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Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

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Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Kim Tae Sung el Lun Mar 02, 2015 12:53 am

Era una mañana bastante fría. TaeSung había llegado a la ciudad hacía más de tres meses, aunque nada había salido como lo esperaba. Pese a no ser una persona que se relaciona con facilidad, pensaba que quizás podía conocer a alguien nuevo con quien pasar el tiempo aunque sea, pero la realidad no podía ser más diferente. Había empezado los entrenamientos con el equipo que lo fichó, y se las apañó bastante bien con el inglés, aunque se quedaba muy por atrás en las conversaciones grupales dado a que todos eran nativos franceses. La vida era aburrida, y la soledad le estaba cansando. Vale que nunca fuese de tener muchos amigos, pero extrañaba a los jugadores de su equipo anterior, y, sobre todo, a su mejor amigo Bryan. Había tenido una novia, si se le puede llamar así, con la que obviamente había perdido el contacto esperando empezar una nueva vida en tierras francesas.

Y una de las cosas que debía hacer como fichaje nuevo eran las pruebas de rendimiento y sanguíneas. La próxima temporada estaba a la vuelta de la esquina, y el primer partido en el que jugaría también, aunque empezaría en un amistoso TaeSung siempre puso acento sobre los partidos de cualquier tipo. Y ahí estaba, en la entrada de un hospital grande que no le intimidaba en lo más mínimo, puesto que él también era grande. Gigante a comparación con la gente que entraba y salía, mirándole con gesto extrañado y hasta sorprendido. No muchos lo conocían, aunque ya había hecho su presentación oficial en el club y había dado las entrevistas de vigor, probando su poco francés.

El sonido de las botas militares interrumpían el silencio del sitio caluroso, que hizo a TaeSung desabrocharse el gran abrigo oscuro de plumas, mientras se dedicaba a esperar el ascensor. Mucha gente salió, aunque en cambio solo dos personas entraron. Él pulsó el botón al cuarto piso, siguiendo las instrucciones del médico del equipo. No articuló palabra frente a la muchacha de cabellos rubizos, obviamente la principal razón era el francés del que carecía mayormente. Apoyó su espalda contra el gran cristal, quedando en la otra punta del sitio reducido.

Esperó con tranquilidad a que el ascensor llegase a su piso, cuando de pronto este se paró en vació, haciendo que su equilibrio se viera dañado, al igual que el de la persona que la acompañaba. Pero claro que si de algo podía presumir era de una forma física increíble, los tropezones eran una cosa que nunca le incapacitaban el movimiento, así que agarró el brazo de la muchacha en un intento de ayudarla, atrayéndola ligeramente hacía a él y parándola a pocos centímetros como si de una muñeca se tratara.

Solo fue posible un leve contacto de ojos con la rubia de mirada azulada. Notó el cuerpo delgado y la expresión delicada de la muchacha, aunque eso sería lo último que vería en mucho tiempo, pues todo se sumió en una oscuridad muy negra y silenciosa. Entró en pánico de cuestión de segundos. Sus manos apretaron los antebrazos de la adolescente sin darse cuenta de ello. Forzó la vista para conseguir ver algo, pero era imposible. Justo aquella imposibilidad era lo que más le jodía, y lo que le impedía soltar, por ahora, la persona que no conocía. No era un miedo corriente, era casi un fobia que le había estado amargando la vida desde pequeño.
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Shyō Aijima el Lun Mar 02, 2015 8:25 am

Aunque se encontraba ya en clases, su matriculación no había estado completa, aquella mañana se lo habían notificado, pues cierta documentación hacia falta, y es que entre tantas tareas, andando de un lado a otro para terminar de acoplarse a dicho lugar, se había olvidado de hacerse el estudio médico reglamentario que pedía el Colegio, y si quería seguir estudiando allí, tenía que hacerlo a la voz de ya, sobre todo porque quería evitarse una pelea telefónica con su madre, o en su muy mala suerte que esta le visitará y siendo realistas, Shyō aún no estaba preparada para encontrarse de nuevo con su madre.

Vaya que hacia frío, era le enésima vez que revisaba la aplicación climatológica de su móvil, para cerciorarse de los grados en los que estaban, y parecía que conforme pasaran los segundos, la temperatura descendía gradualmente, no es que a Shyō le desagradará, por el contrario amaba ese tipo de días, ya que el calor en real le agobiaba, en ocasiones llegó a desmayarse por tal sofoco, al menos podía apreciar y agradecer a Buda que Francia fuese un lugar con un clima usualmente frío los trescientos sesenta y cinco días del año, de lo contrario mejor se regresaría a la India, para sufrir calor, allí era lo más indicado.
Se ajusto la bufanda roja que llevaba alrededor de su cuello cubriéndole así hasta su boca, destacando el punto rojo que llevaba por nariz, por el hecho de sentir el frío de 'golpe' a su rostro una vez salió de la comodidad de su habitación y dirigirse al hospital; cualquier persona coherente y en sus cinco sentido, tomaría el bus o taxi para ir hasta allá, sin embargo, era tanta la fascinación por ese día gélido, que prefirió caminar, y no es que a la fémina rubia le hiciera falta un tornillo o parecido.

En su camino, se perdía en sus pensamientos, como unos meses atrás era felicidad para ella, al lado de su padre, en aquel lugar donde había aprendido muchas cosas, el convivir con los animales, del sumo respeto hacia la religión que profesaba, y sobre todo, el amor y el ambiente familiar tan cálido que seria irreemplazable con nada del mundo, y como en un parpadeo, podías perder todo, terminando en otro continente, sin familia, siendo simplemente tú contra el mundo, y aunque Francia de manera indirecta le remembrara a sus raíces, no sentía ese lugar como su hogar, sintiéndose ajena a todo y a todos; con pocos amigos en el colegio, encerrada usualmente en su habitación o metida en sus cosas, no hacia lo mejor de su estadía allí, ¿debería trabajar en ello para mejorarlo? La respuesta era más que obvia para ella.
Abrió sus ojos desmesuradamente al sentir un golpe en su frente, parpadeando varias veces seguida. "Oh...tonta" Murmuró para su cuando notó contra que había chocado, la puerta del hospital, llevó su diestra a su frente, tallando esta en forma circular, para con su mano libre empujar y entrar al mencionado lugar; sus fosas nasales se impregnaron del olor a medicina y gel anti bacterial, un aroma extraño pero a la vez agradable, si, Shyō tenía gustos peculiares en cuanto al apreciar ciertos aromas, y el de los hospitales no le eran del todo desagradables.

Aflojó el amarre de su bufanda, dejando al descubierto la parte de su rostro que había tapado, acercándose así hasta la recepción y le indicarán el piso para los análisis que tenía programado a hacerse ese día; tras recibir sus indicaciones, se dirigió hacia el ascensor, no le tenía mucha confianza a esos aparatos, pero con solo saber el piso que le tocaba y el subir escaleras, debería tragarse su temor y subirse a aquel lugar un tanto claustrofobico. Al menos habían subido solo ella y otro chico, al cual solo alcanzó a mirar de reojo, simulando su curiosidad, era alguien bastante alto, modelo o deportista, fue lo primero que pensó, recordando aquellos jóvenes que miraba en las revistas de moda que compraba cada semana, o sus compañeros del club deportivo en el colegio, al menos el ambiente era tranquilo, hasta donde lo creía. Ajustó un tanto sus guantes, porque aunque fuese en el hospital, mantenían una cierta temperatura que en combinación con la que hacia afuera, era un tanto más alta.
Trastabillo en su equilibrio, cayendo sobre un cuerpo mucho más corpulento que el de ella, quien sin tener que atar cabos de quien se trataba, le dirigió una mirada agradecida y al mismo tiempo avergonzada, estar entre los brazos de un desconocido y añadir que era alguien algo penosa, no hacían muy buena combinación; más solo pudo alcanzar a ver una expresión alarmante por parte de él para que todo se sumergiera en penumbras en cuestión de segundos; sintió como su corazón se detuvo y volvió a latir con fuerza. No, no, no, no podía estar ocurriendo eso, no podía, es que...no, simplemente no lo procesaba.
Bastó sentir un tanto más de fuerza en sus brazos para caer en cuenta que no estaba sola, que no era un sueño, y que al parecer así como ella, la otra persona padecía de una crisis, vaya paradoja, dos personas con fobia a la oscuridad total viéndose en ese problema.

Mordió con fuerza su labio inferior, sus piernas no le respondían, a decir verdad nada de su cuerpo respondía, por el simple hecho de estar en completo shock, forzando su vista con fin de tratar conseguir ver algo, hizo que su cuerpo temblara bajo el del joven que aún la tenía cerca de él, comenzaba a ver mil y un figuras en la oscuridad, temiendo que les hicieran daño, no distinguiendo si eran reales o solo producto de su imaginación.

T-Tenemos que dar aviso de esto...ㅡ Murmuró, tratando de sonar lo menos temerosa posible, cosa que logró sin éxito. ㅡEn el panel hay uno...si solo hubiese algo de luz.ㅡ Las lagrimas se acumulaban en sus ojos, y peleaba consigo misma para no ponerse a llorar en ese momento y sucumbir ante la debilidad que presentaba para ella estar a total oscuras. ㅡ¿E-Estás bien?ㅡ Era una pregunta tonta, si, pero temía además de su terror a la situación, que el chico se hubiese desmayado, aunque lo descartó por el fuerte agarre de este, sin embargo que no hubiese pronunciado palabra alguna, le hizo preocuparse.
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Kim Tae Sung el Lun Mar 02, 2015 11:41 am

Mierda, mierda, mierda. Aquella era la única palabra que venía a una cabeza abrumada por la oscuridad. Era como si todo su ser había caído a un precipicio, sumido en el negro terrorífico que parecía engullirlo cada vez más. Delante de la rubia ya no había un ser racional, sus ojos brillaban con fuerza aunque eso la muchacha al parecer no era capaz de ver. Era como si todo su brillo se había extinguido en un abrir y cerrar de ojos. Su tez pronto había demostrado un tono invisiblemente más claro que el anterior, y pequeñas gotas de sudor ya estaban recorriendo su frente ancha. Dentro de la oscuridad, la única cosa que se hacía notar era el soplo delicado de la otra persona con la cual guardaba cierto contacto físico, el suficiente para no desmayarse del miedo.

No era un sentimiento gracioso o que le hiciera sentirse bien. Y menos saber que estás suspendido a algunos metros en el aire, en una caja que en cualquier momento decidirá caer´. No consideró siquiera el hecho de que la otra persona quizás estaba incluso más asustada que él, al ser una chica. Había entrado en un pánico digno de un futuro estado en shock, y eso seguramente se notará después de salir de aquel lío, si es que eso iba a pasar alguna vez.

Y la persona de al lado habló, cosa que le asustó en un primer momento; pues estaba muy metido en sus pensamientos y no se lo esperaba, por lo que la atrajo un tanto a él nuevamente. Quería asegurarse que esos sonidos sin fondo provenían de la misma boca que había pasado con la vista anteriormente. Que estaban solos y que no eran una de sus imágenes raras que para colmo, ahora habían desarrollado la voz de una niña. En la oscuridad, todo sonaba y se veía macabro.

Su cuerpo se arqueó con rapidez, haciendo que la parte trasera tocase uno de los paredes del ascensor. Se asustó y se apartó en un paso, empujando con su propio cuerpo la chica para dejar de sentir tocamientos extraños de objetos que no venían a cuento. Y es que sí, ahora tocarle no era una buena alternativa. Aquella persona que dentro de la luz brillaba con fuerza, ahora no era más que un perrito abandonado dentro de la lluvia, que temblaba cada vez que algo le tocaba. Aquella voz seguía repitiéndose en su cabeza como un eco enfermo y distorsionado por sus propios miedos, sin contar que las palabras no se le hacían tan claras como en las clases de francés.

Optó por otra solución, antes de que aquellos sonidos desaparecieran. Temeroso, pasó la gran mano temblorosa por la cabeza ajena. El fino tacto del cabello, después la mejilla, para terminar con los dedos tocando a milímetros la boca que aún estaba en pleno acto, preguntándole finalmente si está bien, cosa que entendió e hizo un leve gesto con la cabeza, como si ella pudiese verlo. Se quedó en esa postura vergonzosa durante unos segundos. Inclinado, con la cara al mismo nivel, y los dedos sobre los labios de una desconocida hasta que su mente estuviese convencida que era ella la que hablaba.

Pero en la oscuridad, todo parecía otra cosa. ¿Y si era una asesina? ¿Y si en realidad había venido del pasado para atormentarle? Se movió de manera brusca, apartándose de ella en un solo paso, dándose de bruces contra la pared contigua. El ascensor se movía bajo su gran peso como si se tratase de un barco sobre el agua. Golpeó instintivamente una de las paredes, y enseguida se dio cuenta de que se trataba del espejo. Un sonido cristalino se escucho, seguido de varios menos estridentes mientras los cachos de cristal caían al suelo. Obviamente, todo eso hacía en su cabeza un eco aterrador, difícil de explicar o imaginar. Sintió como los trozos se clavaban en su puño, como la piel se abría. Escuchaba eso como si se tratase de la carne fresca sobre una barbacoa. El agua que salía mezclado con sangre.

El olor le sobrecogió al instante. Olor a hierro y a sangre fresca hacía que el sudor se volviese más prominente. La chaqueta se convertía en una pesada carga, y el dolor se intensificaba por segundos. Se dejó caer al suelo, haciendo que el ascensor se bajase un par de milímetros. Se tapó los oídos y escondió su rostro entre las largas piernas. No quería escuchar nada. No quería saber que alguien estaba ahí. No quería recordar las experiencias pasadas. Quería dormir y despertar en la luz de nuevo. Recuperar el brillo perdido. La consciencia perdida y también la cordura que lo había abandonado.
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Shyō Aijima el Mar Mar 03, 2015 7:58 am

A su vista, parecía ser el lugar aún más pequeño de lo que en un principio y realidad era, como si a cada segundo que pasara, las paredes fueran aprisionándolos para llegar en un momento de colisión y hacerlos quedar atrapados en un lugar con nada de espacio y oxígeno menor conforme los segundos avanzarán, pero claro todo aquello era algo que su mente le estaba jugando, ¿cómo debía manera esa situación? Tales ilusiones, sombras, hasta susurros que comenzaba a escuchar y vislumbrar, le estaban comiendo la poca cordura que unos segundos atrás quiso mostrar para con la otra persona, más estaba perdiendo la batalla, de una manera tan burda y sin esfuerzo alguno.

Tan solo la cercanía del joven es lo que la hacia sentirse 'tranquila' y no dejarse llevar del todo por su miedos y temores, que al menos no estaba sola y aunque el miedo fuese más fuerte que ellos, de una u otra manera, por extraña y rara que fuera, iban a salir de allí bien; sin embargo su cuerpo seguía sin responder, sin querer dar seña alguna, pues el estado de shock, de susto en el cual estaba profundamente sometida tenía dominado hasta el menor músculo de su cuerpo, es más, con la 'inspección' que había hecho él para con ella, porque así lo creyó, si no fuese porque estaba consciente de su compañía, hubiera hecho lo mismo, pero tal vez sus condiciones no eran similares y por ello es que quien lo hacia, era él, y a ello, no movió extremidad alguna, asustada y extraña a la situación, sospechaba que también algún movimiento podría asustarles, pues ella, al más mínimo ruido que hiciese él o movimiento, mil y un cosas pasaban por su mente, nada cuerdas, eso seguro.
Con su cuerpo trastabillar, alargó su delgado brazo en búsqueda de algo con que sostenerse, sintiendo como este temblaba, tanteando a ciegas por algo en lo cual aferrarse, ¿qué es lo que había ocurrido? Apretó los labios con fuerza, no quería preguntar, no quería si quiera imaginarlo, el solo movimiento de un lado a otro del ascensor le revolvió el estómago, volviéndola a sumir en sus pensamientos temerosos y traumáticos.

Llevó ambas manos a sus oídos, cubriendo estos tras el sonoro estruendo dentro de aquel lugar de cuatro paredes, ¿es que ya había entrado alguien para mutilarlos o llevárselos al infierno? ¿Aparecería la figura demoníaca que se atragantaría con ambos?
El olor a sangre llegó hasta sus fosas nasales, haciendo aún peor el estado anímico de la rubia fémina, y un movimiento más del ascensor que hizo caer, y no pasar desapercibido por ella, fue suficiente para, donde estaba, que bien podría ser al otro extremo del ascensor, el hacerse un ovillo, dejando de cubrir sus oídos, se abrazó a sí misma, hipando palabras sin sentido; aquellos orbes azules acuosos de hace unos momentos habían sucumbido a esa conmoción, siendo libres en dejar salir las lágrimas continuas, su cuerpo estremecido y temblando; todas las terapias durante más de siete años se habían ido por el drenaje, nada de eso había servido, pues Shyō no recordaba nada de lo que le habían enseñado para superar una situación donde se viese envuelta en su mayor fobia, los juegos mentales que su macabro cerebro le causaba eran mayores, haciéndola perder en el estado consciente y ser completamente vulnerable.

P-por favor...b-basta...n-no sigas...ㅡ Sollozaba, apenas y escuchándose a sí misma, abrazándose con fuerta, perdida en su mente, no sabía a que o a quién se dirigía, más ese sentimiento de que algo malo iba a suceder, que probablemente el ascensor caería y moriría, o que la misma oscuridad que tenía en penumbras el interior, poco a poco iría absorbiendo a cada uno sin retorno a la vida, la estaba absorbiendo, ¿cuanto más iba a durar así?
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Kim Tae Sung el Mar Mar 03, 2015 10:00 am

Quizás era una crisis como las anteriores, pero hacía mucho tiempo que habían aparecido por última vez. Hacía distinción de la rubia, TaeSung no había ido al médico para ello. Digamos que su propio médico fue él mismo durante muchos años de vivir solo. Todo parecía una extraña historia que ambos compartían, pero años luz distancia el uno del otro. La muchacha no parecía tener otras reacciones. Quizás podríamos decir que la única diferencia era la rabia acumulada del hombre, y su estatura. Ella estaba asustada, aunque en un principio, ni siquiera lo había notado. Él estaba ya en su propio mundo, tapándose los oídos mientras la poca cordura que le quedaba intentaba luchar con los demonios de su interior.

Silencio. Un silencio aterrador se apoderaba de aquel sitio, aunque por otro lado se sentía mucha paz. Por un momento, despertó de su létargo y soltó poco a poco el nudo que obstruía su oído. Era un momento de claridez total. Un momento en el cual todas las partes rotas de él mismo se habían juntado, aunque no había recuperado el brillo característico de TaeSung. ¿Cuantas cosas se pueden decir en un momento?  Algo efímero que pasa desapercibido ante la gente normal. Pero para él, ahora y siempre, un momento lo era todo. La vida misma se construía de pequeños momentos que, si no sabes como aprovecharlos, pierdes.

- No te asustes. - La voz grave resonó en todo el ascensor. Una voz masculina y pesada que intentaba brindar algo de luz a la oscuridad de ambos, aunque fuese por un sólo momento que se desvaneció ante los susurros temblorosos de la mujer...

- ¿Mamá?....¿Papá?... ¿Dónde estáis?...P-por favor...b-basta...n-no sigáis... Tengo miedo...] Su mente recordaba, una vez más, un momento como aquel que pasaba. Un momento que, cuando tenía seis años había durado una semana y media. La casa de los Estados Unidos aparecía de nuevo ante su mirada aterrada. Un espacio inmenso y oscuro. Cerrado. Solo. Se había despertado sólo en medio de la noche. Todo el mundo había desaparecido. Durante muchos momentos, su única compañía era él sólo. Pasaban horas y la oscuridad llegaba cada noche como una pesadilla. Su nariz parecía coger más fuerza. Inspiraba como si se tratara de la última cosa que fuese a hacer.

Su cuerpo se relajó de nuevo. El mecanismo de defensa que había desarrollado y ese modo de vida, volvía a él en aquella situación. Las enseñanzas donde él era el único profesor, le hizo relajar su cuerpo. Se movió de manera lenta, intentando no descompensar el ascensor. Catorce años más tarde, se volvía a poner en la misma posición perruna, a cuatro patas, e intentaba avanzar lentamente hacía la única persona, guiándose por su olor. El sonido del aire traspasando sus fosas nasales, hacía eco nuevamente en el pequeño espacio cerrado. El olor femenino se hacía más y más estable a medida que se iba acercando. Sintió el cosquilleo de  los suaves mechones de pelo dorado, y, sin pensarlo más, metió la nariz dentro del ovillo que la muchacha había formado, como si se tratase de un perro en búsqueda del calor humano.

Intentó desatar el agarre de la muchacha con su cabeza, rebuscando entre el cuerpo caliente un poco de cordura.
- No tengas miedo, estoy aquí. - susurró sin dejar que ese timbre fuerte saliera lejos de sus labios. - Sé que estás asustada, la luz pronto vendrá, aunque yo ya estoy viendo tu luz. - Estaba increíblemente cerca, aunque aquello que decía no era una mentira. Quizás ese era el mecanismo de defensa que había desarrollado, y por eso creía con firmeza que cada persona tiene una luz propia que brilla dentro de la oscuridad, incluso él. Sus ojos brillaban en un tono azulado oscuro, pero parecía que el brillo de esa niña era de lejos, mucho más intenso. Había hablado en inglés, no sabía si ella sabría el significado de sus palabras pero estaba que, como él, se dejase calmar por una luz invisible al ojo humano. Una luz que solo ellos dos desprendían en aquel instante. Una luz que podía alumbrar el universo entero, sólo si tenías ojos para ella.
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Shyō Aijima el Miér Mar 04, 2015 9:00 am

Se rememoraba unos años atrás, atrapada en los fantasmas que la amenazaban, que la perseguían cada vez que todo se volvía penumbras, era como si volviese a ser aquella niña con cinco años de edad, reviviendo el mayor trauma de su infancia, olvidada en aquella funeraria, ¿tanto era el desagrado que sentía su madre por ella? Pues si, la mencionada había sido quien olvidó a la pequeña rubia en un lugar tan tétrico como ese, sumida en sus negocios y en el plan que debía organizar, paso por alto que una menor había quedado en aquella tienda, ¿qué pequeño a sí es consciente de sus travesuras? Jamás imagino que jugar consigo misma a las escondidas le llevaría a terribles consecuencias, creía que su madre la buscaría, se preocuparía por ella, mas el tiempo paso y de grandes murmullos, fueron yendo disminuyendo a cada hora hasta que todo quedo en silencio; y aquel lugar se volvió el inicio de una fobia y trauma insuperable para la rubia, por muchas terapias que pudo pasar, tan solo encontrarse en una habitación sin ninguna ráfaga de luz hacia perderla totalmente.

Su diestra aprisionaba el lugar donde se encuentra el corazón, sintiendo como si una mano invisible dentro de ella lo estuviese oprimiendo, el respirar se le volvía aún más pesado que con anterioridad, el abrigo y bufanda eran pesados ya para ella, una carga que le estaba robando el oxigeno, si solo pudiese controlarse. ¡Por amor a Buda! ¡Era mayor! Debería tener ya más control consigo misma y no estar así como cual cría indefensa, rogando que un milagro ocurriese y le sacara de encima esa opresión que iba acabando con ella, o mas bien, sumergiéndola a un callejón sin salida.

“Todo va a estar bien...todo va a estar bien.”

Se repetía constantemente, luchando contra su yo interno que prefería dejarse llevar ante sus miedos y caer en la inconsciencia, tal vez su lado racional aún tenía cierta fuerza de voluntad para no abandonarse del todo y creer que podría salir de ello, aunque eran contadas las ocasiones que lo había hecho por si sola, tenía el conocimiento, vago, pero lo tenía, y esa parte consciente fugaz que seguía latente en ella, trabajaba arduamente por traer en recordatorio como superarlo.
Más en ese su espacio, sintió no ser la única, que algo o mas bien alguien intentaba romper con este, hacerle salir de esa supuesta comodidad, aunque ese lado racional, lo agradecía pues así le hacia volver más en si y recordarle que no estaba sola en aquel lugar y en esa situación, que debía ser mucho más valiente y superarse, porque no estaba nada perdido, podían salir de ese embrollo.

A la sensibilidad de los aromas, el perfume masculino de él se hizo más prominente, haciéndole entender que estaba cerca de ella; el roce de su aliento atravesando las hebras de sus cabellos rubios por sobre su mejilla diestra, ¿pero era en verdad el chico que alcanzó a ver antes de que las luces se fueran? ¿Y si trataba otro mal juego de su mente, producto de su imaginación?
Silenciosa y sin dar una respuesta, sin saber si poder confiar en ello, sus lagrimas continuaron con insistencia, siendo de ella solo los sollozos que se escuchaban y la manera en que hipaba, consiguiendo que el aire fuera menos para si, o lo que quería creer acerca del poco oxigeno, todo plena ilusión del shock que estaba pasando.
Como un balde de agua helada, fue que cayó las palabras de aquel joven, trayéndole una serie de sesiones con sus médicos psiquiátricos y en especifico aquella última sesión donde es que le darían de alta. “No olvides ver más allá, siempre hay una luz iluminando hasta el más oscuro lugar, esclarecete y serás capaz de mirar a través.” Que coincidía en las palabras perfectamente entendidas por él.

Paulatinamente fue rompiendo su ovillo, permitiéndole la cercanía pedida en mudo silencio al chico, así como para hacer creer del todo a su retorcida mente que era alguien real y no imaginario, alargo su brazo derecho, dejando que la falanges de su mano diera hasta con el rostro del chico, similar con el estudio que había hecho él con ella unos minutos atrás, haciendo que las llemas de sus dedos recorrieran la expansión de su pómulo y mejilla. ㅡEs tenue p-pero...puedo ver también tu luz.ㅡ Finalmente después de haberse mantenido en silencio, hablo en apenas un hilo de voz en el mismo idioma empleado por él, esperando que nada de eso se desvaneciera y quedara nuevamente sola, porque parte de ella seguía creyendo que era ilusorio. ㅡPor favor...no te alejes, ¿si?ㅡ Dejando que el tiempo pasara y fuera recuperando un tanto su cordura, de una manera inexplicable y extraña, se sentía tranquila con su cercanía, protegida tal vez. Y entonces cayó en cuenta del estruendo de antes, donde por esa causa se había perdido en sus temores. ㅡ¿Tu...te encuentras bien? H-Hace un momento se escuchó un quebrar y...ㅡ No pudo continuar por temor de haberlo imaginado todo, que la creyera loca; bajó su mano rápidamente, abrazándose así al tiempo que mordía su labio inferior con fuerza; a veces los demonios podían ser mas fuertes que uno cuando se estaba tan vulnerable.
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Kim Tae Sung el Dom Mar 08, 2015 10:37 pm

Se imaginaba la expresi'on de la muchacha en aquellos momentos. No hab'ia conseguido verla claramente cuando ambos estaban en el ascensor, y su memoria era p'esima si se trataba de unos momentos atr'as. Recordaba una muchacha de edad baja, aunque toda una seniorita, de cabello rubio y largo, con tenues ojos azules. No pod'ia recordar si ella fuese europea o no, aunque cierto es que no estaba del todo acostumbrado a los rostros del lugar. Esper'o que sus palabras la tranquilizasen. A 'el no le hab'ian enseniado en el psic'ologo lo que acababa de decir, simplemente se lo hab'ia inventado de alguna forma y esa idea lo hab'ia ayudado conseguir su mayor suenio. Como buen sagitario, nada de lo que se propusiese hab'ia quedado inconcluso, aunque sea pelear con sus pr'opias pesadillas.

Los demonios que ambos intentaban destruir no eran m'as que producto de la imaginaci'on de ambos. Ellos eran sus propios demonios en este caso, y, aunque Taesung lo sab'ia dentro de un rinc'on de su consciencia, segu'ia jugando al oscuro juego que su mente misma le estaba proponiendo. Hab'ia vuelto a una etapa animal que le sirvi'o de ayuda cuando tan solo era un cr'io, pero tampoco es que tuviese otra opci'on. A penas se pod'ia calmar a 'el, as'i que imagina tener que calmar a la rubia tambi'en. Ten'ia que jugar, una vez m'as, y quiz'as el juego hizo que su personalidad se transformase en el ninio inocente de seis anios, que estaba encerrado con una chica en el ascensor.

Todo pensamiento est'upido que pudiese haber tenido en una situaci'on normal se ve'ia esfumado por la inocencia de TaeTae, quien despu'es de tocar el rostro de la muchacha, ahora rebuscaba con la nariz saltarina un sitio donde acobijar su cabeza en el calor ajeno. Y no, no se esperaba que la desconocida lo fuese a abrazar, ni tampoco que se preocupase por 'el. Se tuvo que poner de rodillas y levantar la parte superior para enroscar sus largos brazos alrededor de la chica, atrap'andola en su totalidad en un agarre del que no le ser'ia f'acil desprenderse. Ahog'o una vez m'as su nar'iz dentro de la cabellera rubia, y se dej'o embriagar por el aroma femenino para dejar de sentir el olor a hierro que emanaba su sangre cent'imetros m'as all'a.

Y funccion'o. El abrazo de la rubia le consegu'ia mantener ligado a la realidad. Era una relaci'on donde con el s'olo t'acto, ella consegu'ia demostrarle que es real, y no s'olo un producto de su imaginaci'on. Eso le tranquilizaba y le daba paciencia a esperar que alguien les sacase de aquella caja. - Perd'on por haberte asustado. Todo fue muy repentino. - se intent'o disculpar y, a la vez, quiz'as enmascarar ese est'upido miedo, pero para ello era demasiado tarde. Lo hab'ia visto en su peor momento. Un hombre que hac'ia casi dos hombres, un basquetbolista profesional. Aquello no ten'ia que salir a la luz o muchos se mofar'ian de 'el. Por un lado,esperaba no volver a cruzarse con esa chica, y por otro.... Por otro aquel abrazo le daba le confianza de superar su mayor miedo. por lo que no pod'ia ignorarlo as'i como as'i.


- No creo que necesites muchas explicaciones. No te lo imaginaste, pas'o.
- dijo con tono maduro, aunque cerca de su oreja, por lo que apenas era un susurro.- Pero no te preocupes, esto es un hospital. Cuando salgamos de aqu'i todo estar'a bien. - intentaba animarla ahora que hab'ia vuelto en sus sentidos m'as o menos, aunque no se le daba muy bien aquello. Ten'ia los ojos cerrados, y se mantuvo en esa posici'on durante un rato. - Tu luz es muy dulce. - volv'ia a susurrar, m'as para 'el que para la otra persona. Pod'ia percibir el aroma dulce a perfume, y el tacto suave de su pelo, como si estuviese abrazando un oso de peluche. Hac'ia ya un tiempo que par'o de intentar ver algo m'as all'a de su propia nar'iz, porque sab'ia que eso pod'ia ser perjudicial para su estabilidad en esos momentos.

Se sent'o y cruz'o las piernas, como si se tratase de una posici'on turca o de meditaci'on, y, c'omo no, con aquel simple gesto ocup'o todo el ascensor, aunque le fue bastante f'acil manipular a la chica y sentarla en el hueco que hac'ia sus piernas, abraz'andola por la espalda para que aquel v'inculo de luces siga activo. Y de ah'i, tan s'olo quedaba un tiempo indeterminado que ten'ia que volverse lo m'as ameno posible. -
Soy Taesung. C'omo te llamas? - pregunt'o con la misma voz, intentando que su timbre no hiciese el horrendo eco al que estaban acostumbrados ya.

PD: perd'on por el retraso, ya empec'e el trabajo y pues eso. Y perd'on por la ortograf'ia, o mejor dicho mi teclado, que ya encontrar'e el modo de conseguir escribir en espaniol. xD
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Kim Tae Sung
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Re: Cuando la luz se apaga, los demonios salen [Priv.]

Mensaje por Tema Cerrado el Lun Abr 06, 2015 8:28 pm

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