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A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

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A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Claire Black el Lun Jun 22, 2015 6:42 pm

Hace una semana, sábado por la mañana exactamente, apareció en la esquina del bar un chico bastante bonito para ser rubio que nunca había visto en la vida. Eso me pasaba todos los días en el bar, obvio, pero esta vez era diferente... Estaba ahí parado con un maletín, mirando a la gente. Le saludé y le pregunté que qué hacía, él dijo que estaba trabajando. Me quedé extrañada, pues no estaba haciendo nada ¿Quién trabajaba así? En fin, no le di demasiada importancia y me metí al bar a trabajar. Cuando salí, estaba limpiándole los zapatos a un hombre que era cliente habitual del bar, había mencionado alguna vez que era abogado, y por lo menos a nosotros nos dejaba buenas propinas. Ahora adiviné en qué trabajaba el chico rubio... Era un limpiabotas. Lo primero que pensé fue que no fuera nunca más por allí, no por nada sino porque Hiroshi quería averiguar quién era "el limpiabotas bastardo hijo de puta que se está follando a mi hermanita y vive bajo un puente" y pegarle una paliza. Claro que, ese tal limpiabotas no existía, era una excusa de su hermana Natzumi para enfadarle. Y bueno... Si veía a ese limpiabotas guapete, se crearía que era el tal limpiabotas inexistente. Y luego pensé en que Natzumi no tenía novio y ya se había pintado al limpiabotas como el amor de su vida para cabrear a Hiro... ¿Por qué no podían ser pareja en verdad? El destino me hizo verle allí, y se lo presentaría a Natzumi. Si se gustaban, genial. Y si no, lo había intentado.

Y llegamos al día de hoy. Había quedado con Natzumi para ir de compras y comer en un buen restaurante, pero no de los exquisitos, de esos que se podía comer muy bien por un precio razonable. Y bueno... Solo iba a ir de compras con la rubia, en verdad el limpiabotas iba a ir con ella a comer. ¿Cómo? Yo era muy convincente cuando quería. Le pedí a Natzumi que no se vistiera como señorita de vestido rosa de florecillas bonitas, que se vistiera con algo más casual y con unos zapatos de arras del suelo pero bonitos y de buena calidad. En cambio yo me vestí de cualquier manera, para que se fijara solo en ella. ¿Cómo iba yo vestida? Una camiseta con letras verdes que me había anudado y se me veía el ombligo, unos pantalones rosas y unas converse negras. Sí, iba para matarme. Pero eso era justo lo que quería, para que Natzu resaltara más al lado de mí... Ya le pediría a Hiroshi en cuanto llegara a mi casa, que hoy seguramente estaría yo sola, le mandaría un mensaje para que viniera a mi casa urgentemente y cuando llegara allí le pediría que me sacara esa ropa...

Cuando nos encontramos le dije que estaba perfecta y fuimos de compras como teníamos planeado. La ayudé a conseguir el último vestido de una colección nueva, porque se lo quité a una tipa sin que se diera cuenta y fuimos de inmediato a la caja a comprarlo y nos largamos de allí corriendo. Fuimos a varias tiendas más, y salimos de allí con varias bolsas cada una, fueron buenas compras. Dejamos todo en el maletero de Steve y fuimos a la ciudad en mi coche, parando frente al restaurante. Nos bajamos, tomé una bolsa de la parte de atrás, y en vez de ir directas hacia allá, recorrimos las calles de Sweet Valley hasta encontrarle. Natzu me preguntó qué había en la bolsa, y yo le contesté que ya lo vería. Nos acercamos a él y Natzu se quedó mirando con curiosidad.

- Holaaa ¿Te acuerdas de mí? La del otro día, la dueña del bar Lightning and Darkness-Le pregunté al chico y expliqué por si no se acordaba de mi hermoso rostro aunque ahora estuviera vestida como si fuera al circo- ¿Eres limpiabotas, no? Espero que puedas ayudarnos. Mira, amiga Natzumi te trae un zapato muy valioso que se rompió hace unos meses... Espero sepas arreglar zapatos.

Era una suerte que me dijera que si sabía y le pasé la bolsa con la caja de zapatos a la rubia. Ella la abrió y saco el zapato con el tacón destrozado que rompí yo misma para alejarme de la tentación de besar a Hiroshi una vez que no éramos aún novios y estábamos bailando muy pegados. Me lleve la mano al bolsillo del pantalón donde casualmente tenía mi móvil.

- Huy me está vibrando el móvil, ¿quién será a estas horas...? -Pregunté para mí misma, mientras Natzu y el limpiabotas tenían una pequeña charla sobre el tacón roto- ¿Kenichi? ¿Qué Nathaniel se ha subido al tejado y está llorando porque no puede bajar? ¡No puede ser, voy para allá! -y colgué de inmediato la llamada ficticia guardando el móvil en mi bolso- Ay Natzumi me sabe muy mal no poder ir contigo a comer, pero tengo una emergencia en casa... Oye tú, como te llames... ¿Podrías hacer el favor de acompañar a mi amiga a comer? Tenía muchas ganas de ir a ese restaurante en concreto que... Uf que mal me siento porque no pueda ir-para hacerlo más apetecible y Hiro dijo una vez que "El limpiabotas sería más pobre que un calcetín roto"- Venga, invito yo. Y a cambio del favor te traeré todos mis zapatos de colección primavera, verano, otoño e invierno que tengo para que los limpies... Y debo decirte que son muchos y son muy bonitos. Prometido, y yo cumplo lo que prometo, además sabes dónde trabajo y si no digo la verdad puedes venir a regañarme ¿Qué me dices, si? ¡Gracias! Toma Natzu. -Y sin decir nada más ni esperar una respuesta concreta, le di cincuenta euros a Natzu- Y os tomáis un helado después. Dicen que en el centro pusieron una heladería italiana con todo rico y sabroso.

Me despedí de ellos con la mano y me fui hasta Steve en silencio, sonriente. Cuando llegué al coche me empecé a partir de la risa y conduje hasta casa. Cuando llegué y comprobé que no había nadie le mandé un mensaje a Hiroshi diciendo que viniera a casa urgentemente, de mientras preparé un CD con música suave en mi cuarto y esperé a que viniera para tener un rato íntimo a solas...


ropa que no se conjuntaría nunca xDDD:




                                 

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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Lun Jun 22, 2015 11:13 pm

La novia de mi hermano y yo quedamos en ir al centro comercial la semana pasada a buscar un vestido que no me pude comprar antes porque no tuve tiempo, yo esperaba que estuviera aún disponible. Lo más raro fue que me dijo que no me vistiera con cosas rosas y me pusiera algo "casual" con un zapato bajo y bonito. Miré mi armario pero no sabía que ponerme, asique busqué a mi hermano por toda la casa y cuando le encontré en su cuarto toqué la puerta entreabierta para llamar su atención.

- ¿Qué es ropa "casual" para tu novia? -Le pregunté a Hiro, pero me arrepentí de la pregunta porque él no sabía nada sobre moda y solo se liaría más- Hum, no importa...

Él estaba al tanto de que Claire me invitó a pasar una mañana juntas, y le pareció muy bien. Fui a mi cuarto y después de mirar y mirar ropa escogí un liso vestido blanco y unas sandalias blancas que eran mis favoritas. Me puse un cinturón azul cielo por debajo del pecho y me hice una coleta alta en el pelo. Toqué la puerta de mi hermano de nuevo para que me ayudara a ponerme un lazo en la coleta del mismo azul que el cinturón. Cogí un pequeño bolso, le di un beso en la mejilla a mi hermano y salí de casa. Esperé abajo y al rato llegó Claire en su coche para irnos al centro comercial. Me gustaba mucho su coche, olía bien y tenía muchos peluches bonitos, incluido el colgante para el espejo retrovisor que le compré en Japón. Cuando llegamos al lugar fuimos directas a la tienda donde se encontraba mi vestido. Lo vimos en el perchero y justo cuando íbamos a ir a por él lo cogió una chica. ¡Nooooo! Me puse a quejarme de eso y Clay... No se como lo hizo, pero se lo quitó sin que se diera cuenta de entre toda la ropa que tenía la muchacha en el brazo ¿Cómo pudo...? Pero entonces me dijo que corrieramos a la caja a que lo pagara y salieramos de allí corriendo. Y eso hicimos, antes de que la chica se diera cuenta de que el vestido había desaparecido de su brazo.

- ¡Me tienes que enseñar a hacer eso! -le di la idea, pero dijo que todavía era una pequeña bambi para aprender esos trucos tan complejos - Está bien, algún día en el futuro me tienes que enseñar a quitarle las prendas de vestir a la gente. -Así en voz alta sonaba feo, y Clay le llamó "Yo no quito, reclamo lo que quiero para mi... Aún no lo ha pagado."- Aah... Buen punto.

Recorrimos más tiendas en busca de más cosas necesarias para comprar, y quedé enamorada de varias cosas asique las compré sin poder remediarlo. Metimos todo en el maletero del Opel y nos fuimos hacia el restaurante. Aparcó frente a la puerta y nos bajamos, Claire abrió una puerta lateral y tomó una bolsa donde parecía ir una caja dentro. Lo raro fue que no se dirigía al restaurante, y como pollito con su mamá la seguí sin poner pegas.

- ¿Qué es eso que hay dentro de la bolsa? ¿Dónde vamos?

Ella se puso misteriosa por alguna razón. Creí que quiza tenía una sorpresa para mi pero al cabo de recorrer varias calles nos paramos frente a un chico guapo de cabello dorado y ojos verdes sentado en un banco con un maletín al lado. Le saludó y yo emití un tímido "hola" pues la lider de las dos era ella, y yo ni conocía a ese muchacho... Y para mi asombro ni ella le conocía y encima era limpiabotas. ¡Limpiabotas! ¡La muy pícara me estaba presentando a un limpiabotas que se encontró el otro día en el bar con la excusa de que arreglara un zapato! Mientras ella hacia algo en el móvil el muchacho de cabello dorado me dijo que tenía buen gusto con los zapatos. Por el acento no parecía francés, yo diría que italiano. Le entregué el zapato y la bolsa con la caja se la pasé a mi cuñada.

- Gracias, fue un regalo de mi hermano, pero yo le ayudé a elegirlos. -Le contesté sonriendo cordialmente, y luego Claire se puso a hablar con Kenichi que le contó que su gato se había subido al tejado y no podía bajar y estaba llorando. Cuando colgó dijo que se tenía que ir, y justo cuando iba a despedirme del limpiabotas... Claire le pidió que se fuera a comer conmigo- ¡No hace falta, iremos otro día! -Pero no hubo manera de convencerla de lo contrario, mi opinión no valía ¡Incluso estaba sobornando al chico! - De verdad que no hace falta... -Y él aceptó, dandome la novia de mi hermano una billete de cincuenta- Está bien, iremos a comer y después a tomar un helado...

Accedí cuando se fue, con algo de vergüenza. Esperé a que el desconocido tomara su maleta para irnos y me di cuenta de que ni siquiera me había presentado.

- Mi nombre es Natzumi ¿Y el tuyo?-Nos estrechamos la mano y me dijo que se llamaba Edward- Es un nombre muy bonito. Encantada de conocerte, Edward. El camino al restaurante es por allá.

Señalé sonriente a la dirección por donde habíamos venido las dos. Comenzamos a caminar y ahora que me fijaba... Ya sabía porque Claire quería que me pusiera sandalias... Edward era más bajo que yo.

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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Edward Bertinelli el Sáb Jun 27, 2015 11:14 pm

Un día más de trabajo en las hermosas calles de Sweet Valley, la ciudad que se convirtió en mi nuevo y cálido hogar desde que mi pobre familia migró de Italia por culpa de la mafia. Aquello parecía un recuerdo lejano ahora que habían pasado dos años desde nuestra huida, y esta bonita ciudad francesa nos recibió con las manos abiertas, dándonos oportunidad de sobrevivir a base de trabajo duro y mucho esfuerzo. Yo estaba simplemente alegre de poder ofrecer ayuda a mis padres, trabajando día a día para que mis hermanos menores pudieran ir al colegio y así se convirtieran en la esperanza y luz que merecían ser.

Caminaba por estas calles que aprendí de memoria en mis recorridos, en busca de mis clientes usuales, personas con gran corazón que me apoyaban de muchas maneras, tanto monetaria como emocionalmente, lo último con sus historias de recuerdos y vivencias que hacían ameno mi trabajo, y me permitía atenderlos con una gran sonrisa en los labios… Encontré a un señor muy distinguido que conocía muy bien, y me acerqué sonriendo de felicidad – Buenos días, Sr. Pierre. ¿Cómo le va en su día? – pregunté con amabilidad, y él de inmediato respondió con una sonrisa sincera que estaba muy bien. – ¿Quiere que el día de hoy limpie sus zapatos?. Estoy seguro que su conquista se impresionará con esos bellos zapatos italianos con tan solo verlos – añadí un poco más halagador que de costumbre, y la risa del hombre resonó llena de vida. El señor mayor tomó asiento en una banca cercana, y mientras lustraba sus zapatos y le daba color me contó como durante la segunda guerra mundial lo enviaron a Alemania, y terminó con una conquista rubia muy guapa que no desaprovechó en nada. Reímos con el cuento y la picardía del momento, y una vez que terminé, se levantó y me pagó la tarifa típica que le cobraba, despidiéndose con la mano hasta la siguiente ocasión – Cuídese mucho, Sr. Pierre. Y tenga cuidado con las mujeres fogosas – le dije con una risilla divertida en los labios.

Guardé todos mis instrumentos en la maleta que siempre llevaba conmigo, y me senté en la misma banca que estaba antes el mayor. Había trabajado tan solo medio día, pero estaba siendo un día fantástico si consideraba que ya había atendido a unas cuantas personas… Pero el calor, ¡el calor era abrumador!. Como extrañaba poder comer un helado sin sentirme culpable por gastar dinero en mi…

Cerré los ojos por un momento y en eso escuché una voz femenina muy cerca de mí, por lo que dirigí mi mirada hacia la responsable de aquel saludo que me habían ofrecido. – Ciao donzella. Te recuerdo de hace unos días, aunque ciertamente estás más deportiva el día de hoy – respondí con una sonrisa traviesa en los labios, justo luego de recordar quién era la chica de cabello castaño. Entonces escuché el saludo de su amiga rubia, una joven dama preciosa con voz tímida, y le respondí poniéndome de pie y diciendo con confianza – Ciao bambina, ¿cómo estás? –

La primera de ellas retomó la palabra, preguntándome si era un limpiabotas, cosa que era obvio si consideraba que me vio el otro día por el bonito bar atendiendo clientes, pero no me quejé solo porque me ofreció un trabajo muy bueno, y además era para esa linda rubia que la acompañaba. Con el puño cerrado y una sonrisa confiada, golpeé ligeramente mi pecho y dije – ¡Por supuesto que sé reparar zapatos de gran calidad!. ¡Es mi especialidad personal! –. La bambina se acercó a mostrarme unos finos zapatos de tacón, tomé el que estaba roto y lo miré detenidamente. – Este es un zapato muy fino, de marca francesa. Tienes muy buen gusto, bambina – le halagué por el hecho de haber escogido tan buen calzado, eso quería decir que no era una simple aficionada. Me alegró saber que fue ella misma quien los eligió, dejando en claro su buen gusto.

La castaña repentinamente mencionó que tenía que irse, y supuse que la rubia se iría con ella, pero entonces ocurrió lo más extraño que había visto en este verano: La donzella, quien básicamente me llamó “un fulano cualquiera” por no saber mi nombre, me preguntó si quería ir a comer junto con su amiga rubia. Puse cara de confusión, y creo que escuché que la más joven se negaba a estar sin su compañera de paseo. Pero una vez que vi el billete de cincuenta euros que le dio, y añadió una proposición de trabajo que sonaba demasiado tentadora como para dejarla pasar. – Está bien. Acepto la invitación a comer un almuerzo con tu amiga. No te preocupes, estará bien cuidada – mencioné con una risilla traviesa. No sé qué lotería me había sacado, pero tenía almuerzo gratis y posiblemente un helado incluido…

– Arrivederci, donzella. Que pases un buen día – me despedí de mi futura empleadora, mientras alzaba mi mano en señal de despedida. Luego de eso, giré para tomar mi maleta, colocando dentro el zapato que me ofrecí a arreglar para la bella signorina, y acercándome le sonreí con alegría. – Mucho gusto, bella Natzumi. Mi nombre es Edward Bertinelli – respondí a su presentación, comenzando a caminar a su lado mientras guiaba el camino al restaurante en que quería tomar su almuerzo.

La idea de comer en un restaurante como en los viejos tiempos era demasiado buena como para no ilusionarse, y ciertamente llevaba una gran sonrisa en los labios mientras íbamos rumbo al mismo. – Hace mucho tiempo que no voy a comer a un restaurante. ¿Qué tipo de comida sirven en el lugar al que vamos?. No es que importe demasiado eso, pues como lo que sea… Digamos que son gajes del oficio – dije en tono divertido, sin ponerle demasiada atención a mi problema de dinero. Tan solo quería conversar un poco con la bonita señorita, pues no todos los días iba en tan buena compañía… – ¿Y de dónde eres, Natzumi?. Tu nombre me suena asiático, quizás de Japón, o esa es mi suposición personal… Aunque nunca conocí a una asiática que fuera rubia y de ojos azules… – pregunté con curiosidad, pues hasta donde sabia, los asiáticos tenían colores de cabello oscuros y ojos de tonalidades marrones.

Finalmente llegamos al local en donde estaba el restaurante. Era uno de esos sitios populares en donde parecía que se podía comer delicioso sin tener que preocuparse demasiado por la etiqueta o los precios exagerados de los platillos. Miré a Natzumi a los ojos y le pregunté con una sonrisa tranquila – ¿Me veo presentable para entrar a este restaurante? –. Era más una manera de bromear con una de mis pocas vestimentas, aunque sabía de antemano que en un lugar así no parecería un indigente, aunque ya antes me sacaron de algunos locales solo por saber acerca de mi trabajo en la calle…

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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Mar Jul 07, 2015 4:49 pm

No sabía si matar a mi cuñada o qué al final del día, aunque el tal Edward parecía un muchacho agradable. Tener pocos recursos en algunos casos no significaba ser un malandro...

- Es un restaurante que por un precio razonable puedes comer lo que quieras. La comida es muy rica, seguro te gustará mucho. Creeme que la mayoría de las veces se come mejor en un restaurante como este que en los que son el doble o triple de caros por menú.

Y era totalmente verdad, había probado en restaurantes carisimos platos peores que en un restaurante que no era ni la mitad del precio de ese. Y eso sí, donde se ponga un buen plato de comida que se quiten la comida de los restaurantes. Mencionó sobre mi nacionalidad y la adivino, no era difícil de descifrar por mi nombre.

-No te equivocas. Sí, soy japonesa por parte de mi padre. Mi mamá es inglesa y físicamente me parezco mucho a ella. La genética es bien caprichosa a veces, mi hermano se parece a mi abuelo materno.

Le explicaba mientras llegabamos al restaurante. Cuando por fin estuvimos frente a la puerta del local Edward me preguntó si iba presentable para la ocasión. Reí levemente por su humor a pesar de lo evidente que era el que no podía venir mucho a sitos así, y le miré de arriba hacia abajo analizandole... Y por dios que lindos ojos verdes tenía ese chico. Le arregle con las manos el chaleco, que lo tenía un poco arrugado y torcido, puse sus mangas remangadas gasta el codo de tal manera que se vieran mejor y quedaran a la misma altura que la puso él, y le traté de bajar un mechón rebelde de su cabello que conseguí a medias. A mi hermano en cierta forma le pasaba casi lo misno, tenía el cabello muy rebelde.

- Listo, totalmente presentable.

Dije formando un pulgar arriba con mi mano derecha. Entramos y lo primero que nos preguntaron fue que queríamos tomar, mientras nos acompañan a la mesa en la que nos íbamos a sentar. Yo por mi parte pedí una botella de agua, mientras él pidió zumo. Dejé colgado mi bolso en el respaldo de la silla y fuimos a coger nuestra comida.

- ¿Sabías que les ponen bastante sal a la comida para que nos entre sed más rápido y pidamos más bebida? Por eso nunca pongo sal a las cosas en los buffet, ya llevan bastante de por si...

Comenté a Edward como dato para que lo que tuviera presente y no condimentara su comida si gustaba. Me separé para la parte de las ensaladas y me hice un pequeño cuenco de ensalada con cosas que en casa no solía echarle y pasé por la sección de platos preparados. Me quedé pensativa y decidí coger un platillo con unas cuantas paladas de espagueti a la boloñesa, y di una vuelta para ver lo que tomaría después de ese primer plato. Tomé un trozo de pan y volví a la mesa, poniendo el pequeño cuenco con ensalada y el plato de espaguetis en mi parte, y a un lado el pan. El rato llegó Edward con su comida. Yo esperaría al siguiente plato cuando acabara lo que tomé, y así lo tendría calentito. Pense en pedir un plato con carne en vez de con pescado. Sonreí a Edward y me eché agua en la copa que me pertenecía.

- ¡Buen provecho! -Dije justo antes de comenzar a comer y saborear la pasta- Hum no está mal esta pasta, y no es por fardar pero en casa la hacemos más deliciosa. -Le confesé al rubio soltando una risita- ¿Qué tal la comida Edward?

Pregunté para saber la opinión del chico sobre el sabor de los alimentos que trajo a la mesa y estaba probando.
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Edward Bertinelli el Lun Jul 13, 2015 12:25 am

Espera… ¿Acaba de decir un restaurante con buffet?. ¡Mamma mia!, ¡hoy comeré como los dioses!. Sonreí de oreja a oreja con esa respuesta, totalmente feliz de mi gran fortuna ese día. Claro que fuera de esa expresión no haría alguna otra más exagerada, pues eso me haría quedar mal con la bella bambina a quien acompañaba… Le miraba de reojo cada vez que podía, y notaba que en verdad era una chica guapa. Por su comentario sobre su nacionalidad, el hecho de que revelara que su madre era inglesa explicaba justamente su cabello rubio y ojos azules tan preciosos. – Y puedo asegurar, bella bambina, que ha salido ganando esa lotería, pues es tan hermosa como la Afrodita de Sandro Bottecilli – mencioné con una sonrisa pícara y honesta. No era de los que se guardaban halagos para las chicas hermosas que encontraba en mi camino.

Tras llegar al local del restaurante, le pregunté bromista acerca de mi vestimenta, y la linda Natzumi me ayudó a mejorar un poco mi presentación, cosa que agradecí en el fondo, pues no quería perderme de la oportunidad de pasar un buen rato con ella, y de paso comer sabroso gracias al ofrecimiento de su amiga castaña. – Grazie, bambina – dije con tono suave. Finalmente entramos al nuestro destino, y lo primero que hicieron fue darnos la bienvenida y preguntarnos qué bebida queríamos tomar. Tuve un repentino antojo por zumo de naranja, así que eso fue lo me pedí sin pensarlo demasiado.

Tomamos asiento muy brevemente en la mesa, aunque como la comida ya estaba lista para ser elegida nos fuimos directo a las bandejas de buffet… ¡Mamma mia!, ¡la comida olía delicioso!... Escuché el comentario de la chica rubia que me acompañaba, pero tan solo asentí para hacerle ver que estaba de acuerdo, pues no tenía palabras que agregar cuando solo estaba pensando en toda la rica comida que podía elegir… Fue entonces que nos separamos y cada uno fue por su lado. El dulce olor a carne llegó a mi nariz, y de inmediato me sonaron las tripas de la emoción. No perdí el tiempo y fui a la estación de carnes, donde un tío me preguntó que quería – Deme un pedazo de bistec término medio, un filete de pechuga de pollo, unas costillitas de cerdo, y un lomito adobado, por favor… ¡Espere, mejor que sean dos! – pedí con una sonrisa alegre, aunque el tío me miró algo raro, pero no cuestionó mi pedido.

Tuve que esperar un poco, pero ya tenía mi gran plato repleto de deliciosa carne de todo tipo. Agradecí al cocinero y me fui a la mesa en donde se encontraba Natzumi, la bella Afrodita de cabello dorado. Tomé asiento en mi lugar, y la joven bambina me preguntó si me comería todo el plato – ¡Por supuesto que me lo comeré todo!. De hecho, creo que repetiré luego – respondí felizmente sin dejar de sonreír. Parece que mi compañera de almuerzo tenía una pasta, trozos de pan, y ensalada… ¿¡Ensalada!?. – Bambina, sé que tienes una esplendorosa figura, ¿pero una ensalada?. Nunca vale la pena comer ensaladas en un buffet – declaré abiertamente acerca de su elección.

– Buen provecho, bambina – le deseé a la preciosa rubia, y ambos comenzamos a probar nuestra comida. El bistec, ¡simplemente fantástica!. Jugosa y perfectamente condimentada, añadido el sabor a la brasa… Me provocaba darle mis felicitaciones al cocinero al terminar de comer tan increíble plato… Probé cada uno de los pedidos que hice, y todo está muy bueno… – Todo está delicioso. De hecho, hace mucho que no probaba un bistec tan fantástico como este… Creo que hasta lo había olvidado… – aunque lo último sonó un poco bromista, era la pura y simple verdad. No recordaba en lo absoluto la última vez que comí un trozo de carne roja como este…

Quería comer de manera calmada y lenta, pero la emoción me traicionaba por momentos y terminaba comiendo un trozo tras otro de los alimentos que tenía en el plato. Hubo un momento que me forcé a detener, y miré a la linda Natzumi con un poco de vergüenza, aunque no fuera algo típico de mí el tenerla. – Disculpa mis modales… Creo que solo estoy un poco extasiado por todo esto – mencioné en voz divertida, acompañando aquellas palabras con una risilla traviesa. – Y dime bella bambina, cuéntame un poco acerca de ti. ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Qué te gusta hacer para divertirte? ¿Tienes novio? ¿Tienes mucho tiempo en la ciudad? ¿Qué te gusta más: El verano o el invierno? ¿Te gustan los rubios? – quería conocer mejor a la dama más linda que hace conocí en un buen rato.
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Sáb Jul 25, 2015 3:21 am

Edward me respondió diciendo que sí que se comería toda esa carne que pidió al cocinero del establecimiento, e incluso dijo muy seguro de que después repetiría plato. A mí me parecía una cantidad bastante grande, pero me guardé mi opinión pues se le veía muy muy feliz. Parecía un chico peculiar, pues cualquiera no me compararía con la Afrodita de Sandro Bottecilli. Pensar en que me dijo eso antes de entrar al restaurante me hizo sonreír con timidez, porque no le comenté nada al respecto de ese comentario... me daba vergüenza. Sus palabras dedicadas a mi rica ensalada me hicieron alzar las cejas de sorpresa, pues no me esperaba que dijera eso sobre el plato vegetariano.

- ¿Aaahh? ¿Cómo que no es comida? ¡Claro que lo es, y es muy sano comerla! Lleva verdura y hasta queso parmesano. Es rica ¿Quieres un poco?

Le pregunté riendo, haciéndole una pequeña bromita pues él pidió todo un plato repleto de carne y por su comentario era de esperar que la ensalada en esos momentos para comer no le agradara. Acabé con lo que sería para él un alimento para cabritas y comencé a comer los espaguetis a la boloñesa. Luego de eso elogió el sabor de la carne, y dijo algo como que ya había olvidado su sabor... Y pensar que yo me quejaba de tonterías y armaba drama por nada, por ejemplo si se me había estropeado el móvil, o si no podía haber comprado un abrigo de nueva colección... Y él que seguramente no podía comer carne todos los días, incluso en meses, bromeaba sobre ello con una sonrisa. Me sentí verdaderamente estúpida en esos momentos. Admitió que le daba reparo perder los modales delante de mí. Negué con la cabeza.

- Come tanto como quieras, por mí no hay problema con eso. Tampoco tengas apuro con las formalidades.

Me comí la ensalada y empecé mi plato de espagueti a la boloñesa escuchándole atentamente como formulaba tantas preguntas de una sola vez. Tuve que dejar el tenedor en el plato de pasta para contestar a todo eso.

- Estudio en el Instituto Sweet Amoris y voy a tercer curso. En septiembre de este año entraré a cuarto y solo me quedaría un año para acabar el instituto. No trabajo, pues mis padres me pasan manutención y no necesito más dinero que ese.  –La siguiente pregunta era un tanto delicada, pues me gustaba ir a derrochar dinero al centro comercial… y no le iba a decir eso- Me gusta tocar el piano, no me cansaría nunca de hacerlo y se me da bastante bien en realidad, voy al club de música del instituto. También me gustan mucho los fuegos artificiales y no me pierdo ningún evento que haya uno de esos. Tengo un gatito y un conejito que son lo más entretenido del mundo y siempre me sacan sonrisas, supongo que eso cuenta como divertido. Si te parecen medio aburridas creo que no encontré la persona indicada con la que divertirme –reí, saltándome una pregunta que me daba vergüenza responder, bebiéndome toda la copa de agua lentamente- llevo desde 2013 viviendo en Sweet Valley, pues mi hermano vivía aquí desde hacía un par de años y me mudé para estar con él. Pues… me gusta más el verano, pero pasándolo con aire acondicionado, yendo a la playa o a la piscina. –reí contenta y luego me preguntó que si me gustaban los rubios… tuve que responder la pregunta que me había saltado anteriormente- No, no tengo novio. Nunca he tenido novio, de hecho… y… sobre los rubios… pues…

En ese momento al ver la camarera que mi copa estaba vacía se acercó a llenarla. Tomó la botella de cristal que había en un lado de la mesa y llenó mi copa de agua, sonriente. Cuando acabó con su tarea se marchó a vigilar como un halcón las demás mesas. Yo me comí rápidamente el plato de pasta.

- Mmmm… Iré a por más cosas para comer y a dejar los platos sucios.

Me levanté de la silla con los platos y cubiertos usados y los dejé en su respectivo sitio para lavar. Esta vez pedí solo carne, como Edward, pero no tanto como pidió él, por supuesto, pues no me comería ni la mitad. Volví a la mesa con mi rica carne y cubiertos limpios y tomé asiento. Allí estaba mi acompañante de este día

Y dime Edward, cuéntame un poco acerca de ti… ¿Qué te gusta aparte de los zapatos bonitos? ¿Tienes novia? ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en la ciudad? ¿Tienes hermanos o hermanas? ¿Tienes mascotas? ¿Qué te gusta más: la primavera o el otoño? ¿Cuál es tu postre preferido? ¿Te gustan las rubias…?

Le copié un poco las preguntas y me dio cierta vergüenza preguntarle sobre si tenía novia y si le gustaban las rubias… ¿Por qué me ponía nerviosa lo que me contestara? Agh Natzumi come y deja de pensar por un rato en que ‘el limpiabotas’ de tu imaginación no es el amable chico limpiabotas que tenía delante. Mientras esperaba sus respuestas corté un trozo de carne y me lo llevé a la boca, para después hacer un signo de ‘está rico’ con la mano.
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Edward Bertinelli el Sáb Ago 01, 2015 12:15 am

– ¿¡Qué!?. No, gracias – decliné negando con la cabeza la oferta de comer ensalada. Joder, básicamente comía ensalada demasiado seguido para mi gusto en casa, por ser uno de los alimentos más accesible para mi familia… Hoy comería carne hasta sudarla, si era posible… Continué devorando con un poco más de calma la deliciosa carne que tenía en mi plato, y oh mio dio!, era la gloria poder disfrutar de comida tan sabrosa después de tantos años de sacrificios. Aunque de vez en cuando podíamos costear carne roja barata en casa, no se comparaba con este bistec de primera, ¡pero ni cerca!… Me encantaría poder llevarles un poco a mis hermanos para que la probaran…

No puede evitar querer conocerle mejor, así que solté todas las preguntas que me vinieron a la cabeza sobre la misteriosa Natzumi. Aunque al mismo tiempo tuve que agregar un par de preguntas reveladoras acerca de su vida personal… Le escuchaba muy atento, incluso comiendo muy pero muy lento mientras oía sus palabras en detalle. Cuando respondió que no tenía novio, no pude evitar sonreír con un poco de travesura, pues me parecía ciertamente curioso que una chica tan bonita no tuviera una pareja a su lado… Y hasta un poco oportuno… Pero justo cuando iba a dar su respuesta acerca de los rubios, nos interrumpió una camarera y hasta allí quedó la conversación… La bella bambina se había levantado de su silla y fue a tomar su segundo platillo. – Justo cuando iba a responder a mi pregunta… – me quejé mientras observaba a la camarera metiche que antes vino a llenar la copa de agua de mi acompañante. Ahora la mujer estaba atendiendo a otros clientes…

Fue entonces que se me ocurrió la idea de guardar los trozos de carne que tenía en mi plato, para dárselos más tarde a mis hermanos menores. Sonreí levemente mientras me las arreglaba para colocar el maletín en mis piernas sin despertar mucha sospecha. Entonces utilicé servilletas de papel para cubrir disimuladamente los trozos de todas las carnes en mi plato, envolverlos en estas, y meterlos en mi estuche personal. Me tomé mi tiempo para hacerlo con calma y siempre pendiente de los empleados del restaurante, terminando justo al momento que la bella bambina regresaba a la mesa con su nuevo plato de comida.

– Vaya, veo que seguirás mi consejo de comer solo carne – dije feliz tras ver los alimentos que pidió en esta ocasión. Además de ello, parece que trajo consigo una serie de preguntas curiosas sobre mi persona, cosa que me hizo sentir bastante contento. Así que no tardé mucho tiempo en responder con confianza – Además de los zapatos bonitos, me gustan mucho los videojuegos, conversar con las personas, y bromear con todos para hacerles sentir alegres. Si te preguntas como un limpiabotas puede jugar videojuegos, entonces te haces la pregunta correcta en estos momentos, porque solo los puedo jugar cuando tienen maquinas de pruebas en las tiendas… – reí divertido con la última revelación, pues aunque fuera cierta, la verdad es que no me entristecía por mi inhabilidad de tener ese hobby como lo hacía en los viejos tiempos. La vida siempre tiene sus retos… – Llegué a Sweet Valley hace poco más de dos años, y ese es el mismo tiempo que tengo sin una novia, si soy sincero. Vine a la ciudad desde Italia con mis dos padres y mis tres hermanos menores – respondí a la siguiente tanta de preguntas que quedaron en el aire. Ciertamente no tenía a una chica de pareja en esos instantes, aunque hubiese coqueteado con un par de francesas en mi tiempo aquí… – No tengo ninguna mascota en este momento, difícil sería mantenerla, si me lo preguntas. Pero, cerca de mi casa encontramos una vez un gato abandonado, y mi madre se encariñó con él… Hmm, de las dos estaciones, supongo que me gusta más la primavera, pues es la señal de un nuevo nacimiento del mundo. Mi postre favorito sería “Cannoli di ricotta”, que es uno de los postres locales de mi tierra natal. ¡Es como comer un pedacito del cielo! – continué haciendo referencia a sus preguntas, aunque quedaba una que a lo mejor le daba más curiosidad que cualquier otra… – Y sobre las rubias, creo que es lo único que me gusta más que los Cannoli, bella bambina – finalicé con el tema mientras sonreía travieso y hacia movimientos pícaros con mis cejas.

Dejándole un momento para pensar sobre aquello, me levanté de la mesa y tomé mi plato sucio entre las manos. – Iré a pedirme un poco más de carne. Estaba demasiado deliciosa como para no repetir, ¿no lo crees? – mencioné divertido, para ir al área de las carnes para solicitar un nuevo servicio de todo. El cocinero me reconoció de inmediato, y entonces le sonreí alegremente – Hola amigo chef, experto superior de las carnes. ¡Quiero lo mismo que antes!. Todo estaba tan delicioso que tengo que repetir – le dije al hombre parrillero, cosa que pareció contentarlo, por lo que terminó accediendo a mi petición y me dio de nuevo un plato lleno de deliciosas piezas de carne. Me despedí de él y regresé a la mesa donde estaba la joven Natzumi.

Coloqué el plato en la mesa, y tomé un sorbo de mi zumo apenas me senté en mi puesto. Corté un trozo de carne de bistec y lo volví a probar… Joder, ¡si que estaba bueno esto!... Creo que mi sonrisa estaba dibujada de oreja a oreja cada vez que sentía el delicioso sabor a carne en mis papilas gustativas. – Y dime, bella bambina, ¿por qué elegiste el piano como tu instrumento musical?. Tengo un poco de curiosidad, porque mucha de la música para tan fina creación es de mis favoritas... De hecho, Vincezo Bellini lo utilizó en su “Composizioni da Camera” para presentar mini operas que se asemejan a la música moderna… – mencioné con un brillo especial en mis ojos. Adoraba esas quince composiciones de Bellini, y aunque no tenía el talento musical necesario para tocarlas, siempre las admiré… Sin embargo, quedaba cierto asunto pendiente en el aire por responder… – Por cierto, Natzumi… Aún no me respondes la pregunta de si te gustan los rubios, ¡eh!. No creas que se me va a olvidar… – agregué un poco exigente mientras le señalé con una risilla traviesa que acompañaba a mis palabras.
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Vie Sep 04, 2015 1:39 am

Era normal que le gustaran los videojuegos y no me pregunté en ningún momento el porqué le gustaban si pertenecía a una familia humilde. Dijo que los jugaba en las tiendas, osea solo jugaba a demos de algún juego random. Sonreí a lo de "hacer sonreír a la gente" pues parecía ser verdad, me hizo sonreír más de una vez en el rato que nos conocíamos. También comentó que llegó a Sweet Valley hace unos dos años y que no tenía novia desde ese entonces... Supuse con esas palabras que cuando se fue de Italia cortó con su novia. No sabía de qué postre hablaba, cuando llegara a casa lo consultaría en internet. Y de las rubias... Dijo que le gustaban más que esos dulces, mientras movía las cejas y me echaba una mirada traviesa. No sabía si tomármelo a risa o a que era un poco pervertido, pues los italianos tenían fama de ligones natos... Sobre eso tan solo reí ligeramente pues realmente no sabía que decir. Seguidamente dijo que iria a por más carne.  

- Sí, esta carne está muy rica. Aquí te espero hasta que vengas.

Le contesté felizmente. Seguí comiendo como normalmente y al rato vino con otro plato igual al otro ¿Cómo podía comer tanto con lo menudo y delgado que era? Misterios de la vida, como los que comen masivamente chocolate y no engordan jamás.  Cuando volvió me quedaban aun dos trozos de carne en mi plato, asique empecé a comerme uno de ellos. Comenzó a hablar de porqué tocaba el piano, eso era fácil de responder.


- A mi madre le gusta mucho el piano, de hecho lo toca muy bien. Y me enseñó a tocar desde que era pequeña y a día de hoy aun lo toco, me recuerda a mi madre y además se me da muy bien. -Dije y se me formó una sonrisa muy grande en los labios. En verdad ese chico era muy culto, no habría sido un chico de familia humilde toda su vida...- A mí también me encantan esas composiciones, sobre todo una en especial que le pone voz Cecilia Bartoli. El video esta en internet. ¿Te gusta la opera? -Comenté, pero justo en el momento que iba a decirle que a mi si, sacó el tema de los rubios… ay dios. Tenía que evadir el tema, porque me daba vergüenza responderle… dije lo primero que se me vino a la mente- Quizá te lo diga otro día...

Le dije con una sonrisita inocente. Lo que salió de mi boca básicamente se podía interpretar como una ligera insinuación a querer verle después de este primer encuentro, cuando en realidad tampoco fue eso lo que quería decir... pero igualmente si era una persona interesante no tenía problema en hacerme amiga de él. Termine de comer ese trozo de carne y me sobraba uno, pero ya no tenía más hambre.

- Ya me llené ¿Lo quieres? Está intacto.- La respuesta fue obvia, entonces le entregué el plato con delicadeza- Iré por un trozos de fruta, antes los vi y me dieron ganas de comer unos cuantos.

Me levanté y fui hacia el expositor de fruta, tomando un platito. Cogí unas pinzas y me eché un trozo de melocotón, un trozo de sandía y otro de melón, una rodaja de piña y un par de fresas. Volví a la mesa y para mi sorpresa ya había desaparecido el trozo de carne que le entregué de mi plato. Vaya, sí que comía rápido.
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Edward Bertinelli el Sáb Sep 19, 2015 12:10 am

La linda rubia me respondió a las preguntas curiosas con tintes de alegría en sus ojos. Y para que negar que me sorprendió enormemente que conociera a Cecilia Bartoli, una esplendida voz italiana durante la época moderna, por lo que sonreí de inmediato a la signorina de ojos zafiro. Pero aún así, no quiso decirme si le gustaban más los rubios, evitando la pregunta totalmente con un “quizás te lo digo otro día”. – Eso es una maldad, Natzumi. Me dejas con la duda en el aire, y entonces luego no me dices si te gustan los rubios… – respondí inicialmente a su esquive de tema. Pero luego sonreí con picardía y agregué vivaracho – Bueno, te lo preguntaré más tarde a ver si tengo suerte… –

Continué comiendo lleno de felicidad cuando la hermosa rubia me preguntó si quería el último trozo de carne que dejó en su plato. Y por supuesto, no iba a dejar que se desperdiciara tan valiosa comida… – ¡Si, dámelo!. Yo me lo comeré sin problemas – mencioné con una sonrisa confiada, aunque aún tuviera un par de buenos trozos en mi propio plato. Tomé su plato y lo coloqué junto al mío, para entonces ver como ella se levantaba de su silla en busca de un pequeño postre. – Aquí te espero – respondí dulcemente con una risilla traviesa. Y una vez que se perdió a la vuelta de la esquina, procedí a observar a los alrededores para entonces coger un par de trozos de comida y guardarlos discretamente en mi maletín.

Poco después llegó Natzumi, y por su rostro lleno sorpresa intuí que ya era hora de no arriesgarme más con el plan de sacar la comida, y terminaría con la poca carne que me quedaba en el plato. Así que continué comiendo normal y tranquilo, aunque en realidad acabé con el trozo de carne en menos de cinco minutos. – ¡Que buena comida! – mencioné totalmente satisfecho con aquel almuerzo. Estuvo todo delicioso, y además pude obtener un poco para mis hermanos menores. – Creo que ya solo me entraría el helado – agregué travieso, para luego reír pícaramente.

Después de lo dicho por la bella bambina, sugerí de inmediato una retirada victoriosa de aquel restaurante. – Sí, creo que mejor pagamos la cuenta y caminamos un poco, para ver si así baja bien la comida y no me sienta mal – dije totalmente confianzudo, y la dama rubia pareció estar de acuerdo. Nos levantamos de nuestros asientos, y fuimos hasta la caja para cancelar la cuenta. La mujer que hacia los cobros me miró algo feo, y esperaba que no hubiese descubierto mi secreto carnívoro. – ¿Qué? ¿Algún problema? – le dije con tono exagerado y altanero, como si fuera uno de los más grandes adinerados de toda la ciudad. Ella no mencionó nada, y Natzumi terminó la transacción sin problemas.

Finalmente salimos del restaurante y respiré tranquilo con una gran sonrisa en los labios. Toda la operación había sido un éxito, y además tenía el estómago lleno con deliciosa comida gratis. ¡Qué gran día había sido hasta ahora!. – ¿Vamos por el helado prometido, bella bambina? – le animé a mi acompañante para ir entonces por el postre…
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Dom Sep 20, 2015 3:48 pm

Mientras me comía los trozos de fruta que tomé de las bandejas, escuché a Edward decir que ya estaba saciado. Me alegraba de que hubiera comido bien después de mucho tiempo sin probar tanta carne tan rica, como él mismo dijo. Terminé de comer los dulces cuadraditos, y sugirió irnos ya, pues yo  había acabado y él también. Nos levantamos, llevamos los platos y cubiertos sucios a sus respectivos sitios y nos acercamos al mostrador. Saqué el billete que me dio Claire y la mujer me dio el cambio. No se que pasó ahí pero Edward creo que se sintió incómodo por algo... ¿quizá esa mujer le miró mal? Seguro, porque no vi que le dijera nada.

- Le voy a dar un consejo... Si ha hecho algo que incomodó a mi amigo debería ser más amable con sus clientes. Con permiso, adiós.

Salimos del local de comida y comenzamos a caminar, yo estaba mosqueada ¿Porqué le miraría mal? ¿Porque iba vestido diferente a los demás o porque comió mucho? No me gustaba que fuera la gente tan mala...

- ¡A por el helado! -Respondí con entusiasmo a su sugerencia. Estuvimos un momento en silencio, pero me picaba la curiosidad preguntarle sobre lo que pasó en el mostrador- ¿Te miró feo esa mujer? No pienso volver a esa tienda nunca más... En fin por lo menos disfrutamos del almuerzo, estaba todo delicioso. Incluso la fruta era fresca.

Fuimos por el camino más largo para bajar la comida, mientras charlabamos sobre nuestro almuerzo. Por fin llegamos a la heladería, había bastante gente fuera en las mesas, y por fortuna pocas dentro del local para hacer cola. Tomé un pequeño folleto de plástico con forma de helado que había en una de las mesas para ver los sabores.

- ¡Vaya, cuantos sabores! ¿Cuál te vas a escoger? Todos parecen ricos...

Pregunté poniéndome a su lado en vez de atrás, para que él también viera la carta y pudiera ver que sabor le gustaba. Estaba segura de que me encantaría, a parte de que el sitio era agradable se veía exitoso. Estuve viendo sabores, pero me iba a costar un poco elegir...
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Edward Bertinelli el Jue Oct 08, 2015 9:37 pm

Fuera del restaurante me sentía libre. Tuve por un instante el pequeño miedo de que me hubiesen descubierto guardando la carne, y mis pobres hermanos se quedaran sin probar tan delicioso manjar de los dioses. Pero ya había asegurado su comida para la cena, y estaba seguro que sus caritas se iluminarían como el sol al comerlas… Ahora íbamos camino a la heladería, un extra muy feliz a una fantástica jornada. Mi acompañante me preguntó entonces si la mujer de la caja me había visto mal, y la verdad es que en ese momento exageré bastante el asunto para que no me descubrieran… – No estoy seguro de sí lo hizo o no. Es que, muchas veces me discriminan por ser un joven de la calle, y tiendo a ponerme a la defensiva para intimidarles… – le mencioné con honestidad, y esa era una realidad que ocurría más seguido de lo que me gustaría. Que en este caso fuera culpable de sacar la comida era otra cosa…

Continuamos conversando hasta llegar a la heladería, ¡y vaya si que era popular!. Había muchísima gente sentada en las mesas del exterior del local, y no pude evitar observar de reojo todos los helados que estaban comiendo. Parecían estar muy ricos… Natzumi y yo entramos al local, y la hermosa rubia tomó un menú para buscar los sabores que tenían en la tienda. Nos formamos de inmediato en la fila, y en eso siento como la bella bambina se acerca a mi lado y coloca la lista de helados disponible a mi vista. – Hmm… Juro que si tienen un helado de avellanas o de pistacho, puedo morir feliz el día de hoy… – mencioné bromista y sonriente, comenzando a pasar la vista por todos los nombres en la carta. Y para mi sorpresa, ¡estaban los dos!. – ¿Puedo comer un helado con dos bolas?. Me gustaría tener los dos sabores… – le rogué con mucha ilusión. Sería la primera vez en muchísimo tiempo que probaba cualquiera de los dos, especialmente considerando que las gelaterías eran sumamente costosas fuera de la bella Italia… ¡Y ella aceptó! – Grazie, bella bambina! – le agradecí sonriendo de oreja a oreja.

Finalmente llegó nuestro turno y pedí un cucurucho con los dos sabores que quería. Apenas lo recibí, sentí como recuerdos de mi infancia volvían a la mente. Uno muy específico apareció sobre una visita a un negocio familiar con tan solo siete años de edad. Era la heladería que tenía mi tío a unas cuadras de nuestra antigua casa… Aún así, esperé hasta que la hermosa rubia tuviera su propio helado en mano antes de probarlo… Dio mio! ¡Estaba mejor de lo que creí posible! – ¡Simplemente delicioso! – declaré a Natzumi mientras sonreía como un niño pequeño. – Debe ser el mejor postre que comí en los últimos meses – agregué muy feliz.

Y luego de ello salimos de la heladería, para conversar mientras caminábamos por el centro de la ciudad a paso tranquilo. Natzumi resultó ser una chica bastante divertida, y hacía mucho tiempo que no conocía a alguien de mi edad para tener una amistad como la que creía que había empezado en ese momento. Pero justo cuando terminábamos nuestros helados, apareció a lo lejos un señor que reconocí de inmediato tras observar su saludo peculiar. Alcé mi mano y con una sonrisa le respondí el gesto – Buenas tardes, señor Dupont. Tome asiento en la banca y ya le atiendo – le dije un poco alto para que pudiera escucharme, pues estaba a unos metros de distancia.

Giré para observar a la bella bambina, y entonces le dije sereno – Tendrás que disculparme, pero el trabajo llama. Él es uno de mis clientes más fieles, y siempre viene a buscarme para que le limpie los zapatos. Además, es muy generoso con las propinas –. Tras mencionar lo último, me tomé unos segundos para acercarme a la hermosa mujer y darle un beso en la mejilla, como agradecimiento por el gran rato que pasé. – Muchas gracias por todo. Me divertí a tu lado, además de comer muy rico y pasarme un buen rato. Si alguna vez me necesitas, esta es mi zona de trabajo, y me encontrarás casi siempre por aquí – le dije con toda la confianza del mundo, comenzando a caminar hacia donde estaba mi cliente. Sin embargo, la rubia llamó mi atención para que dejara de caminar, y me entregó una servilleta en la mano, mencionando que era su número de teléfono. Abrí la misma y vi una serie de números escritos con lápiz labial, cosa que me pareció divertido y sexy… – Grazie! Lo guardaré muy bien. Arrivederci, bella bambina – me despedí de Natzumi con una sonrisa alegre, caminando luego en dirección a donde estaba el señor Dupont.

– Perdóneme por la tardanza, señor Dupont. Veo que trajo sus hermosos zapatos italianos en esta ocasión. ¡Los dejaré como nuevos para usted! – le dije con mucha confianza al hombre mayor. Coloqué el maletín a un lado de la banca, y al abrirlo observé momentáneamente la carne que había acumulado en servilletas, y aproveché la ocasión para meterla en un envase plástico para comida que ya traía de mi casa, para preservarla mejor. Después de ello, tomé mis implementos para hacer mi trabajo…
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Re: A Cenicienta se le rompió un zapatito [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Dom Oct 11, 2015 5:17 pm

Él escogió día bolas de helado, pistacho y avellana. Yo por mi parte escogí una bola de vainilla con nueces de macadamia y una bola de frambuesa. Pagué y nos dieron nuestros ricos helados, y cuando eso pasó Edward probó su cucurucho y simplemente le encantó, incluso dijo que era el dulce más rico que comió en meses.

- ¡Me alegro mucho que te guste! A mi el pistacho no me agrada demasiado, pero debe de estar muy rico también.

Antes de salir tomé varias servilletas, pues si no tenía cuidado quizá me marcharía la ropa, y eso sería horrible. Salimos de la heladería y en vez de sentarnos, caminamos por la ciudad disfrutando de nuestros ricos helados y de una agradable conversación. Edward era un muchacho muy interesante y me cayó bien desde el principio, me alegraba que de haberle conocido... Aunque en extrañas circunstancias, pues la presentación fue cuanto menos única en su especie. Estabamos animados charlando cuando de pronto se acercó un señor, que nos saludó. Le devolví el saludo aunque no le conocía y parecía que conocia al rubio. Era uno de sus clientes fieles, asentí contenta al despedirnos allí por que tenía un cliente más en el día. No me dio tiempo a darle mi número pues me dio un fugaz beso en la mejilla y se marchó. Mentiría si dijera que no me dio vergüenza ese gesto, incluso me toqué la mejilla. Y pronto me di cuenta de que no le di mi número de teléfono. Como no tenía ni papel ni bolígrafo, saqué del bolso una de las servilletas y un labial rosa melocotón, y escribí el número en la servilleta.

- ¡Espera Edward! -Le llamé y él paró mirando hacia mi. Le entregué la servilleta con una sonrisa en los labios- Por si quieres alguna vez contactar conmigo ahí te dejé mi número de teléfono. Yo también me la pasé muy bien contigo hoy. Nos vemos otro día, ya se dónde localizarte y tú sabes mi número... ¡Hasta luego!

Me despedí con la mano, y fui directa a casa, contenta de haber conocido al que seguro que sería un nuevo amigo. Reí al recordar la historia ficticia que inventé meses atrás del galán limpiabotas. Era toda una curiosa coincidencia.
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