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Amahara | Priv. Rêverie Lehner.

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Amahara | Priv. Rêverie Lehner.

Mensaje por Noah Levine el Miér Jun 03, 2015 11:45 pm

De una forma u otra, Noah pudo escapar de ese encuentro con la muerte, encuentro que, a decir verdad, estaba siento atrasado desde hacía mucho tiempo atrás. A pesar de los reflejos de Noah, su insaciable sed de sangre y su monstruosa habilidad con las armas de fuego, blancas o solamente sus puños desnudos, el alemán pudo salir vivo de allí a duras penas, más aún por el hecho de que no pudo buscar su motocicleta luego del tiroteo y tuvo que irse de allí con sus propios pies. Agradeció el hecho de tener buena resistencia, pero el disparo en su hombro no ayudaba demasiado. ¿Ya cuántos llevaba? ¿Dos, tres, cinco, ocho? Y con todos se las había arreglado para que, de alguna manera, golpearan en áreas no vitales. Definitivamente era un monstruo.
 
De un momento a otro, las asquerosas calles de la zona peligrosa de la ciudad habían sido reemplazadas por unas arregladas, pintadas de la misma manera y de manera armoniosa. De esa forma fue que Noah entendió que había llegado a la zona alta de la ciudad. ¿Cómo? Ni siquiera pregunten, porque nadie sabe. Minutos antes de irse, Noah consiguió hacerse un torniquete apresurado en el hombro para detener la hemorragia, pero para el momento en el que había llegado hasta allí ya la tela estaba casi completamente carmín.
 
Se detuvo por unos momentos en una de las paredes de las múltiples residencias y casas de lujo, ignorando el hecho de que estaba llenando de sangre la pared y que probablemente podían ficharlo por ello si alguno colocaba algún tipo de queja. Noah chasqueó la lengua y se grabó una nota mental, indicándose que por la mañana, ya curado y descansado, iría a desaparecer la evidencia de su estadía allí. Sin embargo, no se dio cuenta de que el sitio donde estaba tenía un extraño olor a flores sino hasta cuando se volteó, separándose de la pared y notando que pocos metros más adelante estaba una reja de color negro que daba paso a un extenso jardín.

El alemán se quedó quieto por un segundo, cerró sus ojos y se mantuvo así mientras indagaba en su mente. Gracias a su trabajo, debía de tener conocimiento de todos los terrenos de la ciudad, por lo que estaba haciendo un escaneo mental de la zona adinerada de Sweet Valley, pero lo que encontró fueron cero resultados de ese lugar en específico. Estaba seguro que un lugar así sería conocido por más de uno, mas no había conseguido escuchar nada en ninguno de los alrededores. ¿Es que se le había pasado peinar todo el terreno? Imposible. Eso era más que imposible. ¿Entonces, qué? No lo sabía, pero estaba a punto de descubrirlo.
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Re: Amahara | Priv. Rêverie Lehner.

Mensaje por Rêverie Lehner el Vie Oct 16, 2015 4:17 am

La noche inusualmente cálida se instala en los alrededores, siendo reemplazada la caricia del día por el pálido manto plateado de los rayos de luna, que vienen a posarse sobre el jardín. Por doquier se alzaban frondosos arbustos, salpicando el espacio entre los árboles de sombras diversas y dando cobijo a las innumerables flores que adornaban el lugar. Contarlas parecía una tarea imposible, brotaban de donde fuera, respetando vagamente un estrecho camino de tierra que serpenteaba entre ellos. En ése horario, aquel sitio normalmente se encontraba vacío, entregado al silencio a excepción de algún que otro pequeño animal nocturno que viniera a adueñarse del espacio, normalmente habitado. Pero a veces, sólo a veces, una figura vagaba entre el frondoso verdor, deteniéndose cada tanto ante un arbusto o planta determinada para atenderlo. Ésta era una de esas noches.

A la luz de la luna, el cabello rubio luce casi tan blanco como el vestido que llevaba la muchacha y del mismo tono níveo era también la ligera pashmina que cubría sus hombros. Ése era su reino, su lugar en el mundo. Allí, en ese espacio que había ido cultivando con la única ayuda de su abuela, crecían de manera casi imposible flores y plantas que no lo harían normalmente en ese clima, respondiendo al constante cuidado y dedicación de sus manos. Sólo la alta reja negra rompía la continuidad de la naturaleza, ya que incluso la propia casa estaba situada en un lugar más elevado del habitual y casi podías olvidar que estabas en la ciudad, una vez eras envuelto por el sutil aroma floral. Sus dedos se entretienen en las hojas verdes de un arbusto, antes de que su figura desaparezca tras una cortina de pétalos violetas. Gracias a una ingeniosa idea, había armado una estructura ideal para que las glicinas crecieran a gusto y éstas, como si sintieran el cariño de la joven, no habían tardado en colgar de las varillas de madera, llegando incluso a enredarse en algunos árboles.

Era la primera vez en varios meses que tenía la oportunidad de salir a recorrer libremente su jardín por más de cinco minutos, de modo que se detiene en cada uno de esos seres que tanto adoraba, saludándolos. Un solo descuido en una tarde de lluvia le había costado semanas de salud, empeorando el estado de sus ya de por sí frágiles pulmones. Por supuesto, no todo era a causa de la tormenta, puesto que apenas se recuperaba de una neumonía (bastante más fuerte de lo usual en su caso) cuando aquello sucedió. Pero aún así, la vigilancia estricta la mantuvo encerrada a salvo en su habitación, atendida constantemente por un médico privado. Y del otro lado del cristal, su pequeño paraíso, animándola cuando se sentía decaer cada día más por el encierro. Comprendía a la perfección que era por su bien y por ello acataba con docilidad las órdenes impuestas, como siempre lo había hecho. Mas pasar por eso nuevamente le recordaba las largas horas de reposo de su infancia. Y Rêverie, la silenciosa y sonriente Rêverie, enredaba con fuerza los dedos entre las sábanas, ansiando un cuerpo más fuerte del que poseía mientras ocultaba sus propias lágrimas.

Inspira hondamente al sentir el contacto de la tierra bajo sus pies desnudos, esbozando una sonrisa brillante que dedica a la luna, los brazos extendidos de pura felicidad. Y entonces, comienza a cantar. Los iris verdes se pierden en la esfera brillante, entrelazando sus manos sobre su pecho al tiempo que la melodía brota de sus labios casi como una plegaria.. O mejor dicho, un agradecimiento.

Por ese escaso instante, era completamente libre.

Canción:
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Re: Amahara | Priv. Rêverie Lehner.

Mensaje por Noah Levine el Vie Dic 18, 2015 1:15 am

Noah pasó aproximadamente cinco minutos parado en el mismo sitio, pensando y dándole vueltas a los mapas que tenía en su cabeza de toda la ciudad. Después de asegurarse de que no conocía semejante construcción, se apretó el hombro con la mano y dio unos pasos más hasta llegar a la reja negra que antes había alcanzado a observar. Con cada paso que daba, el olor del jardín se hacía mucho más fuerte y el dulzón de las flores penetraba en su nariz. Sin embargo, no era un olor desagradable, aunque sí poco usual para el alemán.
 
Al llegar a la reja, se mantuvo un tanto distante, observando la enorme cantidad de brotes, plantas, flores, hasta árboles y un gran invernadero, que conformaban un jardín bastante extenso, y notando el tamaño del terreno que se podía aprovechar, se podían plantar muchísimas semillas más. Si él fuese una persona distinta, quizás un poco más normal, su expresión hubiese mostrado mucha más… emoción, pero viéndose que se trataba del moreno, un poco de sorpresa quizás por el lugar, añadiendo el hecho de que desconocía la existencia del mismo, y una que otra mueca de dolor por el disparo era lo único que se podía vislumbrar.
 
Estuvo por desviar la mirada para seguir su camino, pues el hecho de estar en la zona adinerada de la ciudad indicaba que su casa podía estar cerca, mas se vio interrumpido por una silueta que alcanzó a ver a lo lejos. Tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver bien, “enfocar” por así decirlo, dándose cuenta de que la silueta pertenecía a una mujer. Cuando las nubes en el cielo decidieron abrirle paso a la luz de la reina de la noche, el brillo del cabello platinado femenino le llamó la atención. Parecía como si una diosa hubiese descendido desde el cielo.
 
La observó durante un tiempo, tenía algo que se le hacía familiar y por ello la miró primero con las intenciones de descifrar su rostro, pero por la distancia y la poca visión que tenía gracias a la reja y la oscuridad, fue un intento fallido. A decir verdad, Noah debía de admitir que su belleza era deslumbrante y desde su corto punto de vista, en definitiva daba la impresión de que era un ser divino.
 
Por unos momentos, desvió la mirada hacia su hombro para verificar el torniquete, pero al verlo completamente rojo, se dio cuenta que no había nada que hacer. Intentó moverlo un poco, pero el único resultado que consiguió fue que una clara mueca de dolor se hiciera presente en su rostro. Estaba por quitarse el torniquete para ver la herida, pero un suave y delicado sonido lo interrumpió e hizo que volviese la vista al frente. En ese momento, la reina de la noche iluminaba por completo el colorido lugar y la silueta femenina estaba en completa merced de ella. Noah se acercó un poco más a la reja, hasta casi rozarla con la nariz, para poder ver de lleno a la muchacha. La melodía que cantaba era dulce, apática para el moreno, pero no fue la causante de que el asesino cambiara su expresión. Había alcanzado a ver el rostro ajeno a la perfección.

Hen..riette… —musitó, dando otro paso hacia delante por simple inercia, pero consiguiendo con ello chocar con la reja y que esta rechinara al abrirse.
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Re: Amahara | Priv. Rêverie Lehner.

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Feb 05, 2016 6:13 pm

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