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Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

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Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Byakuya Togami el Sáb Feb 14, 2015 11:34 am

Sólo tenía un cuestionamiento en mente: ¿qué hacía él ahí buscándola a ella? Tan sólo el pensamiento provocó inevitablemente que volviera a fruncir el ceño, y con molestia acomodó por décima vez sus gafas de marco fino a su lugar, como si la visión a través del cristal realmente fuera a cambiar algo la situación a vista de sus ojos azules. No era más que una molestia, una gran molestia de la esperaba no tener que volver a encargarse, pero que a su infortunio la vida no estaba dispuesta a colaborar con sus deseos. ¿Por qué una muchacha como Touko Fukawa iría a Francia, en primer lugar? ¿Por qué se molestaría en instalarse en literalmente la misma maldita ciudad que él? Todo el escenario le resultaba tan espeluznantemente obvio que incluso le daban ganas de soltar una carcajada, una carcajada ruidosa y completamente impropia de su persona. Pero no, eso no era algo que Byakuya Togami haría.

Todavía tenía una imagen bastante vívida de la chica en su cabeza, pese a los meses trascurridos. Después de todo, literal, difícilmente alguien podría olvidar el rostro de una asesina. O un intento de asesina, como lo sería ella. Sus ojos detrás de los anteojos de marco redondo, su expresión y rasgos faciales, el ligero temblor de su voz al hablar. O el largo de su cabello oscuro, todo estaba en su cabeza con profundo detalle, que el mero recuerdo le fastidiaba. Incluso, esa dualidad tan peculiar que verdaderamente la convertían en un problema. Porque Touko Fukawa no era solamente Touko Fukawa. Genocider Syo tenía un papel importante como la otra personalidad. Sinceramente, no sabía a cuál de las dos despreciar más. Su existencia era una prueba viviente de la caracterización de personaje trillada y absurda. No su problema.

Pero, sí era su problema, y la detestaba más por eso. Por supuesto, siendo el único involucrado en el aislado incidente en la academia Pico Esperanza, la familia Togami fue informada inmediatamente apenas el paradero de la muchacha cambió, y no tardaron en localizar ya en ese sitio, el Sweet Valley. Entonces, recaía sobre su persona el deber de asegurar que no sucedieran más "altercados" con ella involucrada. ¿Desde cuándo era un niñero? ¿A qué se había rebajado? Resistió el impulso de soltar un gruñido, pero dejar salir a flote su mal humor resultaría en nada productivo, no era algo que permitirse. Hizo un mapa mental de la ciudad, primero buscando en los lugares más obvios donde la chica podría encontrarse; quizá en busca de residencias. Pero al fallar el primer punto, consideró que muy probablemente debido a los pocos días que llevara allí, se encontraría vagando en algunos barrios. ¿Barrios peligrosos? A veces le dolía estar siempre en lo correcto, pero definitivamente no esperaría menos.

No se trataba de un simple paseo por placer, no creía que alguien en su sano juicio andaría vanagloriándose en un lugar tan burdo como esos callejones y calles en su mayoría vacías. Observaba a su alrededor con ojo crítico, no dejándose intimidar ni un mínimo momento por el ambiente aprehensivo. Solamente tenía una razón para estar allí, y esperaba que ésta se dignara a aparecerse lo más pronto posible; si acaso tenía de decencia. No pasarían más de veinte minutos, cuando finalmente por el rabillo del ojo detectó una figura. De espaldas, ligeramente menuda, y dos trenzas ridículamente largas que se distinguían a la distancia. No sintió sorpresa ni alivio de encontrarla, ni menos le preocupó al acercarse detectar un pequeño deje de confusión en los rasgos ajenos—. Fukawa —llamó de una vez, con voz grave y autoritaria. Ni siquiera pensaba repetirse. Se encontraban a una distancia idónea para dirigirse el uno al otro. Su mirada glacial debió dejarle en claro a la muchacha de anteojos que no quería que se acercara ni un paso más, apenas se volteó al reconocerlo. No le interesaban encuentros emotivos, por lo menos, él no—. Exijo saber en este momento qué haces en esta ciudad, ahora —ordenó, siendo bastante contundente, y se cruzó de brazos en espera de una respuesta más o menos lógica. Suponiendo que no fuera demasiado pedir.


Última edición por Byakuya Togami el Dom Ago 23, 2015 2:35 am, editado 1 vez
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Re: Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Touko Fukawa el Miér Abr 01, 2015 4:01 am

Apenas habían transcurrido unos días desde que se había logrado instalar en un pequeño departamento de la ciudad. Era una zona poco concurrida y bastante tranquila, por lo que podría concentrarse en sus proyectos sin problemas; sin embargo, últimamente no encontraba lo suficientemente bueno nada de lo que escribía, era como si tuviera alguna especie de bloqueo. Nunca antes le había pasado, pero habían sucedido tantas cosas en los últimos meses que su mente se encontraba ya demasiado saturada. A estas alturas, ya no podía evitar retener sentimientos de ira hacia prácticamente todo y todos en general, mientras que a su vez parecía experimentar un profundo vacío emocional. Y cómo no, si desde aquel fatídico diagnóstico su vida había caído directamente en picada, como si no hubiera estado ya lo suficientemente hundida desde antes. Ya ni siquiera podría estudiar como una adolescente normal en el instituto, pues ninguno aceptaría a una persona como ella. Tan despreciable, extraña, y para colmo, loca. Aunque debía admitir que eso no le molestaba demasiado. El colegio había sido ciertamente el sitio donde más malas experiencias había sufrido, y lo menos que quería ahora era revivir alguna de ellas.

Esbozó una evidente mueca de disgusto cuando se encontró de frente con uno de los clásicos grupos de amigos que se forman para ir a casa después de la escuela. Parecían tan animados, divirtiéndose, haciendo bromas entre sí, mientras ella simplemente se atormentaba la propia existencia con sus amargos pensamientos. Por si fuera poco, las calles estaban rebosantes de parejas de enamorados, de esas que se empeñaban en demostrar su amor en público, con lo que daban la impresión de estar todavía más llenas de lo habitual. Fue en ese momento que notó, sin embargo, una considerable cantidad de globos en forma de corazón en las tiendas, muchachos con ramos de flores en mano, o cajas de chocolates (o bombones), y frunció el ceño, tan sólo ligeramente desconcertada. «¿Pero por qué…?» Tardó unos segundos en situar su mente en el presente, y entonces se dio cuenta. ¡Pues claro, era San Valentín! Ese día en que las parejas y amigos se demostraban lo mucho que se querían, o incluso cuando las personas misteriosamente hallaban el valor para declararse a aquella que les había robado el corazón. Situaciones en las que Fukawa no podía experimentar una soledad mayor, por supuesto.

Sintiéndose desencajar totalmente con el ambiente en las calles, optó por tomar otro rumbo. Aún desconocía la ciudad casi en su totalidad, y suponía que no le vendría mal recorrer lugares diferentes. Avanzó por el camino pateando una piedra, pero prestaba tan poca atención a sus alrededores que al levantar la vista por una vez se vio de pronto en medio de callejones completamente desconocidos. Ya ni siquiera sabía muy bien por dónde había llegado—. Uh... ¿por qué siempre me pasan estas cosas a mí...? —se preguntó en voz alta, con tono afligido. Continuó caminando un rato más entre esas calles, y cada vez le parecía que se iba perdiendo más y más. Pronto se encontró en una bifurcación, y no supo muy bien qué camino seguir. Estaba a punto de elegir uno al azar, cuando una voz a sus espaldas la sobresaltó—. ¡¿E-Eh?! ¡¿Y-Yo...?! —alcanzó a pronunciar, y se giró con cierta lentitud, como si temiera haberse equivocado al reconocer el timbre severo de la voz que creía tan conocida. ¡¿Acaso era…?!—. ¡Byakuya-sama! —no pudo evitar imprimir un tono de emoción y alegría en su voz. ¡Su caballero blanco, su príncipe, estaba allí! Era imposible que se hubiese olvidado de él. La imagen de su atractivo semblante, con esa postura recta, los anteojos de marco blanco que ocultaban unos intensos ojos azules y ese hermoso cabello dorado eran completamente imborrables.

Tuvo que reprimir el impulso de echarse a sus brazos al notar la expresión en su rostro. Supuso que tendría una buena razón para acercarse a ella tan de repente, y tras sus siguientes palabras notó que no se equivocaba—. Ah... b-bueno, e-eso es... y-yo no... —y, de pronto, se vio sin saber qué contestar. ¿Qué podía decirle, de todas formas? ¿Que no tenía idea de cómo había llegado? Una explicación tan ambigua como esa no era la adecuada para responder a su pregunta. Pero, a final de cuentas, era la única verdad, y tampoco se le ocurría otra excusa—. Eh... ¡no lo recuerdo! —soltó por fin, llevándose ambas manos a la cabeza como un tic nervioso que poseía—. ¡S-Si quieres una explicación mejor, s-será mejor que le preguntes a ella! Y-Yo... realmente no lo sé... no vine a esta ciudad por mi cuenta —concluyó, mordiéndose ligeramente la uña del dedo pulgar de su mano derecha. Sabía que entendería perfectamente a quién se refería con "ella", por lo que creyó que no serían necesarias las explicaciones al respecto. Después de todo, él era la única persona de la Academia que se había enterado de su diagnóstico meses atrás...

¿Qu-Qué haces aquí...? —se atrevió a preguntar, al darse cuenta de que había sido una coincidencia bastante curiosa el que se encontraran en la misma ciudad, pero en otro país. ¿Quizá era el hilo rojo del destino...? Nada de eso. Esa 'coincidencia' tenía nombre. Y era una asesina—. ¡A-Ah, lo siento! No debí preguntar... d-después de todo, no es asunto mío... —se disculpó apresuradamente. No debía invadir la privacidad de su amado con su curiosidad caprichosa—. Pero... es una sorpresa haberte encontrado. Realmente no me lo esperaba... —añadió, y sin poder evitarlo un leve aunque detectable color carmesí se extendió por sus mejillas. Hasta que, entonces, se dio cuenta de un pequeño detalle: ¿por qué razón él se encontraría en rumbos como esos?—. ¿T-Tú... estabas buscándome?
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Re: Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Byakuya Togami el Dom Ago 23, 2015 9:43 pm

Tenía perfecto conocimiento que ese día, catorce de febrero, correspondía a la fecha en que el común de los mortales, tan inútiles y aburridos como todos eran, celebraban San Valentín. A la vez, como era esperablemente típico, tal fecha consumista y sin sentido no le podría importar menos. Ni siquiera un poco para mantenerla al margen de su mente, mientras se enfocaba en hacer tareas más importantes en pos de la compañía de su familia. Tenía un estatus que mantener, incluso en aquella ciudad francesa de nombre absurdamente gracioso. Sin embargo, en definitiva era parcialmente difícil distanciar la noción de la celebración cuando absolutamente todo las personas a su paso por la ciudad se veían sumergidas en la nube de color rosa de tal estupidez. La mayoría en parejas, y otros pobres desdichados lamentándose en solitario. Él no se fijó en ellos más que superficialmente, frunciendo el ceño con irritación como con cada cosa que lograba fastidiarle lo suficiente, incluso soltando un bufido molesto.

¿Por qué siquiera se estaba molestando en buscarla a ella? Era una obligación, nada más. Pese a que personalmente desearía despedir al imbécil que pensó en tal trabajo era una buena idea. Y aunque no tenía un motivo racional, el hecho que fuera justamente en San Valentín lograba molestando incluso más, lo que era bastante que decir considerando su habitual mal humor. Sin embargo, no iba perder los estribos fácilmente, porque no era algo que Byakuya Togami haría. Debía mantener la cabeza fría y encontrarla, asegurarse que la asesina no causará más problemas por la ciudad (en otras palabras, mantenerla amarrada como a un perro rabioso, la comparación no le pudo parecer más hilarante). Una solución parche que considerar mediocre, y no había algo que detestara más que la mediocridad a su alrededor, pero de momento, no tenían otra alternativa. No debía de ser un genio para adivinar el paradero de la muchacha de coletas largas, con lo afortunadamente poco que conocía de su psiquis, era fácil deducir que la naturaleza torpe la llevaría a vagar por rumbos desconocidos. Por supuesto que al distinguir la silueta delgada de la chica a distancia, ni siquiera le sorprendió un poco estar en lo correcto.

No evitó rodar los ojos con gesto de fastidio por el tiempo en segundos que Fukawa demoró en voltearse y reconocer su persona, como si llamarla directamente por su nombre no fuera suficiente. Quizá podría darle algo de crédito, porque el hecho que él la fuera a buscar a ella incluso a sí mismo no dejaba de parecerle improbable y ridículo, y sin embargo, estaba pasando. Pese a que tenía en absoluto ninguna intención de convertir el "reencuentro" en algo emotivo, no estaba allí para eso. Se lo advirtió con una mirada severa, y de cierta manera le complacía que el gesto se entendiera a la perfección, pues la figura desgarbada de la otra no se acercó a invadir su espacio personal como habría hecho en otras ocasiones. Su aspecto estaba tal como la recordaba, quizá un tanto más delgada de lo saludable, pero esas minucias no le interesaban en lo más mínimo. Fue directo en su petición, exigiéndole un motivo conciso para su estadía en la ciudad. Mentiría al decir que la ambigüedad de la respuesta le molestó, pues de cierta manera ya se imaginaba que Genocider era indudablemente más impulsiva.

¿Estás consciente que la Academia Pico Esperanza te está buscando luego de tu "desaparición"? —soltó la pregunta al aire, cruzándose de brazos, todavía sin dejar de dirigirle la gélida mirada de severidad que acostumbraba. Los múltiples gestos nerviosos de la muchacha eran tan irritantes y al vez tan ridículamente familiares que casi le hacían sonreír, sonreír con sorna y burla implícita, pero mantuvo su expresión taciturna—. Asumo que no, sólo te has dedicado a vagar inútilmente mientras ella no está en control, ¿verdad? —no había rastro más que de reproche en su tono, además del fastidio leve que le producía la ignorancia ajena por la gravedad de la situación. En el fondo, sabía que Fukawa no era más que una muchacha asustadiza, pero él no tenía por qué hacer el trabajo de niñero a una presencia tan irritante que solía colgarse alrededor suyo casi como una acosadora. Sus labios se curvaron en una sonrisa ladina al escuchar a su interlocutora atreverse a preguntar el motivo de su estancia en la ciudad, para rápidamente corregirse—. Claro que no es asunto tuyo, no eres más que un gasto inútil de oxígeno —cerró los ojos, pronunciando las palabras con total tranquilidad, y malicia apenas detectable. Arregló con un gesto de su mano derecho la postura de sus anteojos de marco blanco, y prosiguió. Empezaría a contar mentalmente cuánto tiempo estaba perdiendo en una reunión absurda como aquella.

Estaba buscándote, porque mi familia pensó que no habría alguien más apropiado para el trabajobola de inútiles, parecía faltarle escupir. Pero era Byakuya Togami, y el heredero no podía permitirse perder los estribos por cualquier decisión estúpida de sus allegados, ni siquiera por la de aquellos con quienes compartía lazos de sangre—. Por tanto, te ordeno que no te hagas ideas extrañas al respecto —se apresuro a agregar, sin atisbo de titubeos, no costándole adivinar cualquier escenario fantasioso que la otra pudiera maquinar en su cabeza con una respuesta afirmativa a su pregunta. Lo último que necesitaba era que su presencia se volviera más irritante de lo que ya era, después de todo. Soltó un suspiro, como preparándose mentalmente para un severo dolor de cabeza (que era una posibilidad alta), y avanzó un par de pasos hacia el enfrente, sin delicadeza alguna tomando por la muñeca a la muchacha de tristes ojos grises—. Y a no ser que hayas desarrollado un apego injustificado por esta burda y sucia parte de la ciudad, nos vamos. Ahora —declaró, sin molestarse siquiera en esperar una réplica o cruzar miradas con la chica de cuerpo delgado. ¿Qué pretendía si no, quedarse allí platicando para siempre?
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Re: Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Touko Fukawa el Dom Sep 06, 2015 3:21 pm

No era de extrañarse que hubiera terminado vagando sin rumbo fijo por callejones desconocidos, buscando alejarse del desagradable bullicio y el desmedido cúmulo de amigos y enamorados que se habían adueñado de las calles de la ciudad ese día. Lejos de quizá inspirarla para escribir su novela, parecía que la visión de todas aquellas románticas muestras de afecto que se veían entre las parejas y la atmósfera excesivamente cariñosa que se respiraba no hacían más que desanimarla en varios sentidos. Inevitablemente, consideró dentro de su mente que en estos momentos a la ciudad realmente le quedaba el nombre que le habían dado: un dulce valle donde todas las personas eran felices y compartían momentos especiales con los que más querían. Todas las personas que allí residían, menos ella, por supuesto. ¿Cómo podía ser feliz encontrándose en la situación en la que estaba? No tenía idea del paradero de su caballero blanco, y ni siquiera lograba recordar cómo se supone que era esa sensación de júbilo, o si siquiera la había experimentado por lo menos una vez a lo largo de su vida. Francamente, lo dudaba. Y pensar que se encontraba en el “país del amor”…

Quizá estaba siendo nuevamente demasiado trágica en sus pensamientos, pero eso era algo que ignoraba de la misma manera que lo hacía con el camino por el que transitaba. Fue por culpa de los mismos que terminó por perderse entre aquellos pasadizos que parecían infinitos, tan confusos que en su mente podían fácilmente asemejarse a una especie de laberinto del cual ya no encontraba la salida. Algo semejante a lo que era su vida misma. Tuvo que soltar un pequeño bufido por lo bajo, avanzando con cautela entre las callejuelas vacías en las que sólo se escuchaba el sonido de sus pisadas. Su postura era tan indefensa en ese instante que no podía evitar sentir que en cualquier momento alguien la tomaría por sorpresa, tal vez algún ladrón o un vagabundo que tratarían de asaltarla amenazándola con algún objeto punzo-cortante. Maquinaba esos escenarios en su mente a causa de los nervios, sin siquiera imaginarse que la persona con la que se encontraría en esos momentos distaba bastante de poder ser encasillada en alguno de los tipos antes mencionados, pues era más bien todo lo contrario. Y cómo no. Reconocería ese porte distinguido y esa característica mirada severa en cualquier lugar.

Se perdió durante unos segundos en ese profundo par de orbes azules hasta que tuvo que reaccionar y volver de nuevo a la realidad, para darle a su príncipe un intento de explicación sobre lo que hacía allí, a pesar de que ni siquiera ella misma sabía bien cuál era el motivo—. ¿La Academia Pico Esperanza…? —la pregunta la tomó por sorpresa, y su confusión a causa de la misma se hizo evidente en el gesto que posteriormente se formó en su rostro. No fue ni siquiera necesario aclarar que no tenía idea de lo que el otro le hablaba; desde el momento en que había despertado encontrándose en una ciudad francesa desconocida, había estado demasiado dispersa como para pensar en las repercusiones que podría haber tenido su imprevisto y un tanto drástico cambio de ubicación—. B-Bueno… supuse que era lo mejor que podía hacer en esta situación. Ya que llegué a esta ciudad sin saber nada de ella, a-al menos quería conocerla un poco, para quizá “habituarme”. No es algo tan malo, ¿no…? —intentó excusarse y titubeó, como de costumbre, temiendo que su manera de actuar frente a esa situación hasta este momento hubiera sido demasiado irresponsable. Si bien realmente quería saber cuáles eran las razones detrás de su repentina mudanza a la ciudad francesa, tuvo que fruncir los labios y aceptar el comentario desdeñoso de su caballero blanco, ya que, después de todo, él lo único que decía era la verdad—. Lo… lo sé. Lo siento —torpemente se disculpó de nuevo, con notoria vergüenza. Era culpa suya por hacer una pregunta tan impertinente.

Sin despegar un solo segundo la mirada del contrario, pudo contemplar con algo de fascinación cuando ejecutó aquel gesto que ella conocía tan bien, y que sin embargo sentía que habían pasado siglos desde la última vez que lo había visto realizarlo. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde la última vez que se vieron? Apenas unos meses, meses que se le habían hecho una eternidad sin su príncipe cerca—. Entiendo… —aunque la respuesta fue bastante lógica, no pudo evitar sentirse algo decepcionada. ¿Pero qué era lo que esperaba?—. ¡N-No lo hago! Sólo m-me pareció algo un poco inusual reencontrarme contigo justo en calles como éstas —afirmó nerviosamente, deseando que el joven no se molestara con ella por algo como eso. Era lo que menos quería y lo que menos necesitaba en estos momentos, ahora que se había vuelto a encontrar con él. Realmente no pudo predecir el posterior agarre contrario, mas sin embargo no tardó en seguirlo dócilmente, como era costumbre, únicamente alcanzando a pronunciar un simple “¡s-sí!” antes de prácticamente dejarse arrastrar por el chico. Con un poco más de confianza, trató de posicionarse a su lado lo más rápido posible para alcanzar el mismo ritmo de pasos que él, aunque sin dejar de mirar el suelo, como si éste fuera la cosa más interesante del mundo; estaba segura de que su caballero blanco sabría por dónde ir. Mientras avanzaban, comenzó a cavilar un poco acerca de la situación en la que se encontraba, y un montón de dudas e interrogantes comenzaron a surgir—. Uhm… ¿Byakuya-sama? —quiso llamar su atención, levantando la vista hacia él, esperando que él le devolviera la mirada.

Yo… ¿tendré que regresar a Japón luego de esto? —inquirió algo dudosa, y de inmediato procedió a explicarse—. Q-Quiero decir… seguro sería más fácil mantener bajo control a Genocider si los involucrados en el caso me tienen vigilada y pueden actuar en caso de que ocurra algo… —añadió apartando la mirada, todavía sin estar completamente segura de lo que decía. Así había sido hasta hace apenas unos días, pero, ¿qué era realmente lo que iba a pasar ahora? ¿Tendría que volver a Japón, aquel lugar donde los fantasmas del pasado la acecharían sin piedad? ¿O podría quedarse en esta ciudad nueva tratando de adaptarse y comenzar una nueva vida? Verdaderamente, deseaba que se tratara de la segunda opción. Quería dejar aquellos escenarios en los que había sido el objeto de burla en el pasado, aquel sitio en el que Genocider había aparecido en su vida, causando problemas y daños irreversibles a muchas personas, e incluso a ella misma—. Porque… realmente no quiero volver, p-preferiría quedarme aquí… y comenzar una nueva vida, en limpio, tratando de que no hayan más víctimas de Genocider... —eso era lo que quería, sí, pero iba a ser muy difícil de conseguir siendo que ésta sólo se empeñaba en causar desastres y arruinarlo todo siempre—. ¡Byakuya-sama, si puedo quedarme aquí, intentaré no causarte problemas! ¡Lo prometo! —le dirigió al muchacho una mirada casi suplicante, resistiendo el impulso de estrechar su brazo en busca de la seguridad que en estos momentos le hacía falta, a pesar de que sabía que, incluso a pesar de que ella dijera eso, no podía asegurar que todo saldría bien si su contraparte no se mantenía al margen.
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Re: Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Byakuya Togami el Mar Sep 29, 2015 7:41 am

A  veces se preguntaba, francamente, si era sólo él o todo alrededor suyo se empañaba en serle especialmente irritante. Nunca se inclinaba por la primera opción, ya que obviamente la incompetencia de los demás no le concernía sino como una molestia. Por eso la fecha, las decoraciones y en general, aquello referente a la festividad comercial no era más que otro factor que ignorar, sin importancia ni trascendencia más que provocarle quizá un dolor de cabeza leve de irritación. Pensando en ello, rayaba en lo absurdo cómo algunas personas se empeñaban en celebrarlo, no le veía una pizca de sentido a regalar chocolates o cualquier alimento dulce y empalagoso. No era de extrañar por qué la gente en general era tan estúpida y manejable, y ni siquiera merecía un análisis suyo aquello burdamente llamado "San Valentín". Fue más fácil de ignorar según salió de la zona comercial de la ciudad, todavía buscando a la muchacha.

Ah, ¿por qué debía hacer de niñero? Porque todos eran demasiado inútiles para buscar otra solución al asunto, era así de sencillo. Quizá si habrían dado con la aludida antes, él no debiese de recorrer un cuarto de la ciudad para encontrar a una sola persona. Era un gasto valioso de tiempo, y detestaba esas situaciones evitables con algo de organización. No estaba de preciso buen humor, y no podía evitar relacionar a la entidad femenina en cuestionar con la celebración del amor, ya que era una escritora de novelas románticas aparentemente muy talentosa. No podía negar su habilidad, fue el motivo por el cual coincidieron en la Academia un tiempo antes. Pero como persona resultaba tan irritable como el resto común de los mortales, quizá especialmente porque se empeñaba en seguir su presencia o llamarlo "su caballero blanco", haciendo un juego de palabras con su nombre. El recuerdo le hizo fruncir el ceño, solía detestar los apegos emocionales innecesarios, y esa muchacha definitivamente tenía un problema si creía tener algo similar a eso con él. Conservar la esperanza de que algo de ello hubiese cambiado en los meses sin tener contacto el uno con el otro era ciertamente ingenuo, y Byakuya Togami distaba de ser una persona que considerarse así. Ni minímamente.

Por supuesto, al dar finalmente con Fukawa, el encuentro estaba lejos de ser cualquier imaginación romántica que pude ser en la cabeza de la joven novelista. Ya que no estaba allí para ser su príncipe, ni estaba en búsqueda de una doncella en apuros. La muchacha era en realidad una asesina, o para ser específicos, alguien que compartía el cuerpo con una personalidad que se calificaba a sí misma así, y con méritos bien cumplidos. Una existencia no le era más que una piedra en el zapato. Problemática, molesta y potencialmente mortal. ¿Qué no estaba acaso cerca de ser el colmo para cualquiera? Casi como un personaje mal logrado con características estrafalarias. Y sus reacciones eran igual de absurdas, se encogía, titubeaba o mordisqueaba la punta de su punta cuando se sentía nervioso o amenazaba. Era casi fascinante de observar, igual que patético. Y no resultaba de extrañar que no despejó sus ojos azules de la muchacha, mientras esperaba una respuesta. O más bien, una confirmación, pues ya había previsto su comportamiento irresponsable—. No necesito escuchar tus excusas, Fukawa. Francamente, sería esperar demasiado de tu incompetencia —se cruzó de brazos, manteniendo el porte recto de su postura al hablar. Y apenas extendió su escrutinio severo sobre la chica un par de segundos más, antes de cerrar los ojos y finalmente suspirar—. Aunque dentro de tus estándares, por lo menos hiciste lo más lógico —concluyó, como dando por zanjado el tema de una vez. Después de todo, ahora que tenía la ubicación de la chica los demás escenarios posibles carecían de importancia.

Si acaso a ella se le hacía inusual encontrarlo en un barrio de mala muerte como éste, a él le parecía francamente absurdamente hilarante que se hallara allí por su motivo, ni más ni menos. Pero claro, no tenía necesidad de aclarar lo obvio—. ¿Estabas esperando algún otro lugar? ¿Un cementerio? —ironizó, rodando los ojos. Aunque permaneció con el semblante de seriedad, incluso después de tomar de la muñeca a Fukawa y obligarla a seguirle el paso, pese a que podía sencillamente ordenarle que lo siguiera. No quería ni necesitaba más contratiempos innecesarios, por tanto, la solución más segura era asegurarse de llevarse a la muchacha directamente con él. Luego habría tiempo de comunicarse con el director de la Academia Pico Esperanza y recibir las instrucciones de cómo proceder, si acaso su propia familia no tenía un plano idea ya. Personalmente, esperaba que todo acabara pronto. Poco le interesaba mantener una conversación insustancial con su interlocutora. No fue del todo una extrañeza que luego de unos minutos de silencio, mientras ambos caminaban, fue la muchacha quien se tomara la molestia de llamar su atención, procediendo con el vocativo inicial. Al voltearse, se encontró con que Fukawa ya le estaba devolviendo la mirada con sus ojos grises, lo que era un tanto extraño dada la actitud comúnmente sumisa de ésta.

Le desconcertó escuchar una petición tan directa, que ni siquiera él había considerado todavía. ¿Iba ella a volver a Japón? Por experiencia personal, mudarse a un lugar era lo suficientemente molesto una vez como para volver a hacerlo en el corto plazo. Se quedó pensando un instante, incluso cuando Fukawa volvió a desviar la mirada y más bien se dirigía a su persona con una actitud suplicante. En cualquier otro momento, le habría espetado que así se veía patética. Pero por alguna extraña razón, quizá un sentido humanitario poco común, consideró que no era necesario una acotación de esa índole—. No veo sentido a que regreses a Japón, ya estás aquí. Y todo lo que le interesa a la Academia es que te quedes bajo supervisión, sin hacer escándalo —decretó, sin segundo alguno de titubeo. Lo que decía era verdad, nada más. Por mucho que la idea de permanecer cerca de la muchacha de coletas no le entusiasmaba en absoluto—. Como siempre, la condición es que mantengas a raya a Genocider —agregó, como un detalle, o un término de contrato que a esa altura estaba por demás entendido. No quedaba mucho más que platicar, aparte de eso—. Mi familia sea probablemente la encargada de ti, ya que estoy aquí. Así que no des problemas innecesarios —habló, bastante contundente para que la idea quedara clara—. Tienes trabajo como escritora, ¿no? Puedes mantenerte a ti misma sin problemas. También... —se detuvo abruptamente, soltando la muñeca de su interlocutora para buscar algo en los bolsillos de su traje. Luego le entregó a la muchacha un bolígrafo de tinta azul, y un trozo pequeño de papel—. Necesito que me des tu número de teléfono móvil. Sólo me comunicaré contigo cuando sea necesario —espetó, antes que la otra agregara cualquier interrogante.
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Re: Do not breathe, it's annoying. [Priv. Touko Fukawa]

Mensaje por Touko Fukawa el Jue Oct 01, 2015 11:22 pm

Sabía que probablemente tenía que haberse fijado mejor en el camino que transitaba en lugar de perderse, como siempre, en sus negativos pensamientos. Ella sólo quería pasear un poco por la ciudad, conocer el que sería su nuevo hogar a partir de ahora, y terminó perdida entre una serie de “pasadizos” de dudosa reputación. ¿Por qué siempre le pasaban este tipo de cosas a ella? Al menos, era una suerte tremenda el hecho de que fuera temprano, pero debía apurarse a encontrar el camino de vuelta a las calles principales si no quería terminar deambulando todavía por allí hasta que oscureciera, o eso podría ser un gran inconveniente. Odiaba la oscuridad, pero tenía buenos motivos para hacerlo. Lo único que esperaba, además del hecho de no seguir allí cuando anocheciera, era no encontrarse con ninguna presencia desagradable en el lugar. Y casi como si sus súplicas hubieran sido escuchadas, la única presencia que acabó por encontrarse –o que, más bien, la encontró a ella– se trataba de cierto chico de cabellos dorados y mirada azul que conocía muy bien. Aunque su “reencuentro” no fue como ella hubiera deseado, pues acabó por enterarse que le había estado causando problemas tanto a él, como a la Academia donde ambos habían estado estudiando unos meses atrás, aquella en la que se habían conocido—. L-Lo siento… de verdad no quería causar problemas —se disculpó nuevamente, y como era lo usual en ella, bajando la mirada. ¿Qué era lo que había pretendido al poner una justificación como ésa si sabía perfectamente que a su caballero blanco le molestaban las excusas?

Casi se encogió más en su posición cuando escuchó al que consideraba su príncipe suspirar, como habiéndose resignado a que estaba tratando con una completa irresponsable. Prefirió no agregar nada más y tan sólo asintió con sus siguientes palabras, pues no quería volver a hacerlo enojar y probablemente era mejor que dieran por terminado ese tema de una vez. Claro está, al no haber esperado el tener tal encuentro dentro de la primera semana de su hospedaje en una ciudad desconocida de un país extranjero, mucho menos cuando ahora se “paseaba” por esa clase de rumbos donde no era difícil deducir que un ladrón podría saltarles en cualquier momento al doblar una esquina, naturalmente había querido saber qué era lo que había llevado a su caballero blanco a circular por allí. Se sorprendió un poco al confirmar que, tal y como ella había pensado, estaba en su búsqueda, pues eran demasiadas coincidencias el que ambos estuvieran en esos callejones en el mismo momento, más cuando su príncipe no tenía ningún asunto que resolver por allí. Excepto ahora, claro, porque su asunto, en esta ocasión, era con ella—. Oh, e-en realidad, creo que no me esperaba ninguno… —respondió con la verdad, mas, sin embargo, una pequeña sonrisa llena de dicha permaneció en su rostro, al tiempo que se rascaba una mejilla de forma nerviosa. Podía admitir incluso que en estos momentos sí se encontraba feliz, como todas aquellas parejas de antes que había visto rondando las calles de Sweet Valley, por mucho que la relación que tenía con Togami no pudiera estar más lejos de parecerse a alguna de ésas. ¿Y es que cómo no estar feliz luego de tanto tiempo sin verlo? Claro que, él no parecía compartir el sentimiento y ella lo había notado, pero no le sorprendía; después de todo, él siempre había sido así.

Sí, por eso era que le gustaba. Le gustaba tanto, que simplemente se dejó llevar por él a la salida de aquellas calles que más le parecían una especie de laberinto, cosa que podría hacer durante toda la vida. Había estado perdida hasta antes de su encuentro, pero ahora tenía la convicción de que pronto llegarían a la avenida principal o a alguna otra calle que diera menos mala espina que éstas. ¡No por nada su caballero blanco era Byakuya Togami! No obstante, en el camino había estado reflexionando acerca de muchas cosas que no dejaban de dar vueltas dentro su mente, y tuvo que romper el silencio que se había formado entre ellos para exteriorizar aquellas dudas que la carcomían por dentro. Byakuya-sama se había encargado de aclararle mayormente cuál era su situación, pero no aún le quedaba la duda de qué sería de ella a partir de ahora, cuando la mayor parte de las personas que saben de su condición se encuentran en Japón, y se supone que debe permanecer bajo supervisión para evitar problemas con Genocider. El mero hecho de pensar que tendría que volver a aquel lugar donde todas las cosas negativas ocurridas en su vida se concentraban la enfermaba. Quería alejarse de todo aquello—. ¿Entonces, de verdad está bien que me quede aquí…? —quiso confirmar, con un tono bajo y cohibido. Pero, como siempre, el tono firme de su príncipe que, a diferencia de ella, no titubeó al hablar en ningún momento bastó para tranquilizarla lo suficiente y darle la certeza de que podría permanecer en esa nueva ciudad, aún desconocida para ella, y tratar de empezar de nuevo—. ¡Te aseguro que no tendrás más complicaciones, Byakuya-sama! Voy a controlar a Genocider como sea, le guste o no —esta vez habló con mayor determinación que hace unos minutos, por mucho que el miedo a que Genocider volviera a matar en esa nueva ciudad y arruinara su intento de comenzar de cero siguiera dentro de su mente.

Pero no iba a defraudar a su caballero blanco, no justo ahora que había tenido la oportunidad de volverlo a ver. Quería que confiara en ella, aunque no lo culparía en caso de que siguiera dudando de sus palabras; después de todo, la única manera de controlar a Genocider era con fármacos, e incluso así, no podía evitar que en algunas ocasiones su contraparte saliera al mundo y tomara su lugar. Sin embargo, debía desechar esos pensamientos por ahora, no era el momento de preocuparse por ese monstruo que, literalmente, albergaba en su interior. No descansaría hasta encontrar la manera de acabar con ella. A continuación, sólo asintió un tanto enérgicamente a la pregunta realizada por su caballero—. ¡S-Sí! Y recientemente comencé con una obra nueva, así que no tendré problemas con eso —comentó, queriéndole afirmar aquello de que iba a estar bien. Quizá el único problema vendría siendo al adaptarse a la nueva ciudad, puesto que ésta no se encontraba en su país natal. ¡Ni siquiera en el continente asiático! Estaba en Francia, un país europeo que nunca antes había visitado. Era un cambio demasiado brusco que, muy posiblemente, le tomaría algún tiempo asimilar. Miró a su acompañante un tanto desconcertada por la repentina pausa que hizo al caminar, y observó sus acciones en silencio hasta que éste le tendió un trozo de papel y un bolígrafo, pidiéndole su número de móvil. De más está decir que aquella petición la desconcertó aún más.

Era tan inesperadamente extraña que todavía tardó unos breves segundos, hasta que finalmente pudo reaccionar de forma adecuada—. ¿Mi número…? ¡Ah! C-Claro, en seguida —pronunció torpemente, tomando ambos objetos para comenzar a anotar con rapidez, y con su pulcra caligrafía que la caracterizaba, el número que le había sido pedido. Aquello no le tomaría más que algunos segundos, de manera que pronto pudo devolver el papel y la pluma a su dueño—. Aquí está —le dijo, no pudiendo evitar esbozar una pequeña sonrisilla tonta al comenzar a maquinar en su mente toda clase de fantasías dignas de alguna de sus novelas de romance. Es decir, ¡Byakuya-sama le había pedido su número! Lo que quería decir que ella pronto tendría el suyo también, sólo debía esperar a que él tuviera que comunicarse con ella por alguna razón. Tenía que ser paciente, por algo comúnmente se dice que las cosas buenas tardan en llegar, ¿no? «Así que Byakuya-sama será mi supervisor…» pensó, volviendo a caminar a su lado en cuanto él reanudó la caminata, sin quitarle la vista de encima. A partir de allí, seguramente ya no iban a tardar demasiado hasta salir de los rumbos donde se encontraban y encontrarse de nuevo en calles que parecían más seguras. «¡P-Pero es sólo para cuidar que Genocider no se salga de control! No debo hacerme ilusiones, o lo molestaré» se reprendió mentalmente, mirando de nuevo el camino frente a sí, pero todavía lanzándole miradas furtivas de soslayo al chico de lentes a su lado de vez en cuando.



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