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Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

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Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Brooke Lewis el Miér Jul 08, 2015 11:22 pm

Creía que aquella noche definitivamente sería algo muy problemático puesto que básicamente no tenía donde dormir pero me di cuenta de que no era así cuando Juvia propuso ir a su casa. La miré un tanto sorprendida, pestañeando un par de veces pero antes de que pudiera decir algo siquiera, ya estaba siendo llevada en coche hasta su casa. ¡Increíble! Es decir, sabía que acababa de conocerla pero de alguna forma sentía que realmente podríamos convertirnos en muy buenas amigas. Cuando entramos a su vivienda, al principio me encontraba un tanto incómoda ya que todo fue demasiado inesperado… Pero también me alegraba porque así tenía la oportunidad de conocerla un poco más. – ¡Wow! Tu casa es realmente muy grande… – comenté al entrar al lugar y descalzándome, tal y como dijo la madre de Juvia. Entramos a una especie de habitación de zapatos y tengo que admitir que me hizo bastante gracia que tuviera tantas pantuflas de animales. – Pues… La verdad es que me gustan casi todos pero si tengo que elegir uno… Supongo que el perro. – contesté risueña a la espera de que me entregara unas pantuflas con forma de perro. Ni qué decir que al ponérmelas sentí que mis piernas volaron al cielo. – Son muy cómodas… – murmuré mirándome los pies y sonriendo cual niña pequeña. Acto seguido, alcé ambas cejas, como si me hubiera acordado de algo y miré a Juvia volviendo a cogerla por ambas manos. – Por cierto… Aún no te he agradecido que me hayas dejado pasar aquí la noche… Es realmente una sorpresa porque no cualquiera lo hace al primer día de conocerse. Así que gracias. – comenté aún sin de sonreír para luego dirigirnos hasta lo que era la habitación de Juvia.

Una vez allí, me giré a mí alrededor y no pude evitar reír al ver que toda su habitación estaba realmente pintada de azul. – Vaya, sí que te gusta este color, sí. – dejé escapar una suave risa y acto seguido me senté en la cama mientras daba un suspiro. – ¿Sabes? Mis padres también tienen una gran casa en París. Quizás algún día puedas ir conmigo y visitarla. – dije mirándola con una sonrisa y luego me levanté estirando mis brazos hacia arriba. – Aún no puedo creer que hayamos tenido que hacer de cocineras… Pero me alegro de que todo haya salido bien al final. – luego de eso, una idea fugaz pasó por mi cabeza y dediqué a la peliazul una sonrisa traviesa acercándome lentamente a ella. – Muy bien… Ya que me has invitado aquí debemos hacer planes pero primero… ¡Vayamos a ducharnos! ¡Juntas! – exclamé soltando una risa y la cogí de la mano llevándola hasta donde se suponía que estaba el cuarto de baño; que tampoco era pequeño, por cierto.

Abrí el grifo de la bañera y comencé a desvestirme. Tras quedarme solo con la lencería, miré a Juvia alzando una ceja mientras ponía ambas manos sobre mi cintura. – ¿Estás avergonzada o algo así? ¡Somos chicas, descuida! – luego de eso acabé por quitarme toda la ropa y cogí a Juvia de la mano metiéndonos ambas dentro de la bañera. Entonces, observé de pies a cabeza a mi amiga y en mis labios se dibujó una pequeña “o” mientras mi ceño se fruncía levemente. – ¡Estás muy bien formada! Y tu piel parece súper suave. – sin demasiado corte que digamos, me lancé sobre ella mojándonos por completo y comencé a frotar mi mejilla contra la suya sin poder evitar reírme. – Woaaah… ¡Es verdad! – luego de eso me alejé un poco y junté las palmas de mis manos sonriendo un tanto ilusionada. – ¡Bien! Ahora vamos a lavarte el cabello. – me levanté cogiendo el bote del champú y me eché un poco en las manos para luego sentarme detrás de Juvia comenzando a enjabonarle la cabeza. – ¿Sabes? Siento como si fueras mi hermana pequeña o algo así. Siempre he pensado en que si mis padres tenían otra hija podría cuidarla y contarle muchas historias. Pero nunca imaginé que bañarme con una amiga sería tan divertido. – reí un poco y seguí lavándole el cabello con cuidado.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Juvia Lockser el Vie Ago 21, 2015 12:46 am

"Reírse es la forma más preciosa de romperse, como queriendo decir “y qué le vamos a hacer”.
— Benjamín Griss
De pantuflas envainadas en sus pies. Unas en forma de ranas, pero ranas azules. Incluso si pudiera comía comida azul de tanto adorar ese color. Sin embargo, su madre no era amante del colorante alimentario, propiamente dicho.  Los alimentos tendrían que ser 100% naturales. Y a veces de origen vegetal como la leche, por ejemplo. Estaba muy feliz y eso se le notaba en la boca, cubierta por un fino brillo debido al gloss resistente al tiempo, y todos sus percances, que se puso hacía muchas horas, que cruzaba el rostro femenino formando una amplia sonrisa.  - ¿Eso quiere decir que le gustan los perros a Lyra-san? – Por fin, pudo materializar su curiosidad con cierta timidez mientras subían las escaleras. Por algo la morada se había decidido por unas pantuflas con formato perruno, ¿no?  – ¿Y está mal invitar a alguien en el primero día para venir a casa de Juvia? – Era una inexperta en relaciones personales. La etiqueta y los modales le resultaban sencillos ya que la acostumbraron a ellos desde pequeña, pero relacionarse de verdad, una amistad sincera sin estanques y abandonos, no era algo que se pudiera decir que estaba acostumbrada. Incluso, su novio la había dejado por lo rara que resultaba ser para allá de su familia.
Las habitaciones quedaban en la última planta. Bueno, sin que fuera la azotea, obviamente. También residía un aseo en la misma que solo estaba disponible solos para los vivientes de la morada y sus huéspedes. – Así es como estar en el cielo. ¡Un cielo nevado! – Explicó y señaló los copitos de nieve que se colgaban de su techo. Hechos de madera pintada de blanco que rodeaba la lámpara del techo. Una que era hecha de cristal azul en forma de una gota de lluvia. Por lo demás asintió a todo lo que le decía su Lyra que era tan simpática. Por segunda vez se sentía parte de una relación que valdría la pena. ¡Y eso era muy inaudito! Así que estaba algo cohibida. Era la primera vez que tenía alguien del exterior en su pieza. Y que le contaba detalles de su vida. ¿A esto se llamará confianza entre amigas? Ante este pensamiento, sus manos se cruzaron sobre su pecho como si estuviera rezando. Y no, no es que fuese religiosa. Francamente, esos temas los tenía muy apartados de su vida. Su padre era un científico y su madre una hippie que creía en el poder de la naturaleza. Por lo tanto, lo más cercano a la religión que suele estar, es cuando en el primer día del año debe ofrecer flores al mar y plantar un árbol en el bosque.  Rituales de su madre para agradecer el año anterior de vida y el que vendrá.
- Planes…¿Cómo en los libros cuando se juntan las amigas que comen palomitas viendo una peli? – La emoción se le escapó en un momento al caer en la cuenta que ver pelis, no podrían aunque quisiesen. En su casa el máximo que había eran radios. Y móviles. No había teles, ni ordenadores. Su padre estaba prohibido de traer su portátil para casa. Ordenes de su madre que era la que mandaba en casa. A su progenitora no le agradaba en nada la tecnología.  Y por estos detalles que Juvia sabe que sus padres se quieren muchísimo, son tan opuestos como el agua y el fuego, pero viven en armonía como si no fuesen de mundos tan distintos con creencias diferentes. Su nariz se arrugó ya que su boca, hecha como un papel estrujado, se movió con disgusto y resignación. – Lo de la peli no puede ser aquí, pero podrá ser en el cine algún día. – Volvió a animarse al haber arrojado luz al tema y haber una salida. Además, era un motivo más para volver a estar con su nueva amiga, ¿no?

La siguió. O más bien, se dejó llevar, pero llegando a exterior de su pieza tuvo que indicarle el camino del aseo que correspondía a esa planta. Su casa tenía una formación cuadrada en el interior. Por lo tanto no es que hubiera un pasillo recto y largo. Eran más puertas y giros como si fuese un labirinto. ¿Cómo el del Minotauro? El arquitecto de casa era un maniaco de las construcciones griegas.  Por ende, no es de extrañar que su casa tuviera esa clase de distribución. Tras llegar al aseo, del armario (que se hallaba en una de las esquinas) retiró dos enormes toallas mullidas. La azul para Juvia y la morada para Lyra.  Así hacía juego con su pelo, ¿no? Era todo tan cuqui. Para su suerte, los colores en su casa no escaseaban y podría tener esos detalles.
Lo que no se esperaba, una vez que dejó las toallas colgando de la percha que decoraba la trasera de la puerta, es que Lyra empezara a denudarse con toda la naturalidad del mundo. Hasta el momento se mantuvo con cierta timidez, pero de esta vez, su pálida tez, se enrojeció al punto que parecía que había pillado el escaldón de su vida. Ni siquiera pensó, cubrió su rostro con las manos. Eran amabas chicas. No tenía atracción por chicas tampoco, pero es que era la primera vez que se duchaba acompañada. Hace muchos años, su madre dejó de bañarla. Juvia siempre tuvo una educación en que se esperaba cierta independencia de su persona. O al menos en el trato de ella misma. (Ya sabemos, que en términos exteriores del hogar, sus padres prefieren que no sea independiente.) Así que para los siete años ya se duchaba sola y a los ocho ya se lavaba el pelo sin ayuda de nadie. Obviamente, que iba estar la mar de cohibida y reticente. De todos modos, e intentando no mirar mucho a Lyra, se desnudó con timidez. También se deshizo de las orquídeas que mantenían su melena recogido. – Juvia lo siente… - Se disculpó ante la contraria. Debería verse muy rara ante algo tan común, pero para ella no era así.

Si solo por desnudarse estaba apenada. Cuando recibió el cumplido ajeno, su masa gris que habita  en el cráneo, se le hizo papilla. Enserio, se imaginó como esta podría salirle por los orificios nasales mientras no podría articular vocablo. Aunque intentó. Sus labios se separaron, pero se cerraron sin soltar sonido de la vergüenza. Y solo después de soltar un suspiro de valor, le agradeció lo que le decía del todo, pero no era tan bonita como Lyra. O al menos eso creía. Por lo tanto, aunque no formó oración alguna, se veía lo que realmente creía ya que negó con su cabeza e indicó con su índice la figura de su amiga. No era buena en mímica, pero podría entenderse lo que quería responder. Ni que fuera un poco, ¿no?
Más sorprendida que Chopper, se halló cuando, al fin y con mucha reticencia, se adentró en la tina donde el agua corría desde el grifo. Lyra quería lavarle el pelo. Nunca se le ocurrió que alguien quisiera tocar su melena de color estrafalaria como varias de su entorno podrían denominar su amado azul. Sin embargo, ahí estaba, sentaba ante Lyra, de espalda a esta, mientras su pelo era masajeando por las manos envueltas en espuma. Se relajó mucho y suspiró. No hay que decir que su rubor seguía bastante presente, pero ya no se hallaba tan cohibida. De todos modos, sus brazos estaban sobre sus pechos para cubrirlos. Seguía no estando cómoda con la situación. Habría que acostumbrarse. Era lo único que le faltaba, porque estaba muy a gusto con Lyra. Eso sin lugar a dudas. - ¿Hermana? Entonces, Lyra-chan es hija única como Juvia. – Comentó ilusionada. – Juvia leyó una vez que no siempre las familias se construyen con lazos de sangre. – Musitó tras darse la vuelta para enjugarse la melena con el agua y retirar la espuma del mismo.

En algún momento, la chiquilla no sabe porqué ni como tuvo el valor para la acción, con la ducha en las manos, con la cual acaba de hacer esfumar el champú de su pelo, la alzó lo suficiente para el rostro de su amiga. Grifada de agua en el semblante foráneo mientras se le dibujaba una sonrisa, extrañamente, traviesa y feliz. - ¡Juvia lo hizo! – Como si hubiera realizado uno de sus mayores sueños, lo dijo riéndose. Intentaba contener la risa, pero no podía y se reía quedamente. – Ahora le toca a Juvia. ¿Por qué Lyra-san no vive en Paris con su familia? – Con más confianza se levantó para coger el bote de champú que se hallaba a espaldas de su amiga. Una miaga que ahora era más hermana. ¿Algo apresurado iba el asunto? Quizá, pero por una vez se encontraba perfectamente con una chica. Y esto que estaba totalmente desnuda. Lo penoso vino a suceder justo cuando se levantó, se resbaló y terminó con su rostro en las pechos de la morada. Así como leéis. Como avestruz enterrando la cabeza en la tierra, Juvia tenía su rostro siendo tragado por ambos pechos de Lyra. Obviamente, que su rostro volvió a encenderse como sol al anochecer. ¿Y ahora? De nuevo cohibida, se separó y sin mirar a la contraria empezó a gesticular nerviosa. – Juvia se disculpa. Juvia no quería…¿Juvia le hizo daño a Lyra-chan? -  Los vocablos fueron dichos con temor, vergüenza y de forma atropellada.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Brooke Lewis el Dom Ago 30, 2015 6:39 pm

Sonreí animada ante el comentario de Juvia y asentí con la cabeza mientras terminaba de enjabonarle el cabello. – Sí, tienes razón. La familia no tiene porque formarse por simples lazos de sangre. – y aquella frase me hizo desconectarme un poco ante el recuerdo del hombre quien era mi padre biológico... No, en comparación con Dante él ni siquiera podría tener tal denominación. Mi semblante se había ensombrecido un poco, lo cual la peliazul posiblemente no había notado ya que estaba de espaldas mi. Sin embargo, en pocos segundos la sonrisa volvió a decorar mi rostro; no eran momentos para pensar en estupideces sin sentido. – ¿Aunque sabes? Mi madre está embarazada así que en unos meses tendré un hermanito~. – comenté de pasada mientras colocaba mi cabello sobre el hombro derecho.

Entreabrí un poco mi boca mientras cerraba mis ojos debido al chorro de agua que acabó en mi cara. Al principio miré a mi amiga un tanto sorprendida pero luego comencé a reírme mientras alzaba una ceja. – ¡Aja!¡Esperabas pillarme desprevenida! – exclamé divertida observando como la otra se levantaba. Entonces, justo cuando iba a responder a su pregunta, Juvia se levantó y vamos... Acabó con su cara entre mis pechos, cosa que provocó que  alzara ambas cejas un tanto sorprendida. La observé por unos segundos y luego comencé a reírme como si no hubiera mañana, tapando levemente mi boca con una mano. – ¡No hace falta que estés tan cohibida mujer! ¿Estás bien? ¿Te hiciste daño? – me acerqué a ella y tras comprobar que no se había hecho ningún daño físico, suspiré aliviada. – No tienes que preocuparte linda.~ – volví a abrazarla para frotar mi mejilla contra la suya y segundos después estábamos nuevamente sentadas en la bañera, aunque esta vez me encontraba yo de espaldas a ella para que pudiera lavarme el cabello. – Y bueno, respondiendo a tu pregunta de antes... La verdad es que venimos de Estados Unidos. Mi madre se volvió a casar y nos mudamos con mi padrastro a París. Para aquél entonces yo ya tenía dieciocho años y como no quería ser una carga para ellos, decidí independizarme e irme a otro lugar. Y aquí me tienes. – comenté con una sonrisa relajada para luego aclararme el cabello con agua. – ¿Y qué me dices de ti? ¿Siempre viviste en esta casa con tus padres o hay un pasado? – inquirí curiosa poniéndome de pie mientras agarraba mi pelo apretandolo con ambas manos para que no goteara.

Minutos después, ya habíamos salido del cuarto de baño para dirigirnos nuevamente a la habitación de Juvia. La peliazul me dio algo de ropa cómoda para dormir y a continuación, me senté sobre la cama cogiendola por ambas manos para que se colocara al lado mío. – Venga, vamos a peinarte esta cabellera ~. – me incorporé alcanzando un peine que había divisado en la mesita de noche y me coloqué detrás de Juvia mientras cogía cuidadosamente su cabello y comenzaba a peinarselo. – Cuéntame algo sobre ti. Nunca te he visto por el instituto. ¿Vas a otra academia o estudias en casa? – dejé el peine sobre la cama y empecé a trenzar su cabello. – Y... Dime más sobre ese chico del cual me hablaste en el restaurante... Sí, Will. – puse mi barbilla en su hombro y sonreí burlona mientras le pinchaba con el dedo índice en el costado. – Él te gusta. ¿No es así? ¿Cómo os conocisteis? – y de repente me di cuenta de que estaba haciendo demasiadas preguntas a la vez. Seguramente se sentiría atacada y yo no deseaba eso. Me alejé un poco, rascandome la mejilla con el dedo índice y la miré un tanto avergonzada. – Disculpa, esas son muchas preguntas a la vez. Espero que no te haya molestado. De todos modos, estoy algo ilusionada por poder hablar así contigo, ¿sabes? – di un pequeño suspiro y le volví a sonreír continuando trenzando su cabello. – De igual manera, puedes preguntarme lo que tú quieras, responderé a cualquier cosa. – dije segura de mi misma justo al tiempo en que terminaba su trenza. Iba a continuar hablando, pero justo cuando quería abrir la boca un fuerte sonido se escuchó por toda la habitación. Sí, mi estómago. Lo cierto es que no había comido nada desde que entré a hacer mi turno como maid por lo cual estaba bastante hambrienta. Pero diablos... ¡¿Siempre me tiene que pasar en los momentos más inesperados?! Mis mejillas se tintaron de un suave color rojo y comencé a reír nerviosamente mientras me rascaba la nuca con una mano. – Perdón, lo cierto es que no he comido nada. –
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Juvia Lockser el Jue Sep 24, 2015 4:55 am

"Tenía las cicatrices más bonitas del mundo, lo sé por la forma en que sonreía."
Anónimo
Se entretuvo, con la completa maravilla plasmada en su semblante, moldeando el pelo morado de su amiga. Y cuando decimos que lo moldeó, no es una metáfora, lo hizo como si fuese plastilina ya que estaba empastado en espuma por el champú. Lástima que la gravedad no permitía que los mechones con formas pudiesen seguir erguidos. Nunca se había divertido así. No cuenta los peinados en las muñecas, desde luego. Aunque a esto se atrevió porque la morada la tranquilizó tras haber caído de forma tan abochornante. Una vez que se disculpó, y que Lyra lo tomara como si nada, la menor enderezó su nariz con dos dedos, como si se hubiera torcido, después de rascarla con la mano. Tenía sentido del humor pese a su pena tan común en ella y era un modo de asegurar a la ajena que estaba bien; sin ningún rasguño.
Asimismo, escuchó todo lo que la mayor le contaba. Estaba entretenida con los peinados que hacía a Brooke, pero todo lo que escuchaba, lo atesoraba en su memoria tras asimilarlo con gusto. Paris. Sonrió ante la nombración del mismo. Nunca había ido a Paris, pero había leído demasiado sobre Paris. Principalmente, novelas románticas así que la idea que tenía de la ciudad del amor, era una idea muy fantasiosa de una mente que ya es fértil de por sí. – Lyra-chan es como una princesa guerrera. Voló por su cielo. – En este preciso momento moldeaba el pelo como si fuese una torre muy mal construida. – Juvia nunca fue a Paris. ¿Es bonito como dicen en los libros? – Indagó con un curioso entusiasmo. Y luego negó con un monosílabo sonriendo aún con sus ideas perdidas en la ciudad de la luz donde la Torre Eiffel se quedaba cubierta de blanco por la nieve. Si algún día fuera a Paris, esperaba que lloviera para poder bailar bajo la misma. – Juvia estuvo en Rusia antes de venir para Francia con su familia. De eso hace un par de años. O eso cree. – Pensativa contó los años mentalmente para después asentir con su rostro afirmando que estaba en lo cierto. – Juvia no tuvo amigos, pero llegó a tener un novio en Rusia. – Se detuvo ahí sin querer proseguir con el tema de su novio. Quizá no lo tenía tan superado como deseaba. ¿Cómo se supera algo cuando alguien simplemente te dejó porque eras diferente? Igual, fue buen momento para que se secasen con las toallas para volver al mundo de puro azul de Juvia.

Obviamente, se dejó peinar aunque estaba tan cohibida como si le estuviesen viéndola desnuda. Vamos. La única que el había peinado había sido su madre y ahora su amiga lo hacía. Era genial. Cohibida, sonroja y con una sonrisa enorme en su semblante, así estaba Juvia y el tema de su antiguo novio se había disipado de su mente. - ¡Lyra-chan va al instituto! – Recalcó iluminándose la cara. - ¿Y cómo es ir al instituto?  Juvia estudia en casa. Mamá no le agrada demasiado que Juvia pase mucho tiempo fuera. Y papá la apoya ya que opina que la mejor educación es teniendo profesores particulares que solo me tienen a Juvia para atender. – Explicó naturalidad. Aunque con un deje de desánimo. No se quejaba de su vida, era muy afortunada, pero sentía que no conocía ni un quinto de lo que le podría ofrecer el mundo. O al menos, para allá de los libros.  
De inmediato, sus mejillas se han encendido mucho más. Si antes estaba con un ligero rubor, lo de ese momento era el triple de rojizo. Suspiró ante el interrogatorio de quien era Will. Su Will. Aunque solo lo decía en pensamientos. – Es… - Separó los labios, inhaló aire emitiendo un leve sonido y luego exhaló el dióxido de carbono en un suspiro. – ¿Gustarle? No sabe… - Negó corriendo a verse al espejo de cuerpo entero que tenía pegado a la puerta. - ¡Qué hermoso! Gracias, Lyra-chan. – Se volteó hacía la misma sonriendo muy feliz. Y en tres saltitos de puntillas ya estaba de nuevo al lado de su amiga con peine en la mano. – Le toca a Lyra-chan. – Anunció y se propuso a peinarla. – Lyra-chan, se verá como una princesa. – Y eso hizo. Primero: alisó más la melena morada, que ya de por sí era lacia, segundo: separó un mechón, algo voluminoso, del resto del pelo y de este hizo una trenza. Hizo lo mismo con otro mechón del lado opuesto para luego cruzarlos por encima de la cabeza de Brooke. Dos perfectas trenzas que se cruzaban entre sí formando una diadema que fue sujetada con orquídeas. – Juvia espera que le guste. – Se sentía muy realizada y eso se le veía en todo su ser que un poco más y le nacían flores a su alrededor y por doquier.
Entre que su trenza fue finalizada y pudo peinar a Brooke, el estómago de esta rugió. Lo que había provocado una risita de la peliazul. Nunca había escuchado el estómago de nadie.  Puede parecer extraño, pero hambre nunca la ha sentido. O al menos al punto de que su estómago tuviera que quejarse.  Siempre cumplía con sus horarios y era muy puntual con los mismo En su hogar eran iguales de puntuales así que hambre en sí, nunca la tuvo. Por ende, estaba fascinada por el rugido de la pancita. – Es como un león. – Había dicho mientras regresaba con su amiga y le aseguraba que ya bajarían por algo de comer. También se sentía aliviada porque aquello hizo con que el tema de Will pasara a tercer plano.

Tal como dijo anteriormente, bajaron a comer tras estar ambas peinadas y cubiertas con sus pijamas. No hicieron ruido. Igual el suelo ayudaba ya que era alcatifado, excepto la cocina, los baños y la solana que se quedaba a un lado de la cocina. Sin embargo, la solana no es para aquí llamada ya que lo que nos interesa es la cocina donde hay ingredientes y útiles para cocinar, ¿no? - ¿Qué le gusta comer a Lyra-chan? – Llegando a su destino, soltó la mano de Brooke. La había cogido para bajar por las escaleras hasta la planta media de la casa. Una casa desértica ya que sus progenitores ya se habían ido acostar. O al menos, estarían en sus aposentos listos para dormir. Bueno, desértica como quien dice, una tercera presencia se asomó a la cocina con luces azules en lugar de ojos y ruedas en lugar de patas: un blanco perro robótico entró girando su colita de metal.  – Nieve-kun. – Así se llamaba el perrito de la casa. Uno de los varios, la verdad, pero el más pequeño y él que estaba programado para obedecer a la voz de Juvia. – Esta es Lyra-chan. – Tomó a su mascota entre brazos y la acercó a su amiga con mucha naturalidad. – Fue regalo para Juvia de papá hace unos años. Es genial. Siempre que Juvia tiene pesadillas, se queda con ella y no duerme para que sus ojos le puedan dar luz. – Con cuidado estrechó a su perrito robótico entre los brazos.  – Es fenomenal, ¿verdad?
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Brooke Lewis el Sáb Oct 03, 2015 6:00 pm

Sonreí animada al verme en el espejo después de que Juvia acabara de peinarme. – Es perfecto. Muchas gracias. – aún seguía preguntándome de dónde sacó las flores pero aquello era lo de menos. Lo que no esperaba es que mi estómago rugiera como cual dinosaurio en mitad de nuestra conversación; me pasaba muchísimas veces en casa pero que estuviera en compañía era completamente diferente. Bajamos hasta la cocina y tras escuchar la pregunta de Juvia la miré un tanto pensativa. – La verdad es que puedo comer cualquier cosa. Todo me sirve para calmar el apetito. – reí por lo bajo a la vez que observaba la cocina. Entonces, Juvia me presentó a quien parecía ser la mascota de la familia y debo decir que mi cara de sorpresa fue notoria. ¿Un robot? Jamás había visto algo como eso. Quizás sí en anuncios de televisión, pero nada más allá de eso. Igualmente la peliazul parecía muy encariñada con el dicho perrito robótico; eso tan solo demostraba que se trataba de una persona cariñosa y hasta capaz de querer a una máquina. Me gustaba ese lado de ella. – Sí. Parece que estáis unidos. – comenté con una sonrisa mientras me acercaba y colocaba una mano sobre la cabeza del denominado Nieve. – Yo tengo un gatito. No es un robot pero también se lo quiere mucho. – reí. – Se llama Luke. Algún día deberías venir a mi casa y conocerle. –

Juvia me enseñó la cocina así que en un par de minutos nos encontrábamos preparando unos pequeños bocadillos que me enseñó a hacer mi madre cuando tan solo tenía 5 años. Cortamos el pan en pequeños trocitos y acto seguido procedí a untarle un poco de tomate. – Supongo que no sueles comer a estas horas pero tienes que probar estos. Son mi especialidad. – susurré guiñándole un ojo. Les puse pequeños trozos de jamón dulce y queso dándole uno a Juvia segundos después. Le di un mordisco al mío y esbocé una sonrisa satisfecha por el resultado. – ¿Qué te parece? No es uno de los mejores platillos que hago pero para picar algo creo no está mal. –

Terminamos de comer así que tocaba volver nuevamente al cuarto de Juvia. Sin embargo, justo cuando íbamos a subir por las escaleras escuché un ruido procedente fuera de la casa. Me paré y sujeté la mano de Juvia colocando un dedo sobre mi boca en señal de silencio. Acerqué mi rostro hacia su oreja y le susurré: – ¿Alguien más a parte de vosotros y los perritos robóticos vive en esta casa? – quizás alguien fuera sonámbulo y yo no lo supiera. Aún así no me fiaba del todo; esta era una casa bastante grande y seguramente llamaría la atención de un par de ladrones. – ¿Tenéis la alarma puesta, verdad? – inquirí bajando las escaleras para apartar disimuladamente la cortina de la ventana. No quería asustar a Juvia así que lo mejor sería actuar con tranquilidad. Después de todo tampoco sabía si se trataba de un ladrón o del gato de algún vecino. Y esperaba que fuera lo segundo. Dichosos instintos policíacos…
Escuché otro ruido, como si fuera algo pesado cayéndose al suelo, y aquello definitivamente me puso alerta. Seguía sujetando la mano de la peliazul así que ambas nos acercamos hasta la puerta trasera. – No estoy muy segura de si se trata de un ladrón o algo por el estilo. Pero si este es el caso corre dentro de la casa, despierta a tus padres y llama a la policía. – murmuré seria mientras miraba a la ojiazul. – Primero habrá que comprobar si no se trata de algún animal. – desactivar la alarma de la casa no era la mejor opción así que antes de salir por la puerta trasera debíamos asegurarnos de que todas las ventanas estuvieran bien cerradas. Dicho y hecho, salimos por la puerta trasera y me fijé en el cubo de basura que había tirado en el suelo con restos de escombros. Seguramente era lo que había escuchado caer anteriormente. – Que sea un cachorro perdido, por favor. – ya habíamos tenido una tarde movida, esperaba que la noche no lo fuera.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Juvia Lockser el Mar Oct 27, 2015 3:53 pm

"¿Y cuando la noche deja de ser noche para ser una monada?"
- Juvia Lockser, Amitiel Samantha
No, no era común comer aquella hora, pero  nunca fue de ideas vetustas así que era adepta de acciones innovadoras. Ella tomaba su vida como una casa de la cual dejaba las ventanas abiertas y así las nuevas brisas entraren por las mismas. Por lo tanto, no le resultó para nada complicado comer a una hora tan inhóspita para la peliazul. De hecho, podría repetir s tuviera una pancita mayor. Y si no estuviera satisfecha, físicamente hablando. O sea, estaba tan rico lo preparado por Lyra que su apetito no tenía fin. ¡Volvería a confeccionar esos bocadillos! Prestó mucha atención a como los hizo la morada mientras acunaba a su perrito robótico. Era una máquina, pero para ella era más que eso, era como un animal de carne y hueso.

La anfitriona restó importancia al ruido venido del exterior. Su vecino no tenía hábitos muy silenciosos. Además, que tenía una variedad de animales bastante variopinta, por así decir. Y aunque las paredes de ambas casas eran bastante gruesas, no era suficiente para que no se escuchara una que otra cosa de parte de su vecino. No eran construcciones pegadas una a la otra, pero tampoco estaba con una regular distancia. Básicamente, si Juvia quisiera saltar de su azotea hacía el jardín de su vecino, lo alcanzaría. Probablemente, con ambas piernas rotas, pero aterrizaba en el interior de la valla. Así que era normal para la menor que esos ruidos. Y esto iba a comunicárselo a su amiga, pero como esta le hizo la seña de silencio, solamente la obedeció. Suele ser tan obediente que ya es una reacción bastante automática el respetar órdenes  ajenas. Además, no es qe esté acostumbrada a pasar más de media hora charlando con alguien así que está muy habituada a sus progenitores y a sus indicaciones.
Tampoco tuvo oportunidad de explicar lo que podría ser el sonido que escucharon ya que la mayor le disparó varias preguntas. A la primera negó. A la segunda asintió y a la tercera…Oh, no hubo tercera cuestión. Hubo varias indicaciones que le fueron dadas y ahí cayó en la cuenta que debería aclararle la situación lo más rápidamente posible a Lyra. No es que la dejó preocuparse a consciencia ni nada por el estilo. Juvia puede ser bastante fácil de seguir la “ola” si la persona le cae muy bien, por así decir. Y esto hace sea muy sencillo dejarse consumir por la atmosfera en que se vea involucrada. En este caso, resultaba que se sentía en una escena de esas, donde dos jóvenes se hallan solas en una casa totalmente desconocida y todo puede ocurrir. Y desde luego, siempre hay la cerebrito y la que sigue el hilo, Lyra era la primera y Juvia se sentía la segunda. Su imaginación se movía solita y sin tener muchos incentivos de verdad, pero debería esclarecer antes que todo se le fuera de las manos. No quería que la morada se enfadara por nada.

Cuando le toqueteó un hombro con el índice de la mano libre, la otra estaba atesorada por la ajena (un sentimiento muy cálido le llenaba y por ello se tardó tanto en exponer lo que creía que podría ser los detonantes de los ruidos; normal que ni se percatara que había sido llevada hasta la puerta trasera de su morada), ya estaban pisando el suelo de piedra que hacía un sendero por el césped que rodeaba la casa. Se notaba por las rejas del portal que la tapa del basurero, que se hallaba más allá de la valla que limitaba su casa, estaba tirada en la acera. También su contenido. Ahí fue cuando se rindió de comunicar que podría ser su vecino. A lo mejor era alguien de verdad y, no, su vecino. Este era ruidoso, peor no pandillero. Solo era un artista famoso, rico y muy excéntrico, nada más. – Oh… - Pestañeó, ese silencio típico de la noche daba mala espinilla a cualquiera en una situación de esa índole. Es decir, en los libros de suspense siempre les pasa algo a quienes salen al exterior. No pudo evitar contener la respiración al recordarse de las numerosas novelas que leyó de suspense y terror. Asimismo, ni un pio dijo. Solo quedó tensamente silenciosa y se acercó a la valle con su amiga. Y para cuando estaban acercando sus figuras al portal, solo pudo sentir como su cuerpo era empujado para delante, por la espalda, su rostro terminó fundido en el suelo de piedra. O casi, por suerte pudo ascender las manos para amortizar la caída. Un impulso normal cuando se ha tenido clases de defensa personal. El demás cuerpo es que no se salvó de la caída y mucho menos del peso que vino a seguir. Ni idea, pero se sentía aplastada por algo un tantito pesado. Más que pesado, ejercía fuerza sobre su espalda para abrazarla. ¿Quién quería abrazarla? No, no vio quien era, pero los gruñiditos susurrantes que venían de su espalda, desvelaron quién podría ser su atacante. Y no era un atacante siquiera. Solamente, un mono que debería estar asustado de estar solo en la calle y de noche. Seguro, su vecino se olvidó de cerrar alguna ventana y había salido así que ahí estaba su monito. ¡Exactamente! Entre otros animales, su vecino tiene un mono hembra. - ¡Señorita McFlurry! – Exclamó Juvia dándose la vuelta, como podía ya que la monita no se separaba de ella ni le daba un respiro. - ¡Qué susto le ha dado a Juvia! ¡Juvia ya le dijo que toque al timbre! – Obviamente, que era un animal entrenado y, sí sabía tocar el timbre. Y ahora entendía porqué sus perritos robóticos no dieron señal de alarma, no era la primera vez que, McFlurry, ingresada por la noche a casa de los Lockser. Ya era como una visita muy habitual. De esas que ya ni necesitan de tocar a la puerta, si esta está abierta, la abren y listo.  – Lyra-chan, ayuda, por favor. – Pidió ya que quería levantarse para poder encaminarse hacia el interior de la casa de nuevo. Su jardín estaba iluminado, pero era un escenario con más penumbra que luz. Y requería inspeccionar al monito a ver si estaba dañado o algo. Al fin al cabo, se había encaminado de una casa a otra solita.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Brooke Lewis el Sáb Nov 21, 2015 12:25 am

La situación comenzaba a ser más y más tensa, no solo porque me resultaba parecida a una película de suspense, sino porque aquel silencio era demasiado extremo. Fue entonces cuando “alguien” pareció “atacar” a Juvia empujándola hasta el frío asfalto. Inmediatamente cambié mi posición a una de defensa y si no fuera porque me percaté de que se trataba de un animal, lanzaba puños a diestro y siniestro. ¡Era un maldito mono! ¿Cómo diablos era posible? – Señorita… ¿McFlurry? – ¿Cómo el helado? ¿En serio? Mis ojos se quedaron como platos y hasta que la peliazul no pidió mi ayuda mi expresión no cambió. Todo era demasiado repentino y seguía procesando cómo era posible que un mono con falda estuviese invadiendo la propiedad de Juvia. Aunque por su reacción pude deducir que aquellas visitas eran completamente comunes. Estiré mi mano hacia mi amiga y la ayudé a levantarse con cuidado. – ¿Estás bien? – inquirí asegurándome con una mirada rápida que no se hubiera hecho daño. – A la próxima avísame antes de que me vuelva loca y comience a perseguir a un mono creyendo que es un delincuente. –comenté esbozando una sonrisa algo más relajada. Volvimos dentro de la casa pues no era demasiado recomendable seguir haciendo mucho ruido fuera y acto seguido entramos nuevamente a la cocina para poder inspeccionar a la señorita McFlurry.

Sentamos al monito en la encimera y después de encender una de las luces, procedimos a observarla con detenimiento. – Entonces… ¿Es normal que os haga estas visitas? – pregunté curiosa mirando de reojo a la peliazul. – Veo que tu vecino es un aficionado a los animales, no sé si eso es bueno o malo. – reí por lo bajo mientras acercaba con una mano el plato donde quedaban unos tres de los bocadillos que había hecho. Quería meterlos dentro de la nevera antes de que se estropearan, sin embargo no pude hacerlo pues la señorita McFlurry, literalmente, saltó sobre mi espalda y tras engancharse a mis hombros robó uno de los bocadillos sin jamón que había en el plato metiéndoselo rápidamente en la boca. – ¡Wow! – exclamé agachándome unos instantes mientras soltaba una risa. – Creo que nuestra bella amiga tenía hambre. – puse una mano sobre su pelaje a lo que me respondió abrazándome con más fuerza. ¡Pero si era un amor este mono! Intenté no reírme muy alto pero la verdad es que me costaba contenerme. Mientras el animal jugueteaba con mi pelo (sí, aún continuaba enganchada a mi espalda)  me acerqué a Juvia esbozando una pequeña sonrisa. – ¿Sabes? Tienes unos amigos interesantes. – comenté refiriéndome al monito. – Es una lástima que no te haya conocido antes, estoy segura que a partir de ahora nos vamos a divertir mucho. –

Pasó aproximadamente una media hora y bueno… Lo cierto es que se estaba haciendo tarde. – Oye… ¿Debemos ir a casa de tu vecino para entregarle a la señorita McFlurry? ¿O puede quedarse con nosotras por hoy? – sí, creo que le había cogido mucho cariño a este mono. Después de su respuesta, subimos alegremente a la habitación de Juvia y nos sentamos sobre la cama junto con el monito. Me miré al espejo unos momentos y no pude evitar soltar un ligero suspiro. – Al final esta dama se encargó de volver a “peinarme”. – reí tirándome de plancha a la cama. La verdad es que el día había sido demasiado largo y ni hablemos de la tarde… Pero lo cierto es que me alegraba haber conocido a Juvia. A pesar de que solo habían pasado unas cuantas horas desde nuestro encuentro, la sentía realmente cercana y esperaba poder llevarme bien con ella en los próximos días. Fue entonces cuando el animal volvió a posicionarse sobre mi espalda y literalmente me hundió por completo en el colchón. – ¡Mis pechos morirán aplastados! – bromeé para luego girarme con cierta dificultad hacia Juvia. – Bueno, bueno… Al parecer la señorita McFlurry definitivamente se queda con nosotras. – me incorporé de la cama y me acerqué hacia el armario de la peliazul sacando la primera cosa que tuve entre mis manos: una bufanda. – Entonces, ya que estamos… ¿Por qué no trasnochamos como buenas mujeres que somos? – envolví la bufanda sobre mi cuello y dejé escapar una risa volviendo a tirarme a la cama al lado de Juvia. – Venga, cuéntame cómo vives el amor, bella~. – dije imitando la voz de una dama apasionada y acto seguido sonreí algo pícara.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Juvia Lockser el Dom Ene 31, 2016 11:07 pm

"¿Y si las estrellas fugaces son los guías sin propósito que caen cuando las almas gemelas se hallan?"
- Juvia Lockser, Amitiel Samantha
Revisado cada retazo de la Señorita McFlurry asegurándose que herida no estaba, Juvia dio un ligero brinco cuando aquella soltó sobre los omoplatos de su invitada. Se asustó un poquito creyendo que ambas podrían lastimarse. Señorita McFlurry no aparentaba, pero tenía un agarre demasiado fuerte. Principalmente, cuando la comida era su objetivo directo. Sin embargo, pronto descendió la mano que llevó a la boca ante el susto ya que escuchó la risa de su amiga y notó como el monito se acomodaba en los hombros ajenos. Intentando, y cuando se dice intentando es con un resultado vano, parecer dura, y estricta, regañó a la Señorita McFlurry por su inesperado salto, pero no hay modo que Juvia pueda realmente regañar por la espontaneidad foránea. Y mucho menos ante un monito tan adorable como lo era la ex intrusa. Así que se rindió ante la amplia sonrisa descarada de la misma y el divertimiento plasmado de la otra humana.
Volvieron a la planta de los dormitorios intentando no hacer demasiado ruido, pero era difícil con Señorita McFlurry pidiendo cacahuetes constantemente. Sí, antes de abandonar la cocina, y apagar la luz, Juvia se llevó una bolsa de esos frutos secos para picar, tenía el conocimiento que el monito los adoraba, y bajo un brazo, con esmero, cargaba su perrito robótico. Por ende, le complicaba un poco la faena de cargar con la bolsa, el perrito y tener que compartir los frutos con la comilona del mono. Encima que se comía toda una mano llena en escasos segundos.  Vamos, que una que otra vez, la anfitriona menor, tropezó en los peldaños revestidos de alcatifa. – Ah, sí, es común que Señorita McFlurry invada  casa de Juvia. Principalmente, cuando su papá no está, ¿verdad? – De esta vez se dirigió para el animalito que se hallaba saltando sobre el colchón. Básicamente, mal entró Brooke por la puerta, la segunda invitada, o más bien, auto invitada, saltó de los hombros de la morada y aterrizó en la cama. Juvia presenció cómo su colcha se iba arrugando a cada salto. ¿Qué podría hacer? Nada. Señorita McFlurry era todo un huracán. Por lo tanto, solo le restó lanzarle cacahuetes a la boca. Estos eran cogidos con maestría por la misma. Al menos así el mono no hacía demasiado escándalo. Aunque ya no era tan preocupante el mismo, porque la habitación de Juvia quedaba algo apartada de la de sus progenitores.

Pues, el vecino de Juvia es encargado en el Zoo de la ciudad. -  Ya teniendo más tranquilidad por parte del monito, que pese a estar pululando sobre la cama, estaba más silencio masticando con rapidez los cacahuetes. Era más sencillo alimentarla cuando ya había dejado su perrito sobre la alfombra que decoraba el piso desnudo. - ¿Lyra-chan cree eso de verdad? – Cuestionó en un musito, el sonrojo le había consumido las mejillas, desde luego. Y su corriente sonrisa, se amplió de pura ilusión observando a la morada caer en la cama, y por consiguiente, Señorita McFlurry también cayó sobre la humana. ¿Por qué tal reacción de la parte de la peliazul? Muy fácil, no era nada frecuente que le dijesen que deberían haberla conocido hace más tiempo. Lógicamente, iba sorprenderse y a ilusionarse, para la japonesa era lo más bonito que le habían dicho sin ser sus parientes. - ¿Qué conocer a Juvia antes estaba bien? – Volvió a musita con mucho más bochorno que antes. Vamos, se convertiría en una bombilla roja de la navidad si siguiera a ganar más de este color. – Juvia se lo tomará como un halago… Y vecino de Juvia es tan interesante como Lyra-chan. – Pasito a pasito, muy despacio por el bochorno, se acercó a la cama y se acomodó en el piso, sentándose sobre sus propias piernas, y sus brazos, uno sobre el otro, se posaron en la cama inclinándose sobre el borde esta. – Juvia es madrina de un osezno polar del Zoo. – Comentó muy feliz aunque continuaba abochornada. – Se llama Bolita de Nieve. – Sí, Juvia no era muy ingeniosa para nombres, pero lo que le faltaba de ingenio para nombres, sobraba para lo demás y podría montarse cada película en su mente. - ¿Mañana, Lyra-chan, estará ocupada? Podría ir con Juvia a conocer a Bolita de Nieve.
Lo último dicho por la morada la desconcertó enormemente. Pestañeó mientras la veía colocarse una bufanda y regresar a la cama. - ¿Serán buenas mujeres porque se pongan bufandas? – Bueno, no era muy espabilada para entender cualquier estilismo venido de otras personas. Ella siempre en su mundillo de gotas de agua y perdida de su alrededor. Aunque no fue eso que la descolocó, fue el incentivo para hablar del amor y como lo vivía. Bueno, ¿cómo podría vivir el amor? ¿Amando sus robots? ¿Sus padres? ¿Señorita McFlurry? ¿Jem-kun? ¿Y ahora Lyra-chan? Pues, sí, eran formas de amar para la menor. Aunque había otra forma más de amar, y no, no era referente a ese rostro que le cruzó la mente cuando mal asimiló ese vocablo. Omitió dicha mención del dueño de ese rostro, y se paró con simpleza del piso para recoger esa novela que se titulaba “La última Concubina” de una de sus estanterías de un azul más claro que el de las paredes. Rápido regresó a la cama y se sentó sobre la misma. - ¡Así! Juvia vive el amor leyendo novelas. – Explicó con una enorme satisfacción. - ¿Lyra-chan lee? ¡Juvia puede dejarle los libros que desee! ¡Tiene muchos y de varios géneros! – Sí, se entusiasmó demasiado, pero no le duró demasiado el entusiasmo. Este fue interrumpido por la entrada de otro intruso, pero al contrario del monito, aquel resultaba al molesto por el ruido que exteriorizaba. ¡Un mosquito muy escandaloso se coló por la ventana algo abierta! Bueno, no quedaba otra que espantarlo. ¡Juvia jamás lo dañaría así que dejó el libro sobre el colchó e intentó echarlo moviendo las manos en el aire.

Un buen rato estuvo así, como si estuviera bailando sin coordinación alguna, hasta que el mosquito regresó al exterior por donde había venido. Ya para aquel momento, la anfitriona había abierto del todo la ventana. Y cuando por fin pudo echar el mosquito sin lastimarlo, iba para cerrar la ventana, pero no alcanzó ni a deslizar el cristal de la misma ya que visualizó varias luces diminutas en un horizonte nada lejano. - ¡Luciérnagas! ¡Lyra-chan viene a verlas! – No era de sorprender que habitasen por esos lares esos bichitos de luz. La morada de Juvia se hallaba en un barrio que era rodeado por bosques e incluso podrían alcanzar un riachuelo caminando en pocos minutos. Añadiendo que era un lugar con muy poco ruido siendo un barrio de familias de cuna bien establecida… Lo hacía mucho más tranquila por la vigilancia constante en el mismo. O sea, el lugar idóneo en una ciudad para muchos insectos.
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Brooke Lewis el Sáb Feb 27, 2016 2:21 am

Bueno, la verdad no había esperado aquella respuesta; creía que se avergonzaría primero pero de la nada me enseñó un libro completamente entusiasmada. Alcé ambas cejas y luego dejé escapar una risa quitándome la bufanda del cuello para posicionarme al lado de mi amiga. – Sí, adoro leer. Y ya que lo dices con tanta euforia no me importaría que me dejaras unos. Yo también puedo hacerlo, así intercambiamos. Adoro la mitología griega así que tengo muchos libros de esta clase. ¿A ti te interesa? – inquirí antes de observar como Juvia comenzaba a perseguir a un mosquito que acabó por colarse en la habitación. Intenté ayudarla y cuando conseguimos que el mosquito saliera fuera, la peliazul pareció divisar algo interesante. Me acerqué también a la ventana y esbocé una sonrisa colocando mis manos sobre el ventanal. – Whaa… Desde mi piso no puedo ver algo así. Es genial vivir rodeada de zona natural, ¿no es así? – nos pasamos un buen rato viendo las luciérnagas, la última vez que había podido ver unas fue hace unos meses al salir de Sweet Valley, así que era un momento agradable. Pero supongo que tampoco podía durar para siempre, el día en general fue una locura así que comenzábamos a tener algo de sueño. – ¿Qué te parece si vamos a dormir ahora y mañana hablamos mejor eso de ir al zoológico? – después de su respuesta, cerré la ventana y volvimos a acostarnos sobre la cama. Aunque antes de eso pedí un cargador a la peliazul para que mi móvil tuviera la batería llena al día siguiente.
Normalmente me sería imposible dormir en una cama que no sea la mía o la del tomate idiota, y encima con un -literalmente- mono en medio pero supongo que esta vez estaba demasiado cansada como para sentirme incómoda. Así que en unos pocos minutos ya había entrado en el estado de hibernación. Era como un oso después de todo.

A la mañana siguiente me desperté porque sentía mi espalda muy pesada. Como no… El animal tuvo que subírseme encima. – Señorita McFlurry usted es muy pesada… – murmuré aún un tanto adormilada. Me incorporé estirándome cual gato mientras dejaba al monito sobre la cama y acto seguido miré a mi amiga quien seguía con los ojos cerrados. Esbocé una pequeña sonrisa lanzándome sobre ella y comencé a hacerle cosquillas. No, no era demasiado normal despertar a una persona de esta forma pero supongo que pillé la mala manía por culpa de Damon. – ¡Juvita! Hora de despertarse~. – dije sin dejar de hacerle cosquillas hasta que tuve su atención puesta en mí. Me eché a un lado comenzando a reírme y luego me incorporé volviendo a estirarme. – Ha sido muy agradable dormir esta noche contigo. Tu cama es muy cómoda y tú muy apapachable. ¡Como un peluche suave! Aunque ahora mismo no sé si te estaba abrazando a ti o a la señorita McFlurry...– comenté algo dudosa para luego levantarme. – ¿Tus padres deben salir a trabajar? Lo cierto es que me gustaría agradecerles por su hospitalidad. –

En una media hora aproximadamente nos encontrábamos abajo, ya lavadas y vestidas. Tras darles las gracias a los padres de Juvia, mientras desayunábamos miré a la peliazul esbozando una leve sonrisa. – Ayer me comentaste que cuidabas de un osezno polar en el Zoo. Ni sabía que algo así era posible. Definitivamente tenemos que ir juntas para que me lo enseñes. – comenté terminando de comerme el desayuno. – Lo cierto es que hoy tengo algo de trabajo en el restaurante… ¿Pero qué te parece si quedamos el fin de semana? Así también podría presentarte a mis amigos. ¡Sería genial poder ir todos juntos! ¿No te parece? Algunos son algo idiotas pero estoy segura que te caerán bien. – sentencié con una sonrisa. – Espero que hayan solucionado el problema en mi casa… Eso de las tuberías me tiene un tanto preocupada, debo ver cómo está mi gato. – ambas terminamos de recoger los platos y bueno, supongo que ahora tocaba hacerle una visita al vecino de Juvia para devolverle a la señorita McFlurry. – ¿Normalmente es tu vecino quien viene a por el monito o se lo traes tú? –
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Re: Our blue night, friend. [Priv. Juvia Lockser]

Mensaje por Juvia Lockser el Miér Mayo 04, 2016 11:01 pm

"Siempre habrá alguien donde encajarás. Tardes o no una vida en encontrarle."
- Juvia Lockser, Amitiel Samantha
Las luciérnagas fueron perfectas para rematar la noche y para dar la bienvenida al sueño. Un largo sueño por toda la noche en que unos supieron aprovechar más que otros. Desde luego, Señorita McFlurry fue la que más lo aprovecho usando a Brooke de segundo colchón. Al menos el animalito robótico de Juvia era menos pesado y solo se había instalado sobre los pies de lo que sería su compañera humana. Asimismo, ni para una ni para otro hubo un mal dormir al parecer. Ambas quedaron fritas hasta el amanecer y más que ello. Una tranquila noche, pero no un tranquilo despertar. O al menos para Juvia. Nuestra chiquilla está acostumbrada a despertarse con los mordiscos robóticos de su perrito. También tiene sistema de alarma integrado con sonido de música clásica. Sin embargo, antes mismo que el perrito se despertara para proceder a su cometido, lo hizo su invitada y la atacó a cosquillas. Lo que provocó que la peliazul terminara incorporándose de golpe, o casi así, ya que entre removerse como una serpiente eufórica, e intentar levantarse, acabó de bruces en el suelo. Exactamente. Aterrizó desde la cama en el suelo. Y ahí se quedó, no por voluntad propia, pero Señorita McFlurry quizo entrar al juego, o eso creía el monito, y de un salto quedó sobre la anfitriona jugando con su pelo. Este ya de por sí estaba bastante despeinado. No, su melena no es de esas que quedan como si hubiera dormido con fijante capilar, please.
Al menos no quedó demasiado tiempo besando la tapicería. El monito fue retirado por su amiga y tras eso, fue auxiliada por la misma. Entre risas, varios intentos de acomodar su melena, que ni modo había modo de arreglar algún mechón con los dedos, y unos cuantos “no hay que preocuparse que Juvia está bien”, pudo volver a la cama y desear los buenos días a la morada. También enterarse que durmió bien, para su gran alivio y vergüenza ya que le saltaron los colores por el cumplido foráneo, y disponer de lo necesario para que ambas se arreglasen para el nuevo día. También tuvo el detalle de dejarle ropa a Brooke, no iba a dejarla vestirse con la misma ropa del día anterior. Y no eran tan diferentes de talla. Quizá solo en el pecho, pero tampoco no era demasiada la diferencia. Así que cambiadas de indumentaria, caras lavadas y dientes cepillados, descendieron con Señorita McFlurry y su compañero robótico que feliz fue a saludar a los demás de su especie mecánica. – Papá de Juvia debe estar desayunando para salir al trabajo. Mamá de Juvia saldrá también para ir al mercado, pero luego regresa. Le gusta controlar lo que el profesor imparte a Juvia. – Comentó, y pese a que muchos harían una mueca de disgusto ante aquellas afirmaciones, Juvia sonreía muy feliz. Era feliz de ser tan amada para que su Mamá se preocupara a tal punto sobre como le eran impartidas las materias. Y el control maternal no tenía nada que ver con limitar lo que se le enseñaba. Mucho por el contrario. Su madre quería asegurarse que el profesor impartía los temarios de una forma muy amplia, abierta y con todo el rigor de detalles para que su hija pudiera formar sus propias opiniones del mundo.

Ya para cuando empezaron una plática entre ellas. Tras los buenos días familiares. Besos por doquier. Abrazos de osos paternales, preguntas maternales hechas con ternura y preocupaciones típicas hacía los invitados, y el agradecimiento de la misma invitada, Ambas jóvenes quedaron solas como predijo la japonesa. Y así continuaron desayunando. - ¡Oh, sí! ¡Osezno! – Y de un movimiento se levantó de la mesa y corrió hacía el salón para volver con un álbum. Para su suerte, su madre no estaba presente y no vio su falta de modales al levantase de ese modo de la mesa. Y cuando esta se percató de su impulso, se disculpó con un suave color carmesí decorando su pálido rostro. ¡Debería controlarse más, pero la emoción le podía! ¡Su primera amiga! ¡E interesada en su osezno! – Sí, se puede. Apadrinar un animalito que recién llega al zoo o nace en el mismo. Obvio, que hay regalar cierto coste, pero lo vale. ¡Permiten que una persona conviva con el animalito en cuestión! ¡Lo ayude a cuidar y demás! – Y la emoción fue todo un poema que se veía en sus gestos y expresiones. Al menos ya estaba sentada de nuevo y enseñando el álbum a su amiga. Bueno, mientras iba cogiendo galletitas caseras que acompañaba con la leche de soja chocolatada. - ¿El finde? ¡Sería genial! – Y la sonrisa más feliz, más amplia, y hasta más floreada se le hizo presente en el rostro de la menor. ¡Saldría con una amiga a ver su osezno! ¿Seguro que no estaba soñando? - ¡Será el finde del siglo! – Y así fue como sus manos se posaron en sus mofletes, cada una a cada lado de la cara, de la pura emoción que le pronosticaba su futuro fin de semana. – Juvia está libre todo el fin… Bueno, libre como quien dice. Juvia debe ir a cuidar de Jem-kun. Y de paso echar ojo a Will-sama. Aunque esto él no lo sabe. – Y su rostro se quedó color fresa, literalmente hablando. Si tuviera pecas, sería una completa fresa. – Y no debe saber. Es secreto. - ¡Qué tonta! Ni que Brooke conociera a Gray. Bueno, conocer, lo conoce, pero ningún de los tres ignora que se conocen entre sí. En fin, una risilla tonta se hizo sonar de la boca fina de Juvia mientras esta sacudía las migajas de sus mejillas. Migajas que se pegaron en la cara justo porque sus dedos se habían quedado con migajas de las galletas que comió. Podría resultar muy torpe esta chiquilla. - ¿Idiotas? ¡Oh! ¡Debe gustarle mucho sus amigos! – Cualquiera tomaría ese vocablo como un insulto, pero como lectora empedernida había aprendido que los personajes solían usar esa palabra de forma cariñosa. Un cariño torpe. Y deducía que Brooke era de esos entes con esa clase de cariño muy propio y genuino. – Juvia puede hablar con su papá. Quizá él sepa de alguien que pueda ir a ver el problema del departamento de Lyra-chan. – Comentó untando mermelada en una de sus tostadas. Sí, era de buen comer. Quizá demasiado, pero lo que importaba es que se nutría bien.
Bueno, lo que es dulce, siempre se termina, ¿no? Y el desayuno llegó a su fin. Brooke tendría que marcharse, porque tenía vida, obviamente. De hecho, también Juvia. Dentro de poco llegaría su profesor particular para las clases que ocuparían toda la mañana. Admeás, tendría que alimentar el monito. Aunque esta hizo uno que otro desastre en la mesa y se comió un par de galletas, pero Juvia sabía que lo que quería era panecillos con mantequilla de cacahuete y eso habría que esperar por su madre. – No, Señorita McFlurry se queda hasta que vecino venga a por ella. Siempre es así. – Sonrió mirando con ternura al animalito que ahora correteaba detrás de los animalitos robótico. – Bueno, Señorita McFlurry hay que despedirse. – Comunicó con una mueca de tristeza, pero no habría otro remedio, ¿no? Lo bueno siempre se termina. ¡Para su suerte podría estar con Brooke el próximo finde! Seguro que sus padres no se opondrían, porque hasta la han dejado quedarse a dormir. Por lo tanto, tan rápido le vino el bajón como el ánimo, y terminó por aferrarse a su Lyra-chan con un abrazo lleno de afecto, Sí, podría cogerle cariño a la gente con demasiada prisa, pero así era ella, nada hacerse. Oh, y no, no se le olvidó de pedir el número de Lyra-chan y también ofrecer el suyo. – Cuando llegue a su destino, avise a Juvia, por favor Lyra-chan. – Le pidió una vez que la llevó a la puerta, y con otro abrazo más se despidió de la misma. ¡Ya quería que fuera finde! Con suerte podría lograr sacar de casa a Will-sama…
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