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「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

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「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Vie Feb 13, 2015 2:39 am

Culpaba a la mala orientación, a lo despistada y a lo torpe por todo en su vida, y esa no era la excepción. Verán, en épocas de invierno era muy preferible para todos pasarse horas y horas en una cama caliente, con la estufa encendida y recibiendo un hermoso calor hasta caer en un sueño profundo. Bianca siempre fantaseaba con eso antes de salir de la escuela, era ya una costumbre que se instalaba en ella cada comienzo de invierno, y no le molestaba. Miraba el reloj a cada rato, ignorando todo palabrerío de su profesor y golpeando un bolígrafo sobre sus labios, que los mordía con un poco de fuerza. Cuando tocó el timbre que anunciaba la salida, fue la primera en salir, casi tirando al profesor en el proceso. Mostrando otra vez lo poco delicada que era cuando se entusiasmaba de más por una simple cosa, y que carecía de ser alguien femenina, que si no fuera por las medias se le iba a ver todo.

Caminaba, y, a medida que lo hacía, iba pensando ya en qué haría cuando llegase a su casa, sin saber que estaba yendo por un camino completamente desconocido. ❝Quizá pueda prepararme un buen café, antes de ir a dormitar toda la noche y...❞Espera...—Se detuvo en seco, mirando a todos lados con confusión en su mirar, ya que no reconocía el camino en el que estaba. —¿Dónde estoy?— Ahora sí, estaba asustada. Ya que estas calles se veían muy lúgubres y aterradoras, ¿por qué había sido tan distraída? ❝Aunque en realidad no es nada nuevo...❞ Aferró su bolso y miró a ambos lados, tenía ese presentimiento extraño de estar siendo observada, y eso que ni había llegado al lugar. —A-ahora sé que sienten las mujeres en esas películas de miedo... ¡W-waah! ¡T-t-t-tengo miedo!— Dijo, en lo que comenzaba a caminar con una cara para morirse —de la risa, claro—, mal día para llevar un vestido. Apuró el paso mirando al suelo, tropezando con todo lo que había a su paso. ❝¿¡Y si aquí hay de esos violadores de menores, o-o de esos que secuestran y venden adolescentes a viejos verdes pervertidos y yo soy un blanco!?❞¡N-no! ¡No lo acepto, definitivamente no quiero saber nada de ello!— Vale, era exagerar mucho, pero no podía dejar de pensar eso, frunció el ceño. Golpearía a quien se le acercase con malas o buenas intenciones, decidido. Siguió avanzando en lo que en su mente se formaba una película de drama, una carta de despedida a su madre, un testamento y un libro sobre como exagerar en un callejón, en medio de la noche por despistada. Porque si, ya era de noche, y ella estaba... perdida. ❝D-debería volver, pero... ¿Y si me pierdo más? ¡No quiero eso, no!❞ Comenzó a negar con la cabeza y a aferrarse más a su bolso. Las piernas le empezaron a temblar y no podía concentrarse del miedo, demonios. —C-creo que fue malo ver "El Conjuro" anoche, ahahaha... ha...— Inhaló y exhaló aire, recordaba que la noche anterior no había sido de lo más buena. ¡Maldecía a esa demencial película por llenarle de curiosidad la cabeza! No, ¡se maldecía a ella y a su estúpida curiosidad que la condenaba a hacer cosas de las que se arrepentía luego! Pensaba que podía ser peor, por lo menos nadie había hecho nada contra ella. ❝B-bueno, aún no... ¡Y espero que no se aparezca ningún extraño! Sino... S-sino tendré que golpearlo. O... Huir desesperada buscando ayuda.❞ Volvió a negar, con más fuerza, se había decidido por pegarle a quien se le acercase, eso haría. ¿Qué si era patético o inmaduro? Quería aprovechar que su bolso estaba lleno de libros pesados y de tapa dura para algo que realmente fuese útil, según ella.

Volvió a caminar, despacio y encorvándose. Lo que veía no le gustaba, le daba mala espina. Las luces de neón de algunos lugares eran como una señal que le decía a gritos que se alejara, otros lugares eran muy oscuros y le daban una sensación de que ocultaban algo, más no se animaba a ir a ver si realmente era así. Y no quería avanzar ya por miedo a quedarse en un callejón sin salida y que la claustrofobia atacase. Hoy todo estaba en su contra, al parecer. —Eso me pasa por distraída. ¡Hugh! ¡Idiota!— Terminó la oración agarrando un mechón de cabello y queriendo estirarlo. Se decidió a lo último que quería hacer, por lo menos en ese estado de tensión y drama por el que estaba pasando: preguntar por indicaciones. Se la pasó rechazando a mucha gente, pero no era su culpa, todos tenían la pinta de estar en algo problemático, suspiró resignada y miró al suelo, apretando sus labios. Estaba perdida, al carajo con el sueño de estar frente a una estufa caliente, ¡ahora lo único que quería era irse a otro lado!
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Izumi Yabuki el Miér Feb 18, 2015 8:34 pm

Cinco minutos para que las luces de los cuartos de los alumnos estuvieran apagadas y durmiendo en sus camas, lástima que no todos los internos eran obedientes y especialmente uno que estaba caminando lentamente de lado por una baranda de no más de diez centímetros, era la única forma de escapar de esos muros inmensos que daban a la calle ese día, ya que la principal ruta de su acceso predilecto estaba siendo custodiaba por uno de los guardias de la institución. ¿Por qué estaba ahí? Porque el mismo había dado el “soplo” de que alguien sospechoso quería entrar la noche pasada. Gran mentira, pero no se le ocurrió otra excusa cuando casi fue sorprendido en su retorno.  – Adiós encierro – Mencionó victorioso junto un ademán elegante de mano diestra y saltó hacia el otro lado. La noche era preciosa y el manto estrellado aplaudía su astucia en cada resplandor.

Corrió hasta que perdió de vista su colegio, acomodando la máscara a una mano y manteniendo la curva en los labios. Escapar se estaba volviendo demasiado fácil, ya no sentía aquel molestar agradable en el pecho cuando sus pies y manos participaban en la infracción, pero no podía negar que su corazón se aceleraba cuando sentía que su vida estaba puesta en riesgo. Ahora buscar qué hacer en aquella ciudad, la otra vez conoció un hermoso sitio donde una fuente de agua se iluminaba por completo y no pudo quedarse callado que se dirigió directo hacia su casa en silencio nocturno para contárselo a Kyara, su adorable mascota. ¡Diversión dónde estás! Comenzaba aburrirse y al tirar una patada al aire sin intención de herir a nadie, golpeó la pantorrilla de un hombre de 1,80 metros con tatuaje de serpiente desde el cuello hasta la sien.  – Oh, lo siento – Se disculpó sin ninguna expresión facial retrocediendo un paso y mirando que detrás del estaban seis hombres más con aspectos desagradables. Posiblemente pandilleros.

Al mirar a los alrededores notó que ya no estaba en una zona muy iluminada, tampoco se veía segura por inmensidad de garabatos escritos en paredes. – ¡Mira lo que hiciste pendejo ridículo! ¿A caso saliste de un comic para andar con esa mascarita? Te romperé todos los huesos por golpearme ¡Ven aquí! – Escupió de mala gana deslizando el borde de un bate de metal por el piso. Perfecto, ahora tendría que pelear para defenderse y qué mejor forma que hacerlo con su fiel armamento. Se puso en posición, refinó la mirada salvajemente  en el instante que su mano iba a sujetar el mango de la filosa espada. ¿Uhm? ¡No había traído su Katana! – Tsk… ¡Intenta atraparme! – Le gritó como último recurso luego de parecer un idiota enfrente de todos ellos buscando alguno que no tenía sujetado a la cintura.

No quería morir, correr era todo lo que podía hacer por el momento. Estaba en desventaja por hombres y armamentos, aunque fuera bueno luchando a mano limpia era impensable vencer a todos ellos. Giró en una de las esquina, derrapando por el cemento mal cuidado que había como suelo y tocándolo con la punta de los dedos para mantener el equilibrio, fue ahí que tan veloces  fueron sus pisadas que pasó de largo a una muchacha que justo iba en dirección a los maleantes. – ¿Qué hace esa chica ahí? – No podía dejarla, saldría lastimada por la persecución y sin pensar demasiado más que un simple chasquido de lengua se volteó para ir a rescatarla. – No me hagas preguntas… y con permiso – Habló agitado al estar frente a frente, escuchando los barrotes deslizándose y golpeando todo, ya estaban cerca. Se apresuró agacharse, rodeando las piernas femeninas y alzándola sin dificultad para ponerla encima de su hombro diestro y comenzar a correr a todo lo que dieran sus pies.

Era impensable, pero se estaba divirtiendo. A los pocos segundos de poner a la joven en una posición nada favorable para ella los siete hombres aparecieron lanzando piedras, que por puro milagros no terminaron rompiéndoles la cabeza. – ¡Es genial! ¿No? – Rió a pesar de la situación tan problemática que estaban pasando, pero en su interior no podía dejar de disfrutarlo.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Lun Feb 23, 2015 2:37 am

❝Sería bonito si pasase un milagro. ¡Quizá hasta sea como en los cuentos de hadas! Lo que sea, ¡quiero salir de aquí!❞ Definitivamente, ese lugar podrido podía con su optimismo, cada vez que caminaba parecía que se adentraba más. Parecía que el lugar se volvía más angosto y las luces de neón la dejarían ciega en un dos por tres, habían hombres fortachones y feuchos mostrando mala cara a quien los viese, mujeres (y hombres por igual) vestidas con faldas diminutas y tops que ni se notaban a simple vista. También habían graffitis de calaveras o palabras que no entendía estaban en la mayoría de los murales, y cada vez eran peores. Mejor dicho, poco entendibles a su parecer. Dejó de mirar como tonta el lugar y volvió a su caminata, sin evitar sentirse observada, y eso la incomodaba. Se bajó su falda por enécima vez en los últimos diez minutos y miró al suelo. No es que su ropa fuese un problema, a decir verdad, creía que esa era la falda más larga que podía haber ahí. ¡Y eso que no llegaba ni a las rodillas! Sintió pena ajena y agachó más la cabeza, apurando su paso.

De repente, recordó algo. Buscó en su bolso rápidamente mientras caminaba. Sacó su celular, pero, ¡oh, problemas! El celular no tenía batería. ❝Gasté toda mi batería en... fotos.❞, ahora quería maldecir su pequeño hobby de tomar fotos a todo lo que le pareciese bonito. Y en esa época, los paisajes nevados eran su perdición. Obviamente por el amor que le tenía a ese hobby, no podía hacer nada más que tener ganas de llorar. Levantó la cabeza y dio un respingo. Si ya era malo sentir un montón de gente observándote, pillarlos hacerlo era terrible, más para alguien que se armaba dramas mentales en momentos como esos, ella era un gran ejemplo de ello. Y, en efecto, dos hombres corpulentos y que daban mala espina le miraban de una forma un tanto rara, no se dio tiempo a saber si tenía algo mal o querían hacerle algo. Fijó la vista al móvil que yacía apagado en su mano izquierda y caminó mucho más rápido que antes. —Mierda, mierda, mierda...— Susurraba, miraba hacia atrás cada tanto y luego volvía a mirar al frente. ¿Y si habían pensado que ella era una prostituta? Dios santo, por todo lo que ella amaba, ojalá que no. Dobló una esquina y comenzó a correr a lo loco, casi cayendo y tirando todo a su paso en el proceso. Al sentirse alejada de todo problema, más de esos tipos que no parecían haberla seguido, se detuvo a respirar y tranquilizarse un poco. Ahora estaba el doble de perdida. Y no había mucho cambio en el ambiente, sólo que estaba más oscuro que en donde estaba antes, pero eso no cambiaba el hecho de que se sentía peor ahí que en algún otro lado. Mordió sus labios y caminó lentamente por esos lados, mirando con desconfianza.

Ni llevaba tiempo de caminata, cuanto notó a una mata de cabello blanco volar al lado de ella, yendo por el lado contrario, si no era porque era de un reluciente blanco ni la habría notado. ❝Justo ahora... ¿Qué fue eso?❞ Había oído unas voces graves luego de ver aquello, y no sabía si sentir miedo o fe en que eran policías. Siguió caminando con cautela, saldría corriendo de todas maneras si no eran lo segundo. Pero se detuvo en seco, mirando con miedo y sorpresa al albino que había visto pasar hacia momentos atrás. ¿Le había dicho que no preguntase nada? —¿Qu...?— Y lo siguiente había sido tan rápido que ni pudo terminar de hacer esa pregunta tan corta. ¿El motivo? Estaba en su hombro, en el del chico. Y tardó un minuto en reaccionar como debía, obviamente se puso roja y comenzó a patalear con dificultad, bajando su cabeza y cerrando los ojos con fuerza. —¡¿Q-q-q-q-qué?! ¡No, espera! ¡Suéltame! ¡Por lo menos déjame terminar mi testament...!—Un ruido de metal detuvo su palabrerío sin sentido, de nuevo. Y luego se oyeron gritos de palabras que para su suerte apenas podía escuchar, levantó su cabeza de manera inconsciente y abrió un ojo para curiosear. —¡Pendejo, vuelve aquí! ¡Te haré puré, pedazo de mierda!— ¡Y a la vista habían más grandotes de mala cara! Con suerte, sólo tiraban piedras que les pasaban rozando, o que ni siquiera les tocaban. ❝No dan tanto miedo por la falta de puntería ahora... ¿Estarán borrachos?❞.—Ah, ah... Tus amiguitos... ¿Qué les has hecho? Están... e-enojados.— Giró la cabeza, lo que podía, para dirigirse al chico que no sabía si le estaba salvando la vida o metiendo en problemas. Frunció el ceño y apretó sus labios al oírlo decir que eso era genial. —¡No es genial! ¡¿Qué tiene esto de genial! ¡Yo no lo entiendo! ¡Definitivamente no tiene nada de genial que te persigan unos tipos gigantescos a muerte!—Se removió incómoda, pero muy poco, tampoco quería que sus acciones los llevasen a una muerte segura. Bufó, y volvió su vista a los tipejos que corrían y no parecía que fuesen a alcanzar al albino, sinceramente. Y eso la calmó, claro, hasta que vio unos bates de metal siendo arrastrados, ahí le volvió el miedo. —¿S-sábes? Olvida eso que dije de que me sueltes. No quiero morir tan joven...— Hizo un ademán de que comenzaría a rezar, pero una piedra le dio en la mano derecha. —¡Auch! ¡Oye! ¡Y-yo no tengo nada que ver!— Se sobó la mano y se la besó. —¡Y deberían ejercitar! ¡No van a alcanzarlo así  ni en sueños, gordos!— Había metido la pata, lo sabía, pero poco le importaba ya. Comenzaba a verle lo divertido a la situación, más allá de no haber hecho su testamento aún y estar prácticamente muerta por decir aquello, por lo menos esperaba morir junto al chico. Se rió por ese último pensamiento.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Izumi Yabuki el Jue Feb 26, 2015 6:13 am

Tuvo algunas complicaciones en mantener el equilibrio con la chica en el hombro, se movía demasiado con sus alaridos y pataletas, pero por el riesgo de ser atrapados abruptamente y molidos a golpes solo tenía en mente correr cada vez más rápido. Mirar hacia atrás no era opción, tenía que agudizar la vista y escoger bien el camino. ¿Por qué la había involucrado? Se preguntó por un momento al afianzar al agarre en el cuerpo ajeno en negación a su petición de soltarla. Quizás esas bestias ni se hubieran interesado en ella, pasando solo por sus lados, pero también cabía la idea en que la podrían utilizar como juguete para diversión.  No, como samurái en desarrollo lo que hizo fue lo correcto, no debe haber duda al respecto.

Terminó soltando una nueva risa ante el comentario de que sus amigos estaban enojados ¿cómo podrían ser esos sus amigos? Eran mucho más grande que él y más rudos, además no lo estarían persiguiendo por un pequeño golpe sin querer si tuvieran formado los lazos de amistad.  Apenas prestó atención a las quejas de su acompañante, tenía la idea de doblar en la próxima esquina de aquel barrio tan peligroso y así poder desaparecer del campo visual de los maleantes. – ¿Eh? ¿Ya le encontraste lo entretenido a esto? – Preguntó con un ligero vistazo hacia atrás, bastante festivo y emocionado. Los callejones por desgracia parecían todos iguales y no tenía conocimiento de donde estaba la salida hacia el lado bueno de la ciudad. Los hombres a sus espaldas, seguían gritando, tirando piedras y hasta le tiraron un bote de basura que cayó milagrosamente a un lado. – Estuvo cerca – Pensó en voz alta viendo toda la basura esparcida.  

Como odiaba a los brabucones, les partiría la cara a puño limpio con tan solo tronarse los dedos, pero eran demasiado y su vida estaba en riesgo. Tampoco tan suicida. Giró donde tenía previsto, pero a los pocos metros de pasar una poza pequeña de agua se resbaló y tambaleó a un costado. ¡Maldición! Estaba a punto de estrellarse contra tres bolsas grandes de basura y lo único que tuvo tiempo de hacer fue acomodar a la joven sobre su pecho para que no saliera lastimada, apretándola fuertemente mientras la espalda le era azotada contra la inmundicia.  – Jah… que mala suerte – Rió quejándose sutilmente. A la velocidad que iba aquel golpe fue doloroso, pero en su gesto facial solo mostraba sonrisas traviesas como si se tratara de la más mínima cosa.

No tardaron en aparecer los maleantes con las curvas afiladas en sus apestosas bocas y ego de grandeza. El ambiente se puso más tenso y un frío abrumador se adentró hasta los huesos, las pequeñas ratas que estaban escondidas comenzaron a escapar por el ruido y el ladrido de un perro lejano era la campanada para el ring. – Descuida, ¡usaremos nuestros súper poderes y los venceremos en tres golpes! –  Bromeó en mal momento, apartando el cuerpo ajeno con cuidado y ponerse de pie, no antes de juntar los dedos medio, anular y pulgar,  levantando los que faltaban para depositar un pequeño y tierno beso con las puntas de los tres dedos en la mejilla femenina. – Todo estará bien… tienes mi palabra – Agregó amablemente para tranquilizar, aunque con tan solo analizar la situación había un 99% de no salir ileso de ahí.  

–  Así que los gordos necesitan ejercitar mocosa… Qué tal si ejercitamos con ustedes un rato rompiendo sus mugrientos huesos – Escupió venenosamente el hombre del tatuaje, golpeando la pared de concreto contra la barra de metal que tenía en su poder. Los otros los siguieron riéndose y provocando revuelo con sus armas de cobarde.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Vie Mar 20, 2015 4:07 pm

Si se ponía a pensarlo con claridad, lo que había dicho de "golpearé a quien me toque un sólo pelo con mi bolso -el cual, para aclarar, estaba lleno de libros pesados de Biología e Historia.- superpesado" se había ido por el caño al primer segundo en el que fue colocada sin pudor ni cuidado en el hombro de un chico que no conocía ni de frente. Sólo el cabello, puro y casto blanco, pero no era nada saber el cabello de una persona, ¿no? En fin, huían de hombre que prácticamente querían matarlos. ¿Y el por qué? A ella no le pregunten, no tiene ni la menor idea, ¡y eso que preguntó! Se sentía molesta, mucho, muy molesta. Oh, claro, ni hablar de la apariencia de machotes "lo domino todo, no me toques o te mato". La sensación de miedo, de que iba a morir si se bajaba de ese maldito hombro, se disipaba; no del todo claro está, pero comparado con antes, no era ya nada. Y era increíble, más para ella misma, pensar que podía estar "quieta" en una pose tan incómoda como en la que se encontraba en esos momentos; pero había decidido que no se iba a mover mucho, ¿y si caían por su culpa? Uy, no, no quería imaginar que sucedería si eso pasaba. ❝Ahora la cosa es saber si este albino quiere salvarme la vida o llevarme a una muerte lenta y dolorosa...❞ Lanzó un quejido interno al pensar que podría ser lo último. ❝D-d-d-debo dejar de exagerar cosas que no son, tonta yo... Ugh.❞ Soltó un suspiro y balbuceó cosas como que estaba perdida y que hubiese preferido morir comiendo gelatina en una maratón que en lugares tan oscuros y feos como esos. Exageraba, todo normal.

La risa que el albino había soltado tras su comentario de qué había hecho para que estos le siguiesen a muerte, le había dado un respingo. —Que rápido me distraigo. Ah.— Murmuró bajo, para tratar de no ser oída por el otro -cosa bastante difícil, estaba cerca de su oído, duh.- Se giró levemente con una sonrisa tras escucharlo hablar. —¡N-no es una situación de risa! Pero, umh... Claro que sí, siempre quise ver gorditos haciendo ejercicio... Pero estos no son "gorditos", ¡más bien son "gordotes"!— Soltó una risa pequeña y volvió su vista al frente, casi chillando, al ver un bote de basura caer por la fortuna de los mil dioses a un costado de donde ellos estaban. —De-demasiado cerca...— Comenzó a temblar como gelatina tras comentar aquello, quizás no debió decir que eran unos grandotes barrigones.

El lugar, para ella, cada vez se volvía más oscuro y pequeño. Oh-oh, alerta de claustrofobia; lo odiaba, odiaba sentirse atrapada -cosa no muy lejana a la situación en la que se encontraba.- en espacios pequeños por el tamaño o por cantidades de multitudes grandes. Y en esos momentos parecía que los matones se multiplicaban como conejos y que los callejones se encogían más y más... Inspiró profundo y se mordió la lengua con fuerza, pero a la vez sin aplicarla mucho. Ajena a que estaban por resbalarse unos metros adelante, fue bajando la vista. Y cuando lo notó, era tarde, estaban cayendo hacia bolsas de basura apilados ahí y ella ya cerraba los ojos y agarra con fuerza su bolso para recibir uno de varios, miles de impactos que había tenido a lo largo de su vida. Si no fuese porque había sentido el agarre del chico ante de cerrar sus ojos ya habría chillado como estúpida. Pero se mantuvo callada, simplemente sintiendo el agarre de su acompañante y el ruido de la basura azotando la espalda del mismo. Levantó sus párpado y lo miró, preocupada.—¿E-estás bien?—Fue lo único que se animó decir, por experiencia misma sabía lo doloroso que era golpearse de esa manera y que estuviese sonriendo de esa manera le preocupaba otro poquito. —Bueno, sí. ¡Pero yo estoy muy acostumbrada a caer y golpearme! Así que no sonrías así, hace el golpe me duela hasta a mí.— Se quejó con un pequeña sonrisa en su rostro, para aliviar su propia preocupación un poco.

Si había resultado, no se habría dado cuenta, ya que los maleantes no tardaron en aparecer. Su sonrisa desapareció lentamente y tras ella apareció un temblor que le recorrió toda la espalda, haciendo que de un leve respingo. El ladrido lejano de algún perro la alertó más. ❝Oh. Dios. Mío. No.❞ Apretó sus labios con fuerza y luego los abrió levemente.—A-ah.— Preció ser escuchada, ya que el muchacho le dijo que todo iba a estar bien, haciendo un broma que le hizo soltar un risa nerviosa y balbucear cosas como que sería buen momento para que apareciera Batman. La apartó y formó un zorro con sus dedos, para depositar un pequeño beso en su mejilla. Tras ello su cara empezó a arder, se estaba sonrojando y todo por un detalle de nada, según ella. ❝N-no es el momento indicado para sonrojarte. ¡C-contrólate!❞ Asintió levemente y sonrió sólo un poco. Parándose con pesadez. —Eso espero, sinceramente...— Esperaba que hubiese algo así como un milagro a último minuto, pero eso sólo pasaba en cuentos. Estaban perdidos.

Se giró para ver bien a los malhechores y sonrió fingiendo inocencia. —¿N-no es preferible ir a un gimnasio a entrenar o algo así?— Una gota de sudor fría le recorrió la mejilla, y apretó con aún más fuerza la tira del bolso y se le ocurrió algo. Como se habrá dicho antes, su bolso estaba lleno de cosas pesadas y ¿qué mejor arma que el bolso de un chica? Pesan casi cuatro kilos, según una de las tantas revistas de moda que se leía para pasar el rato. Miró hacia donde se encontraba el chico, y dio un pequeño paso hacia adelante, su rostro demostraba temor y, obviamente desesperación. Quería salir lo más viva posible de ahí, y no lo iba a lograr a no ser que ocurriesen de esos milagros que hacían cambiar tu opinión del mundo entero. Tragó duro y apretó sus labios un poco. ❝Adiós, adiós, mundo cruel. Mamá, te extrañaré. Te enviaré una postal desde tres metros bajo tierra... Si es que ahí tienen papel y lápiz.❞ Pensó, y tuvo ganas de darse un golpe por exagerada, por distraída, y hasta por meter a su acompañante en problemas... peores, sí. Se sentía un poco culpable. Quizás no debió llamarlos gordos, después de todo. Volvió a mirar al frente y notó como uno en especial se preparaba para golpear a cualquiera de los dos, empuñando su bate de metal en alto y mostrando una sonrisa asquerosa donde mostraba su aire altivo y de "hombre malo". Se encogió en su lugar y lo miró fijamente. —Déjenme a mí a la niña, la mocosa, veamos que tan brava es. ¡Ja!— ¡¿Niña?! ¡Pero si tenía diez y ocho! Okey, ahora sí tenía motivos para pegarles a todos esos inmundos animales. Frunció el ceño y esperó a que éste se acercase lo suficiente como para poder pegarle, cosa que no tardó en suceder, el hombre se acercó con rapidez y diciendo cosas como que no iba a doler, que iba a ser una muerte rápida. Bah, tonterías. —Nunca. Me. Digas. ¡Niña!— Abalanzó su bolso, agarrándolo con fuerza para que no se le soltase. ¡Pum! ¡Paff! Dos golpes en la cabeza le habían bastado, y lo había dejado mareado, pero no inconsciente, una pena. Se dirigió hacia su salvador sin nombre y le mostró una pequeña sonrisa inocente. —Lo siento... Gasté dos golpes, ¿está bien eso?— Sí, le estaba siguiendo el juego con eso de matar a todos con tres golpes. Volvió hacia el tipo y le pegó otra vez, logrando dejarlo inconsciente. ¿Cómo había llegado si ella era una enana a comparación de ellos? Misterio de la vida. Soltó una risita. —Deberían hacer armas como estas. Muy útiles, sí.— Pensó en voz alta, esperando a ver quien seguía, ¡ja! Se hacía la valiente, típico de ella.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Izumi Yabuki el Vie Mayo 01, 2015 2:27 am

¡Ok, estaban en problemas! Como podría enfrentarse con todos ellos sin que la chica saliera lastimada, tenía una probabilidad del setenta por cierto de salir victorioso, pero eso significaba ropa destruida, manchada con sangre y golpeado con quizás algunos huesos rotos, tendría problemas para ingresar al colegio y más con su padre si le llega el informe de su escapada. Estaba en graves, muy graves problemas. Ya le dolía la espalda por el golpe, pero sonreír era lo único que podía hacer para  no preocupar a su acompañante que le preguntaba cómo estaba y al parecer no le creía mucho que digamos. Guardó vocablos a pesar de querer calmarla un tanto más, pero entre toda esa peste enfrente de ellos era totalmente imposible.

Apretó los dientes tratando de buscar una solución, tanto la izquierda como la derecha estaban obstaculizadas, las manos de la mayoría de los barbaros yacían ocupadas con bates u otras armas que no valía la pena mencionar, más solo suponer cuánto le iba a doler si alguna le llegara a tocar. – No les aconsejo acercarse… o sufrirán las consecuencias – Alardeó poniéndose en posición de lucha,  tan definida estaba su pose que la concentración era vital, no obstante esa chica era de armas de tomar y ante una provocación de los bandidos actuó como verdadera guerrera golpeando al tipejo con el bolso luego de llamarla “niña”. ¿Qué cosas tendrá ahí? ¿Piedras? Casi le voló la cabeza de los golpes. Quedarse mirando anonadado era lo único que podía hacer y no solo él, los otros que estaban en espera de patearles el trasero se quedaron casi con la boca abierta tras ese noqueo.

– ¿De dónde sacaste esa niña…? – Habló el líder de la pandilla hacia el joven de cabello platinado. – Ni siquiera sé cómo se llama… – Respondió sincero, raramente se había creado una atmosfera de tranquilidad viendo el espectáculo de la muchacha y su arma letal, conocido como bolso. – ¡¡Jefe no se ponga a parlotear que venimos a pegarles!! – Dijo otro desde el fondo con voz rasposa. – ¡Cállate pedazo de mierda! ¡No me des órdenes! – Gritó alzando el bate  hacia el causante de su enfado, mientras tanto Izumi tomó el brazo de la desconocida luchadora profesional de bolsos pesados y le susurró en el oído. – No seas imprudente o podrías salir lastimada… – Regañó suave tras escucharla hablar nuevamente altanera, no debía hacerlo ella y menos ponerlos más en peligro, estaba solo dirigiendo la atención de los sujetos de pocos sesos hacia él para recibir la mayoría de daño y ahora, aparte de ello, debía estar preocupado que no hiciera ninguna maniobra kamikaze la mujer. ¡Paciencia!

– ¡Ahora hacerlos mierda! – Aulló como animal enfurecido a punto de darles con los bates, el platinado a pesar de tener buenos reflejos se entorpeció por la fémina y protegió mal con el brazo diestro, pero en el instante de hacer contacto con el musculo y hueso se escuchó una voz autoritaria de un policía con linterna que iluminó algunos de los rostros juveniles.  – ¡¡Qué está pasando aquí!! – Trató de averiguar con timbre de voz firme, mientras que como gatos asustadizos salieron escapando a toda prisa.  El policía trataba de agarrar algunos y ponerlos contra la pared junto a su compañero de noche, pero la mayoría ni de amigos se acordaron que dejaron todo atrás. – ¡Aprovechemos y escapemos también! – Utilizando el descontrol tomó la mano de la muchacha y la obligó a correr.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Mar Mayo 26, 2015 4:19 am

Claro que sí, ahora había empeorado el asunto mil veces mostrando sus habilidades (que ni ella sabía que tenía) en batalla. ¿Tan fuerte podría golpearle la palabra niña? La respuesta era un sí claro y conciso. Medir 1,50 casi toda la adolescencia hasta esos momentos y tener cara de bebé ya eran más que castigo suficiente. ¡Nadie tenía derecho a pasárselo en cara! O, por lo menos, no un grandote cara de nada desconocido. Así fue como terminó de tal manera, golpeando a alguien que le triplicaba el tamaño con un simple bolso. ❝Estoy segura que Chico Misterioso no se refería a mí cuando dijo que sufrirían las consecuencias... ❞ pensó, y más allá del enojo, quiso reírse. ❝Bah, qué importa, da igual. Es lo mismo.❞ tras pensar esto último, dejó de golpear al pobre hombre, el cual ya yacía inconsciente en el suelo, porque comenzaba a dolerle la muñeca. —Debería llevar menos cosas...— infló sus mejillas al hacer el comentario, a nadie exactamente. Pero presintió el ambiente, el cual de alguna manera estaba sin tantas tensiones como al inicio. ¿Eso lo había hecho ella o se lo imaginaba? Otra vez le vinieron esas ganas de reír, le recordó a varios clichés mangas shoujos que había leído a lo largo de su corta vida.

Iba a hablar, provocar, quizá. Habían veces que ni ella sabía lo que iba a decir, ya que como era demasiado tonta, habían veces que las palabras simplemente le salían. De cualquier manera, seguramente terminaría huyendo tras decir lo que sea que fuese a decir, porque estaba segura que sería para provocarlos... Oh, pero para su suerte no pudo hacerlo. Ni siquiera pudo abrir su maldita bocota, ya que fue sorpresivamente agarrada del brazo y regañada suavemente antes de poder reaccionar. Aunque en realidad, que suerte, no quería golpear a quién creía su salvador, es decir, Chico Misterioso -su apodo oficialmente.-. Por un momento pensó en quejarse, actuar realmente como una niña y echarles la culpa a ellos por provocarla. Pero desistió al hacerse una idea que quizás llegaría hecha polvo a su casa, y no quería preocupar de más a su pobre madre. —Bien. Pero si me dicen niña de nuevo, les golpearé con fuerza.—Advirtió, y con la cara seria que puso, quiso creer que el otro entendía que iba enserio.

Pero la seriedad en su rostro se esfumó al mismísimo momento en el que el líder de los hombres esos gritó para anunciar la hora de su muerte. Ahí ni le importó parecer la dama en peligro, dio un alarido débil y se dejó proteger por el otro, quien torpemente colocó un brazo por delante suyo. Cerró sus ojos esperando los golpes, así sería más rápido, según ella. Pero lo que fuera que fuese, les dio otro golpe de suerte. Seguramente era la casualidad o alguna persona buena había llamado a la policía por todo el estruendo. Pero ¿qué importaba? La autoridad había llegado. Y fue todo tan rápido que no se dio tiempo a mostrar alegría o cualquier otra cosa. El tipo simplemente pegó un grito preguntando lo que sucedía y todos salieron disparados en todas direcciones, olvidando así bates, amigos y la dignidad por el camino. El policía y su compañero trataron de agarrar a los que podían para colocarlos contra las paredes. Y Chico Misterios atinó a agarrarle de la mano y salir corriendo de nuevo, aprovechando el inconveniente. La chica se puso tiesa pero eso no fue inconveniente para el albino, siguieron corriendo en lo que ella exclamaba varios —¿Eh? ¿Eh? ¡¿Eh?!— y nada más.

Y, en lo que corrían ya un buen tramo (o por lo menos para ella, alguien que no era buena en actividades físicas) sus pies se enroscaron y terminó por caer de cara al suelo, soltándose del agarre al instante para no hacer caer también al Chico Misterioso. Se sentó en el suelo casi al instante sobándose la frente y lloriqueando. —Uuuu... Esto va a dejar marca...—levantó un poco su cabeza para mirar a su acompañante y sonrió. —Lo siento. Soy muy torpe.— Se explicó vagamente. Y antes de levantarse, por algún motivo, le vino a la cabeza todo lo vivido anteriormente y quedó quieta en su sitio. Luego comenzó a temblar, y casi al instante comenzó a reírse a carcajadas. Porque de repente todo le pareció tan gracioso y lejano que no pudo evitarlo. —L-lo siento, es que yo... ¡Pfft! ¡Es que de repente todo esto da mucha gracia! — Y volvió a reír, pasándose una mano por la frente roja y la otra quitándose una lagrimita, producto de reírse como idiota. Inspiró aire y se calmó, luego miró al chico y le sonrió. —Umh, sí. Por cierto, no creo que nos hayamos conocido, ¿no?— Se levantó sacudiéndose sus ropas, y luego le tendió la mano. —Soy Bianca, un gusto... creo, si ya estamos fuera de peligro...—Y se rascó la mejilla con la otra mano, con una sonrisa nerviosa incrustada en su rostro. —¿Y tú eres? N-no quiero decirte "Chico Misterioso" si es que llegamos a salir de esta y nos volvemos a ver... uh, espera, olvida eso, no... Ah.— Desvió la mirada algo avergonzada, tonta.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Izumi Yabuki el Sáb Jun 13, 2015 7:34 am

¿En serio? Todo el enojo que venía desde la chica para golpear de esa forma era porque le decían “niña”, una pequeña palabra insignificante era todo lo que necesitaba para sacar esa fiera dormida que aguardaba en su frágil cuerpo. No lo podía creer. Tanto era el asombro que generó esa confesión que embozó una sonrisa, más tarde la molestaría con ello, podría resultar divertido o asesinado por un bolso escolar. Titulares de diarios: “Joven muere por múltiples golpes por un bolso de mujer enloquecida al ser llamada niña.” Ya se lo imaginaba, pero ahora debía protegerla a costa de todo, sin importar que la balanza estuviera equilibrada hacia el bando rival.  

Estuvo a nada que su antebrazo se rompiera por el contacto de aquel bate, si no fuera por la llegada divina de los policías seguramente estaría tragándose el dolor en una mirada de furia y apretar de dientes constante. Por suerte no fue así y sacudió las manos mentalmente como clara señal de que se desliga de toda responsabilidad, solo pescó a la muchacha en un escape casi a punta de rayo y empujó más de alguno con motivo de obstaculizar el camino de los policías hacia ellos, así lograrían escapar una distancia considerable mientras los demás eran detenidos con obvias razones. Lo normal en estas situaciones era salir con un rostro serio y preocupado, Izumi iba con una inmensa sonrisa en los labios, casi se podría asegurar que gozó estar en aprietos.

Seguía corriendo, pero sus pisadas disminuyeron de velocidad al notar lo vacía que se sintió su mano. La chica había caído al suelo y de cara más encima. Pobrecita.  Se devolvió a paso lento donde ella, mirándola y escuchándola como pedía disculpas por su torpeza, de la nada se enterneció y sonrió cálidamente. – Creo que al fin le encontraste lo divertido a la situación – Comentó en un levantar de dedo índice. Se lo había dicho, al fin y al cabo era genial. ¿Sería por ello que reía? Si no lo era, no lo comprendía, aunque también cabe la posibilidad que solo sea producto del nerviosismo.

La hora de las presentaciones llegó y ante ese estirar de mano encontró que lo mejor forma de corresponder era siendo caballeroso, por ello debía quitarse la máscara que llevaba encima. – Chico Misterioso suena bien… – Comentó con los ojos cerrados y llevando ambas manos hacia el rostro para deshacerse de aquel objeto que cubría la mitad de sus facciones, mostrándose tal cual le estrechó la mano con una sonrisa amistosa. – Soy Izumi, es un gusto haberte secuestrado y meterte en problemas – Agregó sin mayor culpa, sosteniendo con la otra aquel utensilio quitado.  – Estaba pensando que podrías ser mi guardaespaldas y protegerme de los villanos, eres una niña muy fuerte, niña, niña – Ahí estaba, su intención verdadera desde que conoció cual era la palabra que la enfurecía y entre un desear desesperante por verla reaccionar sonrió divertido.

– ¡Oh no! Dije la palabra prohibida~ – Agregó risueño soltándole la mano y dando algunos saltos hacia atrás como si fuera un pequeño chiquillo. Ridículamente se cubrió la cabeza con ambos brazos a modo de protección y sacó la lengua bromista. ¿Le pegaría? Sería interesante descubrirlo. No podía dejar de reír.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Lun Jun 15, 2015 10:46 pm

 —Un poco, quizás~— No iba a admitir que realmente, a último momento, la cosa se había puesto realmente graciosa. ¿Estaban en un libro de comedia? Si era así, le daba gusto que todo haya acabado así. En vez de terminar medio muertos o a manos de autoridades. ❝Aunque ahora que lo pienso, creo que hubiese sido mejor estar con la policía, ¿por qué huir?❞

La pregunta le fue dejada de lado al escuchar una palabra. La palabra prohibida. Rápidamente salió de su breve letargo, mirando con cara inocente y sorprendida al chico. —¿Eh?— Y así como así, vino a su mente una voz burlesca pronunciando la palabra "niña" de manera repetitiva. ¿Eso... él sólo acababa de...? ¿De verdad? ¿El. Muy. Desgraciado. Descarado. Idiota. Cara de zorro. Le. Estaba. Diciendo. Niña? Luego de ello, mostró una sonrisa, pero su ceño estaba fruncido. —¡¿Q-qué?! ¡¿Es que quieres que te golpee con el bolso como a aquel viejo?!— Lo señaló con el dedo vulgarmente, ya no sonreía, estaba disgustada. —¡N-no actúes como niño, tú, tonto!❝¡Jeez! ¡¿Qué pasa con él de repente?! ¡Tan molesto!❞ Infló sus mejillas con disgusto en lo que trataba de calmarse. Era idiota, terca, tarada, y muchas otras cosas más, pero no sería capaz de golpear a alguien que segundos atrás le había salvado, probablemente, la vida. ❝Y eso que me empezaba a caer bien. ¡Tonto Izumi!❞

Al mirarle bien la pose de protección (una demasiado mal hecha, según su experiencia en películas de peleas) , notó que una de sus manos estaba sosteniendo algo. ¿Desde cuando tenía eso? No había caído en cuenta de ello hasta esos momentos. Bueno, aunque, realmente no se había fijado bien en el chico. Estaba muy oscuro y pocas veces se había volteado hacia él para hablarle. Rápidamente, como si el chico no hubiese tratado de provocarla, cambió su expresión a una realmente curiosa. Señaló con el dedo el objeto. —¿Qué es eso? ¿Qué es eso?— Se acercó para ver bien, pero, el chico era demasiado alto y no podía ver bien. Se puso en puntas de pie para ver si ahora si llegaba a ver. —¿Una máscara?— Apenas la veía, pero por lo menos ya sabía qué era. —¿Por qué usas eso?— Se quedó pensando unos momentos, luego sonrió. —¡Ya sé! ¡Una especie de héroe!— Su imaginación de repente la llevó a varios momentos típicos de comics protagonizados por Chico-... Izumi. —Ya sabes, de esos que andan salvando a viejitas o chicas bonitas de malvados robustos malolientes como los de hace rato. Sí, eso explicaría porqué estabas ahí.— Se rió, parecía una incoherencia pero sería grandioso que hubiesen héroes de comics en Sweet Valley. Sonrió ampliamente. —Quizá hasta tu nombre de superhéroe sea Chico Misterioso.— Bromeó. Pero así como empezó a parlotear sin sentido (menos dejando que el otro responda), cambió el objetivo de la conversación. —Volviendo al tema de la máscara. ¿Puedo verla? ¿puedo, puedo, pueeeedo?— Se acercó con entusiasmo al chico, agitando los puños, importándole poco si llegaba a ser disgustante. Pero se dio cuenta al momento, y se quedó quieta, con la sonrisa aún en su rostro. —Ah. Lo siento. Suelo hablar mucho y no detenerme hasta darme cuenta.— Se rascó una mejilla en lo que miraba el suelo, no avergonzada, o no como los momentos anteriores. —Es que realmente pareces un héroe, y la máscara llamó mi atención algo tarde y... — Se tapó la boca. Ya. Me callo, era lo que decía el resto de su rostro. Pero, ¿qué se le podía hacer? Cuando algo llamaba su atención, ella abre la boca y no se calla más. Se preguntó si el chico se burlaría de nuevo. Bueno, podría golpearlo, tenía su bolso en la mano.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Izumi Yabuki el Lun Jul 13, 2015 6:58 am

¡Fue la mejor reacción que pudo ver en aquel rostro juvenil! De verdad creyó por un segundo que sería noqueado por el bolso, pero en vez de sentir miedo o algo parecido solo afloró de sus labios una risa divertida, lo disfrutaba. No como alguien con gustos masoquistas por el dolor, sino más bien por la imagen que estaba presenciando en ese mismo momento. Los ojos del platinado estaban fijos en la muchacha, notando la altura que poseía, ese timbre de voz al insultarlo con el “tonto” y el apuntar de dedo sin vergüenza generó en él una reacción de ternura  más que de otra cosa. Si, toda su risa descontrolada fue causada por el insólito hecho de ver como alguien extremadamente tierno lo amenazaba.  

La risa fue disminuyendo cuando la atención fue dirigida hacia la máscara que llevaba sostenida en la mano. – ¿A… esto? – Mencionó antes de escuchar sus demás vocablos que vinieron como lluvia torrencial sobre él. Quiso, realmente quiso responderle a sus inquietudes pero hablaba tan de prisa que le era imposible seguirle el ritmo, estaba sumergida en un mundo donde decir: “Disculpa quiero hablar” era una odisea sin retorno. Lo único que podía hacer era mantenerse en su puesto, levantar aquella tela oscura para verla y sonreír a medio labio en espera de un poco de silencio. Nunca la ignoró, prestó atención a cada una de sus ideas, incluso se imaginó a si mismo luciendo una tenida de súper héroe salvando a los más desvalidos. Que gracioso, su hermana lo mataría por andar haciendo cosas tan arriesgadas.

Por otro lado, la curiosidad ajena iba en ascenso y no la dejaría así, no importaba si no se callaba nunca o tendría que tener la boca sellada por siempre, la haría sentir bien por un rato. Por lo mismo, al instante que Bianca se tapó la boca se inclinó hasta el oído diestro y le susurró lentamente. – No le debes contar esto a nadie o estaré en peligro… tú, mi damisela en peligro –  Finalizó con una sonrisa amistosa. – Te haré ver el mundo con mis ojos de héroe –  Siguió jugando, pero esta vez tomó la máscara con ambas manos desde los extremos y rodeó con ella a contraria. ¿Se la había puesto? Si, acababa de cubrirle toda la parte inferior de la cara y con un ligero toque a las orejas la ubicó para que se mantuviera firme. Ciertamente la frase que había enunciado no tenía nada que ver, pero le sonó hermoso en su mente y solo por eso lo dejó a relucir.

– ¡Listo! ¡Ahora puedes luchar contra los malos! – Aplaudió conforme, se veía realmente bien. – ¡Poderes de superhéroes actívense! – Ahí estaba, jugando y pareciendo despreocupado otra vez, ¿qué importaba ser infantil de vez en cuando? Aún era menor de edad y debía disfrutar de estos pequeños momentos de locura. Si no fuera poco su frase, tomó los brazos de la recién conocida y los elevó para recibir alguna clase de poder sobrenatural desde los cielos. Mucha televisión al parecer. Sonreía, una y otra  vez.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Lun Ago 03, 2015 2:57 am

El chico ese realmente quería que lo golpease... ¿O quizás era masoquista? La reacción a esa tierna y tsundere amenaza suya le enojó. Con suerte, su curiosidad le salvó el pellejo, todo el tema se vio completamente desviado a la identidad oculta-no-tan-oculta del muchacho de cabellos albinos. No, en realidad, se vio todo cambiado hacia la linda máscara que portaba... y muy dentro, muy, muy dentro, quería tomarle una fotografía. Qué pena que su móvil esté sin batería.
Y se sintió algo estúpida por tener que colocar las manos sobre su bocaza para callarse y dejarlo responder las... pocas-muchas preguntas que había lanzado sin cesar. Ella era usualmente así, no tenia dramas a la hora de hacer preguntas, o por lo menos no hasta que se daba cuenta que la otra persona se mareaba o que se quedaba sin aire. Le avergonzaba, pero no podía evitarlo aunque quisiese, problemas de ser curiosa por naturaleza.

Apenas fue consciente cuando éste se acercó a su oído diestro para susurrarle algo tan poético que sentía ganas de escribirlo en algún lado. La vergüenza se le hizo presente en su rostro al notarlo. ❝Mu-muy cerca, muy cerca, ¡taaaaan cerca!❞ Agradecía que tuviese la parte inferior de su rostro cubierto. Mucha vergüenza, se veía como un tomate bien maduro, de seguro. Quitó las manos de su rostro para reprochar lo de damisela en peligro. ¡Ella no era una maldita damisela en peligro! Y si lo era, era una muy valiente. ¡No cualquiera le pega a un tipo que le dobla el tamaño con un simple bolso! Pero apenas pudo articular la letra O, ya que el otro le había colocado la máscara encima. Hubo, entonces, otro cambio drástico de humor. De curiosa a enojada, de enojada a contenta. Comenzó a tocarse la cara en lo que una sonrisa boba se implantaba en su rostro. Dio una vuelta tonta y se dirigió al chico. —¡Es genial! ¡Muy genial!— Rió, las acciones del otro no ayudaban a calmarla ni un poco. ¿Era tan inevitable eso de reír por una simple máscara? Lo era, para ella al menos. Le siguió el juego, mirando hacia el cielo en lo que sus manos se extendían como para poder alcanzarlo. —¡Siento... siento el poder, Izumi~~!— Le dijo, y al instante lo soltó. —¿Me veo como una superheroína? Dime, dime.— Sacó pecho, inhalando la mayor cantidad de aire que le permitían sus pulmones. —¿Cómo debería llamarme? Que pena que Gatúbela ya esté ocupado...— Se cruzó de brazos en lo que inflaba un poco sus mejillas. No, iba en serio, estaba seria. ¿No lo ven? Si hasta había inflado las mejillas.
De repente era como si la preocupación a muerte que podría tener su madre en esos momentos no fuera nada.
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Re: 「 Maneras de conocer a alguien: Muriendo del susto 」→ Priv. Izumi Yabuki

Mensaje por Tema Cerrado el Lun Sep 07, 2015 7:18 pm

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