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Shadows of the past.

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Shadows of the past.

Mensaje por Anna Kyoyama el Dom Jul 12, 2015 8:35 am

Podía decirlo, su estancia en aquella ciudad no había sido tan mala hasta ahora, las cosas se acomodaban a sus preferencias y el par de mucamas que habían sido seleccionadas para su cuidado cumplían sus labores de limpieza con vehemencia y puntualidad que conseguía poner a la joven dama de buen humor, sin embargo éste estado fue rápidamente cambiado por el tono de llamada de un móvil, no necesitaba de mucho criterio para discernir quién sería, pues la fecha concordaba. Tomó el aparato y le miró sin interés mientras pensaba cuántas veces debería cortar o cuánto tiempo mantenerlo apagado para que dejara de insistir, sin embargo su relativo buen humor permitió que contestara a la llamada entrante sin llegar a decir nada mientras movía el objeto hasta su oreja. Y entonces el hombre tras ésta le puso de mal humor pues, en cuanto comenzó a hablar, Anna supo que no podría quedarse en casa aquella tarde. Así fue como terminó en las calles, caminando entre la pequeña multitud del centro, oh, cómo detestaba eso, pero era necesario, la ambarina jamás se caracterizó por ser alguien que dejara de lado sus deberes, aunque de más estaba decir que si podía delegarlos a otros, lo haría sin dudar, pero lastimosamente esta vez no era el caso.

Por ello seguía el rumbo hasta su punto de encuentro con el hombre que antes había hablado, el encargado de supervisarla mientras durara su estadía o hasta cumplir la mayoría de edad, debía decir que si no fuera por su respeto para con la familia Asakura, ni siquiera se meditaría tratar con el sujeto pues la personalidad de este no le agradaba, era lamentable. Doblaba la esquina y ya quedaba poco para el fatídico encuentro, sin embargo mientras caminaba entre la gente, altiva y seria como solía ir por la vida, algo refrenó su paso. Como si las cosas ocurrieran más lentas y, a la vez, fracciones de segundo más rápidas, pasó junto a alguien de largo cabello y se vio obligada a frenar, tan solo dando un paso más por el impulso de su usual caminar antes de girarse al tiempo que se quitaba los lentes oscuros que hasta el momento cubrían sus ojos, divisando en la dirección de donde ella venía, buscando. Pero no había nadie, las personas seguían pasando a su alrededor y todo volvía a transcurrir a tiempo normal. Frunció el ceño al sentirse un tanto engañada por sí misma, negó una vez con la cabeza y siguió su camino, debió ser una coincidencia.

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La idiota de Tamao estaba demorando más de lo usual ¿Qué le pasaba a esa niña? Conociéndola, seguramente se habría tropezado y tirado su café, así que habría ido por otro. Al menos eso pensaba la rubia mientras esperaba con porte imponente a pesar de su estatura, de brazos cruzados con la cabeza en alto y expresión molesta. Su pie se movía rítmicamente mientras cargaba el peso del cuerpo en la otra extremidad y comenzaba a pensar seriamente en ir hacia donde se suponía que estaba la pelirrosa para sermonearla y castigarla por su tardanza ¿A quién creía que hacía esperar? Y pronto se decidió a ir por la contraria, dando el primer paso solo para chocar, en lo que apenas fue un roce, a alguien que iba por el camino contrario. De ser otra persona, otro lugar y otro momento, podría haber obviado esto pues siquiera había sido un ligero contacto, pero claro, Anna estaba enfadada, pobre diablo aquel que osara molestarla en ese momento.

Sin miramientos dio media vuelta al tiempo que su mano era alzada y el dorso de esta pegaba de lleno en la nuca del chico que hacia un segundo le había tocado accidentalmente. El golpe no fue del todo poderoso, sin embargo sí lo suficiente para desestabilizar al joven que cayó de rodillas para seguidamente sentarse en el suelo sujetando la zona herida, confundido buscando la respuesta al golpe. Entonces la gélida mirada de la rubia se cruzó con las perdidas orbes del niño de no más de 15, desde la posición ajena ella lucía bastante intimidante –. Mira por donde caminas ¿Acaso crees que puedes hacer lo que quieras? – Dijo en tono frío que vislumbraba cierta furia contenida no solo en la voz sino en la mirada sin llegar a bajar aún la palma derecha con cierta gracia delante de su cuerpo y el rostro altivo.

Pero entonces un “¡Señorita Anna!” interrumpió lo siguiente que diría, volteando para redirigir su objetivo y desquitar el enojo con quien lo había producido en primer lugar mientras el chico se levantaba asustado y partía a correr. La ambarina no dejó siquiera llegar a su lado a la pelirrosa que corría hacia ella cuando ya había comenzado a regañarla, mencionándole el castigo que tendría y causando unos cristalinos y adorables ojos llorosos en la pobre chica, que solo asentía sumisa a las órdenes de quien sería su futura jefa, pues Tamao había sido adoptada por la familia Asakura desde su niñez y Anna era la futura esposa del cabecilla de familia, por lo tanto desde que la rubia había comenzado a vivir en la casa de los abuelos Asakura había sido la pelirrosa quien fue encomendada para servirle, en un amplio aspecto de la palabra, por ello la joven sabía de antemano que cualquier cosa que dijera solo avivaría la furia de la dama frente a ella, prefería esperar en silencio a que ello acabase, sin mencionar el miedo que le tenía a la prometida enfadada.

Sin embargo algo acalló de golpe a la ambarina, algo en el ambiente, alguien haciendo un sonido que le desagradó, apenas un simple “hm”, ni siquiera un vocablo, quizás una risilla de una sola sílaba, no lo pudo discernir del todo debido ya que había más ruido en el ambiente, seguramente perteneciente a las personas que se habían quedado paradas mirando desde el golpe proporcionado al transeúnte, sin embargo pudo detectar la implícita burla en el breve sonido y un segundo después había volteado hacia donde creía había provenido, no le encontró, al menos no un rostro, solo un curiosamente largo cabello de alguien que le daba la espalda un momento antes de perderse entre la multitud, alejándose de su vista, extrañamente familiar, pero no le dio mayor importancia, no parecía haber otras voces ni nada similar, y en cuanto notó nuevamente la voz ajena con un “¿Pasa algo, señorita?” volvió a mirar a quien ahora le observaba un tanto extrañada –. Nada, vamos – se limitó a decir para tomar su café de entre las manos contrarias y comenzar a caminar sin esperar por una respuesta. Seguro era su imaginación.

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Había decidido salir unos minutos de casa, deseaba algo de aire fresco, alejarse un poco de la irritante vida a su alrededor, y por ello había terminado en un parque no muy circundado, que solía encontrarse más bien vacío la mayoría del tiempo, un lugar definitivamente agradable, al menos por el momento. Permanecía sentada contra el tronco de un grueso árbol, ojos cerrados y respiración rítmica, lenta. Si había algo que le había gustado aprender bajo los cuidados Asakura, eso había sido meditar. Con todo en calma, sin sonidos ajenos que pudieran perturbarle, permanecía quieta en la posición predilecta que se le había instruido, disfrutando del silencio. Hasta que algo le perturbó. Un arbusto algo lejano hizo un sonido extraño, no fue en absoluto natural y, aunque breve, fue lo suficientemente molesto para hacerla perder la concentración ganada y abrir los ojos en dirección al ruido, ligeramente fastidiada. Pero no vio nada, seguramente trató sobre un simple animal que por ahí pasaba, sin embargo ya no deseaba volver a lo que hacía, simplemente respiró hondo y soltó el aire en un bajo y prolongado suspiro sin sentimiento.

No observó nada por mucho tiempo pues algo se salió de lugar en la escena, una persona iba pasando, lejana, distante, sin embargo llamó su atención. ¿Por qué? Pues ¿Cómo no? La apariencia era, por demás, un tanto llamativa, aunque quizás lo que en realidad llamaba su atención era simplemente el cabello, largo y liso cabello castaño oscuro en un rostro perfilado que caminaba semi alejándose hasta perderse en la esquina. Y de nuevo aquella sensación de familiaridad, la situación ya no era una coincidencia. Fruncía el ceño pensando respecto a ese cabello, le causaba por un breve momento el vago recuerdo, la ya borrosa imagen de aquel niño de 11 años que nunca volvió a ver venía a su mente, y no era la primera vez, ya había pasado un par de veces, ¿Sería él? Oh, qué tontería. Desde aquellos años jamás, ni una sola vez había vuelto a verle, es más, había escuchado una vez de boca de la abuela Asakura que estaba desaparecido, para estas alturas incluso podría darle por muerto. Oh, ¿Y si estaba muerto? Bufó ante su propia suposición, fantasmas acosándole. Sí, claro. Se levantó del lugar, limpió un poco la parte trasera de su ropa y se fue de aquel sitio.

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Bueno, estaba de buen humor, un día fresco y cálido al mismo tiempo le acompañaba. Si bien el calor no era algo que le gustase, aquel día podía ser llamado una excepción, simplemente porque no hacía tanto calor debido a la brisa y el clima en sí era agradable, parecía la tarde ideal para vestir su ropa preferida y beber té en una alejada y agradable cafetería cercana a donde ella se asentaba actualmente. Seguramente podría disfrutar de su tiempo de relajo, ella no esperaba ninguna sorpresa aquel día.


Última edición por Anna Kyoyama el Dom Oct 04, 2015 7:23 pm, editado 4 veces
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Re: Shadows of the past.

Mensaje por Hao Asakura el Mar Ago 04, 2015 7:36 am

No sabía qué cosa interesante podía ofrecerle una ciudad francesa, y con toda seguridad, aquella pintoresca localidad nombrada como Sweet Valley no le podía tener con menos cuidado. Francamente, el único motivo real de su estadía allí era un capricho, o mejor, dicho una persona. Resultaba casi divertido que se había inscrito en el mismo instituto por el mero hecho de verle la cara, si es que se daba la casualidad que asistiera en alguna oportunidad a clases. Sin embargo, como era especialmente típico en su persona, se encontró con que el mes de vacaciones que tenían por delante antes de empezar el año escolar era demasiado tiempo para ello; sentía una especie de curiosidad ansiedad por presenciar nuevamente aquellos rasgos en apariencia delicados, que usualmente se teñían con una mueca de molestia y gélida severidad. Ah, apostaría que aquella muchacha de ojos fríos no había cambiado en nada, se encontró a sí mismo sonriendo ante la idea, con un brillo de usual travesura en sus ojos. Y por supuesto, como Shaman King, no era alguien caracterizado por su paciencia, ¿cierto? Podía poner manos a la obra, de antemano ya conocía el lugar de residencia que los Asakura le habían brindado a la susodicha. Pero consideraba que sencillamente acercarse así como así a ella no era lo suficientemente divertido. ¿No podía tomarse algunas libertades al respecto?

Decidirlo fuera realmente fácil, casi demasiado. Pero no iba a quejarse de su impulsividad en ese momento, al contrario; todo lo que hizo fue ampliar más su sonrisa, levantarse, y después de limpiar polvo inexistente de sus ropas por su posición sentada en el suelo, se dirigió a sus allegados con el normal tono de travesura en su voz, para cualquiera de ellos parecería que ese día estaba de buen humor bastante particular—. Entonces, ¿a alguno de ustedes les interesa conocer a mi prometida? —no le dejaba de parecer divertido que había pasado un tiempo increíblemente largo desde que él mismo la había visto por última vez. Pero eso no le resultaba en un inconveniente, adoraría disfrutar de su expresión de sorpresa cuando se reencontraran. Casi le comían las ansías por dentro. Claro que se iba a tomar su tiempo, porque a pesar de ser impaciente, continuaba considerándose un buen planificador. E ir directamente le resultaba un encuentro bastante aburrido. Por tanto, lo primero que hizo fue acercarse en silencio.

Entre un mar de personas en una calle repleta, tenía prácticamente nulas posibilidades de ser detectado por la muchacha. Y esperó, pacientemente, hasta que finalmente fue capaz de cruzarse en su camino, y darle una mirada superficial a su aspecto, el vestido negro que parecía ser su favorito y el único detalle que se perdió fueron sus ojos, que se encontraban cubiertos por unos lentes oscuros. De ser cualquier otra ocasión aquel detalle le hubiera molestado, sin embargo, se encontró sonriendo, dándole la espalda a la chica que segundos después se volteó en su dirección casi como si hubiera visto un fantasma acechándole. ¡Nada más lejos de la verdad! Se permitió a sí mismo disfrutar del recuerdo fugaz de ese cabello rubio, que todavía tenía la apariencia de ser suave al tacto, nada similar a la actitud de su dueña. Y soltó una risa, pequeña y apenas audible.

"Te encontré, Anna ~"
.

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No habría pasado más de algunos días desde el primer encuentro, y como era esperable, no planeaba dejar algo tan importante como aquello desvanecerse en el aire nada más. Ya que la muchacha rubia parecía tener una vida bastante ajetreada, tratando trámites de aquí para ya, a menudo la veía salir al centro de la ciudad para atender distintos asuntos que sin duda no eran de su interés. La burocracia era tan, tan aburrida. En momentos como ése no se arrepentía de haber descartado a su familia, o estaría sin duda alguna en alguna posición similar, hablando y tratando con personas trajeadas que no le importaban en lo más mínimo. Sin embargo, no todo era tan malo: al menos él estaba bastante conforme como estaba, y tenía su completa libertad para hacer lo que se le antojara en cualquier momento. Era una especie de libertad bastante agradable, si le preguntaban.

¿Qué opinas de Anna, Opacho? —se volteó, dejando su monólogo interno para después, mirando con una sonrisa entrañablemente amable a la niña de no más de cinco años que se sentaba junto a él. Ambos observando en la más cómoda y conveniente posición a la protegida de la familia Asakura, mientras ésta se encontraba esperando impaciente en medio de la calle abierta. La verdad, estaba bastante entretenido, pero incluso él se había aburrido de esperar lo-que-fuera que la muchacha rubia estaba esperando. Se debían ver un tanto divertido, ambos sentados con un par de binoculares observando a su alrededor como si de un día de campo se trataba, aunque se encontrasen casi literalmente en la mitad del centro de la ciudad. ¿Qué le importaba? Los que esos diminutos humanos pensaran sobre su persona no era de importancia, ni siquiera como para considerarlos más que con una mirada despectiva, por ello le interesaba más escuchar las palabras que la niña, quien se quedó pensando unos segundos la pregunta, mirando con sus ojos oscuros directamente a la joven aludida.

¡Su prometida es muy bonita, señor Hao! —fue la respuesta entusiasta de la pequeña, a lo que el Shaman King asintió con la cabeza, hallándose de acuerdo. Sin embargo, continuó mirando a la niña de ropas anaranjadas, sospechando que tendría más que decir que sólo eso. Como siempre, no se equivocaba, y a los pocos segundos la infante prosiguió, ladeando la cabeza a un costado—. Pero... a Opacho le da un poco de miedo... —admitió, prácticamente en un susurro, tal como si temiera algún tipo de reprimenda de su parte. En cambio, Hao le profirió un suave cariño en la cabeza, respondiendo con un "Eso está muy bien, si no diera miedo, probablemente no sería mi prometida", y soltando una carcajada suave. Tales gestos de afecto no eran propios de su persona, pero siempre admitiría para sí mismo que Opacho era de las personas a las que podía considerar tener un afecto sincero, ella al menos nunca lo traicionaría. Despejando su cabeza de esos pensamientos, volvió a centrar su atención en la figura de Anna entre la multitud de la gente. Ah, adoraba como ella no tenía ni idea que se encontraba allí, totalmente a la vista si tan sólo se esforzara un poco.

Pero no era momento de burlarse a distancia de ella. Podría tener la decencia de al menos acercarse nuevamente para reír en su cara. Aunque, de todas las cosas, no se habría imaginado una escena así. Pobre de aquel imbécil que había incordiado apenas con un roce a la dama de ojos gélidos, porque la respuesta de ésta no se hizo esperar en absoluto, y con admirable velocidad devolvió el favor dándole un golpe seco en la nuca al adolescente que había chocado con ella. Fue testigo de ello en primera fila, y casi pudo aplaudirle, riendo a carcajada limpia. Vaya, definitivamente le gustaba esa mujer. Aunque podía imaginarse perfectamente la mueca de susto que estaría colocando Opacho viendo desde los binoculares, a distancia. Y es que apenas librado el accidente anterior, Anna no esperó ni un minuto para también mandonear a gritos a su subordinada, una chica de cabellos rosados de aspecto bastante torpe. Casi le daba lástima por ella. Afortunadamente, ese "casi" hacía que no fuera su problema, por tanto, sólo disfrutó del espectáculo—. Hm —fueron los únicos vocablos que salieron de su boca, ocultando otra carcajada burlona. Se marchó, otra vez, con una sonrisa que no podía ser más amplia en sus facciones, porque en esta ocasión sí fue capaz de observar el desconcierto leve en los ojos ámbar de la muchacha.

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Decidió casi inmediatamente que le gustaba el parque de la ciudad por sobre todas las demás estructuras construidas en ésta. La razón era simple, no había ningún humano fastidiando ni siquiera a la distancia que pudiese percibir, lo que por demás mucho que considerar, teniendo en cuenta la cantidad de habitantes que esa sola ciudad tenía. Le agradaba el silencio, la brisa fresca y la tranquilidad. Entendía perfectamente por qué su prometida se tomaría la molestia de rondar por ese lugar, a diferencia de todos los trámites y salidas en los que la había visto en vuelta, en ese momento, podía distinguir que su semblante se encontraba más calmo. Por supuesto, se rió levemente al notar que estaba meditando, lo que le recordaba vagamente a las lecciones de su abuelo en su infancia. Suponía que no podía culparla, si se había criado con ellos. De todas maneras, no resistió la tentación de interrumpir, el momento era sencillamente demasiado precioso para dejarlo pasar así como así. Lo que hizo fue sencillo: arrojar una piedra.

Nada impresionante, nada del otro mundo. Fue un acto tan deliciosamente simple que posiblemente se sentía con el derecho de disfrutar el doble cuando el proyectil cayó en un arbusto, frente al tronco del árbol donde la muchacha rubia se apoyaba, y de inmediato la sacó de la concentración, abrió los párpados y buscó con ojos filosos lo que fuera que la haya interrumpido. Extrañamente, no tenía una mueca de disgusto tan visible como las otras veces, lo que se le hizo adorable en alguien así, Anna se veía incluso linda cuando no marcaba exageradamente el ceño fruncido en su rostro. Con esa conclusión, se alejó, caminando con la mayor tranquilidad posible. Tomándose su tiempo en cada paso, volviéndose visible a los ojos ajenos por una vez. Sabía que era observado, y que la otra se negaría a reconocer que esa figura le resultaba familiar sólo por el cabello largo y un perfil perfectamente delineado. Estaba frente a sus narices, otra vez. Pero Anna era capaz de sospechar que la estaban frecuentando fantasmas, si acaso era la misma chica que conoció hace poco más de seis años. Siempre había tenido una actitud peculiar, después de todo.

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Estaba peligrosamente cercano a perder la cuenta de las veces que había hecho eso. Vamos, que burlarse de Anna regularmente no debería ser tan fácil, o seguramente acabaría por tomarlo como una mala costumbre, si es que no lo había hecho ya. Decir que se encontró por mera casualidad con ella en la cafetería era una mentira descarada, porque él ya sabía de antemano que estaría allí. Se quedó apenas unos instantes detrás del vidrio, contemplándola, sin dejar de curvar sus labios en una sonrisa en todo momento. Él iba vestido informalmente siempre, como siempre. Lo único que destacaba de su figura sería posiblemente su cabello extremadamente largo y lacio, junto a sus aretes de color rojo con el dibujo de una estrella de cinco puntos en ellos. No era la apariencia de un cliente común en ese lugar, y se le hizo bastante evidente apenas cruzó la puerta de la cafetería y sonó el timbre de la campanilla dispuesta, anunciando otro visitante. Pero todos los rostros de extrañeza le eran ajenos, porque le interesaba solamente una persona, que estaba justamente sentada allí, sin dar cuenta de lo que sucedía en el mundo a su alrededor. Tan dolorosamente típico. Negó con la cabeza, antes de encogerse de hombros. Tal parece que no tendría más remedio que sentarse directamente con ella, ¿no?

Y así procedió. Nuevamente, con la mayor calma del mundo, se acercó hasta la mesa donde se encontraba, y al tener su atención, apenas le hizo un breve gesto de saludo con una mano—. Tanto tiempo sin verte, Anna. ¿Cómo te las arreglas sin mí? —no podía esperarse menos del Shaman King, que con todo descaro de la muchacha tomó lugar frente a ella, sin molestarse siquiera en pedir una autorización. Además, podía decirse que su sonrisa tranquila encubría un poco más de su actitud soberbia, por el momento. La cual se hizo levemente evidente cuando se inclinó hacia adelante, apoyando su mentón en sus dedos cubiertos por los guantes de estrellas, y fijó sus ojos oscuros en los orbes ajenos—. ¿No vas a decir nada? ¿Que no extrañas a tu prometido? —siseó, fingiendo una profunda mueca de decepción, pero disfrutando enormemente cómo sonaba la implicancia de la oración en sus labios.
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Re: Shadows of the past.

Mensaje por Anna Kyoyama el Lun Ago 10, 2015 10:03 pm

Anna bebía un poco de su recién servido té cuando de pronto sintió una presencia cerca, desviando apenas la mirada hacia el sujeto, quien quiera que fuese, para que se alejara por donde hubiera venido. Y sin embargo mentiría si dijera que no estuvo a un segundo de atragantarse y escupir el líquido en su boca cuando vio el rostro que se acercaba, abriendo un poco de más los ojos en el momento de divisarlo. Sin embargo el impulso se contuvo y tragó lentamente mientras seguía con la mirada al castaño de largo cabello sentarse frente a ella y hablar. Su voz era más grave y suave, el cabello mucho más largo y el rostro más definido y maduro, aun así por donde se le viera era el mismo chico que había desaparecido sin dejar rastro hacia 6 años, 6 largos años sin decir ni una palabra o dar indicios de vida, años en los que se obligó a sí misma a convencerse de que todo estaba bien sin esa persona en su vida, ¿Molesta? Molesta era poco –. Yoh – Fue lo único que dijo en un primer momento, casi a modo de saludo sin dignarse a responder sus preguntas, no hacía falta. Más importante que ello, ¿Hacia cuánto tiempo no pronunciaba su nombre? Casi saboreó la palabra al pronunciarla, y es que ni siquiera por vivir con sus abuelos escuchó o dijo el condenado nombre, menos después de que de desapareció. ¿Siempre fue así? Mentiría si dijera que le sorprendía su actitud, él siempre fue un engreído al fin y al cabo.

Y sin decir una palabra más, Anna tomó otro poco de su té, apenas dos dedos de frente hacían falta para ver lo que intentaba, sabía que quería sacarla de quicio y no, no le daría ese placer. Mientras bebía el delicado sorbo de té pensaba un poco qué hacer, aunque realmente se le hacía ligeramente difícil, después de todo, debía planear bien su venganza. Y cuando bajó la taza volvió a mirarlo sin haber demostrado aún la mínima emoción, claro, más allá de la sorpresa en su mirada al comienzo –. Tanto tiempo, ni siquiera recordaba que existieras – comentó con cierta ironía tranquila –. ¿Qué te trae por aquí, quieres tomar algo? – consultó volviendo a mirar su té para tomar un poco, ya le quedaba la mitad –. Podrías encargar algo mientras hablamos, de paso invita lo mío – eso no fue una sugerencia, pero al menos lo dijo de manera cortés antes de apoyar un codo en la mesa y seguidamente la barbilla sobre dicha palma con desinterés, acercando la mano libre a un platito con galletas de acompañamiento para tomar una y darle un pequeño mordisco, justo cuando una mesera se acercaba para atender al nuevo cliente –. él quiere un café late con 5 de azúcar y un pastel de fresas – Indicó antes de que la muchacha pudiera hablar, observándola fijamente –. ahora – agregó para apresurarla y ésta huyó antes de que el castaño pudiera decir algo, en caso de que lo hubiera intentado claro.

Y entonces esperó en silencio por varios segundos mientras rememoraba que a él le gustaban los dulces. Breves fragmentos de memoria se lo dijeron aunque no hiciera gestos por ello, en cambio dio un nuevo mordisco pequeño a la galleta en su mano, mirándola con desinterés –. Quién diría que seguías con vida – agregó sin pensárselo demasiado, con un ligero y apenas perceptible toque de nostalgia que sería rápidamente opacado pues para este momento ella ya había unido los puntos respecto a aquellas veces en las que le había parecido verlo, sin llegar a conseguirlo por completo; también sabía que él tenía un ingenio morboso que seguramente fue lo que le condujo a intentar tomarle el pelo. Meditó sobre ello unos segundos mientras esperaba por su respuesta, pero luego de unos momentos continuó como si él no hubiera dicho nada –. Quizás debiste morir para cumplir tu sueño de ser un fantasma – dijo sin sentimientos en ello, aunque algo se removiera ligeramente en su interior al decirlo y recordar brevemente la imagen de Keiko. Ah, vaya desagradable momento para recordar a la difunta mujer, aun si apenas llegó a conocerla. Y segundos después se acercó la mesera de antes con el pedido para su indeseado acompañante. Solo ver el dulce en la mesa casi hizo una mueca de desagrado, tan empalagoso, casi le recordaba a Tamao, pero era incuso peor pues al menos a la pelirrosa le tenía cierto aprecio. Entonces tomó nuevamente su taza, la acercó un poco a su rostro y se quedó observando el líquido una vez más –. Oh. ya se enfrió – Mencionó tranquila para luego y casi de manera impulsiva ladear el delicado contenedor, arrojando su contenido de un impulso hacia el castaño, sin llegar a parecer molesta ni nada por el estilo al hacerlo.

Y como si nada hubiera pasado, volvió a dejar la taza ahora vacía sobre el platillo y tomó el resto de su galleta a medio comer, dándole un nuevo mordisco para acabarla –. Así que terminé aquí, adiós – Acotó con parsimonia antes de levantarse de su asiento, ignorando cualquier mirada incrédula que pudiera obtener de los insignificantes transeúntes que vieron su merienda interrumpida por apenas un poco de té derramado. Y, sin llegar a dar una última mirada para el empapado joven de orbes oscuros, salió a paso decidido del lugar, colocándose gafas de sol al momento de abrir. En cuanto estuvo afuera apretó fuertemente los puños y la mandíbula con el fuerte deseo de gritar que contuvo exitosamente aunque no pudo evitar el siguiente impulso, el cual sufrió un pobre chico que caminaba por ahí con inocencia y tuvo la mala fortuna de quedar frente al camino de la rubia, quien le dio un fuerte empujón apoyando su mano en el hombro ajeno y haciéndolo caer casi con facilidad. No es que el joven fuera débil ni nada por el estilo, es más, lucía como un chico saludable de quizás 20, pero aun así no pudo evitar la estrepitosa caída para ver a la ambarina alejarse intentando pedirle explicaciones molesto, más le valía no acercarse pues terminaría, literalmente, con un brazo roto si llegaba a tocarla.

Asakura Yoh, deberías estar muerto – Pensaba mientras su interior se revolvía entre la confusión de la rabia y ganas de matarle con sus propias manos, mezclada con la desagradable alegría de volverle a ver aunque fuera brevemente y la ira que le provocaba aquella inoportuna sensación, él solo era una sombra del pasado, y así debía quedarse..


Última edición por Anna Kyoyama el Dom Oct 04, 2015 7:16 pm, editado 1 vez
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Re: Shadows of the past.

Mensaje por Hao Asakura el Dom Sep 06, 2015 6:12 am

No se iba a mentir a sí mismo diciendo que no estaba emocionado por la idea de un encuentro cara a cara, por fin. Por mucho que la idea de jugar a las escondidas con su adorable prometida le fuera en exceso divertido, especialmente porque conocía lo suficiente a la muchacha para saber que le sacaría de nervios que una "sombra" la siguiera tan descaradamente; le comían las ansias observar la reacción en esos ojos fríos cuando lo vieran por primera vez en seis años. Le encantaba más saber que él sería la causa de esa reacción, tan deleitable. Incluso se sintió afortunado por presenciar el notorio desconcierto en los ojos de Anna cuando reparó en su presencia, apenas entró en su campo de visión para directamente sentarse frente a ella. Y la saludó como si nada, un gesto casual y una sonrisa amplía deslizándose por sus comisuras. Aunque su gesto vaciló apenas un poco cuando escuchó el nombre que salía de la boca de la otra, el de su hermano. ¡Cuán inocente...! Por supuesto, ocultó sus ganas de reír en ese mismo momento, haciendo un esfuerzo para mantener la compostura y no carcajearse. ¿Así que su familia tampoco le habían aclarado el asunto a su prometida? No sabía si tachar a su abuelos de hipócritas o estúpidos. Ladeó la cabeza, pensando que no era su problema si su propia prometida no supiera su nombre. Ya no era un chiquillo inmaduro que fuera a preocuparse por una travesura así, nada más lejos de la realidad actual.

Si esperaba que Anna fuera inteligente, como indudablemente debía ser si aspiraba a convertirse en la esposa del Shaman King, se daría cuenta de la farsa en algún momento. Por tanto, volvió a posar su sonrisa ligeramente altanera, esperando su reacción. A su decepción aparente, su interlocutora no volvió a mostrar más que calma superficial al hablarle otra vez, y no le sorprendió del todo que mirara su té a intervalos como si fuera el objeto más interesante del mundo—. ¿Ah, sí? Es una lástima, siempre tan fría... —fingió una mueca de decepción, negando con la cabeza, actuando como si esperaba que ella encendiera una vela cada noche por él. Nada más ridículo. Sin embargo, volvió a sonreír ampliamente, cerrando los ojos como si hablara de un acontecimiento obvio—. ¿No es evidente? Vine para verte, pensé que te darías cuenta —se burló sutilmente, abriendo sólo uno de sus ojos para mirarla con un guiño de complicidad. Es decir, ¿el hijo mayor de la familia Asakura presentándose frente a su prometida luego de estar supuestamente desaparecido más de la mitad de una década? No había que ser un genio para deducirlo. Además, no tenía problema alguno en mostrar su interés en la muchacha de orbes ámbar, no le gustaba irse por las ramas. Soltó una pequeña risa de diversión cuando la camarera, luego de acercarse a la mesa, fue fácilmente intimidada por la mirada severa de la muchacha rubia al dirigirse a ella, luego de tomarse la molestia de ordenar por él—. Tu temperamento es tan adorable como siempre, ¿no? —le sonrió, sin rastro de ironía notorio más que la implicación en sí.

No iba a quejarse por el pastel y el café, ya que curiosamente sí eran de su agrado. Ignoraba si era simple casualidad que Anna acertara en su pedido, pero le tomó poco importancia como al asunto banal que era en el fondo. Estaba más interesando en analizar el auto-control que la rubia se empeñaba en mostrar, todavía sin percibir ninguna conducta agresiva de su parte más que la gélida indiferencia. Oh, pero sabía que no iba a durar demasiado, deseaba ver un destello de enojo en aquellos ojos fríos que tanto le fascinaba observar. Pero estaba bien, él era paciente—. ¿Hm? —musitó con tranquilidad, haciéndose el que no había escuchado la última declaración planteada. Ciertamente, ni su familia había logrado seguirle el rastro. Le era divertido como para más de la mitad de las personas que conocía en su infancia debía estar sencillamente muerto más que desaparecido—. Deberías saber mejor, Anna. La vida es algo demasiado divertido para desperdiciarlo en algo banal como morir —le comentó alegremente, tal cual fuera una acotación sin importancia. No, la muerte no era algo aburrido. La muerte debía ser algo entrañable y necesario, mas no implicaba que fuera desconocido. Oh, la conocía demasiado bien. Cerró los ojos, y pudo ver con nitidez una imagen de su madre fugazmente pasar por su cabeza. Pero el recuerdo no le entristeció, sólo le recordó una vez más to repugnantes que eran todos los humanos. Aunque no era el momento de preocuparse por ello, por tanto, no permitió que unas memorias viejas deshicieran su sonrisa perpetua. Ni siquiera cuando la camarera que antes había prácticamente huido de escena se volvió a acercar, nada más para depositar de su lado de la mesa la taza de café junto al postre ordenado, y segundos después, Anna le había derramado encima aproximadamente la mitad del contenido de su té ahora frío.

Apenas parpadeó, tomándose un momento para tomar en sus dedos un mechón de su cabello y juzgar qué tanto líquido escurría. Oh, no era demasiado. Si estaba esperando una reacción así, habría apostado sus aretes de estrella a que se llevaría una bofetada en su lugar. Sin inmutarse ni un poco, volvió a apoyar su mentón en la palma de una de sus manos, mientras empezaba a juguetear con la cuchara y el contenido del pastel en su plato—. ¿Te vas tan pronto? Te veré para la segunda cita —se despidió, lo suficientemente alto para ser escuchado pese a que a esa altura su interlocutora se alejaba, dándole la espalda. Estaba de más aclarar que el tono de diversión en sus palabras había resultado de lo más evidente, junto a la sonrisa traviesa en su expresión. Por supuesto que se tomó su tiempo en acabar de comer, dándose el lujo de unos minutos para saborear como se debía la esencia dulce del pastel de fresas y crema. Se preguntó cómo habría reaccionado su Anna allá afuera, si acaso se había largado a casa de una vez o atacó al primer transeúnte indefenso que se le cruzó. Le encantaba esa actitud suya, como fingía estar calmada mientras por dentro no era más que un torbellino de emociones esperando a explotar. Felizmente, acabó su comida. Apenas quejándose que cinco cucharas de azúcar para el café era demasiado para la siguiente ocasión, se levantó de la mesa, y hurgando en uno de sus bolsillos dejó una cantidad indeterminada de dinero sobre la mesa, que contaría para pagar la cuenta. Si era más o menos que la cantidad necesaria, no le interesaba. Le desagradaba esa clase de trueque, y sólo llevaba una cantidad cualquiera en caso que fuera útil, como en ese momento.

Eso sí, no se esperaba que apenas caminar en dirección a la salida, a pasos calmados y firmes, se encontraría con que Opacho estaba de pie frente a la puerta, mirando con atención y un ligero temblor a la figura de la muchacha rubia, que todavía se mantenía en el rango de visión del local. Eso fue peculiar, la diferencia de altura entre ambas sólo volvía la escena un tanto más graciosa. Acabó de acercarse, cruzando el umbral de la puerta con la misma tranquilidad anterior, y la niña de apenas cinco años fue la primera en recibirlo con una entusiasta exclamación de "¡Señor Hao!", a la que respondió con una sonrisa que considerar amable—. ¿No habías dicho que mi prometida te daba miedo, Opacho? —preguntó a la pequeña, apenas con tono de regaño en la voz. Era una niña inteligente, no pensó que lo seguiría tan fácilmente. Volvió su atención a Anna, quien ya se veía nuevamente descolocada por escuchar su extraño "apodo". Y recordando que ella no tenía idea de su nombre real, volvió a sonreír. Esta vez, con una soberbia y burla marcadas—. ¿Te comieron la lengua los ratones, o ahora te dedicas a asustar niños, Anna? —pese a aquello, su voz fue especialmente suave al hablar. Sólo por la seguridad de Opacho, era mejor que ésta no se acercara demasiado a la rubia en ese momento. Lo mejor era fastidiarla un poco para alejar su atención de la niña.
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Re: Shadows of the past.

Mensaje por Anna Kyoyama el Jue Oct 01, 2015 9:59 pm

Las respuestas del heredero Asakura sólo habían conseguido causar en Anna un enfado aún mayor, casi incontrolable, al punto en que verdaderamente deseaba estamparlo contra la pared por su actitud; sin embargo no lo haría, no le daría el placer de verla alterada por su causa y por ello cerró la puerta sin llegar a voltear, evitando con todas sus fuerzas dar el gran portazo que pudo haber roto el portal para irse a paso decidido. Pobre fue el civil que osó cruzarse por el camino de la rubia en aquel momento, pero peor suerte tendría el pobre diablo que insinuara hablarle de ahí en más. Hasta que frente a ella apareció lo que, aparentemente, era una niña de unos 5 ó 6 años, mirándola con expresión adorablemente enfadada al encararla. La joven prometida no se hubiera molestado siquiera en notar al pequeño ser de no ser por sus palabras, las cuales hicieron a Anna frenar en seco al escucharla –. ¿Por qué le hizo eso al señor Hao? –¿Dónde habría escuchado aquel nombre antes? “Hao” era una palabra extrañamente familiar, pero en aquel momento su enfado no le dejaba pensar con tranquilidad, de modo que optaría por lo sano –. Quítate – Fue su única orden secundada por una gélida e iracunda mirada hacia la menor, quien temblaba cual chihuahua en aquel momento.

Sin embargo, la pequeña de gracioso cabello no se movió de su lugar y mantuvo la mirada, enfadada y temerosa al mismo tiempo, cosa que no pudo sino extrañar a la rubia, quien alzó levemente el mentón al ver su orden incumplida y optó por, nuevamente, ignorar a la pequeña, dando el primer paso sin llegar a desviar su camino y, en el siguiente, chocar a la pequeña niña para pasar junto a ella, haciéndola trastabillar aunque no caer. Mayor fue su sorpresa cuando vio a aquella niña correr para volver a adelantarla y ponerse frente a su paso, deteniéndola –. Aléjate si sabes lo que te conviene – fue su última advertencia, ella no era una mujer paciente y no tendría piedad sólo por tratarse de un infante, al menos, no mucha. Pero la niña no se movía y volvía a hablarle de su señor Hao, que se disculpara con él o quién sabe qué, y entonces la duda volvió a atacarle, ¿Hao? Sabía que conocía el nombre, estaba más que segura de ello, pero no conseguía recordar del todo, hasta que la niña desvió su mirada y, prácticamente, saltó de alegría al mencionar “señor Hao” hacia alguien tras Anna,  corriendo hacia él cual perrito fiel con una sonrisa. Entonces fue que escuchó la voz ajena –. Ah, ¿Yoh? – Fue su primer pensamiento, cuando entonces llegó a su memoria el vago recuerdo. Yoh y Hao eran hermanos, gemelos para ser exacta; había sido hace algunos años que se había enterado de este hecho pero realmente nunca se le habló del asunto ni mucho menos preguntó; después de todo, su prometido estaba dado por muerto y ella no conocía al gemelo, no era relevante ¿No?

Ah, pero que confusa se sentía. La persona tras ella era su prometido, Asakura Yoh, ¿No? El primogénito de la familia, desaparecido por años, mientras que Hao estaba siendo entrenado por su abuelo en Japón, con su familia… ¿No? Pero la niña lo llamó Hao y él afirmaba que era su prometida, no había error en que era el mismo niño arrogante que conoció hace 6 años o más. Escuchó el nuevo comentario del castaño sin inmutarse, aún con las gafas de sol puestas la confusión en ella era casi tangible y permaneció un par de segundos más en silencio –. Yoh… ¿Hao…? – Casi saboreó las palabras mientras las decía, lentamente mientras en su mente intentaba atar los cabos sueltos, no porque no consiguiera realmente atarlos, sino meramente porque la única respuesta correcta que llegaba a su mente la hacía sentir el ser más estúpido del universo. Y brevemente apareció en su mente el vago, vago recuerdo de aquel niño de 9 años, la primera vez que lo llamó por su nombre luego de mudarse, el recuerdo tenía una expresión confundida por parte del, en ese entonces, niño frente a ella.

No quería admitirlo. Levantó la mirada hacia el castaño que esperaba con parsimonia y se quitó lentamente los lentes, dejándolos en su posición anterior mientras miraba fijamente al dueño de los orbes oscuros como a un completo desconocido, sin querer entender del todo lo que ocurría –. ¿Te parece gracioso? – Fue lo primero que pudo decir sin dejar de mirarle con enfado oculto, pero casi tangible en todo su ser. La confusión se convertía en enojo, en ira contenida a presión, ¿Tendría alguna explicación para haberle mentido todos esos años? Si la tuviera, lo conocía lo suficientemente bien para saber que la respuesta sería: Diversión. No necesitaba preguntarlo, se había reído de ella desde que la conoció y ella había sido su bufón desde entonces. Todo fue un chiste para él desde siempre, y de no ser por la importancia que tuvo para ella en aquel entonces no se molestaría en dirigirle la palabra en este momento; pero aunque no lo admitiera abiertamente, ni siquiera en su fuero interno, todo el enojo y rabia derivaban del dolor que esto le provocaba, siendo “Yoh” lo único bueno que recordaba de toda su infancia y viendo esto destruido en tan sólo 10 segundos, ¿Qué más podía esperar? Pero ella no era una niña sensible y tonta como otras, ella no se guiaba ni lo haría por sentimientos tan débiles como el cariño perdido, ella estaba iracunda y alguien pagaría el precio por provocar eso.

Avanzó un par de pasos hacia el castaño, finalmente decidida luego de los tortuosos segundos –. Asakura Hao – Mencionó con un suave tono japonés al llamarlo, por primera vez, con su nombre real. La sonrisa de autosatisfacción en el rostro del joven heredero sólo conseguía terminar de enervarla por completo y sin esperar un segundo más alzó su mano derecha para abofetearlo con fuerza. Cual fuera su sorpresa cuando el golpe no llegó a sonar, él acababa de detenerla con un rápido agarre a su muñeca. La sorpresa e incredulidad en su rostro eran incluso deleitables pues, hasta el momento, nadie había siquiera intentado hacer tal barbarie, que sólo conseguiría estallar su enfado por completo. Aún más, la sonrisa complacida del castaño al haberla detenido era lo que más la estresaba, su típica sonrisa egocéntrica y autosuficiente, como si le dijera que era mejor que ella, cosa que poco le importaba en aquel momento pues sabía que era ella quien había sido su diversión hasta el momento –. No soy tu bufón – Advirtió ante tal acción sin tomar en cuenta lo que él, al parecer, intentaba jactar en aquel momento, incluso osando acercarse un poco a ella. Y sin esperar ni un segundo, su mano izquierda fue alzada para entregar un certero, sonoro y poderoso golpe en la mejilla de su prometido, provocando con esto que la soltara pues ahora estaba muy ocupado estabilizando su cuerpo para no caer.

Con él semi agachado hacia un lado, Anna alzó el mentón nuevamente para mirarlo con prepotencia que la caracterizaba. Por supuesto que aquel golpe no era suficiente para hacerla sentir satisfecha, probablemente nada de lo que hiciera o intentara sería suficiente, pero ya le había dejado ver demasiado en ella, no permitiría que sus emociones la controlaran al punto de no poder controlarse, ella no era así y, nuevamente, no le daría en el gusto, no le dejaría ver cuánto le importaba aquel asunto. Un segundo después desvió su mirada hacia la criatura que, hasta el momento, había ignorado, para agacharse un poco y tomarla por la espalda de su ropa, levantándola cual trapo para dar media vuelta y comenzar a caminar, sin soltarla –. Tú irás conmigo – Declaró sin más, aquella niña parecía cercana al castaño y, de alguna forma, le parecía la mejor venganza posible llevársela sin dar siquiera una última mirada al joven, a quién presentía haberle hecho un corte en el rostro pues en su dedo corazón sentía algo ligeramente húmedo. Al alejarse un par de pasos, bajó discretamente la mirada a su mano para confirmar que, efectivamente, había un pequeño rastro rojo en su dedo que, de alguna forma, la hacía sentir bien y mal al mismo tiempo, pero no prestaría más atención a ello mientras se iba, sin saber realmente qué hacer con la pequeña secuestrada pues no era precisamente la mejor con los niños, pero si la menor podía aguantar a su prepotente prometido, seguro podría con ella.

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Re: Shadows of the past.

Mensaje por Hao Asakura el Mar Nov 24, 2015 3:40 am

Por obviedad, lo primero que iba a hacer era terminar su merienda, amablemente pedida por su prometida especialmente para su persona. La había observado alejarse, hecha prácticamente un manojo de rabia y nervios, luego de arrojarle el contenido de su té encima. Ah, ni siquiera se había dignado de dirigirle una mirada de irritación o molestia al salir, sólo se escuchó el golpe a la puerta al cerrarla, increíblemente suave para lo que esperaría de su reacción. Pero eso estaba bien, conocía a la chica y así era su forma de reaccionar a esa clase de situaciones. Además de la comida, se daba por servido con que ésta ya conociera de su existencia, que tuviera todavía tal efecto en ella pese a todos los años sin verse. Le gustaba cuando esos ojos gélidos mostraban algún tipo de emoción, fuera de molestia o sorpresa, que dieran cuenta en escasas ocasiones que su propietaria no era un tempano de hielo como todos a su alrededor la creían. Y cuán deleitable era que él fuera el causante de ello, sólo él y nadie más. Al finalizar su merienda, tranquilamente disfrutó de cada bocado dulce de su postre, y se retiró de la mesa apenas sacando de su bolsillo una cantidad de dinero para pagar. No le gustaba el uso del dinero, era un material sucio por el cual los diminutos humanos solían perder la cabeza, así de inútiles eran. Pero si de momento no quería tener aún problemas legales, lo mejor era sencillamente evitar vandalismo innecesario, aunque fuese de algo tan patético como no pagar en un restaurante. Y una trivialidad así no lo valía.

No se apresuró ni siquiera un poco al caminar en dirección a la salida, ni siquiera cuando le sorprendió ser capaz de reconocer la presencia de la pequeña Opacho, encarando a Anna directamente. Sonrió levemente al pensar que la niña era muy valiente, quizá más de lo que le convenía para su integridad física. Tendría que darle una charla después. Al hacerse presente en la escena fuera del restaurante, como si un pequeño teatro improvisado se tratase toda la situación, la niña fue corriendo a su lado luego de dar una exclamación de su nombre, posiblemente para la extrañeza de la muchacha rubia. ¿Qué acaso a esa altura no debería resultar obvio? Si con su mirada permanente de burla no bastaba, y esa pequeña risa que profirió cuando fue llamado por el nombre de su gemelo por su propia prometida. Sabía que Anna podía hacerlo mejor, estaba seguro que llegaría a darse cuenta, y estaba de cierta manera ansioso por saber cómo reaccionaría, aunque daba por hecho que no iba a ser una reacción pacífica, no tratándose de ella. Al saber que prácticamente se había reído de ella por todos esos años, e incluso en el presente. Seguro era incluso mejor que cuando se entero que no estaba muerto.

Y por supuesto, como siempre, no se equivocaba. Fue capaz de presenciar en primer plano el momento en que su adorable y crédula de su prometida maquinaba la posibilidad en su cabeza; quizá por primera vez consideraba en su vida, quién realmente era él. No, no su tonto gemelo, entrenando en algún lugar de Japón por su abuelo, Yoh siempre había sido un chico demasiado dócil incluso de niño, le daba risa imaginar en qué clase de adolescente se había convertido. Sino él, el primogénito de la familia Asakura. Y se sentía con todo el derecho de reírse de Anna a carcajada limpia en ese momento, porque ella era y solamente ella la culpable de ser tan fácilmente embaucada, de principio a fin, y ahora todo le debía explotar en la cara al mismo tiempo, era jodidamente gracioso. Que realmente, realmente debió ejercer un esfuerzo sobre humano (que era apropiado, él era el Shaman King y debía estar por encima de esas criaturas) para no echarse a reír. Opacho todavía observaba la escena, pasando sus grandes ojos oscuros entre ambos como si se tratase de un espectáculo, viendo todo con repentinas ansías como si presintiera que un volcán estaba a punto de hacer erupción. Ya había dicho antes, era una niña muy inteligente para su edad. Posiblemente le hubiese dirigido la amabilidad de una sonrisa para tranquilizarla, pero Anna era un asunto muy importante que atender en ese momento, y no quería perderse ningún detalle.

¿Qué si le parecía gracioso? Oh, claro que no. ¡Era prácticamente hilarante! Cerró los ojos, y soltó una sola carcajada, que estaba lejos de sonar tan estridente como se hubiera imaginado, pero no, todavía tenía un poco de sentido común para no desesperar tanto a su prometida. ¿No era acaso la persona más considerada del mundo? Su sonrisa de satisfacción no podía resultar más evidente cuando la otra pronunció su nombre, su nombre real con cierto tono japonés que resultaba encantador. Le gustaba como se escuchaba de los labios de su prometida, y más fue encantador el tono gélido con que fue pronunciado, en compañía que esos ojos fríos que de alguna manera, estaban ardiendo por dentro—. ¿Sí, Anna Kyoyama? —le siguió el juego, fingiendo como si aquéllo se hubiera tratado de un simple llamado por su atención y nada más. Y había como siempre una pregunta implicada en su tono, en su sonrisa de diversión levemente altanera, que decía ¿por qué te tomó tanto tiempo? Tal cual como si la muchacha de cabellos rubio hubiera leído su expresión, de inmediato, una mano fue alzada directo para dirigirse con fuerza suficiente a su mejilla. Oh, ¿Anna no era adorable? No le tomó mucho esfuerzo detener el golpe, tomando por la muñeca el brazo que se dirigió a darle una cachetada de considerable fuerza. Y la sorpresa que se reflejo en los ocelos ajenos ante su acción fue tan deleitable que amplió incluso más su sonrisa, si era posible.

No eres mi bufón, Anna —por primera vez, se rió suave, despacio, mirándola por un breve instante como si por primera vez tuviera la oportunidad de detallar todos sus rasgos, con tal intensidad como debió ser la primera vez que se encontraron. Y hablando con tal tranquilidad que desentonaba con toda la situación, con él sujetándola de la muñeca y acercando su rostro al suyo, lentamente, disfrutando inmensamente su posición de dominio sobre la chica- No, ella no era su bufón, eso era definitivo. Porque los bufones eran simplones y estúpidos—. Sólo eres mi prometida —deslizó la palabra, sonriendo, arrogante como siempre. Pero no pudo acercarse más, pues no contaba con que fuera esta vez la mano izquierda la encargada de propinarle un certero bofetón, posiblemente con toda la rabia acumulada en los últimos minutos por la muchacha, que finalmente podían manifestarse en forma de agresión física. Y por supuesto que la soltó, de sorpresa, como nunca le sucedía. Porque se había confiado demasiado, la hubiera besado allí mismo. Pero tuvo que evitar caer, y de inmediato tomarse la mejilla con su otra mano, porque ésta ardía mucho. No podía esperarse menos de la mujer que la familia Asakura designó para ser su esposa, eso (de manera literal) lo tenía dolorosamente claro.

Pero, carajo, ¿acaso eso caliente era sangre? No sabía si continuar sonriendo, porque tarde o temprano lo veía venir. O molestarse, irritarse con su prometida por ser tan vilmente interrumpido. Ante la mirada de Opacho, quien continuaba allí mirándolos alternativamente como si se tratara de un juego de ping-pong, fue capaz de escuchar la exclamación de sorpresa que la pequeña trató de ahogar. Sin embargo, no fue capaz de hacer nada cuando Anna levantó a la pequeña por la espalda, y se la llevó, apenas alertándola del secuestro con una frase breve y cortante. Primero miró la escena, levemente impresionado, quizá un poco turbado por el dolor. Para después limpiarse por completo el corte en la mejilla, y saborear el rastro de su sangre de sus dedos—. ¿Acaso ésta es su forma de invitarme a su casa...? —se preguntó en voz alta, con bastante diversión. ¡Cómo le gustaba complicar las cosas! Una simple indicación era suficiente, no era necesario traumatizar a Opacho para invitarlo a tomar el té. Porque era muy evidente que tendría que ir a buscarla, y nada más y nada menos que a la residencia de los Asakura en esa ciudad. Sólo que esta vez sería más condescendiente, no debería presentarse demasiado de improviso, a Anna le acabaría dando un ataque de nervios, lo que era siempre divertido de observar. Pero recordando la cachetada y el dolor en su rostro, podía darle un descanso.
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