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Concert privé | Priv. Félix Schnieper

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Concert privé | Priv. Félix Schnieper

Mensaje por Narelle Sokhna el Sáb Ene 31, 2015 7:32 pm

El silencio predominaba en la amplia sala de conciertos, sumida en una quietud que sólo podía obtener cuando en las butacas no se sentaban más que las finas motas de polvo, arrastradas por el aire y que danzaban invisibles, mostrando sus figuras doradas al ser alcanzadas por las luces del escenario. Un extraño ambiente se extendía por todo el lugar, brindándole un aire inmóvil y ligeramente irreal. Era una escena que podías observar únicamente si eras de los pocos elegidos con acceso al teatro fuera del horario de espectáculos, y tal era el caso de la joven que se encontraba sentada en el medio de la tarima de madera finamente pulida. Ser una de las solistas de la seguidilla de conciertos que tendrían lugar en las próximas fechas, le otorgaba el privilegio de encontrarse allí, a solas con sus  pensamientos  y el precioso instrumento que descansaba entre sus rodillas, apoyado sobre la tela roja de su vestido.  Ni siquiera el maestro de la orquesta o el resto de sus integrantes tenían acceso durante ése momento, era un período dedicado única y exclusivamente a que la chellista examinara la acústica de la construcción y practicara las piezas que habría de tocar. Y para darle un toque más especial a la ocasión, no se trataba de un acceso brindado por el simple hecho de ser la hija de un embajador, sino por el extraordinario talento del que la joven había hecho gala desde tierna edad.

Con la delicadeza de una bailarina, elevó los brazos que descansaban momentáneamente sobre la superficie rojiza de su instrumento, sujetando en uno el elemento que deslizaría sobre las cuerdas para hacerlas sonar y colocando la otra sobre las cuerdas para presionar los acordes. Cada uno de sus movimientos era fluido, tan naturales como el aire que escapó de sus labios momentos antes de iniciar. No tenía aún una melodía definida, había estudiado las partituras correspondientes con anticipación, por supuesto, pero siempre que iniciaba la práctica y se encontraba a solas, le gustaba comenzar con la música que surgiera espontáneamente de sus dedos, fuera una canción anteriormente practicada o simple improvisación. La iluminación hacía que sus cabellos y toda su figura adquirieran un tono ligeramente dorado, como si estuviera envuelta en un velo de oro que la mantenía apartada de todos los demás, perdida momentáneamente en su propio mundo, uno que comenzó a tomar forma ni bien sus dedos rasgaron la primera nota.  El silencio se fue desvaneciendo con la melodía que poco a poco iba tomando forma, uniéndose a la quietud como si desde el principio hubiera esperando entre las sombras para surgir, sin alterar por ello en lo más mínimo el ambiente. Era parte de él, igual que de la muchacha detrás del instrumento que amaba más que nada en el mundo.

Las voces que se entremezclaban más allá, del otro lado de las puertas, no alcanzaban el ambiente aislado para dichos momentos, de modo que, si lo deseaba, podía creer que se encontraba completamente sola. Que nadie vendría a interrumpir ni a darle nuevas indicaciones. Que un mínimo instante la realidad era otra y no se hallaba atada por el silencio obligatorio de su voz, sino que simplemente su alma era la que cantaba, con una voz ligeramente distinta a todas las demás. Era algo que siempre había creído, por eso amaba su violonchelo, pero sentirlo de ésa forma, tan cerca y suyo, sin las miradas que le recordarían la diferencia, era en cierto modo un alivio. Estaba acostumbrada a sobrellevarlo, era parte de ella y siempre lo sería y de hecho no le molestaba. Pero no significaba que en ocasiones tal condición no pudiera doler. Diferente no significa digno de compasión. Las pestañas ocultaron los iris color miel, mientras poco a poco se dejaba llevar como siempre lo hacía, como le sucedía desde la primera vez que había posado sus dedos sobre las cuerdas de un chello.

Y fue la misma música la que ahogó los pasos que resonaron suavemente por uno de los corredores laterales, colándose por una puerta entreabierta que la joven no fue capaz de notar. De haberse encontrado en silencio, o quizás practicando con los ojos abiertos como normalmente lo hacía, quizás habría notado la figura que sileciosa se acercaba hacia donde ella se encontraba. Pero sus otros sentidos se habían desconectado momentos atrás y sólo predominaban las encantadoras notas que danzaban junto con el polvo de oro frente a los reflectores.
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Re: Concert privé | Priv. Félix Schnieper

Mensaje por Félix Schnieper el Miér Feb 04, 2015 3:29 am

¿Por qué Félix estaría tan animado? Eran pocas las veces en que el suizo-holandés había podido disfrutar del teatro, tan pocas que podía contarlas con los dedos de una sola mano y le sobraban dedos, a pesar de que su mejor amigo, Dylan, lo había invitado muchas veces a diferentes obras de diferentes estilos. No era precisamente por el hecho de que era selectivo con lo que le gustaba, porque sí lo era, pero mientras se mantenía en Holanda no tenía tiempo siquiera de divertirse entre tantos estudios en los que estaba inmiscuido. Quizás por eso se sentía levemente emocionado de poder tener la oportunidad de acudir a un teatro, más aún, un teatro francés, y que además conocería a una de las personas más importantes para el crecimiento de su carrera en Francia, esta vez siendo alguien que lo buscó por su propio talento y no con la ayuda de la familia de Dylan, otro motivo para estar más contento aún.
 
Sin embargo, llegó mucho más temprano de la hora estipulada con el deseo de poder tomarse el tiempo de observar el majestuoso lugar. Agradeció el hecho de tener una invitación especial, ya que siendo lo contrario no hubiese podido tener acceso al teatro a esas horas, ni mucho menos la posibilidad de entrar a todas las habitaciones. Al cruzar la puerta de entrada, levantó su comisura diestra en una escasa sonrisa gracias a la reacción del guardia al verlo; Félix traía un sweater verde, similar a sus ojos, con la capucha tapándole parte de sus doradas hebras, las manos en los bolsillos y su típico fruncir de ceño. Sería normal el pensar que podría ser una especie de delincuente con todos esos piercings y esa apariencia de matón, pero eso sólo le hacía gracia. Movió su cabeza a modo de saludo y siguió caminando con suma tranquilidad, pasando por el salón principal para luego comenzar a donde las salas estaban.
 
El hombre con el que debía encontrarse recibía el nombre de Patrick, era un productor inglés de una enorme compañía en Inglaterra, que movía a los artistas por los diferentes países de Europa y Estados Unidos. Había escuchado una de sus canciones en Youtube, por lo que le había interesado lo que su música electrónica podía significar más adelante, haciendo que acordaran una cita para ese día. Definitivamente, sería un muy buen día. En el momento que pasaba por la última sala del primer piso, notó que esta estaba abierta, a diferencia de todas las demás. Pero a pesar de eso, también se escuchaba un tenue sonido armónico que parecía poseer una atracción magnética que hacía que el muchacho no pudiese evitar el ir a curiosear. Observó que la abertura de la puerta fuese lo suficientemente grande para poder acceder a la enorme habitación sin hacer el menor de los ruidos, para que de esa manera la persona que estuviese empleando la melodía no se viese interrumpida por su presencia, aunque lastimosamente el hecho de ser el único espectador en esa sala semi-vacía hacía que el eco de la acústica hiciese notar hasta el más pequeño de sus pasos.
 
Se quitó con un movimiento rápido la capucha de la cabeza y sus ojos se abrieron con sorpresa al sentir las notas vibrar dentro de sí. En el centro del enorme escenario se encontraba una joven que tocaba asombrosamente un cello, inundando la habitación de una sonata que no había escuchado jamás y que, en definitiva, era de su completo agrado. Era cierto que el estilo de música que interpretaba Félix era absolutamente diferente al que estaba presenciando, pero eso no quitaba que le gustase la música clásica. Siempre que tenía la oportunidad escuchaba alguna que otra melodía de Beethoven o Bach, quizás Mozart, cosas muy básicas pero clásicos al fin, como método para relajarse cuando estaba estresado o quizás por puro placer. Era por eso que se encontraba tan a gusto con el entorno.

Bajó unos cuantos escalones, permitiéndose acercarse a la desconocida pero a su vez dejando cierta distancia entre ellos, casi quedándose a mitad de sala, y sin apartar sus ojos de ella. La muchacha tenía el cabello largo y oscuro, los ojos cerrados en señal de disfrute y concentración y un vestido de tonalidad carmín que acentuaba su piel pálida, frente a ella yacía el enorme instrumento de madera fina y sus brazos y dedos se movían en perfecta armonía. Los ojos de Félix brillaban tenuemente, maravillados con lo que alcanzaban a observar. Por un momento se olvidó del verdadero motivo de su presencia en ese lugar y quiso permanecer allí por mucho más tiempo, después de todo, había llegado temprano por una razón similar a la que estaba presenciando. Se mantuvo en silencio todo el tiempo y no fue sino hasta que la melodía cesó que se terminó de acercar al escenario, permitiendo de esa manera que las suaves luces lo iluminaran y de esa forma la chellista pudiese observarlo. Sin embargo, no aplaudió, prefirió mantener la penumbra y que sólo cuando ella lo notase hacer algún tipo de gesto para demostrar su enorme disfrute.
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Re: Concert privé | Priv. Félix Schnieper

Mensaje por Narelle Sokhna el Miér Mayo 06, 2015 10:01 pm

La vibración de las cuerdas entre sus dedos parecía expandirse a lo largo de todo su cuerpo, aumentando esa sensación de que ella y el instrumento eran parte de un mismo ser, extensión ambos de una esencia que había nacido separada, pero que ahora al fin se hallaba unida como correspondía, el suave silencio y la armonía de la música juntos, sin la división que la naturaleza había impuesto. ¿Por qué privarla de la voz? Al principio, cuando fue consciente de la diferencia entre ella y el resto de las personas, esa pregunta rondó muchas veces por su mente, considerando la posibilidad de alguna especie de castigo divino, por un pecado que no recordaba haber cometido. Quizás algo que arrastraba de una vida pasada, apareciendo ahora para cobrar las cosas que no habían podido ajustarse en un tiempo anterior. Pero con el paso de los años, y gracias al descubrimiento del precioso instrumento musical que se había convertido en su voz, esa idea comenzó a transformarse, dando paso a la noción de que tal vez, y sólo tal vez, todo aquello fuera parte de un propósito que le había sido asignado al nacer, uno que podría cumplir sólo si superaba esa adversidad y encontraba el resto de su ser, encarnado en esa preciosa creación de madera que le permitía transmitir más que las palabras que jamás podría expresar más allá de señas o escritos.

Su talento era otra parte que había fomentado dicha forma de pensar, tratándose no sólo de un don natural sino de algo que se había incrementado con la constante práctica. Algunos músicos practicaban toda su vida para lograr la perfección técnica, la suavidad de movimientos al deslizar el arco sobre las cuerdas o lograr una nota diáfana que se perdiera en el aire. Tales atributos eran algo que brotaba con naturalidad de la muchacha de oscuros cabellos, siendo los constantes ensayos no una obsesiva búsqueda de mejoría (aunque por supuesto se esforzaba muchísimo por avanzar), sino también su forma de dar rienda suelta a su pasión personal, esa que nunca se agotaba sin importar cuánto tiempo tuviera que pasar sentada tocando la misma pieza una y otra vez. Aunque por supuesto, la improvisación siempre resultaba un placer especial, algo reservado a sus horas privadas en su hogar, o cierta tarde de invierno junto al mar. O unas solitarias horas de ensayo fuera de la vista u oído de su tutora o el resto de la orquesta.

Sin embargo, en esos momentos todo aquello quedaba fuera de la cuestión, atrapado en un oscuro rincón de su mente mientras el resto de su ser se dejaba llevar por la música. Ah, si expresarse fuera siempre tan fácil.. Amaba lo que hacía, por supuesto, y también a las personas que se encargaban de que su habilidad fuera notada y alabada a lo largo del mundo, pero en ocasiones, un pequeño respiro del control o la corrección, por mínimas que fueran, resultaba un alivio. Más teniendo en cuenta de que las noches siguientes serían completamente absorbidas por las presentaciones que tendrían lugar, siendo ella el centro de atención en más de una. Era la época del año donde se desarrollaban la mayor serie de eventos culturales y las actuaciones de la orquesta, ya fuera la sinfónica completa, sólo de cuerdas o un dueto de violonchelo y piano, formaban gran parte de dicha movilización. Personas de toda la ciudad e incluso de ciudades vecinas estarían asistiendo al precioso teatro de Sweet Valley, ni que decir de aquellos músicos que, estando de gira en Francia, aprovechaban la ocasión para participar o simplemente encontrarse con sus amistades. Narelle formaba parte de dicho mundo desde los 7 años, pero aún así, el ligero nerviosismo y la emoción que precedían dichos encuentros, no se había desvanecido con el paso del tiempo.

La pieza poco a poco fue llegando a su fin, terminando con una honda respiración de la intérprete, que se desvaneció junto con las últimas notas de la misma, un eco perdido en la inmensidad del auditorio. A pesar de eso, la joven tardó unos momentos más en abrir los ojos, disfrutando la sensación de tranquilidad y, por qué no, felicidad, que la acompañaba cuando tenía oportunidad de practicar a solas en esa clase de sitios. Un tenue temblor de pestañas anunció que el momento estaba cerca, descubriendo lentamente los orbes de color dorado, tan cálidos como la luz del mismo tono que la cubría. A su alrededor, el espacio difuminado fue tomando forma poco a poco mientras sus pupilas se acostumbraban a la luz, siendo éste el motivo de que no notara la presencia de otra persona en el salón sino hasta que hubieron pasado ya un par de minutos. Decir que estaba sorprendida sería ciertamente poco para describir las múltiples emociones que transitaron velozmente por su pecho, pero sus ojos más abiertos de lo usual y los labios formando una expresión de inconfundible sorpresa, dejaban aquella emoción como predominante.

El cuaderno y su celular habían quedado metros más allá, dentro del estuche que descansaba apoyado sobre una de las paredes laterales, de modo que no tenía forma de preguntar la razón de que alguien más se encontrara presenciando un ensayo que debería ser privado. A pesar de todo, es su espíritu de músico lo que guía sus acciones, dedicando una leve inclinación de cabeza hacia su espectador, antes de levantarse y poder efectuar la pequeña reverencia correspondiente. A falta de palabras o gestos (pues no iba a arriesgarse con el lenguaje de señas sin saber si la otra persona sabía hablarlo), ladea el rostro suavemente hacia un costado, dejando que la pregunta aflorara tras los iris color miel. Esperado o no, ya que había tenido alguien que presenciara su actuación, siempre era bueno conocer su opinión. Al menos, por ahora, podría ahorrarse la mirada extraña que su tecleo en el móvil o el rasgar de la pluma sobre el cuaderno solían generar.
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Re: Concert privé | Priv. Félix Schnieper

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 05, 2015 2:01 pm

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