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Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

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Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Shiri Parker el Dom Mayo 03, 2015 2:11 am

"Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano."
- Isaac Newton
Our Time ~ Merrily We Roll Along
Una vez más, ese sueño hizo la gracia de presentarse en su velada de inconsciencia. Se supone que la noche es para descansar. No para soñar con difuntos. Aunque el sujeto, que está a siete palmos bajo tierra, sea alguien que ha apreciado muchísimo. Aprecio. Cariño. Amor. Emociones que en su presente no tiene, nada más y nada menos, que un contexto denotativo tal como son presentados en el diccionario. No nos equivoquemos. No apática dicha morocha recién despertada de sobresalto. No obstante, no hay nada más que la ciencia, y la posibilidad de la existencia de más vida inteligente en otros planetas, que puedan suscitar el interés de esta pintoresca chiquilla. La única que tenía el privilegio de ser obsequiada por su interés era la su perecida abuela que no era más que polvo de estrellas en el día de hoy. Aunque su madre discernía de su modo de ver la muerte. La mujer creía en la vida eterna regalada por un “criador”. No hace falta decir que, Shiri, discrepaba de cualquier ideología religiosa; tal como su padre, un agnóstico consumado, en que creía que los libros religiosos eran puros cuentos para que la mayoría pudiera dar un rumbo a su vida motivado por la fe. ¡Oh! ¡Ya está dicho! Los humanos necesitaban de poseer fe para poder avanzar en su vida. ¿Y Shiri? “Lo que fue polvo una vez; lo volverá a ser. Somos polvo, Tifa. Estando vivos o muertos, es lo que somos.” Las enseñanzas de su abuela resonaron en su mente recién despierta. Y aunque estuviera en un estado aturdido, por despertar de repente, pudo recordar al mínimo detalle el momento de esa oración. Incluso, las finas arrugas que se formaban en el rostro de la anciana al mover los músculos faciales. Interesante, ¿no? Ventajas de su peculiar memoria que muchos consideran una bendición. La joven no tanto, pero tampoco a desaprovecha. Una nostálgica sonrisa se dibujó en su semblante cuando su memoria vertió otra botella de memorias inundando otro recuerdo más por su mente: el momento en que se negaba caminar sobre campos arenosos, porque creía que pisaba a su amada abuela. En fin, de eso ya va algunos años la verdad. Ha crecido. Aunque no suficiente para considerarse una humana madura ya que es un animal que sigue estando en la fase de crecimiento personal. Sus ideologías y moralidad no están del todo formadas o, al menos, lo suficientemente mutadas para considerarse adulta. Apenas, tiene diecinueve años.
En fin, su sueño estaba perdido como siempre ocurría cuando se despertaba bruscamente. Así que…¿Por qué no aprovechar lo que quedaba de noche para observar el cielo repleto de estrellas? Con un poco de suerte, hoy podría ser la noche de su abducción. Sí, seguía con el mismo objetivo de cuando era niña: ser abducida por los alienígenas. Ni pasadas de la medianoche tuvo el descuido a cambiarse. Al fin al cabo, se preparaba para una, probable, cita con alguno de sus amores platónicos: un extraterrestre. Tal y cual como leéis. Creía fervientemente en la existencia de vida extraterrestre. O sea, si puede existir vida en la Tierra, y el universo es inmensamente infinito, ¿por qué desechar la idea que los terrestres están solo en el universo? Tampoco se arregló como si fuese para un evento o una gala donde podría ameritar más cuidado y más pomposidad. Solo iba a una de las propiedades del planetario del cual era voluntaria y socia. Tenía sus ventajas comprometerse con ciertas entidades científicas. Y una de esas ventajas era justo tener acceso a cualquier propiedad del planetario de la ciudad. Principalmente, los que le permitían alcanzar grandes altitudes y que no estuviesen en el centro de la ciudad. Las varias características del centro de una ciudad no eran favorables para quién quisiera apreciar el cielo nocturno, por así decir. ¿Saldría hacía los alrededores citadinos aquella hora? No. Shiri vivía en los alrededores con su padre. Y donde tenía pensando en ir, quedaba, como mucho, a quince minutos de caminata siendo que iba en bici, se acortaba para siete minutos como máximo. Además, no había viento ni condiciones atmosféricas negativas. El clima empezaba a estabilizarse por la noche también. Un paso más y ya se encontrarían en verano sin tener que asistir a clases. Mal entrara en vacaciones se dedicaría a lo que realmente la tenía prendada. Le gustaba estudiar, pero se aburría mucho en clases ya que lo que le era impartido, lo tenía bastante conocido.

Ni siete minutos se tardó, casi seis, alcanzando un edificio totalmente blanco que estaba rodeado de un verde césped. Tonalidad que no podría sobresalir al ser de noche. Y, pese, a que había iluminación, no era la suficiente. El grado de iluminación estaba colocado de forma premeditada para aquellos como Shiri. Personas autorizadas que deseasen acceder a las instalaciones para indagar en el cielo nocturno. Y es más que sabido que la luz artificial solo incordiaría el objetivo principal de aquella construcción. Ni siquiera puso candado a la bicicleta. ¿Quién le robaría aquella hora en medio de la nada? Por  lo tanto, mal dejó su vehículo sin motor aparcado donde le correspondía, se adentró en el edificio abriendo la puerta con una tarjeta magnética que la identificaba. Y ni se detuvo a saludar al vigilante del lugar en la recepción. Tampoco hubo ausencia de saludo, lo hizo mientras se dirigía al ascensor para subir por el mismo hasta la planta más alta: la torre. Nunca había entendido como había personas que con miedo a los ascensores. En un pasado, lo entendería. Antes la mecánica era muy retrograda y descuida, pero en la actualidad, no. Bueno, tampoco es que fuese filosofa para adentrarse en las mentes de los demás. Lo suyo era el físico y concreto, no el incorpóreo y abstracto. Así que tan deprisa le vino esa cuestión, se le fue a la vez que las puertas del ascensor se abrían dando el escenario esperado: una enorme azotea con un techo que solo estaba apoyado por una pared. Justo la que formaba ambos umbrales del ascensor. Sí, que se respiraba aire puro por esos lares y se sentía un poco brisa. Nada irrelevante. Había ido con lo suficientemente cubierta para no temblar por la frescura de esa altitud. – Veamos. A montar el telescopio. – Se quitó la bolsa cilindra que le cruzaba espalda y torso para proceder a montar su aparato planetario. Primero las patas, segundo el cuerpo principal del telescopio y tercero la lente deseada. Como estaba indecisa de cual usar; probó la mayor, pero se recordó que no le agradaba el modo de enfoque de esa. Por ende, intentaría ajustar otra lente que tenía un enfoque dividido en cuatro. No obstante, no alcanzó a terminar de enroscar dicho objeto ya que vio, como la primera, lente rodaba por el borde del barandal de la azotea y caía en picado. ¿Quién le manda colocar algo tan valioso como un lente en punto tan peligroso?
De una carrera, regresó al interior del ascensor. Para su suerte, el vigilante no se le ocurrió hacer uso del mismo y no tuvo que esperar por su “trasporte”. Descendió de inmediato. Bueno, apretó el botón de la planta más baja al tiro, pero el de bajar con rapidez, no pasó. Es decir, es un ascensor normal, no uno que tenga turbo incorporado. Aunque no sería una mala idea. No para esos momentos. ¿Exagero por la caída de una simple lente? No es su favorita, mucho por el contrario. Asimismo, no es barata y siempre puede arreglarle otros fines, porque ingenio e iniciativa no les faltan. Además, no estaba propiamente a un par de metros del nivel más bajo terrestre. Por lo tanto, el lente acababa de dar toda una señora doctora queda, como se suele decir. A saber en qué estado se encontraba. Vale. De todo lo que se le ocurrió mientras bajaba... No hacía parte de sus deducciones que hubiera un extraño con su lente en una mano. O sea, en medio de la nada a las tantas de la madrugada que estuviera alguien en el exterior del edificio que no fuese el vigilante… Era demasiado poco común. En fin, ¿y le importaba que hubiera un desconocido por ahí rodando? ¡Qué va! Lo que le preocupaba era su bendito lente que acaba de tener una odisea extrema. – Eso es mío. – Indicó señalando con un índice el lente de metal y cristal del tamaño de una mano. No esperó réplica y tampoco cuestionó que hacía con su objeto. Simplemente se abalanzó sobre el chico y le quitó el aparato para inspeccionarlo. Mejor lo inspeccionaría en el interior de la construcción donde tendría más luz en la recepción. Total. Ya se había olvidado de la presencia contraria cuando obtuvo en sus manos el lente y ya le estaba dando la espalda con naturalidad. Lo que la joven no sabía es que su lente había aterrizado en la cabeza del rubio.

Chaquetita. (?) ♡:
El resto de la indumentaria sin sombrero. (?) ♡:


Última edición por Shiri Parker el Dom Mayo 03, 2015 7:28 pm, editado 3 veces

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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Blake Eberwein el Dom Mayo 03, 2015 3:26 pm

Eso de que mi padre me hubiera echado de casa tenía varios inconvenientes, y uno de ellos era la falta de dinero. Karen apenas me daba para coger un autobus pues decía que ya hacía bastante acogiendome en casa. ¡Como si la faltara el dinero! Pero en fin... No tenía dinero para echar gasolina a la moto y tenía que ir al ensayo del grupo, así que no me quedó de otra que usar la opción del autobus. Que... Por cierto, nunca antes había cogido un autobús. Así que cuando llegué a la parada estaba toralmente perdido. "Veamos... Creo que es esta..." Solo esperaba no equivocarme, no es como que tuviera dinero como para andar cogiendo un montón de autobuses hasta dar con el bueno. Subí a uno y me senté en uno de los sitios del fondo, dejando la guitarra en el asiento de al lado. Pronto el vehículo comenzó a avanzar y... ¿Qué decir? Aquello era horrible. Tantas personas juntas... Encima juraría que el que se sentó delante de mí llevaba semanas sin ducharse, porque esa peste no era ni medio normal... Juro que si tuviera dinero le daría para comprarse gel.

Después de unas cuantas paradas llegué a mi destino, un tanto mareado aunque más por culpa del que se sentaba delante de mí que por el viaje en sí. Me levanté de mi sitio y cogí la guitarra.

-Una ducha de vez en cuando no mata a nadie ¿Eh?- Solté al hombre cuando pasé por su lado. Este me miró raro e incluso un tanto enfadado, pero yo simplemente bajé del autobus sin darle mucha más importancia.


Para cuando terminamos el ensayo ya era bastante tarde, vamos... Ya era de madrugada. Incluso dudé si habría algún autobus para volver. "Esto de no tener dinero es una mierda" me dije, y es que yo nunca había ido por la calle sin dinero en el bolsillo.

Una vez en la parada cogí el bus, esperando no encontrarme de nuevo con un enemigo de las duchas y, afortunadamente, no lo hice. Sin embargo... ¿Ese era el camino? Miré por la ciudad y... ¿No nos estábamos alejando de la ciudad? "No me jodas..." ¡Me había equivocado de autobús! "Maldita sea" me dije. Me bajé del vehículo en la primera parada, colgándome la guitarra en la espalda. ¿Dónde diablos estaba yo ahora? Comencé a caminar, pues ya no me quedaba dinero para tomar otro autobús y... Bueno, no ibamos tan mal. Allí estaba el observatorio de la ciudad, lo cual me servía para orientarme. Lo que no me esperaba fue lo que sucedió a continuación.

Justo cuando pasaba por debajo del edificio sentí cómo algo me golpeaba en la cabeza con bastante fuerza, y después ese algo cayó en mi mano.

-¿Pero qué...?- Segundos después una chica bajó a toda prisa, arrebatándome el objeto que me había golpeado. Estaba totalmente atónito. ¡Encima me ignoraba y se marchaba como si nada!

-Oye, espe...- En ese momento noté algo que bajaba por mi frente, y al llevarme la mano comprobé que era sangre. -¡Oh! Lo que me faltaba. ¡Ahora sangro!- Estaba visto que aquel no era mi día de suerte. Aunque almenos no soy el típico memo que se asusta por una pequeña herida, al fin y al cabo las había tenido peores. De momento más me valia taparme la herida con algo si no quería llenar todo de sangre. Y... No acostumbro a llevar pañuelos encima.

-Maldita sea...- Mascullé mientras dejaba el instrumento en el suelo y me quitaba la camiseta para usarla como trapo provisional. Después de eso agarré la mano de la contraria con bastante fuerza, no iba a permitir que se marchara de rositas.

-¿Me lanzas esa cosa y luego te marchas?- Cuestioné enarcando una ceja. Estaba enfadado,la verdad, o sea... ¿Qué más podía pasarme? Aunque... Ahora que la veia bien... La chica estaba increiblemente buena. Quizás al final el día no acabara tan mal... Pero de momento me importaba más no terminar con una herida infectada en la cabeza. -No es una bonita manera de presentarse ¿Sabes?- Más valía que alguien me limpiera la herida, y todos sabemos a quién iba a pedir/obligar a hacerlo ¿No? -Vas a tener que arreglar esto- Espeté aún con la camiseta en la cabeza. Lo malo de aquél tipo de heridas es que aunque no sea muy profunda sangra como si fueras a morir por ella. -Y además, la sangre no se quita nada fácil de la ropa, así que espero que sepas cómo arreglar eso- Añadí retirando un momento la camiseta. Vale... Ya había sangrado demasiado. A este paso necesitaría una transfusión de sangre. -Bien, sé que te gusta verme sin camiseta, pero... Ahí arriba habrá lo necesario para curarme ¿no?- Pregunté, pero no esperé una respuesta para entrar en el edificio y llevarla conmigo.
-Por cierto, pensaba que las que venian por aquí eran las típicas gorditas con gafas y granos... Pero ya veo que no es así- Ey, estaría sangrando, pero sigo siendo un hombre y... ¡Mirenla! -No me importaría pasar la noche contigo en el observatorio... Y no mirando las estrellas, precisamente. - ¿Para qué andar con rodeos? Mejor ser directos. -Y bien... ¿Dónde hay aquí un botiquín o algo así?- pregunté mirando a mi alrededor. Ni que decir tiene que no había entrado en mi vida a uno de esos lugares.

Y, por cierto... Entre unas cosas y otras olvidé por completo mi guitarra en la puerta de aquél observatorio.
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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Shiri Parker el Jue Mayo 28, 2015 3:58 pm

"Las cosas menos importantes, mi pequeño niño, usualmente nos conducen a los descubrimientos más importantes. Como por ejemplo el vapor que sale por el orificio de una tetera."
- Doctor Who
Doomsday Theme ~ Doctor Who
Su intención estaba más clara que el agua: adentrarse de nuevo en el edificio. El fresco empezaba hacerse presente debido a la avanzada hora de la madrugada. Además, no tenía por qué perder tiempo con un desconocido. Bueno, eso era su  parecer. Por lo visto, no era algo que compartiera con el otro humano que le agarró de la muñeca. La friki quedó con un paso a medio finalizar. Por lo tanto, como estatua se quedó con uno de los pies en el aire. La fuerza con que su muñeca quedó aprisionada, la descolocó. Y no solo eso. Le provocó cierto mal estar. ¿Por qué los humanos eran tan agresivos? No tuvo más remedio que girarse sobre su único talón, el otro pie seguía en el aire con la pierna doblada (su equilibrio era bastante confiable), y despacio posó el pie en el suelo para apoyarse en ambas bases de los pies. – Y tú me aprietas la muñeca como si me la quisieras separar. ¿Acaso es lo que quieres? – Lo miró a los ojos y después pestañeó confusa. ¿Qué mosca le había picado? – Y no te lancé nada. Solo una insensata lanzaría un lente que vale más que un cráneo de cualquiera. Al menos si fuera el cráneo de Darwin, valía el coste. – Colocó el lente en el bolsito de cuero que le colgaba de la cintura y, al tener la mano libre, le pegó en la contraria con los nudillos para que soltara su muñeca. – Animal bruto que eres. – Le tachó sin vergüenza masajeando la muñeca que había sido liberada.
El ejemplar masculino siguió su parloteo. ¿Lo escuchaba? No. No es que lo hiciera adrede, pero estaba entretenida masajeando su adolorida muñeca y considerando ciertos datos en su mente. Tenía fuerza el chiquillo. Fuerza como se esperaba de un animal para procrear y dar ciertos genes a las crías de una. ¿En un momento como ese piensa en frutos propios? No solo en un momento como este. De hecho, lo hace continuadamente. Pese a su corta edad, y la mayoría de sus cogeneres ni siquiera saben qué diantres quieren estudiar, ella ya tiene su plan de vida pensado. Mucho que pensado, más bien. Su carrera son las puras ciencias para empezar. Y para allá de sus planes académicos, también los tiene a nivel personal que son: ser abducida por alienes y tener un par de crías con los genes idóneos para seguir su estirpe de éxito. Sencillo, ¿no? O sea, la mayoría de los animales piensan en procrear para dar continuidad a la familia y a la raza. Es pura ley de la naturaleza.  La única diferencia de los demás y de Shiri, es que no tiene planificado tener una pareja para procrear. Le basta hallar el ejemplar indicado, a su ver, y sacarle el esperma necesario para hacer el embarazo in vitro. Para nada romántico. Y mucho menos normal en el sentido común del humano. Asimismo, sentido común es algo totalmente desconocido para esta pseudo científica.

Para cuando se despertó de su ensoñación, formada por datos e ideas que solo era ella la participe, el desconocido se dirigía al edificio. - ¿Y dónde rayos piensa que va? – Volvió a girarse, al ver por encima del hombro que se dirigía al observatorio, y de esta vez fue casi en puntillas de los pies que lo hizo. - ¿Camiseta? – Recién caía en la cuenta que estaba sin la prenda. ¿Hace frio y este se despelota? Inevitablemente, se rio como si no hubiera mañana mientras intentaba caminar para alcanzarlo. – No es mi culpa que seas un ejemplar exhibicionista. – Por fin, lo alcanzó ya en la puerta del edificio, abrazándose por el abdomen. La risa le indujo cierto dolor muscular en el abdomen  y en las mejillas. Ese tío estaba chalado total. No era la más indicada para decirlo, pero las cartas estaban echadas en la mesa. Y demasiado chalado para decirle en la cara lo de las “típicas gorditas con granos y gafas”. Frunció el ceño y luego suspiró con resignación. – Uso gafas para que sepas. – Las usaba cuando tenía la vista cansada o para leer. – No tengo granos y no soy gordita, porque me cuido. Y no por eso soy menos inteligente. – Le dio un buen codazo en las costillas al ponerse a su lado. - ¿O me vas a decir que tienes inteligencia de neandertal por ser atractivo? – Le echó una mirada de desaprobación y entró al edificio tras pasar la tarjeta electrónica para que le fuera permitido el paso.

Que Shiri viniera con compañía, no le agradó del todo al vigilante, pero tampoco podría impedirle el paso ya que la joven le dijo que estaba con ella. Por lo tanto, tuvo que tragarse su desaprobación y no protestar aunque el extraño iba sin camiseta. Negar algo a Shiri era como pedir a gritos una buena demanda en el consejo de la sociedad científica. Y teniendo su ilustre padre respaldándola, no era nada recomendable buscar pleito con la misma. Solía ser muy obstinada. Al fin al cabo, ella no era una chiquilla insegura que temía enfrentarse al mundo. Ella era ella y ya.
Le picoteó con un índice, en el omóplato para que empezara a caminar hacia adelante y dirigirse a la estancia donde guardaba todos los productos de limpieza. Incluso, un botiquín había por ahí. La verdad, había dos, pero ella cogió el infantil. Y regresó a la puerta de la entrada del cuarto donde había dejado el extraño humano. – Vamos. Te llevo a ver las estrellas. – No, no estaba coqueteado ni nada por el estilo. El coqueteo solía tomarlo como un ritual de apareamiento. Y ella no pensaba aparear en su vida. Sencillamente, había escuchado algo de estrellas de la boca contraria. Y bueno, le daría el placer de disfrutar de las estrellas como ella. Bueno, desde que no volviera a cogerla como bestia. Ella no se responsabilizaría si de esta vez, sí, decidiera lanzar algo desde el alto siendo el otro. De todos modos, se sabía defender.
No tardaron casi nada en alcanzar la azotea yendo por el ascensor. Le ubicó en una banca por si las visitas venían en grupo y tuviesen que esperar su turno para mirar por un telescopio. Y le desinfectó con algodón, iodo tras colocarle el agua oxigenada, la pequeña herida estancó la misma con cierta presión con dos dedos. Bastaba colocar agua oxigenada o iodo, pero la muchacha prefería prevenir que curar. Así que le puso de los dos ya que tenía de ambos. Para rematar, le colocó una tirita con estampado de “Hello Kitty!”. No había tiritas estándar ya que era un botiquín infantil. Aunque había tiritas más “masculinas” por así decir, pero siendo de "Spiderman", Shiri, prefirió las dirigidas para las chicas, por así decir. No soporta a Spiderman. Le ve un superhéroe aburrido y mediocre que no tiene ni pies ni cabeza. Además, ella no entendía esas diferencias entre mujeres y hombres. Vale. Siendo persona de ciencias, hay diferencias, pero en su organismo. En lo de los colores, dibujos animados, etc., no le ve la lógica en ningún momento.

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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Blake Eberwein el Jue Jun 25, 2015 3:03 pm

¿Y ahora de qué demonios se reía? Primero me tira esa cosa y luego se ríe de mí ¡Menuda chica! Encima me llamaba exhibicionista. Desde luego era un tanto rarita, pero eso era algo que me importaba muy poco. Me había llevado a tias muy raras a la cama, eso no era algo que me asustara.

Seguimos nuestro camino y me llevó a "ver las estrellas". Aunque desde luego no era en un sentido romántico, eso estaba claro. Me curó la herida y... Espera... ¿Eso era una tirita de Hello Kitty?

-¡Ey! ¿Cómo se te ocurre ponerme eso?- Me quejé de inmediato. Ese tipo de tirita no iba nada conmigo. Vale, no es como si fuera un complemento o algo así, pero eso no quitaba que dañara mi imagen.

-Se supone que soy un tipo duro ¿Sabes? ¿No hay ahí nada más... masculino?- Me puse a rebuscar por el botiquín y lo único que había era tiritas de Spiderman, lo cual tampoco era mucho mejor.

-Ags, supongo que tampoco pasa nada- Me rendí, dando un sonoro suspiro. Al fin y al cabo dudaba encontrarme a aquellas horas con alguien. -Se supone que soy un futuro rockero e idolo de chicas... Y aquí estoy con una tirita de Hello Kitty.- Me levanté de la silla e hice ademán de volver a ponerme la camiseta, pero al verla cubierta de sangre simplemente me la puse sobre el hombro. Supongo que lo normal sería que ahora me fuera y ya, pero tenía varias razones para no hacer eso:
1 La talla de pecho de esa chica.
2 El trasero de la chica.
3 En verdad no sabía muy bien cómo volver.
Pero evidentemente las más importantes son las dos primeras.

-Bien, como compensación, te tocaré una can...- Y mi cara quedó totalmente blanca. ¡La guitarra! ¿Dónde había dejado yo la guitarra? Hice memoria y recordé que me la había dejado fuera. Inmediatamente agarré de nuevo la mano de la chica y bajé las escalares como alma que lleva al diablo. Llegué justo a tiempo para ver a un chico que agarraba la guitarra.

-¡Eh! ¡Tú! ¿Qué te crees que estás haciendo?- Grité al chaval, corriendo hacia él. Él me miró asustado y salió pitando. Obviamente yo solté la mano de la morena y salí corriendo tras de él. Por suerte mi condición física es notablemente buena, así que no tardé en alcanzarle. Además, él cargaba con una guitarra, lo cual es un peso extra. Eso sí, mi camiseta a la mierda. Con la carrera se había caido a un charco de barro, desde luego no era mi día de buena suerte.

En el momento en el que le alcancé le agarré del brazo y lo tiré hacia mí. ¿Cuántos años podría tener ese muchacho? ¿17? ¿18? A lo sumo le echaba 19. Le arranqué de la mano la funda de la guitarra de muy mal humor. ¡Mi guitarra no me la quita nadie! Encima si la perdía lo llevaba claro, no tenía dinero para una nueva. Hubiera tenido que pedirselo a Karen o algo así. En ese momento agarré al chico de la pechera amenazadoramente.

-¿Y ahora qué hago contigo? ¿Te creeías que podías robarme MI guitarra así como así?- ¡Já! ¡Era una maldita Gibson Les paul! Quise dar un puñetazo al chico, pero entonces recordé a la morena. Era obvio que así no la estaba dando una buena impresión. Iba a soltarle y decirle que se marchara antes de que cambiara de decisión, pero en ese momento se escuchó una voz a mi espalda. Al girarme vi a un chico castaño agarrando a la morena, amenazando con hacerla daño si no soltaba a su hermano. ¿Se creian que me iba a tragar ese farol? ¡Si el pobre diablo estaba temblando! Además se le veia un muchacho enquencle y sin mucha fuerza. ¿Qué demonios hacían unos muchachos como ellos tratando de robarme la guitarra? No parecían de ese tipo de personas, y yo me había codeado con personas así, así que sé de lo que hablo.

-Claro... Apuesto que esa chica te heriría antes a ti que tú a ella- Me mofé cruzándome de brazos.
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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Shiri Parker el Mar Jun 30, 2015 4:55 am

“Vamos a plantearnos que estamos todos locos, eso explicaría como somos y resolvería muchos misterios.”
— Mark Twain
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Tras terminar su fugaz faena de enfermera, cerró el botiquín, lo colocó del lado contrario al rubio y miró el cielo. Despacio cruzó las piernas, un muslo por encima del otro, y se echó para tras: lo suficiente para que el peso de su torso quedara sobre los brazos que a su vez quedaban respaldados por las manos en el banco. Este no tenía respaldo, pero tenía el suficiente espacio para que pudiera mantener esa postura sin la necesidad de encogerse.
El silencio no se hizo presente por mucho rato ya que el desconocido no tardó nada en abrir el pico y quejarse. Cualquiera se exasperaría y resoplaría por tales quejas. Shiri, no. Se rió una vez más. No era una risa que se sobresalía demasiado ya que sus labios estaban selladas en una sonrisa. – Para sujeto rudo, te quejas demasiado. – Observó mientras se paraba de la banca y se acercaba al telescopio completamente preparado para ser usado. No fue un comentario malévolo y tampoco enfadado. La castaña seguía tan relajada como antes de haberse sobresaltado por la caída de su lente. Así era ella. Rara vez tomaba algo de forma personal. Es más, ¿sabía lo que era ser afectada a ese nivel? No.
Estaba para colocar la lente donde le correspondía, con mucho más cuidado para no volver a dejarla caer, cuando, de un tironazo, fue obligada a correr mientras su mano estaba aprisionada de nuevo. (Al menos la lente quedo en su lugar respectivo.) ¿En serio? ¿Qué le ocurría al sujeto no identificado para que tomara la libertad de tocarla y arrastrarla? Bueno, es una metáfora. Arrastrada no fue, pero de libre voluntad tampoco.  No obstante, de forma espontánea corrió siguiendo el paso del que la jalaba como si fuese cuervo volando hacía algo brillante. Encima se le ocurrió descender por las escaleras en caracol. La carrerita fue un tanto extensa en lo que cabe dentro del posible.

Shiri no solo entrenaba su cerebro. Desde luego, el cuerpo también recibía atención deportiva a diario. Sin embargo, no por eso no va a tener consecuencias al bajar a esa velocidad como cinco tramos de escaleras. Obviamente, que alcanzando el exterior, y sintiendo la brisa fresca en su rostro, pudo darse un respiro. Su ritmo cardíaco se había acelerado ligeramente por la repentina carrera. De todos modos, no es que estuviera a punto de desfallecer. Ni en un cuarto de cerca estaba de un subidón de adrenalina. Aunque su micro chaqueta de cuero, empezó a molestarle al provocarle algo más de calor de lo deseado.
Aprovechó zafarse de esa prenda cuando su mano fue liberada. Su rostro se había coloreado, levemente. Y suspiró de alivio por tener de vuelta su mano más que libre. Para su suerte, sus manos estaban revestidas con la tela de los guantes dejando al descubierto mitad de los dedos, apenas. Ni loca se puso a correr como el rubio detrás del segundo. Dónde fue dejada, fue donde se quedó presenciado la mini carrera donde cogió el sujeto no identificado número dos. Bueno, ya que estaban, se quedaría evaluando el potencial del coronado con una tirita de “Hello Kitty”. No iba a negar que podría resultar interesante. O al menos, lo que le interesaba a ella. Era rubio, tenía apariencia excepcional, actitud de semental, una condición física buena con rápida capacidad de reacción (o eso fue lo que pudo comprobar por la carrera del descenso y por cómo fue por el otro). Simplemente, faltaba comprobar dos caracterizas más: su inteligencia y la capacidad de su semen. Y eso llevaría su tiempo. Por lo menos, la fase de las análisis y el tiempo de relacionarse con él, desde luego. ¡Qué ideas tiene esta moza! Muchas. Y en su mayoría son metas que piensa concluir en su futuro. Uno que tardará años, pero es suyo y lo que la llevará al éxito como animal alfa de su especie.

Se distrajo demasiado. Y para cuando se percató, ya era tarde. No estaba sola. Alguien se posicionó a sus espaldas. Y lo suficiente para aplastar su larga melena contra ella misma. Su semblante de satisfacción se deshizo torciendo su expresión con bastante desagrado. ¿Desde cuanto la parada del observatorio era tan frecuentada? ¿Y por unos críos? Dedujo que era un niñato que no superaría los catorce años. Todo por la voz que golpeaba el aliento contra su oreja ordenado que caminara. Era un tono nada sólido y bastante inestable que intentaba lograr su medio término entre el grave y el agudo. Cambios típicos de la pubertad y del desarrollo de las cuerdas vocales. ¡Por todos los agujeros negros! Estiró un poco su cuello, inclinando un poco la cabeza, e intentó alejar su rostro para no tener que sentir el aliento del tercero sujeto no identificado.(Sin dos no hay tres según dicen.) Era menor que ella, pero tendría su misma altura, por lo visto. Aunque dejó de mover su cráneo cuando una punta de metal presionó más sobre la lateral de su cuello. ¡Por la bendita luz solar que nos ilumina! Su blusa era de cuello alto así que el mugriento metal, que no debería ser nada más que una navaja de quinta, no tocaba su tez, directamente.
Caminó. Cerró los parpados con fuerza y dio un resoplido. Volvió abrir los parpados apartando el pensamiento de tener la mano libre y desconocida en su brazo desnudo. Sí, desnudo, porque su blusa era de manga corta y ya no estaba cubierta con la micro chaqueta. A esta recién dejaba caer al césped. Iba a necesitar de sus manos desocupadas. – Es verano. – Empezó enfocando la mirada en el chiquillo que el rubio atrapó y luego direccionó sus orbes hacía el rubio. - Querías ver las estrellas, ¿no? Te daré una clase muy dinámica. – Una vez que logró esfumar la sensación de repugnancia, al estar siendo contaminada por gérmenes desconocidos, su rostro volvió a su neutralidad bastante común en Shiri. Incluso, guiñó un ojo al rubio lo que provocó una mirada de incertidumbre por parte de los chiquillos que, por lo visto, eran hermanos.

Un codazo, del brazo libre femenino, fue encajado justo en el hígado del amenazador. Esto provocó que el golpeado se inclinara levemente. Bueno, lo hubiera hecho si, Shiri, no le hubiera encestado un golpe con la nuca en el rostro. En cuestión de dos segundos ya había hecho dos movimientos violentos. Y no se quedó por ahí ya que seguía hablando. – Andrómeda. Hace parte de la constelación veraniega. Nos surca el cielo siempre en esta temporada. Y al igual que yo, fue amenazada. Aunque por culpa de su prepotente madre: Casiopea, una reina casada con el rey Cefeo. La reina alardeó de su belleza. Una que superaría la de las Nereidas. Y estas se ofendieron. ¿Cómo no? Entonces, un monstruo fue enviado para acabar con el reino. Y solo había una solución: la de sacrificar al orgullo de los padres, su hija Andrómeda. Y estaba dispuesta a sacrificarse, pero… - Tomó aire mientras su mano ya yacía en la muñeca del chiquillo apretándole los tendones, de la parte interior de la misma, y así hacerlo perder el dominio de su extremidad. Tal como era su intención, la navaja cayó justo sobre su otra mano. Ya no estaba siendo agarrada por el otro brazo, porque los anteriores golpes habían hecho con que el crío soltara esa extremidad. Y con un sencillo giro de talones, quedó frente a frente con quién se atrevió a tocarla y amenazarla. – Perseo, un héroe que por allí pasaba, se enamoró de Andrómeda y a cambio de su mano la salvó de Ceto: el monstruo marino. – No podría decir que estaba cara a cara con el ente desconocido ya que este estaba algo encorvado por los daños sufridos. Y cuando le soltó la muñeca, con cierto brillo en los orbes (hablar del cielo y golpear a la vez, eran lo suyo), el niño se dejó caer de trasero quejándose. No era el único que se quejaba, su hermano también protestaba, pero no hizo nada o al menos que lo viera ya que estaba de espaldas para los otros dos que quedaban.
- Podría ser Andrómeda. Y si lo fuera, tendrías suerte, porque no tendría un Perseo que me salvara. Solo que no lo soy. Soy Perseo que corta la cabeza de Medusa. ¿También quieres que te explique cómo lo hizo y cual constelación es? Puedo ser mucho más dinámica de lo que fui hasta ahora. La elocuencia es mi segundo nombre. – La navaja se deslizaba por entre sus dedos. O más bien, el mango de la misma. Era una pequeña que se acoplaba bien a su fina mano de dedos largos. – Cortó la cabeza y yo tengo una navaja. – Hizo énfasis ante esta observación y sonrió tan enloquecida como el propio Joker podría sonreír. Le han hecho lo peor que podrían hacerle: tratarla como cualquiera que no sabe defenderse y, encima, le han tocado sin su permiso. – Tienes menos de un minuto para largarte si no quieres que le dé una lección a este de como Medusa perdió su cabeza. – De esta vez hablaba para el otro delincuente aunque no se volteó en ningún momento. No iba a cometer el error de perder de vista ese renacuajo. No volvería a tocarla. Jamás.

El mayor de los hermanos, le hizo caso ya que al tiro se colocó al lado del menor y lo ayudó a levantarse para largarse tan rápido como sus piernas podrían permitirles. Ni idea como se zafó del agarre del rubio o si fue este que lo acabó por soltar. No importaba tampoco. Como si hubiera tenido una corriente de electricidad por su brazo, soltó la navaja dejando esta caer en el césped. De hecho, quedó espetada en el mismo. Y empezó a sacudir sus brazos de una forma algo obsesiva. – A saber cuántos gérmenes me ha dejado. – Musitó rascándose hasta que sus brazos se quedaron con las marcas de sus limadas uñas. – Mira. – Señaló el cielo tras rascarse lo suficiente como si tuviera pulgas. – La historia de Perseo y Andrómeda.  – Su índice señalaba la constelación que formaban los personajes de ese mito griego: Perseo junto a Andrómeda, esta con corrientes en las muñecas, a seguir estaban los reyes.
Shiri ya se había girado de nuevo  para el rubio. Lo hizo tras quedar un rato mirando el cielo. Ahora observada la guitarra que hizo que el otro corriera como loco. - ¿Y sabes tocar eso? – Repentinamente, cambió el tema mostrando curiosidad por el instrumento. Siempre tenía curiosidad sobre todo el tipo de arte. No la entendía. Era muy buena con las ciencias. Más que eso, era excelente. No obstante, para las artes, era ya todo lo contrario. Los sentimientos era algo que iba más allá de su comprensión. Y esa era la base de cualquier arte, ¿no? Principalmente, de la música. - ¿También compones? Eso que hacen los músicos con ese lenguaje de músico expresando sus emociones. – Se refería a las notas y a las partituras. Aunque no esperó respuesta ya que se puso en marcha para volver al interior del edificio. No iba a soportar un cuarto desconocido. Con tres ya había tenido para la noche. Solo se detuvo para recoger su chaqueta y después para volver abrir la puerta con la tarjeta que había estado en su bolsito.

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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Blake Eberwein el Vie Jul 10, 2015 1:20 am

¡Vaya mujer! Eso sí me había sorprendido. No podía apartar ni un solo momento la vista de ella mientras hacía todos aquellos movimientos. Lista, guapa, fuerte... ¿Había algo que no tuviera esa chica? Desde luego lo tenía todo como para llamar mi atención de una manera mucho más intensa. He conocido mujeres  que saben defenderse, muchas, y he de decir que algunas de ellas eran muy violentas. Pero esto era nuevo. ¿Hablar sobre constelaciones y mitos mientras se defendía de aquella manera? ¡Esa chica acababa de ganar muchos puntos! Si antes quería llevármela una vez a la cama, ahora no me importaría en absoluto repetir. Y estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de hacerlo.Además, estaba seguro de que la morena incluso tenía buena conversación. Pero claro ¿Quién quiere conversar cuando puedes hacer cosas más interesantes?

Con la  sorpresa solté al hermano, sin embargo no parecían tener muchas ganas de seguir molestando, así que en poco tiempo la chica y yo volvíamos a estar solos. Y hay que decir que cada vez parecía más rarita... ¿En verdad se preocupaba por los gérmenes que ese tipo le había dejado? En fin... ¿Qué más daba? Aunque quizás eso me diera problemas para conseguir mi meta... ¡Pero no importaba! Soy Blake Eberwein, siempre consigo lo que quiero.

-Obvio que sé tocarla, si no no hubiera montado todo esto para conseguirla ¿no crees?-   Respondí a la pregunta de la fémina, mostrando de nuevo mi actitud de chulo. -Y sí, bueno, también compongo- añadí después, aunque en verdad poco hacia en ese campo, pero era más que nada. Tras ello subió de nuevo al observatorio y, evidentemente, la seguí, esta vez sin olvidar mi preciada guitarra.

-Puedes sentirte afortunada, acabo de decidir que ya que pareces interesada por esto, y dado que tú me hablaste sobre las estrellas, yo te tocaré una canción para compensar ¿Qué te parece?-   No esperé una contestación y saqué la guitarra de la funda. Sabía por experiencia que las chicas se mueren por los músicos y, aunque esta no parecía ser como todas las chicas, no perdería nada por probar ¿No?  Me senté en un banco y coloqué la guitarra. ¿Qué podría tocar?En un primer instante pensé en algo compuesto por mí, pero en realidad no me gustaba demasiado la idea, no sabría decir exactamente por qué.

-Muy bien, se me acaba de ocurrir una ¿Preparada?-   no esperé respuesta y comencé a tocar las cuerdas una a una para asegurarme de que estuvieran afinadas, después marqué el ritmo con el pie, conté hasta tres y comencé con la canción. Había elegido aquella porque,  simple y llanamente, me gustaba. Tenía buen ritmo, y bueno, la letra en aquel momento no me importaba demasiado.

Una vez terminé la canción me noté la boca seca, pero no me importó en absoluto. A ser sinceros, y aunque era algo que nunca había dicho a nadie por ser demasiado... ¿Sentimental? no sabría si esa es la palabra que lo define, pero el caso es que no podía evitar sentirme diferente cuando tocaba, e incluso esa sensación se prolongaba unos minutos después de la última nota. Dejé la guitarra apoyada en la pared,  justo a mi lado,  me levanté con una sonrisa chulesca y las manos en los bolsillos.

-¿Qué te ha parecido? No se me da nada mal ¿Eh?- Sí, estaba muy seguro de mí mismo. Aquello nunca fallaba, a todas las chicas las enloquecía que un tipo como yo les tocara una canción. ¿Cuántas tías había conquistado solo con un par de acordes y aquella actitud? Las muy idiotas siempre creían que serían las que me ablandaran el corazón y blablabla. ¡Pobres infelices! Habían visto demasiadas películas. Me apoyé en la pared sin borrar la sonrisa de mi rostro, maquinando mi próximo movimiento. Mientras tanto miraba de arriba a abajo a la chica, fijándome en cada curva de su maravilloso cuerpo.

-Bueno, creo que no me presenté. Soy Blake, y me encantaría ser el padre de tus futuros hijos. Con ese cuerpo que tienes ¿Quién no querría?-    Alcé las cejas y me acerqué un poco hacia ella. Quise poner mi mano en su hombro, pero recordé la reacción que había tenido con el otro tío y pensé que sería mejor esperar un poco. -¿Y tú querrías ser la madre de mis hijos?-  Me incliné levemente hacia ella para poner nuestros rostros a la misma altura, mostrando mi sonrisa perfecta. Quizás ella se riera, quizás me abofeteara, quién sabe. Pero estaba casi cien por cien seguro de que, hiciera lo que hiciera, había llamado su atención, y eso ya era un paso. Podía ser muy persistente y paciente para conseguir aquello de lo que me encaprichaba, y acababa de hacerlo de aquella chica.
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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Shiri Parker el Miér Ago 12, 2015 12:55 am

"Una de las claves de la felicidad es ser un olvidador serial."
— Pablo Krantz
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Cualquier moza se hubiera sentado y quedado como perdida en el desierto mirando al músico como si fuese la estrella polar para guiarse. La morocha lo único que dejó en la banca fue su chaqueta. Todo ese correteo anterior, con lucha por el medio (si es que se podía decir así ya que fue ella la única que golpeó), la dejó con el suficiente calor para que el fresco de la azotea le resultara demasiado placentero. Bueno, no es que necesitara estar mirando para el rubio como si no hubiera nada en el mundo. Es decir, el sonido entra por los oídos, no por los ojos así que mientras pudiera escuchar estaría bien, ¿no? Por lo tanto, su atención en relación a la visión se centró en su telescopio. Con toda la secuencia inesperada de sucesos pintorescos de esa noche, no pudo enfocar el telescopio siquiera. Y era eso que iba hacer mientras la guitarra y al voz del otro estaban sonando.
Estaba ligeramente inclinada sobre el telescopio y rodaba una de las manivelas del mismo. Esta correspondía al enfocamiento del lente y con la otra mano apartó parte de su melena. Le estaba molestando al resbalar por delante de su hombro. Lo hizo con un gesto ligero. Lo que no fue nada ligero fue el brinco que se dio sin moverse del punto en que se hallaba. Su conocimiento sobre música era escaso. Ni siquiera tenía algo como una banda favorita o canción que le gustara en lo más mínimo. Como mucho escuchaba las melodías de fondo de los documentales. Y ya era mucho. Bueno, al menos la canción seleccionada era en su idioma original así que la letra podría entenderla. Quizá esto sea relativo ya de todos modos no estaba encontrando lógica a la letra. ¿Por qué no podrían ser más objetivas? O algo así. Vamos. Que no se puede ahogarse en breas magnéticas. No hay ningún rigor científico en esas oraciones variopintas. Y que ese “hey” la haya hecho sobresaltarse, tampoco le agradó. Al menos sirvió para enterarse que el ritmo cambiaría para uno más movido. O algo así. Como se dijo anteriormente, no entendía pavo de música. Y sin entender del tema, muy difícilmente le complacería.

Un poco antes del acto ajeno terminar, ella ya tenía el enfoque ajustado como es debido y el telescopio apuntaba a la estrella polar. – Te da fatal. – Le respondió cuando indagó por su opinión volviendo al complaciente silencio de fondo. Al fin, esa canción finalizaba. Tenía que admitir que comenzaba a cogerle manía a la canción incoherente. Y sin corte alguno, le dijo su opinión mientras sus manos se posaban en su cintura y mantenía los brazos como jarras. – Esperemos que lo que compongas te resulte mejor, porque si esperas que la música sea tu “gana pan”; hay que ponerse las pilas, ¡eh! – Añadió riéndose y le guiñó un ojo. Que conste, estaba siendo 100% sincera. Era justo lo que pensaba. No estaba diciendo lo que decía por maldad o solo para hacerse superior a los encantos ajenos. Sencillamente, ella era así. – Shiri. – Retribuyó la presentación volviendo a estar de espaldas a su compañía ya que ahora miraba por el lente visualizando la estrella polar. – Norte. – Musitó pensativa, pero su pensamiento se detuvo cuando le fueron mencionado los hijos y su cuerpo. ¿Y qué tenía que ver una cosa con la otra? Bueno, el cuerpo era esencial para dar un buen útero para acoger a su feto, pero eso era algo que le incumbía a ella, no a él. – Cualquiera querría ser el padre de mis hijos, pero es que yo no quiero un padre para mis hijos. Solo necesito de fluidos masculinos nada más. – Replicó con toda la naturalidad como si tuviera comentando que comía tostadas con mermelada. Que por cierto, empezaba a tener hambre. – Y para que quiera que seas tú mi banco de esperma, debería hacerte pruebas primero, pero, a priori, estás en un buen nivel de semental. – Confirmó como se nada. Tan relajadamente como si tuviera relajándose en la plata. Para ella no era nada raro. Era un animal de las ciencias y las cosas son como son.

En fin, su estómago gruñó. Sonoramente. Cualquier muchacha se hubiera ruborizado por esa repentina presencia de sus entrañas. Ella no. Vamos. SI no se sonrojó con toda la plática anterior. No iba a enrojecerse por su propio organismo. – La cena no fue suficiente. - Volvió a enderezarse y agarró su melena con ambas manos, formó una coleta y luego la soltó sin más. Sus mechones se han esparcido, no solo por la espalda, también cayendo por su pecho.  – Tengo hambre. – Comunicó girándose de talones para ver al rubio y luego se acercó a su mochila para retirar su monedero. Tenía un monedero verde de goma y con forma de una cabeza de un alíen con antenitas. ¡Una monada! – Hay unas máquinas con comidas y bebidas en la planta inferior. Tráeme el bocadillo más completo que haya y el té verde con ginseng, por favor. – Le lanzó el monedero como si nada esperando que lo cogiera. Para ella no tenía mal lo que estaba haciendo. Y tampoco lo hacía con malicia. Sencillamente, le podría echarle un cable ya que había acabado con su cancioncita, ¿no? Ni siquiera se le ocurrió que le otro pudiera molestarse así que volvió a concentrarse en el telescopio y ver las constelaciones.

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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Blake Eberwein el Sáb Ago 22, 2015 11:19 pm

¿Qué? Estaba totalmente descolocado. Aquella chica… Era demasiado rarita. ¿Cómo que se me daba fatal? En verdad no me esperaba aquella reacción por parte de la chica. No es como que creyera que se iba a lanzar a mis brazos o algo por el estilo, pero por lo menos impresionarla un poco. Y, por si no fuera suficiente, la otra casi ni se inmutó ante mi proposición, simplemente habló de ello como si tal cosa. ¿Y cómo que solo fluidos? Por lo menos parecía que tenía cierta oportunidad… Ella había dicho que tenía posibilidades de ser un buen semental. Por el momento mis planes eran apañármelas para poder vernos más días. Estaba claro que era una chica difícil, muy difícil por lo que se veía, y a mí siempre me han gustado los retos. Por si fuera poco todo lo anterior, después Shiri me vino con que fuera a comprarle a la máquina ¿Me había visto con cara de sirviente o algo así? En cualquier otra situación hubiera contestado con alguna frase borde, pero en esta ocasión no me convenía hacer tal cosa, por lo menos no si quería tirármela. Después ya le diría lo que fuera necesario.
-Claro que iré, pero no te saldrán gratis mis servicios- guiñé un ojo y salí de la sala con el monedero en la mano. Ya que me utilizaba de recadero por lo menos sacar algo bueno de ello ¿No? Y tenía en mente qué era exactamente lo que quería de la chica.
Minutos despué estaba de vuelta con el pedido de la morena, el cual se lo entregué junto al monedero tan… Bueno, el monedero.
-Muy bien, ya que yo he cumplido, te toca a ti- Sentencié sentándome sobre uno de los bancos. -En verdad lo que quiero es muy sencillo, y te beneficia- tenía pensado aprovecharme de lo rarita que era la chica para conseguir estar más tiempo con ella y conseguir llevármela al huerto. Y bueno… antes había dicho algo de evaluarme como semental y ¿Por qué no? Dudo que esa evaluación sea algo malo. De hecho me suena muy, pero que muy bien. -Quiero “postularme” como posible donante de semen, para eso de que querías ser madre pero sin el hombre- Estaba bastante seguro de que la chica aceptaría, ¿Por qué no iba a hacerlo? Miradme, está claro que soy el donante que cualquier mujer querría. Soy listo, guapo, tengo dine… Bueno, no, ya no tengo dinero. Pero eso no se pasa en los genes. El caso es que sé de sobra que puedo ser el hombre que ella está buscando, y yo tengo planeado darle mi semen de una manera diferente a la que ella tenía en mente. -Aunque bueno, si no quieres lo comprenderé, por upuesto. Tienes toda la noche para decidirlo. Yo aún no tengo nada de sueño, ni ninguna prisa por llegar a casa. Así que me quedaré hasta que tú te vayas. Entonces me darás tu respuesta- Expliqué tumbándome tranquilamente en el banco, con los brazos tras mi cabeza.
-Y dime… ¿Aquí que haces? ¿Miras las estrellas y ya? Eso puedes hacerlo en cualquier parte. Siempre que la luz de la ciudad no molesté demasiado.- Si bien ella no parecía tener idea sobre música, yo era un completo negado para las ciencias. Es decir, conocía cosas básicas dado que tenía estudios, pero nunca me había interesado por ello más allá de lo que había dado en clase. Y, para ser sincero, prácticamente todo había quedado en el olvido tras los exámenes correspondientes. -Yo solía mirar las estrellas con mi madre cuando era pequeño, pero solo cuando íbamos de vacaciones a algún pueblo- Y cuando decía a algún pueblo, me refería a algún pueblo de algún país bastante lejano al que estábamos. A mi madre le gustaba la tranquilidad, así era ella, pura tranquilidad. Así que era frecuente que fuéramos a sitios alejados de grandes ciudades. -A ella la encantaban las estrellas, sabía mucho sobre ellas. Me enseñó varias constelaciones- Expliqué. Pero… Esperad. ¿Qué hago contando esto a esta chica? “Centrate, Blake” -Bueno, y dime ¿Qué edad tienes? Supongo que estarás haciendo alguna carrera de ciencias o algo así ¿No? Mejor era desviar el tema. Odiaba hablar sobre mi madre, aunque a ella la adorase.
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Re: Las Estrellas Están Predichas [Privado Blake Eberwein]

Mensaje por Shiri Parker el Lun Ago 31, 2015 4:18 pm

"Quizá era rara, o quizá los raros éramos los demás."
— Ciudades de papel
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Cualquiera hubiera quedado con el ego elevado al haber sido complacida en su petición. Encima por alguien como el rubio. No era el caso de Shiri. Esta se quedó esperando mientras observaba las constelaciones, mencionadas en el exterior, por el telescopio sin una sonrisa de prepotencia o algo por el estilo. No es que no tuviera una buena autoestima. La tenía por encima de la media. Asimismo, al ser una inepta, emocionalmente hablando, tenía una gran nulidad de emociones como la arrogancia, por ejemplo. Por ende, todo se lo tomaba de una forma natural. Lo que hacía, lo que la rodeaba y lo que recibía del mundo. En este caso, era que el otro hubiera ido por su “merendita de la medianoche”.  Y tan humildemente estaba feliz por tener su bocata y la botella de té, que le sonrió al otro para agradecerle. Podría haberle besado una mejilla, pero tenía graves obstáculos que impedían que se dejara tocar tan fácilmente por quien sea. Incluso, por su progenitor. De todos modos, no es que padre e hija se tocasen demasiado, la verdad. Y tampoco era algo que le afectara mucho.
Se había sentado sobre el muro que limitaba la azotea. Se había quedado de espaldas para el interior de la terraza y las piernas para el lado del horizonte. Nada recomendable sentarse en un mural en la última planta y a plena noche, pero no le traída nada de cuidado. Confiaba en su suerte y en su equilibrio para no terminar resbalándose. Además, estaba sentada, ni que estuviera haciendo malabares parada sobre el muro. Solo comía como si no hubiera mañana. La muchacha, sí, que sabía comer. Y no le importaba que la vieran poco femenina en ello. Bueno, era de esperarse cuando ha pedido un bocata que hasta huevo frito tenía. Y en minutos se la zampó terminado por chuparse los dientes y hasta eructar sin algún preámbulo. Como en su casa, ¡eh! Bueno, ese lugar era como su segunda casa, ¿no?

Si era esperado un salto de júbilo por la “postulación” contraria. La morocha solo asintió. No era el primero que se “postulaba”, no sería el último, pero era el primer que obtenía una consideración por parte de la friki. Había aceptado al menos examinarlo. Era rubio, alto y pudo comprobar que el torso masculino no tenía demasiada grada que pudiera hacerla dudar sobre la capacidad para engordar de Blake. Sin embargo, necesitaba exámenes más profundos con resultados más científicos. – Mañana: a las ocho de la mañana en el parque central de la ciudad. – Acaba de quedar con él sin revelarle que iba a examinarlo. O a empezar el pack de análisis y comprobaciones para concluir si servía o no.  No estaba diciendo que aceptaba que le donara el semen, eso dirán los exámenes, no ella.
Frunció el ceño después de dar unos buenos tragos en la infusión con ginseng.  Y lanzó el plástico, hecho una bolita, para que aterrizara en el rostro contrario. A pesar de la distancia, fue un tiro limpio sin obstáculos, y con la fuerza adecuada acompañada del giro de la muñeca, pudo aterrizar en el rostro del rubio que estaba acostado en la banca. ¿Cómo podría decir que eso de que miraba las estrellas y ya? ¿Y qué podría hacerlo en cualquier parte. ¡Obvio que no! Esa ubicación sin polución lumínica y a esa altura con ese silencio, era perfecto para observar las estrellas. Además, en ese lugar podría avistar con más facilidad las constelaciones estacionales. ¿Cómo no podría entender algo tan simple? Igual ella no entendía de música y nadie le reprochaba, pero era incapaz de comparar casos ya que lo que no entendía, lo ignoraba como si fuese al invisible al ojo desnudo.

No protestó ya que la gana de hacerlo, se esfumó como cenizas de papel con un fuerte soplo. Y solo quedó escuchándolo hasta que el otro cambió el tema de forma radical. Incluso, antes de mudar de asunto, hizo con que la fémina se hubiera girado para él del todo. Hacía un momento lo había hecho, peor solo para arrojarle la bolita de plástico. Ahora lo hizo para quedarse viendo el otro. Tenía una madre que le gustaba las estrellas y le enseñó constelaciones, eso era algo que le podría interesar sumando puntos para que siguiera siendo una posibilidad de ser su donador de semen. - ¿Qué constelaciones reconoces? – Preguntó con cierto entusiasmo latente en su voz. Desde luego, obvió la cuestión sobre sus estudios. No tenía mucho orgullo en decir que había suspendido un año. Y no porque lo haya suspendido, más bien, porqué lo suspendió. Cometió un error de novata y ella, ya para aquello entonces, no lo era. Era una vergüenza para alguien como ella. – Ven. – No era un orden, era una petición para que se acercara, pero siempre se le volaba añadir expresiones como “por favor”, “gracias” y afines. Dejó la botella de plástico, medio vacía, caer el suelo. Y sin titubeo alguno, se paró sobre el mural. Caminó sobre este, con los brazos extendidos hacía los lados, después hizo un giro en puntas de los pies para regresar por donde caminó. Se quedó quieta de nuevo de espaldas para su compañía; esperaba que se acercara y subiera a su lado. – Cuanto más alto estamos, más nos falta el aire, más nos concentramos en lo que es relevante ya que nos damos cuenta que no somos eternos y tan poderosos como nos creemos. Y si nos centramos en lo que realmente importa, podemos atisbar la realidad. Por muy fugaz que sea el tiempo de nuestra iluminación. Casi nunca nos percatamos, pero las estrellas se van en menos de un segundo. Justo las que vemos ahora, brillando como si estuviesen bizcas, se están incendiando y renaciendo como la Fénix…Eso no lo vemos de lejos…De lejos nada se puede ver, por eso hay que acercarse todo lo que se pueda pata hacer parte del espectáculo. No eres parte fundamental de una obra si no estás en el escenario, ¿verdad?

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