampando fuertemente su cabeza contra el suelo—. Es que no puedes más mierda que el propio estiércol, ¿me invitas a jugar y no acabas el juego como es debido? Mal perdedor, horrísono anfitrión —sus palabras eran ponzoñosas, casi veneno líquido que se escapada de su boca: Eto definitivamente estaba enojada ahora y decepcionada, éste era el fin del encuentro.

Se incorporó y esta vez lo que aplastaba la cabeza de Komaeda no era su mano sino su sucio pie—. Podría arrancarte la lengua, para que no llenes al mundo con tus porquerías, pero hey, tienes la suerte de que aún me caes bien. Tu mala suerte no te dejó morirte esta noche, ni me dejó divertirme, pero no te preocupes, la próxima vez que nos encontremos —hizo una pausa y apretó más su pie contra el pavimento—. Me aseguraré de abrirte y perforarte los pulmones —entonces se alejó un poco, dándose la vuelta antes de desaparecer por completo de la vista del japonés albino—¡Adiós, ilusorio interlocutor! —y así como llegó, con su paso torpe, su vueltas y detestando las líneas rectas, fue como se retiró de la escena para dar fin a la obra de teatro.
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