Conectarse

Recuperar mi contraseña

Elliot Rousseau
Claire Black
Xion Mitai
Hiroshi Anzai
Eita Takahara
Reglas generales Reglas del chatboxGuía para principiantesPeticionesRegistrosPreguntas frecuentesCensos mensualesgossip amorisEventosZona Corazón de melónDatos para afiliación
Últimos temas
» Un día lleno de sorpresas /Priv. Miikan Lobelia\
Sáb Nov 24, 2018 12:09 pm por Miikan Lobelia

» ►Petición de personajes
Sáb Jun 23, 2018 11:09 pm por Xion Mitai

» ► ~Reglas Generales~ [OBLIGATORIO LEER Y FIRMAR]
Miér Jun 20, 2018 9:39 pm por Scarlett Aisaka

» ► ● Reglas de la Chatbox ● [OBLIGATORIO LEER Y FIRMAR]
Miér Jun 20, 2018 5:34 pm por Federica Astor

» You're not my order [Libre]
Vie Jun 08, 2018 4:48 am por Aella Nezhra

» Buscando para rolear mi primer rol
Jue Jun 07, 2018 11:32 pm por Aella Nezhra

» por fin llega el buen tiempo
Lun Jun 04, 2018 9:28 am por Matthew W. Clark

» ►Petición de recuperación de rango
Mar Mayo 29, 2018 5:18 pm por Claire Black

» [TRAILER] Corazón de Melón en la Universidad
Mar Mayo 29, 2018 3:48 pm por Claire Black

Afiliados Vip ◄
Ser Original es un mérito, querer serlo a costa de los demás un defecto. Las imagenes del contenido de este foro y personajes cannon pertenecen a ChiNoMiko. Imagenes restantes son conetido de Tumblr y Zerochan. Diseños editador por Claire Black. Idea principal Xion Mitai. No copiar o plagiar imágenes de este foro para agregarlo a otro. Si ocurre eso será denunciado a la plataforma donde esté alojado ese foro, ya sea Foroactivo u otro sitio. Tampoco pongan el contenido de este sitio en sus webs/tumblrs/facebook o similares como si fuera vuestra. Template por Hitskin.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution 3.0 Unported License.

Foros de Rol en español Roleando | Top List de Foros de Rol Shiki Topsite! Kuroi Bara Top List Sekai Anime Top List Roleplay Monster ROLTop4Us
Este foro se visualiza mejor con Google Chrome

¡Te odio...! Pero no tanto.

Ir abajo

¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Vie Ene 23, 2015 5:52 am

Ni bien vi esa sonrisa egocéntrica en su rostro supe que volvería a aprovecharse de la situación, justo como había pensado, pro bueno ¿qué le podía hacer? Después de todo me había ayudado bastante con aquellas chicas y me sentía en deuda con él. En cuanto le vi avanzar no pude evitar retroceder un poco, apenas medio paso por simple inercia, al fin y al cabo él me seguía dando miedo… y cuando le sentí poner su mano en mi cuello comencé a asustarme, no temblaba y mi semblante seguía igual de frío pero sentía que algo malo podía pasarme en cualquier momento y eso me preocupaba de sobremanera, el hecho de que el rubio se estaba acercando a mí cada vez más solo aumentaba mi incertidumbre, por favor, por todos los dioses que no fuera a hacer lo mismo de ayer, no me veía capaz de aguantarme las ganas de llorar y golpearlo aquí mismo si se atrevía a propasarse nuevamente, encima nuevamente comenzaba a bloquearme y no me movía. ¿Si su voz era sensual? Claro que lo era y mucho, sin embargo esa suave y aterciopelada voz no conseguía sino darme escalofríos de miedo y angustia ¿Por qué le tenía tanto miedo? No lo sabía, no lo entendía, pero el hecho era que me asustaba. Apreté mi mano, empuñándola apenas sentí sus dedos en mi muñeca ante de sujetarla por completo, respiré hondo y lento sin moverme o inmutarme, él intentaba intimidarme, cohibirme con su actitud y definitivamente no conseguiría una reacción de mí, aunque no pude evitar el ligero cosquilleo en mi cuello debido a su aliento antes de que se alejara hacia mi cabello.

Quizás cualquier otra chica se hubiera derretido por sus acciones pero a mí no podían darme nada más que cierta preocupación, me repelía cada cosa que hacía y no podía evitar estar a la defensiva y al pendiente de cada uno de sus movimientos. En cuanto le vi acercarse a mi rostro se me cortó la respiración y alejé un poco mi cabeza hacia atrás, entrecerrando los ojos preocupada, solo estaba molestándome ¿no? No se atrevería a hacer lo mismo de nuevo ¿verdad? Incluso aun desde ayer me quedaba la sensación de su labios en los míos y ese cosquilleo no era para nada agradable, o al menos de eso me quería convencer. Entonces sentí sus labios en la comisura de los míos y me alejé un paso, frunciendo el ceño y mirándole a los ojos, iba a decirle algo pero volvió a hablar, retrocediendo también un paso y pidiéndome que le haga la cena, si no hubiera estado entre enfadada y estresada casi me hubiera aliviado de su petición, solo era comida, aunque claro que yo no era la mejor en la cocina pero sabía defenderme, esa era una petición accesible.

-Bien, es algo que puedo hacer-fue mi gran respuesta, pero tras esto le vi alzar una ceja y acercárseme, ni bien habló enarqué una ceja y por alguna razón me causó gracia-pff…-antes de comenzar a reír puse mi mano sobre mi boca y me contuve, desviando la mirada-Ya quisieras…-susurré más para mí misma ¿querer que me bese? ¿Después de todo lo desagradable que sentía? Si, como no, y si acaso quería que me avergonzara con su actuar estaba muy equivocado, sinceramente estaba lejos de sentir nada que no fuera ese desagrado y ligero miedo que me nacía, sobre todo al recordar su actitud del día anterior, aunque debía darle un punto por la ayuda que me dio.

Mientras decía y pensaba esto volví a mirarle y noté que se retiraba, respiré hondo notando que cuando se me acercó de más había comenzado a temblar nuevamente, a penas de forma ligera y casi imperceptible, pero bueno, simplemente asentí a su último comentario y di media vuelta hacia mi clase sin mirar atrás. Bufé un poco y saqué mi móvil de la mochila para encontrar la dirección, oh… vivía casi por el otro lado se la ciudad, con mi gran sentido de la orientación esperaba no perderme, ya antes me había pasado, en más de una ocasión para mi desgracia. Dejé el tema de lado llegando a mi clase y continué el día de manera normal, por suerte no volví a toparme con aquel rubio desagradable, lástima que no me zafaba de esa “cena”, pero bueno, avisé a Nikolay que cenaría en otro lado y él no hizo mayores preguntas por lo que el tema quedó ahí, de todos modos no es como si el rubio cenizo estuviera mucho en casa, era más bien yo la que solía pasar encerrada.

Tuve tiempo suficiente para darme una ducha y cambiarme de ropa a algo más cómodo, de todos modos no es como si buscara dar buena pinta pero en la universidad me daba la sensación de que debía tener una ligeramente mejor presentación y ya fuera del lugar no me preocupaba por esos detalles molestos e innecesarios, claro estaba que no era la típica chica linda pero bueno ¿Qué le podía hacer? Así era, punto. Salí de casa antes de que oscureciera, ni de chiste saldría para cuando la noche cayera y no era para nada buena idea dejar plantado al chico ese; como él había dicho, no me convenía. Pasé al parque a hacer uno que otro bosquejo para pasar el rato mientras oscurecía y pasaba la hora, para lo que en realidad no quedaba mucho pues el otoño ya pegaba y comenzaba lentamente a oscurecer más temprano, suspiré sin poder dejar de prestar atención a como caía el sol por el horizonte y me resigné, guardé las cosas y fui a una tienda para comprar ingredientes, después de todo no sabía que habría o no en casa del joven y no me apetecía salir luego pues sería más tarde y ya la noche habría caído por completo, prefería no volver a mostrarme temblorosa y débil nuevamente ante él, mi orgullo no permitía más que una vez por día.

Pronto, más pronto de lo que esperaba, llegué a la casa de Nate, ¿me había perdido? Claro que lo había hecho, me equivoqué como 3 calles y luego me metí en otra zona sin querer pero había tenido tiempo suficiente para volver a ubicarme hasta llegar. Miré en mi móvil, 7:55 pm… pues qué más da, respiré hondo y toqué el timbre, no me apetecía estar esperando en la oscuridad esos 5 minutos, irónicamente la compañía del futuro veterinario hipócrita y la luz de su hogar era mejor que estar afuera, muy a mi pesar. Pronto abrió la puerta, no me molesté siquiera en sonreírle cuando le miré, tampoco quería que notara el suave temblor en mis manos asique las traía metidas en los bolsillos del polerón, todo iría bien si solo le preparaba la cena y me iba ¿no? Solo debía hacerlo y partir a casa.

-Ya vine ¿Dónde está la cocina?-directo al grano, realmente no me apetecía entablar mucha conversación y sin esperar una verdadera respuesta di unos pasos al frente abriéndome paso hasta el lugar, siquiera me molesté en mirar los al rededores, aunque por cortesía dije inércicamente-Perdón por la intromisión-de manera suave y con un cierto aire de modales aprendidos e inculcados con el tiempo. Fue poco después de entrar que vi la cocina un poco más allá y avancé sin más-Permiso-fue lo único que dije al abrir la puerta para entrar y dejar las dos bolas que traía con cosas para cocinar-Espero que te guste la comida japonesa, porque prepararé tonkatsu acompañado de algo de sashimi ¿tienes salsa de soya? Me olvide comprar un poco-dije mientras abría las bolsas para sacar los ingredientes que había traído, la carne, el pescado, los acompañamientos para preparar ambas cosas y un par de palillos chinos desechables. Oh, esperen, compré 2 pensando en comer… pero realmente no me apetecía comer con ese chico asique dejé el segundo par dentro de la bolsa y fingí solo tener uno, guardando las bolsas en mi mochila, hasta ahora había tratado de ignorar todo lo posible al rubio y mantener mi semblante frio, tranquilo, no quería que él me perturbara ni quería salir corriendo de nuevo, si esta vez ocurría no sería lo mismo pues había oscuridad allá afuera y eso solo conseguiría estresarme más, vamos, que no era idiota para salir corriendo alterada a sabiendas de mi miedo.


Última edición por Akiyama Nozomi el Vie Mayo 06, 2016 11:54 pm, editado 1 vez
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Lun Ene 26, 2015 9:48 pm

Cuando las clases de la universidad por fin acabaron, me retiré a mi casa ignorando completamente a las tipas que aún seguían preguntándome sobre mi supuesta “novia”. Por Dios pero que pesadas. ¿No podían dejarlo ya? Parecían loros que no paraban de hablar y casi me daban ganas de meterles un zapato por la boca. En fin, una vez dentro de mi apartamento lo primero que hice fue alimentar a Max y luego sacarlo a pasear un rato por la ciudad. Aún quedaban horas para que mi otro “perro” viniera a prepararme la cena así que podía tomarme las cosas con calma. La verdad es que esta situación me divertía mucho. ¿Hasta dónde podía aguantar esta chica? Por alguna razón sabía que Mia era bastante diferente a las demás porque no se derretía con cada acto mío, sin embargo también sabía que aquella era una simple coraza. Y yo adoraba hacer sufrir a gente como ella. ¿Era un sádico? Podría ser, después de todo no me importaba en absoluto como se sentían ellas. Lo que buscaba era satisfacerme a mí mismo. ¿Cómo se siente cuando te enamoras y luego esa persona te deja tirada como una simple basura? Seguro que debe de ser jodidamente frustrante, ¿eh? En el fondo absolutamente todas las mujeres eran iguales… Sí, todas eran como ella, aquella que tanto detestaba desde lo más profundo de mi alma.

Cuando ya había llegado a casa lo único que hice fue comer y echarme una pequeña siesta. Al despertarme noté que ya eran las siete y media de la tarde así que supuse que Mia no tardaría en aparecer, si es que no se perdía claro está. Aunque tampoco creo que sea muy difícil encontrar mi casa, vamos los bloques de pisos saltaban a la vista además de que eran blancos y se veían en la oscuridad. Justo a las ocho menos cinco escuché el timbre y no tardé en levantarme del sofá para ir y abrir la puerta. – Vaya, buena chica, llegas justo a la hora. –  dije alzando una ceja aunque la chica avanzó sin más hasta la cocina. – Oh bien, siéntete en tu casa. – sentencié con cierto toque de ironía para luego seguirla hasta la cocina. Me crucé de brazos, apoyándome en el marco de la puerta observando cómo comenzaba a sacar todas las cosas que había dentro de la bolsa. – Bueno no creo que te importe si me gusta la comida japonesa porque ya te decidiste a hacerla pero en fin, no me desagrada la idea. – comenté dando un leve suspiro. – Y creo que tenía de esa cosa, no sé, mira en los armarios de arriba. La cocina es tuya. Yo mientras tanto voy a darme una ducha. – me alejé del marco de la puerta y justo cuando di un paso hacia el pasillo sentí como un enorme “huracán” pasaba corriendo al lado mío. – Mierda no… ¡Max espera! – pero ya era tarde, el dóberman se metió dentro de la cocina y saltó encima de Mia tirándola al suelo para luego comenzar a lamerle la cara. Maldita bestia… ¿Cómo se me había pasado dejarle encerrado en mi habitación? En fin, ya no tenía sentido pensar en eso. Me acerqué hacia ellos y cogí del collar a Max retirándole de encima de la castaña. – ¿Estás bien? No suele saltar encima de la gente de esta forma. – dije acariciándole la cabeza al perro. Dirigí mi mirada hacia la chica y sonreí ladino. – Pero has tenido suerte. Suele gruñirles a los desconocidos pero al parecer no le has parecido peligrosa. – me enderecé llevando al perro conmigo mientras decía: – Sigue con la cena y…– volteé un momento para mirarla alzando una ceja. – No hace falta que escondas los otros palillos, te quedas a cenar conmigo sí o sí. Sin objeciones. –

Tras aquello encerré al perro dentro de mi habitación para que no molestara a Mia y me dirigí al baño para por fin darme aquella ducha. Después de unos minutos, salí del baño con una simple toalla envuelta. Estaba en mi casa, ¿a quién le importaba que fuera medio desnudo? Podía hacerlo. Y en aquél preciso momento una idea pasó por mi cabeza y una risilla se escapó de mi boca. Caminé hasta la cocina, donde la castaña aún se encontraba cocinando y me puse detrás de ella colocando mis manos sobre la encimera y atrapando a Mia entre esta misma y yo. Acerqué mi boca hacia su oreja y le susurré: – ¿Qué tal va esta cena? Huele bien. – cuando la castaña se percató de la situación en la que estaba, no tardó en alejarse de mí corriendo hacia quién sabe dónde. Y justo se mete en mi habitación donde estaba el perro, esta chica… Comencé a reírme al escucharla gritar que me vistiera, maldita sea aquello se había vuelto demasiado divertido. Me acerqué hacia la puerta, apoyándome sobre esta y dije: – Vale, vale, me pondré algo de ropa pero tienes que salir. – me ahogué otra risa y alcé una ceja. – Si estás en mi habitación no puedo cambiarme, toda la ropa la tengo ahí. A no ser que quieras quedarte dentro y al salir verme completamente desnudo. Aunque dudo que te desagrade la idea. ¿Eh? –
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Miér Feb 04, 2015 5:07 am

Ni siquiera se inmutó ante su comentario de “ser una buena chica” al saludar, solo quería salir pronto de ahí pues se sentía entrando a la boca del lobo, no estaba para nada segura en un sitio cerrado y a solas, de noche, con aquel chico, lo único que la mantenía ahí era su sentido del deber para con sus obligaciones y cumplir su promesa entraba en su obligaciones, también ignoró su obviamente irónico comentario mientras entraba a la cocina para sacar las cosas de las bolsas. Luego de preguntarle sobre sus gustos, o algo así, notó la ligera decepción en el tono del joven, quizás no le gustaba o quizás quería comer otra cosa, mejor para ella, quizás decidía que no quería comer y le dejaba irse, pero no, simplemente le dijo que buscara la soya por los armarios y que se iría ¿A dónde? Realmente no le prestó mucha atención, estaba algo más concentrada en mantenerse tranquila y distante a ver si él decidía dejarle ir, pero fue entonces que vi una masa negra sobre mí. Primero me asusté por obvias razones, incluso temblé un poco, pero en cuanto noté que era un solo un perro, un doberman por lo que notaba, me calmé un poco, parecía amigable pues me lamía la cara animado y alegre, solo pude atinar a poner mi mano sobre su cabeza cuando Nate ya estaba quitándomelo de encima.

Cuando me preguntó si estaba bien solo asentí, mirando al perro que parecía ser bastante amigable justo antes de que su rubio dueño me explicara que no, generalmente era algo más agresivo y le gruñía a la gente, pero por suerte no había sido el caso, supuso que estaba bien, era mejor ser tirada al suelo y lengüeteada en lugar de ser intimidada, y es que el perro parecía un oso delgado de lo grande que era, quizás hasta pesaba más que ella o quién sabe. En fin, se estaba levantando cuando escuchó lo de seguir con la cena y asintió sin decir nada, hasta que escuchó lo de los palillos ¿había alcanzado a ver? Iba a refutar cuando escuchó el “sin objeciones” y recordó su trato, “harás lo que diga”. Bufó en silencio, maldito sentido del honor, maldito padre que me había heredado eso. En cuanto el dueño de la casa se fue comencé a inspeccionar la cocina para familiarizarme y poder utilizarla, en 3 minutos ya comenzaba a alistar todo, el platillo que había elegido no tenía demasiada ciencia, lo importante era saber cocinarlo de modo que no supiera mal y combinar de manera armónica los ingredientes. Por un breve momento pensé en cocinarlo mal apropósito pero luego descarté la idea, dos razones: primero que nada yo de por sí no era buena cocinera, aunque mi madre me había enseñado un poco antes de partir siempre fui bastante torpe con los cuchillos y eso, pero la cocina japonesa que había aprendido estando con mi padre se me había dado realmente bien incluso para mí, por lo que sería una deshonra para mí misma preparar apropósito mal algo de lo que tanto me enorgullecía, aunque seguramente me cortaría una o dos veces cortando la carne pero bueno, eso era algo que solía ocurrir por regla general.

Estaba en medio de la preparación, cortando el pescado para el sashimi cuando ¡Paf! Sentí su presencia nuevamente. Al principio intenté ignorarle, después de todo estaba ocupada con otra cosa, debía concentrarme en el corte de la comida, pero cuando retomaba concentración en esto pude sentirle demasiado cerca, ¿Acaso no conocía el significado de “espacio personal”? maldito rubio… no pude evitar ponerme nerviosa ¿Me haría algo? Mantuve la mirada baja y vi de reojo sus grandes manos, él definitivamente podía hacer lo que quisiese conmigo de ser el caso, esas manos eran lo suficientemente grandes para matarme. ¿En qué rayos piensas, Mia? Es un idiota fastidioso, pero no un asesino, no seas estúpida fue mi breve pensamiento antes de quedar brevemente estática por un pequeño escalofrío que me recorrió la espalda, uno de temor al sentir su aliento y voz en mi oído, no podía evitarlo, no podía controlarlo, aunque pensara que solo era un idiota no podía evitar temerle, me sentía tan insegura y desprotegida que casi me sentía nuevamente de 10 años pero ¿qué me pasaba? Tan solo era un chico y yo ya era una adulta, no podía ser tan débil ante él y menos demostrárselo. Respiré hondo, iba a girarme un poco para encararle, no podía ser una niña indefensa todo el día, pero entonces otra pequeña sorpresa me llegó de improviso, pues cuando giré un poco el rostro pude notar que su brazo estaba al desnudo por completo ¿qué rayos? Está bien, estábamos en otoño pero ya oscurecía y no era para andar en ropa ligera, aunque claro, él no traía ropa ligera, el hecho es que no traía ropa y punto, apenas cubría su cuerpo una toalla que se sujetaba a un costado de su cadera. Pude ver apenas de reojo parte de su torso hasta la toalla y eso fue apenas suficiente para sorprenderme y hacerme sonrojar, descomponiendo el rostro por un momento antes de girar nuevamente la cabeza ¡Qué demonios! Solo por esto pasé a cortarme un poco la yema del dedo índice, ¿Por qué seguía con el cuchillo en a mano? Sencillo, era una completa estúpida. Solté el cuchillo y de un empujón alejé uno de los brazos que me aprisionaban, necesitaba salir de ahí. ¡Qué maldita vergüenza! En cuanto pude salí escapando, sí, escapando al primer escondite que pudiera encontrar para alejarme de ese condenado chico, ¡Cómo se le ocurría semejante estupidez! ¡¿Es que no tenía vergüenza?! Oh, claro, claro que no la tenía, si ni bien pudo desenmascararse me plantó un beso el desgraciado, ¿Qué más podía esperar de alguien que se aprovechaba así de la gente?

-¡Maldita sea, Adams, Vístete!-fue lo que le grité mientras me iba corriendo fastidiada y avergonzada.

Lo primero que vi fue una puerta a mi derecha y sin dudarlo me metí cerrando con un portazo y poniendo el seguro mientras le gritaba nuevamente que se pusiera algo antes de apoyarme en la puerta y taparme la enrojecida cara. Era la primera maldita vez que veía a un chico desnudo y ahora me sentía algo comprometida con la situación. ¿Qué pensaría mi madre si me viera en esas condiciones? Dios, ni siquiera quería pensar en ello, seguro que se avergonzaría de mí. Por un momento el pensamiento de mi madre me calmó un poco, ella seguro se reiría y me diría que no es para tanto. Una ligera sonrisa curvó mis labios por un momento, peo en eso mientras bajaba mis manos de mi rostro sentí algo líquido y noté que era sangre proveniente de mi dedo, esto realmente no me preocupó mucho, sabía que fue debido al corte, suspiré y traté de calmarme mientras me metía el dedo a la boca para sellar la herida y no mancharme la ropa con sangre, en eso me di cuenta de algo más, pues al quitar mi vista de mis manos miré al frente y vi una cama, un mueble, un… ok, no necesitaba describirlo todo, pero era obvio, estaba en un cuarto, y por como lo veía parecía un cuarto de hombre, más que nada lo reconocía por haber visto el cuarto de mi padre en numerosas ocasiones pero eso no me calmaba en absoluto, todo lo contrario pues era obvio que me había metido yo solita en la habitación de Nate.

No pude evitar mirar a un costado nerviosa solo para encontrarme de cara con una lengua, sí, una lengua rosada y áspera, era el doberman que antes me había saltado encima, ahora estaba sentado, respirando agitado y con la lengua afuera mientas movía la cola mirándome ¿desde cuándo…? Y como rayos no lo noté antes, aunque si tan solo hubiera ladrado o algo habría sido mejor, por otro lado eso pudo haberme sobresaltado aún más… en fin, luego de lamerme la cara me ladró animado y se me arrimó de manera que supe que quería mimos, no pude evitar dárselos ¿en serio esta cosita le gruñía a los extraños? Sin embargo no tuve demasiado tiempo para estar a solas con el cariñoso doberman pues su dueño ya estaba al otro lado de la puerta hablándome. Le escuché en silencio y desvié la mirada un segundo, sonrojándome ligeramente una vez más, avergonzada al recordar brevemente su torso desnudo, mi primer beso, la primera vez que veía a un chico desnudo… ¿Qué más quería de mí? Ni siquiera quise pensarlo, sin embargo sus palabras no me dejaban claro si simplemente quería meterse conmigo para sacarme de quicio o si realmente me insinuaba cosas extrañas, preferí pensar que era lo primero, era lo más obvio y lógico viniendo de un chico como él, mucho más a sabiendas de su “doble personalidad”, por lo que luego de unos segundos bufé y me levanté, dándole una última caricia al perro en la cabeza antes de mirar alrededor hasta encontrar lo que quería mientras lamía una vez más mi dedo herido que aún no paraba de sangrar levemente. Pronto encontré lo que buscaba, el armario, me dirigí hasta allá y abrí un tanto indecisa, realmente no era lo mío meterme con las cosas de la gente, pero no correría el riesgo de encontrármelo desnudo al salir, sinceramente aunque trajera la toalla no quería verle por completo el torso al desnudo, era algo demasiado vergonzoso para mí. Tras hurgar un poco en el armario encontré todo lo que buscaba, unos bóxers, un par de jeans azul oscuro y una camisa negra cualquiera, y con esto en mano volví a la puerta y respiré hondo.

-Vale, ya voy-dije en tono audible para que se alejara un poco, de ese modo me daba tiempo a abrir. Tras un momento saqué el seguro, abrí la puerta con rapidez y sin mirar afuera lancé la ropa para volver a cerrar rápidamente con seguro-¡Listo! vístete-le dije tras la puerta-y como salga y te vea sin ropa te entierro un cuchillo-le amenacé sacando todo el valor que realmente no tenía, ¿Enterrarle un cuchillo? ¿De dónde saqué eso? Seguramente del corte que yo misma me había hecho, que no ardía mucho por suerte pero igualmente me molestaba un poco.

Esperé unos cuantos segundos hasta que Nate volvió a hablar para confirmar que se había vestido, realmente no confiaba del todo en ello pero bueno, tampoco podía pasarme la vida ahí encerrada con el perro, se hacía cada vez más tarde y sinceramente no me apetecía ir al negro de la noche por mi cuenta, mucho menos dormir ahí, además era lejos y podría ser peligroso… suspiré ante las posibilidades, no quedaba de otra, saqué el seguro y salí, evitando buscar o mirar hacia el rubio y yendo como si de un caballo dirigido se tratase hacia la cocina, donde me lavé las manos nuevamente mientras sentía una presencia moverse, sin embargo era diferente, no amenazante, me giré a mirarlo y claro, era el doberman, solo que esta vez no se dirigía a mí sino a otro objetivo, antes de poder detenerlo comenzaba a subir las patas a la mesa, la carne… me apresuré a detenerle y bajarle, vaya que pesaba el canino aquel.

-no, no puedes, ven acá, no seas travieso-explicaba al animal en tono bajo aunque no podía evitar sonreírle un poco, era agradable y lindo, si bien los perros no me gustaban especialmente tampoco era que me desagradaran y este en particular me parecía uno al que le podría tomar aprecio, claro, no como a su dueño-ya, ya, bonito-le decía en tono suave mientras me agachaba a su altura y le acariciaba la cabeza, ganándome un lengüetazo que solo me aumentó un poco la sonrisa-tú si eres bueno, eso de que los dueños y los perros se parecen debe ser una mentira abismal-comentaba al canino, aunque era tan solo una indirecta para el rubio. Lugo lo miré un momento-¿Cómo dices que se llamaba?-Pregunté en tono neutral en lo que le miraba por primera vez en todo el rato.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Mar Feb 17, 2015 12:55 am

Aquella situación estaba siendo más divertida de lo que pensaba. Ver a Mia tan apurada y nerviosa solo por verme así me causaba demasiada gracia. ¿Acaso era la primera vez que veía a un chico desnudo? Por alguna razón no lo dudaba… Y me aprovecharía de eso más adelante. Al escucharla me aparté de la puerta sujetándome la toalla para que pudiera salir, no obstante lo único que hizo fue lanzarme la ropa y encerrarse nuevamente. Vaya… Hizo bien encerrándose porque al lanzarme la ropa la cogí con ambas manos dejando caer la toalla que llevaba puesta en la cadera al suelo. Solté una carcajada mirando la ropa que me había dado y alcé una ceja ante su comentario. – Vaya que peligrosa… Quizás debería tenerte miedo. – ironicé dejando caer los pantalones y la camiseta al suelo para luego ponerme los bóxers.
Acabé  de vestirme y recogí la toalla frotándome la nuca. Me hubiese gustado burlarme un poco más de ella, pero lo cierto es que tenía hambre y no quería perder más tiempo. Aunque… Ya me aseguraría de que no fuera demasiado pronto a su casa. – Ya estoy vestido, sal. – dije en voz alta y dando un paso hacia atrás cuando salió de la habitación dirigiéndose directamente a la cocina. – Esta mujer… – suspiré negando con la cabeza y entré dentro de la habitación tirando la toalla encima de una silla. Mi pelo seguía goteando un poco pero realmente no me importaba demasiado. Volví hasta la cocina y me crucé de brazos apoyándome sobre el marco de la puerta. Ver a Max tan amigable con ella me sorprendía bastante. Nunca se ha llevado bien con desconocidos y el hecho de que no le estuviera gruñendo a la castaña era algo raro.  Pero bueno… Supongo que no le parecía una persona peligrosa. Solté una risa sarcástica ante su comentario pero bueno, razón no le faltaba. A excepción de mi Max era un sol. “Que bien lo sabes…” pensé antes de desviar mi mirada hacia un lado. – Se llama Max. – dije con algo de indiferencia mientras volvía a poner mis orbes sobre Mia.

– ¿Y bien? ¿Cuándo estará terminada esta cena? Estoy hambriento. – comenté acercándome hacia la encimera mientras observaba todo lo que tenía hecho, en aquellos momentos parecía el típico niño que no dejaba de rondar por la cocina buscando algo que meterse en la boca. Max se acercó a mí, moviendo su cola en espera de sus mimos pero era obvio que no podía dárselos delante de aquella chica, ni de coña mostraría esa faceta a una mujer. Simplemente le acaricie la cabeza y me dispuse a salir de la cocina cuando noté algo al desviar mi mirada sobre la castaña. Me acerqué a ella, agachándome delante de ella y la cogí de la mano. – ¿Te cortaste? ¿Por qué no me lo dijiste? – observé un momento su dedo y antes de que pudiera reclamarme lo metí en mi boca, succionando un poco la sangre que salía de la herida que se hizo. Tras eso me enderecé dirigiéndome hasta un cajón de la cocina y saqué una caja de tiritas. Cogí una y volví hacia Mia cogiéndola de la mano para luego colocarle la tirita en el dedo. Dejé la caja sobre el microondas y la miré sonriendo ladino. – Si te vuelves a cortar aquí dejo las tiritas, aunque ya sabes… Siempre estaré dispuesto a chuparte cualquier herida. – solté como si nada y salí de la cocina para que ella pudiera terminar la comida. Maldita sea, avergonzarla era demasiado divertido.

Tras unos minutos, nos habíamos sentado delante de la mesa del comedor para comenzar a cenar. Supuse que Mia quería irse a casa después de terminar de prepararlo todo pero simplemente no la dejé. Y así fue como se quedó “disfrutando” de mi presencia. Nunca había comido con palillos pero no me fue difícil pillarle el truquillo, además debía admitir que la comida estaba muy bien. Al menos era mejor que los platos preparados o congelados que me compraba en el súper. – Vaya, esto está muy bueno. Así me gusta perro. Quizás te haga venir todas las noches a hacerme la cena. – mencioné mirándola burlón para luego meterme otro trozo de carne en la boca.
Tras pocos segundos escuché el teléfono fijo sonar y alcé una ceja mirando hacia el reloj que se encontraba encima de la tele. – Diablos son casi las 10. ¿Quién puede llamarme a esta hora? – murmuré en voz baja dejando los palillos sobre la mesa mientras echaba la silla hacia atrás para luego ir hasta el teléfono que se encontraba en la mesilla del otro extremo del salón. Lo descolgué y contesté con algo de fastidio. – Diga. – sin embargo nadie hablaba, solo oía una respiración. ¿A caso era una broma? No obstante, cuando iba a colgar escuché una voz que me dejó paralizado unos instantes. “Nate…” No podía creerlo. Tragué saliva, apretando mis dientes con fuerza mientras colgaba inmediatamente tirando el teléfono hacia el sofá arrancando todos los cables de este. Menos mal que estaba de espaldas a Mia, diría que mi cara ahora mismo era de portada. Era esta mujer… ¡¿Cómo se atrevía a llamarme?! ¡Ahora! Llevé una mano hasta mi frente e intenté tranquilizarme. “Calma Nate, ahora no puedes descontrolarte.” Pasaron unos segundos y di un suspiro, volteándome finalmente hasta la castaña mientras esbozaba una sonrisa algo irónica. – Una compañía teleoperadora.  Me sacan de quicio. – dije como si nada volviendo a sentarme encima de la silla. Diría que mi semblante se había oscurecido un poco… Maldita sea me había pillado completamente desprevenido. Tan solo esperaba que esta chica no lo notase. Volví a coger los palillos, revolviendo la comida de había en el plato pero antes de meterme otro trozo de carne en la boca miré a la castaña esbozando una de mis típicas sonrisas burlonas. – Por cierto, después de esto quiero un postre. Y este postre debe ser una tarta de fresas y limón. Venden unas riquísimas en el súper de 24 Horas, así que ya sabes a donde ir después de terminar de cenar. – necesitaba entretenerme con otra cosa, ahora no debía pensar en ello.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Sáb Mar 07, 2015 10:51 pm

Tras hablarle al canino con la pequeña broma de los dueños y los perros pregunté el nombre del doberman y sonreí ante este. -Max-fue lo único que susurré a modo de repetición en cuanto volví a mirar al perro con una última caricia antes de levantarme para ir de vuelta a lavarme las manos, tras un segundo apenas pude escuchar la pregunta del rubio que me hizo fruncir el ceño. -Estará lista cuando deba estarlo- fue mi única respuesta antes de tomar un paño para secarme las manos, dejando por accidente una mancha de sangre en la tela y frunciendo los labios ante esto, seguro la herida se reabrió al hacer fuerza con el perro… y antes de poder hacer nada más escuché las nuevas preguntas del dueño de casa, quien se me había acercado y me reclamaba no haberle dicho lo ocurrido, ¡pero había sido su culpa, maldición! Aunque claro, para variar no me dio tiempo de decir nada, ya que antes de poder reaccionar había apresado mi mano y en seguida metido mi dedo herido en su boca. No pude evitar retroceder y jalar mi brazo intentando zafarme, pero ya hasta comenzaba a acostumbrarme a que su fuerza no me permitiera hacer lo que quería.

Desvié la mirada con un ligero sonrojo en mi rostro justo antes de que me soltara para ir hacia otro punto de la cocina, abriendo un cajón y sacando una caja con tiritas para volver a acercarse en lo que sacaba una para tomar nuevamente mi mano y comenzar a vendarla. -Puedo hacerlo yo sola ¿sabes?-fue mi mayor queja, fastidiada y un tanto molesta por sus cambios de actitud, era un reverendo idiota y lo demostró con su siguiente comentario, ante el cual rodé los ojos negando con la cabeza y me giré hacia la mesa. -Ajá, ya quisieras que te llamara, como si fueras de confianza por dios-le dije despectiva y molesta para seguir a lo mío, continuando la preparación de la dichosa cena que dejé a medias por culpa del que ahora se iba de la cocina para dejarme cocinar en paz.

Tras unos minutos acabé las preparaciones y monté la mesa, con la esperanza de poder irme enseguida… pero no, para variar el rubio tenía otros planes así que de algún modo tuve que montar un plato para mí también, sentándome a comer con la agradable compañía del dueño de casa. Solo me serví apenas lo justo para un entremés pues realmente no me apetecía comer nada, no a esta hora ni con esta compañía. Tras comenzar a comer evité todo lo posible mirar al contrario, exceptuando el comienzo de la cena pues por mera costumbre, formalidad y tradición esperaba a que diera un primer bocado la persona para quien preparaba la comida, siendo Nate la primera persona para quien preparaba algo aparte de mi padre. Y un par de minutos luego se haber comenzado la comida escuché el primer comentario en un rato, el cual me hizo fruncir el ceño y apretar los palillos, yo no soy ningún perro y sinceramente ya me enervaba que me llamara como tal, encima insinuando que deba venir a la boca del lobo a diario, ¡Já! Si lo único que quería era salir de ahí. Y en cuanto terminó de hablar golpeé la mesa sin demasiada fuerza con la punta de los palillos que acababa de apretar, mirando al hombre enfadada y a punto de reñirle, pero entonces el teléfono sonó, conteniendo mi voz y haciendo que el dueño de casa se levantara a contestar sin al menos disculparse por levantarse de la mesa, simplemente quejándose, tan maleducado el muy idiota…

Suspiré desviando la mirada al lado contrario mientras alejaba un poco el plato de mí y apoyaba los brazos cruzados, malditas costumbres que no me permitían seguir comiendo hasta que volviera… si tan solo fuera otra persona no tendría problemas, estaba acostumbrada y era mi ética personal, pero es que este tipo… en fin, miré la mesa unos segundos mientras el rubio contestaba el teléfono, aunque luego volví la vista al frente pues no parecía hablar con nadie, lo que me extrañó un poco, ladeando el rostro levemente mientras esperaba a que hablara o cortara hasta que me levanté de golpe de mi asiento apoyando las manos en la mesa, asustada en lo que miraba con los ojos bien grandes como el dueño de casa cortaba de golpe y tiraba del teléfono, cortando de la pura fuerza que usó los cables que lo conectaban a la pared, ¿Qué rayos había pasado? Le vi en silencio mientras veía como colocaba su mano en su rostro, aunque no podía ver la cara que tenía pues me había estado dando la espalda todo el tiempo.

Guardé silencio varios segundos, creo que habrá sido un minuto o dos hasta que escuché al rubio suspirar y voltear hacia mí con una sonrisa que no engañaba mucho pues en su rostro aún se veía el enfado mientras mencionaba algo de una compañía en lo que volvía a la mesa, fingiendo que nada había pasado hasta sentarse, le seguí con la mirada en todo momento sin aun sentarme, ¿Quién… habría sido? Para molestarle así… no me creía ni una palabra de que fuera solo una grabación o algo así, es decir… nadie arranca el teléfono por una tontería como esa por dios. Pero bueno, tampoco es que pudiera hacer nada, no era entrometida para meterme en su vida, ni siquiera le conocía mucho como para hacerlo, además de que no me agradaba y… ¿Y entones por qué no dejaba de pensar en ello mientras me volvía a sentar? Suspiré en silencio mientras meditaba si podía hacer algo para cambiar los ánimos, aunque ¿Qué me importaba a mí? Después de todo yo estaba aquí contra mi voluntad en primer lugar… pero no tuve mucho tiempo más para pensar en esto pues justo cuando tomaba los palillos volví a escuchar su voz y me crispé al entender que quería, no solo que saliera a la oscuridad de la noche sino también que volviera acá a dejarle un condenado postre, a lo que tragué saliva tras unos segundos de digerir el comentario y suspiré mirando a otro lado.

-si quieres postre pues tendrás que ir tú solito por él, mira que encima de prepararte la cena quieres que vaya a comprar por mi cuenta… ¿quieres que me vuelva a perder acaso, Adams? No conozco este lugar-me quejé fastidiada para salir del tema y pinchar un poco de mi comida, aunque claro… salir y tomar aire seguro que era una buena idea para despejar el ambiente…. -si… si quieres que vaya debes ir tú también, al menos dígnate a enseñarme el camino-dije sin dejar de mirar mi plato ya casi vacío por lo poco que había colocado en el, sin creerme realmente que estaba dispuesta a seguir pasando más tiempo con este sujeto. Y de un modo u otro, al terminar de cenar estábamos ambos saliendo de su casa para ir a comprar el condenado postre que quería el nene.

Ni bien abrió la puerta sentí un escalofrío recorrerme la espalda, ya estaba oscuro… respiré hondo para mis adentros y seguí al rubio en silencio, abrochando por inercia mi polerón hasta arriba, de modo que me sentía un poco más protegida, aunque aun así me sentía insegura y más aún en este lugar que no conocía con el sujeto del que desconfiaba. Y en lo que me concentraba en no demostrarle a mi acompañante el miedo que me invadía en aquel momento manteniendo mi rostro impasible y mi bocota cerrada, llegamos al súper, que por cierto, no estaba muy lejos realmente, no más de una cuadra y poco más. Ni bien entrar pude relajar todos los músculos y deshacer los puños de mis manos, que escondía sin mucho problema en los bolsillos del polerón hasta ahora. -Vale, ya estamos, ¿Dónde está ese postre que…?-corté mi propia pregunta al mirar alrededor y divisar de reojo la zona de chocolates.

Dejé mi pregunta a medias y a Nate sin mayores problemas, avanzando rápidamente hasta llegar a la estantería de los chocolates que me quedé observando en silencio, con una sonrisa casi infantil y una mirada iluminada y aniñada en el rostro. Y como no, si el chocolate era mi mayor debilidad y, maldita sea, como amaba los diferentes sabores. Comencé a tomar diferentes barras para asegurarme de qué quería comprar y pronto vi una marca que hace bastante no veía, una que antes vendían por donde yo compraba pero que luego dejaron de traer y pensaba descontinuada, pero no, ahí estaba, dejé lo demás a un lado y tomé un par de barras de ese chocolate en lo que mi leve sonrisa se ampliaba a una notoria y animada. -Choco~ ¿Aquí estabas? Como te he extrañado~-susurré al chocolate, oh sí, estaba hablándole a la barra café y no solo eso, sino que acababa de abrazarle y giraba un poco la parte alta de mi torso de un lado a otro al hacerlo.

Tras un par de segundos me di cuenta de lo que hacía y levanté la cabeza rápidamente, sintiéndome helar y paralizar un poco antes de girar el rostro en la dirección que había dejado al rubio, quien sorprendentemente ya no estaba en la entrada sino a un par de pasos de mí, mirándome con una sonrisa burlona y una canasta con lo que suponía era el postre que quería comprar ¿Cuándo…? Pero no tuve mucho tiempo para pensar en ello pues sentí mis mejillas arder rápidamente mientras desviaba la mirada al lado contrario sin saber que decir, ante lo que me giré por completo y tomé otro par de chocolates de marcas que me gustaban, no es que me los fuera a comer todos en ese momento pero no podía evitar querer comprar más de uno en seguida, llevándome de paso 3 barras del que antes había abrazado y avanzando rápidamente a pagar en la caja.

En cuanto tuvimos cada uno su bolsa llegó la hora de salir, nuevamente, a la oscuridad de la noche, suspiré para mis adentros en lo que salíamos y mantuve mi mirada hacia un lado, al contrario del cual caminaba Nate, seguramente pensaría que estaba avergonzada aun así que podría pasar desapercibido… además distraerme con el chocolate había bajado mis defensas y sentía mis manos dentro de los bolsillos temblar levemente mientras intentaba respirar hondo hasta llegar nuevamente a la casa ajena. Y por suerte para mí, pronto estuvimos de vuelta, siendo recibidos por el oso negro que Nate llamaba perro, el cual me hizo dar un pequeño respingo al abrir Nate la puerta, no por tenerle miedo a esa cosita… o cosota tierna, sino porque el ver una masa negra moverse de la nada y por la falta de costumbre… pero bueno, esto pasó desapercibido y simplemente acaricié la cabeza del canino en un pequeño saludo antes de entrar a la casa, de acuerdo, debía admitir que al entrar al lugar me sentí ligeramente más relajada pues, si bien aún no me daba muy buena espina el estar ahí, cualquier lugar con luz me alegraba y además en este rato que había estado cocinando me había acostumbrado un poco a la vista, por lo que sin remordimiento me dirigí al sofá, dejando mi bolsa en un cojín y desabrochando nuevamente el polerón al acalorarme un poco, quedando con mi polera y sintiéndome algo más cómoda antes de sentarme en el sofá para sacar una de las barras de mi “choco”, abriéndola con agilidad y quitando parte del envoltorio para sacar una hilera de la barra de chocolate y rápidamente colocarla en mi boca, mordiendo el trozo y dejando el resto en mi mano mientras el sabor se disolvía en mi boca, levantando la cabeza e inclinándome hacia atrás para apoyarme en el respaldar acolchado. -Manjar de los dioses…-susurré para mí misma sin siquiera prestar atención a mi acompañante.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Lun Mar 09, 2015 10:12 pm

Ante su comentario enarqué una ceja, soltando una carcajada segundos después mientras asentía con la cabeza. – Está bien, está bien. Iré contigo. Aunque… ¿No se supone que los perros tenéis un buen sentido de la orientación? Deberías poder llegar al súper solita sin ningún problema. – mencioné divertido mientras volvía a probar de la comida que había en el plato, ya algo más relajado después de aquella maldita llamada… Diablos, no quería seguir pensando en esa mujer pero ahora no dejaba de darle vueltas. No entendía ni cómo había tenido el atrevimiento de llamarme. “Nate, relájate.”

Después de cenar salimos de mi apartamento dirigiéndonos hasta el súper. No sé si era mi imaginación pero noté a Mia un tanto inquieta… En fin, seguro que no era nada. Llegamos a la tienda y yo cogí una canasta para llevarme un par de pasteles de fresa y limón a casa. No era fan de las cosas dulces pero no podía resistirme ante este dichoso postre; me había encantado desde pequeño. Miré a la castaña, quien comenzó a hablarme pero de repente se retiró hacia un lado de la tienda. “¿Y esta qué tiene ahora?” pensé alzando una ceja mientras me dirigía a la zona donde vendían las tartas. Cogí dos y volví hasta donde se supone que estaba Mia; al verla cerca de la estantería de chocolates me acerqué hacia ella, parándome en seco al observar como abrazaba aquellas barras de chocolate sonriendo como si fuera cualquier niña pequeña. No pude evitar llevarme una mano a la boca para no comenzar a reírme ahí mismo. – Pft… – creo que hasta me pareció un tanto tierna pero era obvio que no dejaría pasar esta oportunidad para molestarla. Respiré hondo y cuando la muchacha se dio cuenta de mi presencia esbocé una sonrisa maliciosa mientras alzaba una ceja. – Así que… ¿Choco~ eh? – musité  burlón viendo como, avergonzada, se giraba para recoger más barras de chocolate. Aún sin dejar de sonreír me acerqué hacia la caja y tras pagar por las tartas, y ella por su chocolate, salimos de la tienda dirigiéndonos nuevamente hasta mi casa.

Por el camino no dije nada, estaba seguro que seguía avergonzada así que aprovecharía para molestarla luego en mi apartamento. No tardamos en llegar y al abrir la puerta Max nos recibió comenzando a saltar sobre sus patas. – Ya, ya hombre… – dije cerrando la puerta y dejando las llaves sobre una estantería. Llevé las bolsas de las tartas a la cocina para luego caminar hasta el salón y quitarme la chaqueta dejándola colgada sobre una silla. Dirigí mis orbes a Mia quien al parecer disfrutaba de su chocolate encima del sofá y una fugaz idea pasó por mi cabeza provocando que en mis labios se formara una sonrisa bastante pícara. Me acerqué a ella, cruzándome de brazos y la recorrí con la mirada soltando una suave risa. – ¿Te gusta mucho el chocolate, verdad? Te veías adorable abrazando a la barrita, justo como una niña de primaria. – me mordí el labio inferior y comencé  a acercarme lentamente hacia ella. – ¿Sabes? Yo también quiero probar… Este chocolate. – y sin previo aviso, me senté a su lado en el sofá para luego ponerme encima de sus piernas, apoyando el peso de mi cuerpo sobre mis rodillas. Le quité el chocolate y con la otra mano la sujeté por las muñecas subiendo sus brazos por encima de su cabeza. – Me pregunto cómo sabrá esta cosa dentro de tu boca… – mordí un trozo de chocolate que estaba aguantando con la otra mano, dejando la barra sobre sus piernas y acto seguido acerqué mis labios a los suyos, sujetando su barbilla con mis dedos y agarrando con más fuerza sus muñecas.

Comencé a besarla, sintiendo como el chocolate comenzaba a derretirse mientras introducía mi lengua en su boca besándola cada vez con más intensidad, sin siquiera separarme para respirar. A los pocos segundos, separé unos milímetros mi rostro del suyo mientras me relamía los labios y la miré directamente a los ojos con una sonrisa burlona. – Sin duda el chocolate más bueno que he probado en mi vida. – murmuré y volví a acercar mis labios a los suyos volviendo a besarla intensamente. No sé qué diablos tenía esta chica pero no quería parar…
Volví a separarme de ella, soltando sus muñecas y quitándome de encima suya y me paré de pie aún relamiéndome los labios. – Supongo que por hoy es suficiente. Tu amo te deja irte a casa, perro. – hablé cruzándome de brazos mientras la miraba con una sonrisa chulesca. – Aunque si quieres quedarte y disfrutar un poco más de mi presencia no estaré en contra. Quizás hasta podemos ver una película. ¿Qué te parece? – me preguntaba hasta dónde podía aguantar esta chica… ¿Me metería una bofetada como el otro día? Aunque más le valía que no… Después de todo yo también tengo mis límites y no la dejaría irse a casa si fuera así.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Sáb Mar 28, 2015 9:53 am

No podía sacar la sonrisa de mis labios al probar el chocolate, no este, ¿Hace cuánto no lo probaba? Diría que al menos un par de meses y ¡Joder! Cómo lo había extrañado. Estaba ensimismada y perdida en mis pensamientos de devoción al chocolate cuando escuché la voz del rubio, le miré de reojo y luego desvié mi rostro hacia otro lado, un tanto sonrojada y avergonzada por lo que decía. – Me gusta el chocolate, ¿Algún problema con eso? –respondí un tanto mordaz, estaba tan avergonzada de haberme dejado ver así frente a él… pero no tuve mucho tiempo para defenderme o algo, pues sentí que se acercaba y decía otra cosa, justo antes de sentarse a mi lado, tan solo como un impulso antes de posicionarse sobre mí con cada pierna suya a mis costados. Sentí como todo mi cuerpo se tensaba, lo había olvidado, el peligro, estaba metida en la boca del lobo y había bajado la guardia. Pero ni siquiera tuve un segundo para intentar zafarme porque mis manos ya estaban apresadas sobre mi cabeza y el chocolate yacía en su mano libre. Le miré un segundo hacia lo alto y luego miré hacia un lado abajo, sintiendo como mi cuerpo comenzaba a temblar levemente, el miedo volvía… Y entonces, mientras hacía un forcejeo un tanto inútil porque me soltara, escuché lo siguiente y me paralicé, oh no… no de nuevo, por favor. Apliqué más fuerza y vi como dejaba el chocolate en mis piernas antes de sujetarme el rostro. – Espera, Nate, por favor n… –intenté rogar, había estado dispuesta a rogar, pero antes de seguir hablando sentí sus labios sobre los míos, comenzando a besarme sin la menor compasión.

Intenté alejarme pero mientras más lo intentaba más lastimada me sentía porque él aplicaba más fuerza para sujetarme, sentía como invadía mi boca y la calidez fría de sus labios en los míos mientras el chocolate se mezclaba con nuestras lenguas. Tenía miedo. Todo mi cuerpo temblaba y sentía que lloraría, pero no quería llorar, no quería que me viera siendo tan débil cuando me atacaba, aun cuando sentía el peligro en cada poro de mi ser, solo quería que me soltara y correr… Pero justo cuando se alejó, tan solo un poco para mirarme y decir otra cosa, volvió a besarme sin darme casi tiempo a respirar. Pude ver la burla en sus ojos y su tono de voz solo me hacía sentir repulsión, pero esto se volvió secundario cuando apenas tenía el tiempo de respirar, me invadió una vez y no le bastó, que necesitó besarme una vez más como si yo se lo hubiera pedido, no pude contenerme más y las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, ¿Qué diría mi madre? – ¡Por favor, ayúdame! –. Pero nadie vendría y lo sabía, no tenía otro escape que seguir en mi fútil intento de pelear con su fuerza, todo lo que conseguía era mis muñecas enrojecida y adoloridas, lo mismo corría para los costados de mi barbilla, ya casi ni intentaba mover mi cabeza para que no doliera más de lo que ya sentía al verme tan estúpidamente indefensa frente a este tipo.

Finalmente decidió alejarse de mí, respiré agitada por la constante falta de aire de antes y me soltó los brazos levantándose y hablando. ¿Ya estaba satisfecho? Bajé los brazos y una mano fue a parar a mi boca, tapándola para no gemir por el llanto mientras bajaba la cabeza. Escuché lo siguiente que dijo en silencio, ¿ver una película con él? ¿No le bastaba con burlarse de mí, quería seguir fastidiándome? Me sentía totalmente ultrajada y pasada a llevar, como si no pudiera hacer nada frente a él, pero claro que podía, tenía voz, brazos y piernas, no era ninguna inválida, debía hacer algo y no pasó un segundo cuando pasé la misma mano que cubría mi boca por mis labios, como intentando quitar la sensación de hormigueo frío que los recorría y a toda mi boca, antes de levantarme intentando no caer por el temblor de mis piernas. Lo miré a los ojos aunque no le veía bien por las lágrimas y apreté los labios antes de hablar. – ¿No te cansas de humillarme? ¿Es que no es suficiente con lo que acabas de hacer? – le pregunté mis dudas, mi voz temblaba un poco por el llanto pero aun así era entendible y clara. – ¿Es que acaso te he hecho algo para que me trates como tu juguete? ¡¿Acaso te he hecho algo?! –grité la última pregunta, tomando lo primero que tuve a mano, la bolsa de chocolates, y lanzándosela a él, quien por obviedad lo bloqueó con su brazo. – ¡¿Quién te crees que eres para jugar como te plazca con la gente?! –volví a preguntar, lanzándole una almohada. – ¡Yo no soy tu juguete, Adams! –Tras esto vi el teléfono tirado cerca y también lo tomé y se lo lancé. No esperé por una respuesta, partí directo a la puerta, trastabillando un poco por el temblor de mis piernas pero sin caer, llegando a la puerta y abriendo con algo de dificultad por mis manos también temblorosas, tenía que huir de él.

Apenas la puerta abrió me encontré de frente con la fría noche, oh dios… abrí los ojos con más miedo al mirar el cielo, no estaba en las condiciones mentales para soportarlo pero quedarme con el rubio tras de mí no era una opción, salí y cerré la puerta de golpe para comenzar a correr, aun las lágrimas caían y me nublaban la vista pero la oscuridad era completamente perceptible aunque no quisiera, además iba limpiándome los ojos a ratos. Intenté correr lo más que pude pero tropecé, me rasmillé las manos y sollocé pero me levanté, tenía que salir de ahí, estaba muy oscuro, tenía miedo. Intenté avanzar lo que más pude, ¿eran ya 3 cuadras? No estaba del todo segura pero seguí un poco más hasta quedarme sin aire, frené bajo un farol pues necesitaba recuperar aire, correr sollozando no es nada recomendable, me dolía el pecho y el frío del viento que sentí por la carrera era cada vez más perceptible, mi abrigo… estaba en el sillón de ese tipo, no importa, no lo quiero, necesitaba calmarme y respirar, dejar de llorar, pero de pronto sentí un ruido fuerte, un crujido extraño desde un lado y no pude evitarlo, me agaché asustada, ¿Qué había sido eso? Puse mis manos sobre mi cabeza y cerré los ojos, no quería saber que era, no quería saber nada, solo quería estar en mi casa, en mi cuarto acostada, mi cuerpo no paraba de temblar y un nuevo sollozar me atacó, respiré hondo para mirar, ¿Cuánto me faltaba para tomar locomoción…? Pero me vi en una calle extraña, ni había ido por ahí ni había comprado cerca de ese lugar, donde demonios… pero no importaba, no cuando volví a escuchar un crujido fuerte y estruendoso que me hizo bajar la cabeza y cerrar los ojos una vez más, intentaba mantener la respiración calmada pero sentía que estaba a punto de colapsar, no podía con esto, pero no podía desplomarme, necesitaba calmarme y volver a casa, calmarme y volver a casa, calmarme…
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Sáb Abr 04, 2015 1:39 am

Oh… ¿Estaba llorando? Debo admitir que este hecho me sorprendió bastante, no esperaba que comenzase a llorar. Creo que hasta mis ojos se abrieron un poco más de lo normal por la sorpresa. Normalmente las chicas suelen derretirse al segundo día y simplemente seguir mis besos pero ya estaba comenzando a comprobar que esta mujer tenía ese algo distinto de las demás. Me lanzó la bolsa de chocolates, la cual atrapé sin gran dificultad justo delante de mi cara para luego tirarla al suelo. Comenzó a tirarme más cosas, las cuales esquivé sin ningún problema. Por dios… No puedo creer que piense eso pero parecíamos uno de los típicos matrimonios que se pelean cada dos por tres. Creo que hasta dejé escapar una carcajada. Pero claro, no pude responder a ninguno de sus comentarios pues salió disparada hasta la puerta y solo oí como esta se cerraba de un golpe. Max comenzó a ladrar y yo di un suspiro empezando a recoger todas las cosas que me había tirado. – Vaya, vaya… Así que también tienes este tipo de expresión. Qué chica esta, quiero verlo todo. – sonreí con algo de malicia y me dejé caer en el sofá alzando mi cabeza hasta el techo mientras cerraba los ojos. Me quedé pensando un momento y sin tener absolutamente ninguna intención el rostro lloroso de Mia vino a mi cabeza, haciéndome sentir algo culpable en el momento. Volví a abrir mis ojos con sorpresa, asombrándome a mí mismo y sacudí mi cabeza llevando una mano hasta mi frente. – Qué demonios… No tienes que sentirte culpable. Ella, seguro que es como las demás, sí… – di un profundo suspiro, alzando mis orbes y entonces mi vista captó la chaqueta de Mia colgada sobre uno de los sillones del salón. Me levanté del sofá y fui hasta donde estaba esta para luego cogerla entre mis manos. – Mujer idiota… – miré el reloj, eran casi las diez pasadas… Resoplé dirigiéndome hasta el recibidor y tras ponerme la cazadora salí del apartamento en busca de mi “perro”.

Bajé unas tres cuadras, mirando de un lado hacia otro. Hacía algo de frío y esta tonta encima se había olvidado el abrigo… ¿Por qué la estaba buscando? Maldita sea debí haberme quedado en casa. Pero entonces la vi, agachada debajo de una farola. ¿A caso estaba temblando? Alcé una ceja y me acerqué un poco más, quedando a tan solo unos metros detrás de ella. Esperen… ¿Lloraba? ¿A caso seguía afectada por lo que pasó en mi casa? No… La última vez en la universidad ella no tuvo ningún problema en simplemente retirarse de la azotea. Y ahora estaba aquí, temblando como si todo lo que tuviera a su alrededor le diera miedo. En este instante abrí mis ojos con sorpresa. ¿Tenía miedo a la oscuridad? – Hey. – acoté acercándome un poco más mientras tragaba algo de saliva. Supongo que esta vez intentaría no ser tan brusco. – Oye... ¿Estás bien? ¿A caso tienes nictofobia? – supongo que así no iba bien. Vale, la había cagado un poco antes. Di un suspiro y me acuclillé a su lado poniéndole su chaqueta por encima. – Vale, tranquila no te haré nada. No tenía ni idea… – la miré por unos momentos, esperando que se calmara un poco y luego me froté la nuca desviando mi mirada hacia un lado. – Perdón. – musité tragando saliva y acto seguido me incorporé tomándola de la mano para que se enderezara conmigo. – Te acompañaré a casa y no quiero un no por respuesta, así que dirígeme. – volví a voltear mi cabeza hacia ella y fruncí un poco mi ceño. – Juro que no haré nada. – vale, aquello no era nada normal en mí. Aún así tampoco podía dejarla sola en la noche, ¿no es así? También hay mucho loco suelto y no quisiera que le pasara algo viniendo desde este lugar… Aunque en el fondo sentía que realmente no tenía que importarme.

Caminamos hasta su casa y la dejé en su puerta asegurándome que todo estuviera bien. No sabía si se había calmado pero por lo menos ya estaba en su casa. Sin decir mucha cosa más, me retiré despidiéndome con un simple gesto con la mano mientras caminaba. No tardé en llegar a mi apartamento, el cual recogí para luego irme a dormir. Aquél día fue más largo de lo que me hubiera gustado.


~ Dos meses después. Principios de Noviembre. ~



Me encontraba detrás de la puerta de Mia, dispuesto a tocar el timbre. Habían pasado dos meses desde que nos habíamos conocido y digamos que sus servicios como mi “sirvienta personal” se alargaron por un tiempillo más pues aunque ella no quisiera necesitaba mi ayuda con biología. Y digamos que justo el día de hoy quería probar su rica comida pero el problema es que hace unos días se había cabreado conmigo por lo de siempre… Solo quería jugar un poco. Ya debería de acostumbrarse. ¿No? Bueno, en lo que estábamos. Toqué su timbre y ella no tardó en abrirme la puerta a lo que reaccioné alzando ambas cejas dispuesto a comenzar a hablar. “¿Se le habrá pasado el enfado?” Pero cuando me vio volvió a cerrar la puerta de golpe, provocando que un leve tic se apoderara de mi ojo derecho. – Vale… Sigues enfadada. – di un suspiro y volví a golpear la puerta comenzando a hablar con una voz bastante audible. – ¡Oh venga Mia ábreme! – me quedé un momento en silencio y luego una sonrisa ladina se dibujó en mis labios. – ¡Traje tu choco favorito! – tras pocos segundos, oí el ruido de la puerta abrirse un poco y después de eso una Zomi con una cara algo enfadada se asomó por la puerta preguntándome si era verdad. Alcé la bolsa de los chocolates con una pequeña curva en mis labios y entonces ella abrió completamente la puerta con una de sus mejores sonrisas. – Mira que eres fácil de convencer. – di un suspiro, entrando a su casa pero antes de darle la bolsa de los chocolates la miré sonriendo algo burlón. – Primero comida, en mi casa. Luego te doy todo el chocolate que quieras. Anda vístete~. –
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Mar Abr 14, 2015 1:49 am

Escuché una voz en mi cabeza y salté un poco, encogiéndome más sobre mí misma ¿Qué era? No sabía, no sabía nada, tenía miedo, tanto miedo… Y entonces la voz volvió a llamarme, no la reconocía por completo, no la escuchaba bien, ¿Qué decía? No podía escuchar nada más que mis latidos en la cabeza, temblaba y las lágrimas no dejaban de caer aunque lo intentara, pero ¿Lo estaba intentando siquiera? Odiaba estos momentos, no era capaz de hacer nada, de pensar en nada, ¿Cuánto tiempo hacía ya desde el último ataque de pánico? No lo recordaba, al menos no en ese momento, solo podía concentrarme en el miedo que sentía… Hasta que sentí algo sobre mis hombros, salté nuevamente, abriendo los ojos y pegando un gritito por el miedo ¿qué había sido eso? ¿Qué era? ¿Qué me tocó? Con el susto caí hacia un lado y apoyé ambas manos en el suelo, quedando inclinada hacia atrás mientras miraba con los dientes apretados tiritones y los ojos abiertos de miedo a lo que sea que me hubiera atacado. Entonces pude reconocerle, no era ningún monstruo como los que había imaginado, era Nate acuclillado frente a mí, le observé en silencio, escuchando como me pedía calmarme, que no me haría nada, entonces desvié u poco la mirada hacia el suelo a mi lado y vi que lo que me había caído encima era mi abrigo, el que había olvidado en su casa.

Comencé a calmarme de a poco, seguía temblando pero ya no estaba aturdida como antes, podía volver a pensar con claridad, al menos de a poco mientras Nate me miraba en silencio, se notaba apenado, casi culpable. Tras unos segundos bajé la mirada para respirar medianamente hondo, se me dificultaba por los temblores de mi cuerpo pero ya comenzaba a mejorar, al menos el sudor frío ya no estaba, volvía a ser yo. Entonces vi de soslayo como el rubio se comenzaba a levantar de su posición y me ofrecía su mano para ayudarme a levantar, tomándola antes de que le diera un sí. El contacto me hizo saltar nuevamente pro solo un poco, aún seguía con los nervios de punta. En cuanto estuvimos los dos de pie, yo con mi abrigo en mano pues lo tomé antes de levantarme, comencé a colocármelo para quitarme el frío de encima, me dolía el pecho aun y eso no era por miedo, era por el frío y viento tomados antes. Mientras hacía esto la voz de Nate volvió a sonar y pude escucharlo ya con mayor claridad, tan solo fui capaz de asentir a lo que dijo, estaba algo más concentrada en conseguir apuntar el cierre del abrigo porque mis manos aun temblaban cual maraca, finalmente lo conseguí y comencé a caminar a su lado, pronto me comencé a quedar atrás pues mis piernas no me respondían del todo bien y casi por inercia terminé adelantando mi mano para con ella sujetar el centro de la espalda baja de la cazadora del rubio, sintiéndome una torpe y una niña pequeña pero no podía evitarlo, necesitaba algo de seguridad mientras me llevaba a casa en silencio hasta dejarme en la puerta del apartamento, donde saqué las llaves de mi bolsillo, ya a estas alturas más calmada aunque aun resintiéndome por el anterior ataque de pánico, lo cual provocó que me costara un poco apuntar bien la llave pero tras un par de intentos lo conseguí y me despedí con un bajo “gracias”, la primera palabra que dije en todo el camino y la única antes de cerrar con una suave sonrisa agradecida.

~
Dos meses después. Principios de noviembre.
~

Había pasado ya un tiempo desde mi primer encuentro con Nate, por motivos, emm… Académicos, había seguido con las tareas de hacerle comidas y limpiar su casa o pasear a su perro entre otros, además claro de uno que otro ataque por su parte, aunque luego de la vez que me encontró en la noche temblando las cosas habían ido cambiando lentamente y se volvía de a poco más dócil, aunque no por eso menos irritante, aun así nuestra “relación” había ido mejorando en comparación al principio, seguía llamándome “perro”, pero creo que incluso ya estaba acostumbrada a sus tratos. Entonces ¿Qué hacía enojada con él? Claro, sabía que yo a él reamente no le importaba, era más bien su entretención privada y ya, pero eso no cambiaba los hechos, es decir ¿Qué le hubiera costado? Se lo mencioné antes de fin de mes, ¿3, 4 veces? Unos días antes, una semana, dos semanas antes… pero claro, seguro me ignoró o simplemente no le importó, no solo eso le bastaba, que el día anterior al “gran día” se le había ocurrido querer meterse conmigo como si fuera su juguete ¿Es que aún no le quedaba claro que no le seguiría el juego? Encima luego ignorarme todo el día siguiente… Pero bueno, si para él mi cumpleaños no era importante, ¿Por qué debía importarme a mí algo de él? Así que llevaba un buen par de días sin hablarle, desde el día de mi cumpleaños hace ya una semana para ser exacta, no había contestado a sus mensajes y le había ignorado en clases lo suficiente para poder escaparme. Nate sabía que estaba molesta pero tampoco parecía importarle…

Y cuando hablas de Roma, su rey se asoma. Tocaron la puerta del departamento, pensé que sería el dueño o Nikolay, después de todo yo no recibía casi visitas, por lo que abrí sin miramientos sólo para encontrarme con la falsamente roja mirada del que me tenía enfadada hace más de una semana. Fruncí el ceño y antes de que pudiera decir nada le cerré la puerta en toda su fea carota, bufando y apoyándome contra ésta al cruzarme de brazos ¿Qué hacía aquí? Seguro que quería que le preparara el almuerzo, el muy maldito… Entonces escuché su voz tras la puerta y fruncí los labios. – ¡Piérdete, Adams! – Le grité tras la puerta, no demasiado fuerte pues mi voz por naturaleza era suave, sin embargo poco después escuché las palabras mágicas y cerré la boca, volteándome para abrir un poco la puerta y mirarlo inquisidora. – ¿De verdad… trajiste a Choco? – Siempre me refería a esa marca de chocolate como si fuera una persona, por alguna razón era mi manía y hace tiempo ya que Nate se había acostumbrado a esto, hasta el punto de también llamarle a veces “Choco” como si fuera el nombre de una persona.

Y en cuanto vi que levantaba una conocida bolsa de compra con la deliciosa marca transparentando de esta, abrí la puerta como si nada, sonriéndole como si fuera un angelito para escuchar su comentario en silencio y verle entrar. – Venga, venga, dámelo, dame mi choco ya – Pensaba siguiendo los movimientos de la bolsa con la mirada, pero entonces la grave voz de Nate volvió a sonar e inflé una mejilla sintiéndome estafada, ¡yo quería mi choco ahora! Y entonces mencionó que me fuera a vestir, por lo que pestañeé y bajé la mirada, topándome con que aun traía mi usado pijama de pantalón gris con las rodillas gastadas y una que otra mancha y la polera holgada con tajos que se le habían hecho con el tiempo, dejando ver parte de mi abdomen y cayendo de lado mostrando un hombro. Me sonrojé, ¿Cómo lo sé? Sentí mi cara acalorarse en menos de 2 segundos. Partí corriendo a mi cuarto cerrando de un portazo y me apoyé contra la puerta ya trabada, colocando mi mano sobre mi boca por la vergüenza, los únicos que me habían llegado a ver con pintas raras eran Nikolay primero y Nate, lo del rubio cenizo realmente poco me importaba pues era mi compañero de piso, pero Nate… realmente me enervaba sabiendo que me veía con pintas raras, quizás debido a que era el chico más cercano a mí, obviando a Nikolay claro está. En fin, no pensé demasiado en esto, partí a mi armario y tomé la ropa necesaria, el día estaba nublado para variar pero no tan frío como otros así que no necesitaba tanto abrigo, partí al baño y me di una rápida ducha, en 5 minutos ya estaba fuera, secándome para colocarme el conjunto elegido (sin guantes) y salir para encontrarme con Nate.

Realmente no me apetecía ir con él a su casa ¿En qué rayos había estado pensando? Ah, sí… en Choco, siquiera me había parado a pensar que estaba molesta con él, es que Choco era más importante... Por lo que pronto estábamos fuera de mi casa, cerrando la puerta para recordar que no había sacado las llaves, de nuevo… Ya luego me preocuparía, no dejaría al maldito rubio ese más opciones para fastidiarme, sobre todo porque aún seguía recelosa con él. Pronto tomamos locomoción y en unos minutos estábamos bajando para encaminarnos a su casa, con el tiempo me había terminado acostumbrando al trayecto aunque recordaba haberme perdido un par de veces antes de eso, ¿Qué más daba? Ya no pasaría más. Lo único molesto era lo endemoniadamente lejos que vivíamos, es decir, tener que ir seguido a su casa no era nada divertido teniendo que tomar el bus por 15 minutos de ida y de vuelta, o es que era yo la anti social que no soportaba la locomoción pública… suspiraba en mis adentros mientras caminábamos, el viaje había sido silencioso pues yo no le hablaría y aunque él me hablara no le contestaría, por lo que pronto estábamos en el súper para comprar lo necesario para el almuerzo, ahora que o pensaba, no había avisado a Nikolay. Y cuando partí a colocar mi mano en el bolsillo noté que, una vez más, tampoco me había traído el móvil, poco me faltó para no traer la billetera… esperen, ¿Dónde jardín secreto estaba? Palpé mis bolsillos, los cuatro. Joder. ~

Bufé bajo mientras elegía algo de carne, suerte que era Nate el que pagaba las comidas la mayoría de las veces, pero bueno, tenía que aprender a traer mis cosas conmigo, no podía ir por la vida incomunicada e irreconocible, por no mencionar sin el dinero para moverme. Tras un rato habíamos elegido todo, me pasé por la zona de chocolates y saqué un par discretamente para meterlo al canasto y partir a pagar. Esperé a que Nate hiciera todo el papeleo. (?) Y hecho esto llegamos a su casa, siendo recibidos por un cariñoso Max que partió moviéndome la cola. – Hola amigo, ¿Cómo está el grandote más lindo de todos? – Le pregunté en tono cariñoso y un tanto gracioso, agachándome para acariciarle la cabeza con ambas manos. Tras el saludo partí a la cocina, ya pasaban de las 12 así que era buena hora para comenzar a preparar la comida, así que me puse a ello, pero mientras me lavaba las manos miré a Nate. – Preparo la comida, almorzamos, me das mi Choco y demás, me largo – Expresé mirándole inquisidora escribiendo como pasarían las cosas, más que nada, Nate debía saber que si me negaba el chocolate desataría mi furia, ya la había visto en acción un par de veces contra Nikolay cuando intentaba pasarse de listo comiéndose mis reservas de elixir café pues le había armado el circo en plena universidad, además una vez también me había enfadado con él por esconderme una barra de chocolate, recordaba vagamente haber dejado su piso patas arriba… Pero bueno, con todo eso suponía que él ya sabía que no era buena idea jugar con ese tema.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Lun Abr 20, 2015 12:20 am

Asentí varias veces ante su último comentario, recostándome sobre el marco de la puerta de la cocina mientras me cruzaba de brazos y daba un suspiro. – Sí, sí… Tendrás tu Choco, descuida. – pero… ¿Por qué demonios estaba tan enfadada? O sea… Vale la había molestado un par de veces pero creía que aquello ya no le importaba porque se estaba acostumbrando. Me quedé un rato pensativo, pero acto seguido llevé mi mano hasta mi cabeza y me revolví el pelo algo frustrado. ¿Desde cuándo me importaba lo que pensaba? Se supone que era mi perro y ya. Resoplé comenzando a andar hacia el salón y me tiré al sofá alzando mi cabeza para mirar el techo. Al parecer Max notó que estaba preocupado por algo pues se subió al sofá soltando un ladrido en mi oído. – ¡Oye! ¿No te tengo dicho que no puedes subir al sofá bicho? – dije con un tono de voz un tanto cariñoso e hice que se bajara comenzando a acariciarle detrás de las orejas. – Dime… ¿Por qué demonios está cabreada? Vamos… Podría decírmelo al menos, ¿no? – di un suspiro algo molesto y seguí hablando en un murmuro como si el perro me comprendiera. – ¿Quién entiende a las mujeres eh? – acto seguido volví a recostarme sobre el respaldo del sofá y agarré el móvil de mi bolsillo comenzando a tachar todas las cosas que ya tenía hechas en mi agenda. Pero entonces una de esas cosas llamó mi atención. “¿Comprar regalo para mi perro?” Desvié mi mirada hacia Max, mirándole extrañado pero luego me quedé pensativo unos segundos hasta que mi mente se iluminó por fin… ¡El jodido cumpleaños de Mia! Tragué saliva, mirando la fecha de hoy y cuando me di cuenta que ya había pasado prácticamente una semana me di un puñetazo mental. – Mierda… – lancé el móvil hacia un lado del sofá y enterré mis dedos en mi pelo comenzando a revolverlo completamente frustrado. “¡¿Cómo demonios pude olvidarme?! Ah claro… Me pasé todo el puto día durmiendo.” Me levanté del sofá y caminé hacia la cocina asomándome un poco mientras veía a la castaña cortar la carne. “Eso explica que estuviera tan cabreada… Diablos debo arreglarlo.” Y otra vez… ¿Por qué me importaba tanto? En fin, supongo que ahora no quería ponerme a pensar en eso.

Tras un rato Mia acabó de cocinar, por lo que nos sentamos a la mesa para poder comer. Me metí un bocado y como siempre estaba muy bueno… Pero sinceramente ahora lo único en que pensaba era en cómo sacar el tema de su cumple. Esta vez fui un completo idiota y debía admitirlo. Estaba dispuesto a disculparme. ¡Yo! “Santa mierda Nate… ¿En qué pensaste cuando no quisiste alejarla de ti?” Di un suspiro y dejé el tenedor en el plato para luego mirar fijamente a la castaña. – Oye Mia… – pero no tuve tiempo a terminar la frase pues el timbre de la casa sonó. Maldición… Justo cuando iba a pedirle perdón. – Diablos… ¿Quién vendrá a la hora de comer? – musité un tanto molesto y caminé hasta la puerta para luego abrirla sin mirar siquiera quien era antes. Oh… El error más grande de mi vida. Allí estaba ella, algo pálida, con su traje de siempre y su pelo recogido en una pequeña cola de caballo, viéndome con unos ojos llorosos mientras pronunciaba:  – Nate… Nate por favor…–

Yo me quedé de piedra y creo que hasta mi rostro igual palideció. Por qué… ¡¿Por qué esta despreciable mujer estaba aquí?! Tragué saliva y sentí mi ritmo cardíaco aumentar a mil. El sudor comenzó a bajar por mi frente y el rencor volvió a apoderarse de mí justo como aquél día… Apreté mis dientes junto con mis puños y di un fuerte golpe contra la pared mientras gritaba: – ¡¿A QUÉ DEMONIOS VINISTE?! ¡LÁRGATE! ¡¡¡LÁRGATE!!! – fruncí mi ceño, mirándola como si fuera un jodido animal. – Por favor… – ella intentó tocarme, pero yo la empujé con todo el desprecio hacia atrás. – ¡NO ME TOQUES! Solo… ¡Vete! – exclamé con la voz rota, cerrando la puerta de un portazo mientras me volteaba dando un grito de rabia y dándole una patada a la estantería que había en el recibidor. Mia no tardó en aparecer intentando calmarme pero no la dejé tocarme, zafándome de ella, pues estaba completamente fuera de mí, no era yo mismo. – ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ DIABLOS VINO?! – llevé mis manos hasta mi cabeza desesperado y acto seguido tomé un jarrón reventándolo contra la pared. – La odio… ¡LA ODIO! – y sin vacilar le di un puñetazo al espejo de la pared, reventándolo en pequeños trozos mientras mi mano comenzaba a sangrar. Pero… ¿A caso aquello importaba? Me quedé ahí parado, jadeando mientras apretaba mis dientes. Entonces, al par de unos segundos llevé mis orbes hacia Mia, y frunciendo mi ceño caminé directamente hasta ella, tomándola del rostro y poniéndola entre la pared y yo. Comencé a besarla con bastante pasión y con cierta desesperación, moviendo mi boca rápido pero también de una forma algo dulce… Lo necesitaba, dioses ni os imagináis como LA necesitaba ahora. Dejé una mano en su mejilla y la otra la bajé hasta su cintura apretándola un poco más contra mi cuerpo sin dejar ir sus labios en ningún momento. Cuando estaba algo más calmado, alejé un poco mis labios de los suyos y aún respirando con cierta dificultad, rodeé su cintura con ambos brazos dejándome caer de rodillas al suelo y bajando a Mia junto conmigo. – Lo siento… Lo necesitaba… – acoté con una voz algo rota aún sin subir mi mirada hacia ella. Estaba más tranquilo… Pero aquello no quitaba que los recuerdos invadieran mi cabeza de una forma jodidamente desagradable, provocando que abrazara a Mia con un poco más de fuerza sin importarme siquiera que mi mano estuviese sangrando.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Lun Abr 20, 2015 10:36 pm

Al obtener la confirmación de que recibiría mi Choco, asentí y me di media vuelta para comenzar a preparar la comida, últimamente me iba haciendo mejor con los platillos occidentales y por esto había decidido preparar algo así, aunque me decanté por algo sencillo, que no demorara mucho tiempo en prepararse para poder irme pronto. Puse el arroz en la olla luego de tener los condimentos ya revueltos y en cuanto estuvo esta parte lista me puse a cortar carne y vegetales para hacer acompañamientos y algo de ensalada. Terminado todo me puse con la mesa y ya con todo preparado me senté a comer, sin siquiera esperar a que Nate probara primero, como hacía siempre. Solo tomé mi tenedor y me metí un bocado a la boca para seguirle con otro y así, hasta que la voz del rubio me sacó de mi ensimismamiento pero no le respondí, solo desvié un poco la mirada hacia él para saber que quería. Aun así no pudo decir nada pues alguien tocó la puerta, ¿Tenía visitas? Bastante raro… pero no le di mucha importancia, pronto Nate se levantó con una queja que me hizo suponer que no esperaba a nadie, seguro era un vendedor o algo así, me encogí un poco de hombros y comí otro bocado mientras seguía con la mirada al chico, solo por llana curiosidad de ver quien era pues desde donde estaba era posible ver hacia la entrada.

En cuanto Nate abrió la puerta se asomó una mujer morena, se veía bastante demacrada, aunque se la notaba linda pero estaba… ¿llorando? Realmente por la distancia no lo diferenciaba bien, más que nada distinguía que era alta y parecía conocer a Nate, aunque éste al parecer no le decía nada, solo estaba ahí y no sabría decir si hablaba algo o no, pero lo veía quieto… hasta que golpeó la pared y pegó el grito más fuerte que jamás le hubiera escuchado. Me hizo temblar, saltar sobre mí misma y de puro impulso levantarme de mi asiento con los ojos completamente abiertos. ¿Qué estaba pasando? La mujer intentó acercarse a él ¿Una ex? No, no podía ser, se notaba que era mayor aunque estuviera bien cuidada, ¿Un familiar, quizás su madre? No, por cómo le trataba… pero no pude pensar mucho más en esto, pues cuando ella se acercó Nate la empujó con fuerza y le volvió a gritar con odio. Por simple impulso avancé hasta salir del comedor pues en el final del último grito de Nate… sentí como si estuviera llorando. Me acerqué en medio del portazo y las patadas, él no lloraba pero eso estaba lejos de aliviarme, su mirada estaba como perdida y no paraba de gritar y golpear cosas, intenté acercarme, tranquilizarlo, pero me alejó brusco aunque sin herirme para irse a golpear más cosas. No sabía qué hacer, jamás le había visto tan alterado, tan fuera de sí. Lo que más me preocupó fue cuando le vi dar un golpe limpio contra un espejo y su sangre caer al suelo, abriendo grande los ojos para acercarme una vez más a intentar detenerlo pero notando que ya se había quedado quieto, respirando agitado mientras miraba a nada realmente antes de desviar la vista hacia mí, provocando que yo me frenara en seco al ver su mirada, se veía tan… vacío.

Y entonces caminó hacia mí como si le persiguieran, primero me asusté pero antes de saber qué pasaba yo estaba ya contra la pared, siendo presionada por el cuerpo de Nate antes de tener sus labios sobre los míos, primero pensé que me golpearía o algo, pero había sido todo lo contrario e incluso más que eso, había sido algo totalmente impensado. ¿Por qué? Pues el beso era totalmente distinto a los otros pocos que antes me había forzado a darle, es decir, era la misma sensación de deseo, pero esta vez tan desesperado… como si me necesitara con todas su fuerzas, además, de algún modo lo sentía como si intentara ¿Cuidarme? No sabía describirlo, pero a pesar de su desesperación, me trataba con cuidado. No pude evitarlo, me dejé guiar por su beso y por la extrañamente agradable sensación que me entregaban sus manos en mi cuerpo, aun cuando el ajeno me presionaba contra sí no era del todo molesto como lo había sido en veces anteriores, hasta el punto en que cerré los ojos, una de mis manos se acomodó sobre su brazo y la otra se sujetaba en el cuello de su camisa mientras, un tanto torpe, correspondía a su posesivo beso.

Tras un tiempo, no supe cuánto, en el que no me soltó por ningún motivo y yo estaba contradictoriamente cómoda con ello, finalmente pareció calmarse, su contacto se fue volviendo cada vez más suave hasta que finalmente cortó el beso con la respiración entrecortada y ambos brazos pasaron a colocarse en mi cintura, arrastrándome con él hasta el suelo para sentarse de rodillas. Me senté de mismo modo, quedando mis rodillas entre las de él y mi cuerpo aun cerca del suyo cuando finalmente volvió a hablar, disculpándose por lo que hizo y afianzando un poco sus brazos, no levantaba la mirada hacia mí, no podía ver bien su rostro pero casi sentía su dolor en el aire, se veía quebrado, más que el despedazado espejo a un par de metros de lejanía, no podía describirlo del todo ni aunque quisiera, tampoco sabía qué hacer, cómo contenerlo… Pero mientras intentaba pensar en esto, ya había comenzado a moverme. Mis brazos pasaron a rodear su cuello, aun estando sentada de rodillas me levanté un poco más para apegar mi cuerpo al suyo, afianzando mis brazos a su alrededor y apoyando su cabeza en mi pecho, de modo que él no necesitaba mostrar su rostro ante mí mientras lo intentaba cobijar de su dolor, cubriendo su cabeza como si fuera algo precioso y acariciando su cabello lentamente con una de mis manos mientras mi cabeza también lo cubría un poco, hundiendo mi rostro en su cabello y con esto apoyando mis labios en la coronilla de su cabeza en un vano intento de confortarlo, no sabía cómo arreglar su tristeza, pero de algún modo seguía moviéndome sin saber qué hacía realmente. – Todo irá bien… Tranquilo… Aquí estoy… – Susurré sin dejar las caricias a su cabello con mucho cuidado, deteniéndome a besar su cabello un momento con mucha suavidad, no terminaba de entenderlo pero sentía que en aquel momento él necesitaba de alguien que le confortara.

No supe tampoco cuánto tiempo estuve así, intentando consolarlo, tratando de quitarle el dolor, esperando aliviarlo, que se sintiera mejor a toda costa… de modo que cuando finalmente aflojó un poco el abrazo en mi cintura, me alejé lo suficiente para poner una mano en su rostro y la otra cerca de su cuello antes de besar su frente con delicadeza, bajando para dar un pequeño beso a la punta de su nariz y finalizando en sus labios con un suave tacto que intentaba reconfortarlo, sin llegar a ser más que un suave roce de labios hasta alejarme nuevamente lo suficiente para apoyar mi frente contra la suya, todo esto con los ojos cerrados hasta ahora, cuando volví a abrirlos para buscar su roja mirada. – Ya está bien… – Le susurré tras encontrar sus ojos y luego de esto bajé la mirada y me alejé, volviendo a quedar completamente sentada para buscar su mano herida y ensangrentada, esperando no encontrarme ningún vidrio incrustado en ella y, por suerte, descubriendo que estaba medianamente bien, aunque tenía varios cortes aun así no era tan serio como podría haber sido. Acerqué su mano y besé con suavidad el dorso de esta. – Que suerte, estás bien… – Susurré casi para mí misma, sonriendo ante este hecho para luego levantarme del suelo, tomando también la otra mano ajena. – Vamos, hay que curarte esos cortes Nate – Le pedí en tono suave, ayudándole a levantarse jalando de su otra mano pues terminaría hiriéndolo sino.

En cuanto estuvo de pie, mantuve sujeta su mano libre, con un cierto cuidado que no podía evitar tener pues hasta hace solo un momento había sentido que el rubio tras de mí podría romperse en cualquier instante, no entendía qué había pasado ni pretendía preguntar aun, se notaba que era algo realmente importante para Nate y yo no era ninguna entrometida, si llegaba un momento en el que él quisiera contármelo lo escucharía atenta y hasta entonces, esperaría. Pronto llegamos al baño, sin yo aún soltar la mano de Nate en todo el camino hasta entrar y pedirle que se sentara para soltar el agarre e ir por el botiquín que había tras el espejo, abriendo la puertita para sacarlo, estaba ya acostumbrada a usarlo pues con lo distraída que era tendía a herirme en los viajes a su casa, por lo que sabía bien qué había y qué no. De paso, en el espejo noté que me había quedado un resto de sangre de la mano de Nate por el beso que había propiciado en esta antes, pero en realidad era poco lo que me importaba ahora, simplemente me relamí un poco los labios sin fijarme y comencé a limpiarle la herida, primero había que sacar toda esa sangre ya un tanto seca por todo el tiempo que había pasado… ¿Cuánto habíamos demorado? Tampoco me tomé mucho tiempo para pensarlo, simplemente me arrodillé en el suelo y me dediqué a limpiar, desinfectar y vendar su mano hasta que estuvo del todo lista. Hecho esto suspiré y me levanté. – Listo, ¿aun duele mucho? – Pregunté sentándome a su lado pues estaba apoyado en el borde de la bañera, en realidad no sabía cómo llevar el tema o qué decir, esperaba que él me diera algún indicio pues ¿Qué se suponía que hiciera, volver a almorzar a la mesa? ¿Ignorar todo lo que había pasado e irme? ¿Simplemente quedarme ahí sin decir nada?
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Miér Abr 22, 2015 1:12 am

De algún modo, cuando abracé a Mia sentí que el rencor se iba desvaneciendo poco a poco. Dejé de apretar mis dientes con tanta fuerza y simplemente hundí mi cabeza en su pecho, intentando no romperme enfrente de ella. Maldición… Jamás planeé que me viera de esta forma pero… Cuando comenzó a acariciar mi cabello sentí un completo bienestar recorrer absolutamente todo mi cuerpo. ¿Cómo era posible que esta chica estuviera logrando calmar todo aquél huracán de frustración, rencor y tristeza? Entrecerré mis ojos algo frustrado y simplemente me quedé ahí quieto, sin decir nada mientras intentaba no pensar en aquella mujer nuevamente… Aquella que detestaba con todo mi alma.
Cuando sentí que por fin podía pensar con claridad, aflojé mi abrazo y la castaña se alejó un poco, sorprendiéndome completamente con sus siguientes acciones y provocando que entreabriera un poco mis ojos. Sus orbes se encontraron con los míos y la miré un tanto perdido, frunciendo un poco mi ceño, aunque no tan vacío como antes… Como si le estuviera dando las gracias con la mirada.

Luego de esto fuimos al baño y yo me dejé caer al suelo, apoyándome sobre el borde de la bañera mientras desviaba mi rostro hacia un lado. Clavé mis ojos a la nada, esperando a que Mia acabara de curarme la mano aunque realmente en aquél momento aquellas pequeñas heridas eran completamente insignificantes para mí. La verdad es que tardé en reaccionar un poco ante su pregunta, pero cuando lo hice simplemente inspiré algo de aire negando con la cabeza. – No… No duele. – acoté con un tono de voz un tanto frío aún sin mirarla. Pasaron unos cuantos minutos y cuando por fin sentí que ya podía hablar, solté una carcajada y alcé mi cabeza dando un suspiro. – Vaya espectáculo… ¿Eh? Realmente jamás esperé que me vieras de esta forma, qué patético. – comenté soltando otra risa al final de la frase y luego volteé mi rostro hacia Mia esbozando una sonrisa quizás un tanto dolorosa, para luego volver a bajar mi cabeza cerrando los ojos por unos instantes. – ¿Sabes? Aquella mujer… Es mi madre. Si es que así puede llamarse claro. – llevé una de mis manos hasta mi nuca, frotándomela un poco mientras clavaba mi mirada hacia adelante. En fin… Nozomi ya había visto mi reacción y a aquella tipa. ¿Qué perdía si se lo contaba? Además, se estaría preguntando por toda aquella maldita situación y no quería que volviera a preguntarme por ello algún día, así que prefería contárselo ahora y no sacar este tema después.

– Cuando tenía trece años la pillé en la cama con un hombre… Que no era mi padre. Me afectó tanto que comencé a ignorarla y no le dije nada a mi padre para no hacerle daño. – tragué algo de saliva, pero segundos después seguí hablando. A pesar de todo… Mia era la primera persona a la que le contaba algo así tras llegar a Sweet Valley y aquello realmente era un tanto difícil pues odiaba recordarlo. – Y fui tan estúpido como para perdonarla cuando me suplicó de rodillas y me juró que aquello no volvería a pasar… Pero mintió. Tanto a mi padre como a mí. Nos mintió. – aclaré comenzando a reírme irónicamente mientras llevaba la mano vendada hasta mi frente y bajaba un poco mi rostro. – Volví a verla con el mismo hombre tres años después. Hablaba… Sobre como iba a divorciarse de mi padre y luego largarse con este tipo. – comencé a reírme nuevamente, esta vez más fuerte aunque creo que se notaba demasiado lo roto que estaba por dentro. Miré a la ojiazul, entrecerrando un poco mis ojos y esbocé una sonrisa ladina mientras decía: – Y de ahí viene el retorcido Nate. Esa personalidad que tanto detestas. ¿No es divertido? – no le había contado algunos detalles, pero me pareció innecesario pues con todo lo que le había dicho era suficiente. Entonces, la curva de mis labios desapareció y entrecerré un poco mis ojos llevando lentamente la mano herida hacia su mejilla, acariciándola suavemente con la yema de mis dedos. – Aunque… Es increíble... – me incliné hacia ella y justo cuando estaba cerca de sus labios, susurré: – Que alguien como tú haya conseguido traerme… La paz. – entonces, deposité un pequeño beso en sus labios y luego la miré directamente a los ojos. – Por cierto… Feliz Cumpleaños atrasado. Lo siento, esta vez admito que fui idiota. – sonreí de medio lado y bajé un poco mi mano hasta su cuello sin desviar mis orbes de los de ella en ningún momento. – Prometo que tu amo te lo recompensará bien. – comenté esbozando una sonrisa sincera, sin ningún tipo de burla pues realmente estaba agradecido con ella. Y aunque aquello no lo dijera en voz alta… Estaba seguro que Mia lo entendería.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Lun Mayo 11, 2015 3:29 pm

Cuando me respondió, su tono parecía algo hostil, irónico, pero realmente no sentía que fuera dirigido para mí así que lo dejé pasar sin mayores problemas, desvié un momento la mirada y la bajé hasta los cerámicos del piso, respirando hondo sin saber aún qué hacer o decir, lo mejor sería esperar a que Nate diera el primer paso. Y fue así como pasaron los minutos, cada uno mirando algo al parecer muy interesante en alguna parte del baño. Hasta que la repentina risa del rubio me sacó de mis cavilaciones (Que no eran muchas), ¿Qué le hacía tanta gracia? Aunque, no, esa risa no tenía gracia. Le miré en silencio esperando a que hablara y cuando lo hizo solo pude fruncir un poco los labios en una ligera mueca en respuesta a su triste sonrisa antes de que volviera a voltear y yo misma retomara mi interesante panorama de cerámicos. Sin embargo esta vista no duró mucho, cuando Nate lo dijo. ”Es mi madre”. Levanté el rostro y abrí grande os ojos, mirando hacia al frente un momento antes de buscar la mirada del rubio. No, no podía ser cierto ¿Su madre? Pero él… Ella… ¿Qué se supone que pasó entre ellos? Y pronto vino mi respuesta. Escuché atenta a cada palabra que salía de su boca, bajando paulatinamente la mirada hasta llegar a mi mano apoyada sobre el borde de la bañera sin decir palabra alguna hasta sentir que él volvía a mirarme. Levanté la vista un tanto dudosa, la situación no terminaba de ser del todo cómoda cuando lo miraba a los ojos, esos que a veces tanto me asustaban; sin embargo pronto su mano en mi mejilla me hizo erguir por completo el rostro mientras sentía que las cosas comenzaban a irse un poco de mis manos.

Y entonces se acercó, quise alejarme pues realmente no me sentía bien con esto, de ser posible prefería evitar los contactos de más con él pero en este momento sabía que no era una opción agradable, además mi cuerpo no retrocedía. Pronto sentí su aliento y seguido el contacto con sus labios, entrecerrando los ojos sin llegar a cerrarlos y luego desviando la mirada hacia un lado, si esto era lo que Nate necesitaba para sentirse mejor, suponía que por el momento estaba bien. Volví a mirarlo al escuchar sobre mi cumpleaños, un tanto sorprendida por cierto, en lo que sentía su mano en mi cuello, extrañamente cálida, no como antes. Aunque ahora que lo notaba, cuando acarició mi mejilla la sensación fue similar, solo que estaba ocupada incomodándome para notarlo, ahora la sorpresa de que recordara mi cumpleaños me tenía distraída. Vi su sonrisa, una sonrisa más sincera que muchas otras que me había entregado y no pude evitar sonreír en respuesta, asintiendo levemente pues si bien la frase sonaba como una de las clásicas que me propiciaba siempre, el tono y razón con que lo decía delataba que era su manera de “agradecer y disculparse”, al menos así lo veía yo esta vez.

Quizás intentaba engañarme un poco, quizás solo quería creer en la humanidad que había visto en él hacia solo unos minutos, quizás simplemente quería creerle.

Tras un par de segundos apenas, divisé un intruso asomando la cabeza, Max miraba semi escondido desde la puerta, le sonreí y me alejé un poco de Nate para levantarme, ahora lo sentía mejor, algo más animado, ya no hacía falta forzarme a mantener esa cercanía innecesaria que, de todos modos, no me incomodaba por completo, quizás estaba demasiado acostumbrada a sus tratos. – De acuerdo, ahora toca comer y mimar un poco a Max – Medio ordené, sujetándole el antebrazo de la mano herida sin llegar a sujetarle fuerte pero jalándolo para que se levantara. – Tú ve a calentar los platos que la comida ya debe estar más que fría, yo me ocuparé de ordenar – Instruí mientras le llevaba fuera de la celestina habitación seguida de un ladrido y 4 patas tras nosotros, llegando al pasillo y poco después al comedor donde habían quedado abandonados los platos a medio probar. Solté el antebrazo del rubio y seguí de largo hasta la puerta que conectaba con el destartalado salón. – Espero que cuando vuelva la comida esté calentada y los vasos llenos, no dejes a Max venir – Anuncié como advertencia juguetona, intentando obviar el hecho de que iba de camino a limpiar su desastre pues suponía que este hecho no le haría sentir especialmente bien aunque a mí no me molestara realmente. Sin esperar respuesta avancé y cerré tras de mí, tomando los restos más grandes del jarrón antes destrozado y usando el más intacto de estos como cuenco para no lastimarme en el camino. Recogí los trozos grandes de vidrio y cosas dañadas, una que otra figurita que había sufrido por el golpe en la estantería y las cosas que se desordenaron por lo mismo. Pronto tenía esto hecho y fui a la cocina para botar en una bolsa negra lo que llevaba en las manos antes de ir al armario de escobas a buscar una de estas y una pala, cuando salía vi a Nate por la puerta entreabierta sirviendo el zumo de mi vaso medio vacío y seguí para barrer rápidamente lo más importante, no haría un aseo completo pero no quería que nadie se enterrara vidrios, sobre todo el perro pues era el más vulnerable.

Y pronto había terminado de barrer los restante, por lo que volví a la cocina y me dediqué a botar todo en la bolsa, cerrarla y anudarla bien para llevarla al contenedor de basura. En seguida fui a lavarme las manos y volví a la cocina donde Nate me esperaba de pie, le sonreí levemente y avancé hasta mi anterior y usual asiento. Pronto volvimos a estar sentados comiendo, sin embargo no sabía muy bien de qué más hablar para que las cosas siguieran bien, hasta que una idea me vino a la cabeza. – Hey, sobre mi cumpleaños – Solté tras probar un poco de zumo. – No creas que te lo perdonaré tan fácil ¿Eh? Que es una fecha importante, ese día nací ¿Sabes? – Bromeé un poco y luego apoyé mi codo en la mesa para apoyar el rostro en la mano correspondiente y mirar hacia otro lado mientras fingía pensar. – Mm… Quizás una montaña de chocos… O un tour a una fábrica de chocos… ¡Uh! ¿Un choco apodado con mi nombre? – Pregunté como para mí misma, aunque claro, esto en parte si era algo que me haría usual ilusión pero realmente solo lo estaba usando como excusa mientras pensaba algo que pudiera hacer. – ¡Oh! Ya sé – Terminé por decidir, volviendo a él. – Llévame de paseo – Exigí seria y decidida. – A una tienda de chocos en el centro, es exclusiva y dedicada a eso, exijo que me compres algo – Dije en tono un tanto infantil, aunque claro, esta era una petición razonable pues hace tiempo ya que sabía la situación económica de Nate, por no mencionar que yo misma igualmente podía comprarme algo de precio normal para el sitio sin problemas. – Esta tarde, más te vale cumplir o en serio me enfadaré mucho ¡Colocaré laxantes en tu comida! – Advertí apuntándolo con mi tenedor, aunque de más estaba decir que no me atrevería a hacer aquello, claro, a menos que no viera otra alternativa, solo sería un caso extremo de todos modos.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Jue Jun 18, 2015 6:08 pm

Por suerte Mia no había mencionado nada del asunto, cosa que me alivió un poco pues realmente no tenía ningunas ganas de hablar sobre el tema. Estaba menos alterado, pero aquello no significaba que estaba del todo bien. Creo que mi pequeño ataque lo había dejado bastante claro. – Que mandona. ¿Quién es el amo aquí? – inquirí esbozando una sonrisa de medio lado y cuando se retiró hasta el recibidor, supongo que para recoger todo el desastre que había dejado, di un suspiro comenzando a recoger los platos con la comida fría. La verdad es que le estaba muy agradecido, después de toda aquella locura no quería tener que ocuparme de lo que había roto con mis propias manos. Fui a la cocina y calenté ambos platos en el microondas para luego volver al salón y poner algo de zumo en los vasos. Qué irónico… Si hubiera estado solo, seguramente, tras haber destrozado por completo mi casa me habría ido a un bar a beber hasta perder la consciencia… ¿Desde cuándo aquella chica se había convertido en una razón para no hacerlo? Y aquella pregunta siguió rondando mi cabeza hasta que Mia volvió al salón y comenzamos a comer nuevamente. A ser sincero no tenía mucha hambre, pero por simple “educación” intentaría acabármelo todo. – ¿A una tienda de chocolate? – pregunté alzando una ceja mientras daba un sorbo a mi zumo. – Realmente te conformas con muy poco. – dije mientras dejaba escapar una pequeña risa. La verdad es que podía permitirme gastar mi dinero en otra cosa más material pero sabía cuánto le gustaba aquél chocolate y si ella lo quería… No tenía otra que aceptar. – ¡Laxantes! ¿En serio serías capaz de hacer algo tan terrible a tu amo? Recuerda que tu castigo sería el doble de molesto… Aunque estoy seguro de que a ti te gustaría. – comenté entrecerrando un poco mis ojos, clavando mi mirada en la de ella y sonriendo algo malévolo.

Poco a poco, y sin siquiera percatarme de ello, aquella sensación de cabreo y preocupación abandonó por completo mi cuerpo gracias a la charla que estaba teniendo con la castaña durante la comida. Era raro admitirlo pero… Todo había sido gracias a ella. Cuando acabamos de comer, me levanté de la silla y comencé a retirar los platos de la mesa. – Bien… Como recompensa por haberme olvidado de tu cumpleaños, seré yo quien te sirva el día de hoy. Deberías sentirte halagada… Tener a alguien como yo de sirviente no se ve todos los días, ni con cualquier persona. – vale, admito que esta última frase había tenido varios sentidos. El caso es que nunca había sido tan permisivo con alguien y extrañamente hoy estaba dispuesto a aceptar cualquier capricho suyo. “¿Qué diablos te pasa, Nate?” Caminé hasta la cocina y encendí el lavaplatos pues aunque había recogido la mesa, no me apetecía nada lavarlos. Volví al salón y me apoyé sobre el marco de la puerta cruzándome de brazos. – ¿Y bien? No veo que te estés preparando para ir a esa tienda de chocolate. Son casi las cuatro así que deberían de estar abiertos ya. Apúrate. – esbocé una sonrisa ladina y fui hasta el recibidor para ponerme los zapatos y la chaqueta. Por un momento me quedé viendo a mí alrededor y no pude evitar sentir una leve punzada en el estómago. No quería volver a pensar en aquella mujer pero sabía que en algunos momentos me sería completamente imposible.

Cuando Mia estaba preparada, salimos del bloque de pisos dirigiéndonos hacia el centro de la ciudad. Había bastantes personas por la calle puesto que se trataba de un fin de semana y todos los locales se encontraban abiertos y bastante animados. La verdad es que aquel ambiente familiar me enfermaba un poco, pero ya le había prometido a Nozomi que iría con ella, por lo que no me iba a echar atrás. – Bien, creo que hemos llegado. – acoté una vez estábamos enfrente de una enorme puerta, la cual cruzamos y al instante vimos un mostrador junto con unas enormes estanterías llenas de chocolate. El dependiente nos dio la bienvenida y tras saludarle, desvié mi mirada hacia la castaña dando un suspiro. “Creo que no es necesaria la cuenta atrás para saber que en los próximos tres segundos se va a lanzar hacia una de estas estanterías.” Vamos, no hacía falta decirlo. Estaba completamente seguro de que lo haría y yo terminaría riéndome de ello.
Al cabo de unos veinte minutos, salimos de la tienda con tres enormes bolsas llenas del chocolate favorito de Mia. Creo que no solo ella estaba resplandeciente de felicidad; el dependiente se alegró tanto que hasta le entregó una tarjeta golden con 30% de descuento para todo el chocolate de la tienda. Aunque claro, ahora la que no brillaba era mi cara y mi tarjeta de crédito, ya que el dinero fue sacado de mi amada Visa. Di un suspiro pero al girar mi rostro y ver el semblante de Mia… Bueno, creo que hasta dejé escapar una sonrisa algo dulce y muy poco típica de mí. Entonces, un folleto empujado por el viento fue a parar hasta la cara de la castaña, dándole de lleno. Vale… Os juro que intenté controlar la risa, pero no pude. – Pft… – estallé en carcajadas y le quité la hoja de la cara aún sin dejar de reírme. – ¿Sabes? Estabas incluso más guapa. – no, no podía perder aquella oportunidad para molestarla. Alcé el folleto a la altura de mi rostro y al leer lo que ponía enarqué una ceja y se lo enseñé a Mia. – Al parecer hoy abren una feria a unas cuantas cuadras de aquí. ¿Quieres ir? Ya sabes, deberías aprovechar sabiendo que hoy me tienes a tus servicios, querido perro. – dije sonriendo ladino.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Jue Jul 02, 2015 3:55 am

Al parecer había accedido a mi propuesta sin problemas, aunque su comentario sobre un castigo por ponerle laxantes me puso un tanto nerviosa, realmente él no parecía entender que sus acosos me molestaban de verdad, me hacía sentir mal y era desagradable, nunca podía hacer nada y me daba miedo, pero él no lo captaba… Bueno, por ahora no era importante, después de todo eran pocas las veces que ocurría y, de algún modo, me sentía acostumbrada a su actitud coqueta, era parte de su personalidad al fin y al cabo. De todas formas, inflé mi mejilla mirándolo con los ojos entrecerrados –. Más te vale no intentar nada raro, Adams –. Le advertí con cierto toque berrinchudo antes de seguir con la comida. Seguimos hablando una que otra cosa, yo no era muy de conversar en las comidas y él lo sabía, ambos estábamos acostumbrados a comer en silencio la mayor parte de la comida, pero por esta vez me dejé distraer un poco más en lo que era conversación y dialogué más con el rubio.

El tiempo pasó en nada, al menos para mí, pues llegado a un punto intenté pinchar la comida con el tenedor y me di cuenta que no quedaba nada en mi plato, vaya, si pareciera que la conversación me absorbió un poco, debía admitir que me agradaba pasar tiempo con Nate cuando no se ponía, bueno… Extraño, saben de qué hablo. Y entonces terminó el almuerzo, pero antes de que pudiera levantarme a recoger las cosas, él lo hizo, le miré con una ceja enarcada un momento pero entonces escuché su respuesta a mi pregunta no hecha y sonreí ligeramente antes de asentir –. Uh, pues me sentiré halagada de usar ese derecho todo lo posible –. Comenté con una expresión inocente mientras pensaba cómo extorsionarlo, de todas formas me aseguraría de mantenerlo ocupado todo el día para que no tuviera tiempo de pensar en cosas desagradables.

En cuanto se fue de la habitación metí mis manos a los bolsillos en una última búsqueda de mis pertenencias, la esperanza era lo último que se perdía, ¿No? Pero como ya era de esperarse, no había nada en ningún bolsillo, suspiré suavemente y apoyé la barbilla en mi mano y esta a su vez en la mesa, bufando en silencio antes de mirar la pared. Pero no tuve tiempo de pensar en mucho ya que pronto Nate estaba de vuelta para molestarme un poco. No le pude responder ya que en seguida se fue al recibidor así que solo me levanté de mi lugar, ¿Por qué tardó tan poco? Seguro el muy flojo metió los platos al lavaplatos, como si fuera tan difícil siendo tan poco… Pero bueno, no era importante, partí y me coloqué la chaqueta para salir junto a él, sin demorar mucho ya que no quería que se quedara mirando el lugar, aunque en cuanto aparecí noté que ya lo estaba haciendo y apresuré el paso, tomándolo de la muñeca para jalarlo a la puerta –. ¡El choco espera! –. Dije con cierta emoción, alzando un momento mmi mano libre empuñada como si fuera a una batalla antes de abrir y seguir jalándolo hasta estar ya lejos de la casa, apenas deteniendo un momento para dejarle cerrar.

Aunque partí con emoción, cuando nos alejamos del bloque de Nate y llegamos a una calle principal fruncí levemente los labios. Gente, tanta gente. Acomodé el paso a uno más normal soltando al rubio para seguir el camino hasta la tienda, como siempre, ignoraría a la gente, pero se me hacía algo más difícil cuando debía ignorar parcialmente pues no debía dejar de prestar atención a Nate, qué más daba, nos distrajimos entre nosotros sin conversar demasiado hasta llegar al lugar, asintiendo ante la acotación de Nate y sintiendo como la emoción volvía a mi cuerpo anunciada por una repentina sonrisa resplandeciente ni bien ver las plegadas puertas con forma de tabletas de chocolate –. ¡Oh, paraíso! –. Era mi único pensamiento mientras entraba expectante, era la tercera vez apenas que venía al lugar, pues había abierto hace poco, pero era increíblemente hermoso –. ¡El paraíso frente a mí! –. Pensé mientras me dirigía a la primera estantería que llamó mi atención, apenas me había detenido a dar un saludo al dependiente antes de eso pero ¿Qué importaba? Ya luego tendría tiempo para hablar con él cuando estuviera haciendo el pedido.

Al ver la cantidad de cosas que comencé a pedir, el joven, a quien ya había visto una vez en mi primera visita, me hizo el ofrecimiento de un 10% de descuento si compraba un mínimo de tal cantidad, y claro, de todas formas iba a comprar más que eso, o bueno, iba a hacer que Nate pagara más que eso, así que sonreí asintiendo mientras seguía pidiendo cosas, una a una, teniendo cuidado en cada elección hasta terminar. El dependiente de la tienda comentaba feliz conmigo mientras hacía el pedido, recomendándome qué era mejor y qué no era tan bueno o qué podría complacerme más, yo simplemente comentaba con él mis preferencias y seguíamos en ello hasta que finalmente acabé y el chico me ofreció una tarjeta de 30% de descuento para la tienda, una especie de membrecía que acepté en seguida para luego salir junto a Nate y un montón de bolsas llenas del delicioso manjar, si hasta iba tarareando bajito de lo animada que estaba, no lo podía evitar, el chocolate siempre causaba ese efecto en mí.

Y entonces mi cara dejó de “brillar” cuando un papel me atacó de la nada, pegándose a mi rostro al tiempo que me frenaba poniendo cara de pocos amigos. Ni siquiera me quise dignar a quitar el papelito, me quedé como choqueada con un tic en el ojo mirando sin entender nada por la cercanía del papel hasta que Nate dijo un comentario sarcástico y me lo quitó de encima, claro, luego de largarse a reír por lo ocurrido, lo cual me esperaba así que ni me inmuté más que dándole una mirada de pocos amigos. Entonces revisó el dichoso papelito y resultó ser un folleto sobre una nueva feria que abría hoy, observe lo que ahí decía un momento y lo medité, viendo la dirección –. Vale, llévame ahí, fiel sirviente –. Dije en tono altivo, aunque claro, denotando la broma en parte de mi expresión –. Si no mal recuerdo, por el camino hay un supermercado, ¿No? Podemos pasar y usar los lockers de custodia para guardar las bolsas –. Comenté mientras retomábamos el camino.

Nos dirigimos al lugar, pasando por el supermercado sin llegar a entrar, solo nos quedamos en el pasillo donde la gente guardaba sus pertenencias, metimos una moneda y nos aseguramos que quedó bien cerrado con las cosas dentro. Le entregué la llave a Nate aludiendo que él debía cargar todo de ahora en adelante, como buen sirviente, pero en realidad solo era la desconfianza conmigo misma de poder mantener esas llaves seguras en mi posesión. En cuanto guardamos todo seguimos el camino hacia la feria y pronto la encontramos, se veía bastante animado todo y bueno, como estaba de buen humor por el chocolate no me preocupó mucho y seguí avanzando, se veía interesante, la verdad.

Y llegamos, entramos, lo primero que vi fue un juego de tiro al blanco y por mero capricho señalé el lugar –. Vale, sirviente, gana el premio mayor para mí en ese juego –. Declaré como si de una reina se tratase y sin esperar respuesta avancé hacia el puesto, pidiendo una escopeta de juguete y esperando a que Nate pagara. Lo que me sorprendió fue que cuando el rubio me sorprendió, ganando el premio mayor sin necesidad de una nueva oportunidad, incluso dejó al chico a su lado mirándolo un tanto fastidiado y la chica que iba con él parecía querer aguantar la risilla. Vale, que hasta yo me reiría, pobre chico, pero por respeto simplemente miré a Nate hasta que el encargado se acercó con una sonrisa algo fingida a entregarle el premio, un Peluche bastante tierno, que me adelanté a tomar con una amplia sonrisa antes de voltear hacia mi sirviente –. ¡Ok! Este será la excepción, será lo único que yo cargue –. Comenté un tanto risueña, debía admitir que las cosas pequeñas me causaban algo de debilidad.

Pronto estuvimos en medio de la feria, pasando por cada uno de los puestos de juegos solo porque yo quería ver cuantos tendríamos que pasar antes de que ese maldito rubio perdiera y/o se avergonzara. Ya íbamos por el 5to sin contar el del pingüino y Nate cargaba distintos regalitos que se había ganado en estos, terminamos en uno de coger peces con una redecilla, un jueguito típico de Japón que me gustaba mucho, aunque siempre perdía, y que nunca había visto por aquí, después de todo las ferias y festivales de acá no eran muy similares a los de por allá, lo cual me causó algo de nostalgia y decidí jugar. Y bueno, mi suerte no cambió al estar en otro continente pues las 3 redes que me dieron se rompieron, mientras que Nate consiguió atrapar un pececito nada más ni nada menos que en su primer intento, así, como si nada.

Y como era lógico, me enfadé. ¡No era justo! Inflé una mejilla y me levanté de mi lugar acuclillada a su lado para mirarlo fastidiada, con una mejilla inflada y apretando el peluche contra mi pecho, con ambos brazos cruzados –. ¡¿Acaso no hay nada que no puedas hacer?! –. Le espeté en mi enfado infantil, pues sabía que era infantil, pero me enervaba lo perfecto que era en todo, si no eran los estudios era el deporte y si no era eso era alguna otra habilidad como lo que había demostrado ahora –. ¡El muy maldito! –. Pensé justo cuando me daba media vuelta para alejarme, así porque sí, porque en ese momento me sentía molesta con él, porque simplemente quería alejarme de la multitud y porque se me daba la regalada gana.

Mala hora en la que me alejé, pues con mi gran sentido de la orientación terminé en un callejón de la feria, donde mayoritariamente había basuras y restos de todo y claro, la oscuridad que se divisaba en el ambiente hizo un fuerte escalofrío de miedo recorrer mi espina dorsal. ¿Cuándo había oscurecido? No, i siquiera estaba tan oscuro, no debían pasar de las 6:30 en todo caso pero ya sol casi no quedaba y por la posición de la calle me daba la ilusión de que era más noche . En seguida bufé para mí misma, elevando un poco mi flequillo debido al aire que solté hacia arriba antes de dar media vuelta, ignorando cualquier sensación en lo posible, no debía inmutarme, estaba perdida y si caía en el miedo no iba a llegar a ningún lado. Pero claro, mi buena estrella tenía más cosas preparadas para mí pues cuando estaba doblando la esquina para volver a algún lado, sentí una mano en mi hombro, ¿Nate? Fue mi primera impresión al sentir la mano ajena, pero en seguida tuve un mal presentimiento cuando escuché la voz cerca de mi oído –. Hola, preciosa. ¿Está perdida? –. Preguntó una voz extraña, fruncí el ceño y los labios al voltearme con la expresión más huraña que pude entregar pero claro, eso no sería suficiente –. Para nada, adiós –. Dije en seguida para intentar alejarme.

Hasta que la presión en mi hombro aumentó para ser jalada hacia atrás y chocada contra una pared, dejando caer mi peluche hacia quién sabe dónde por el jalón y siendo rápidamente aprisionada en la pared del callejón, no había demasiada luz y cualquiera que pasara seguramente solo vería una pareja acaramelada. Lo primero que atiné a hacer fue abrir la boca para gritar pero antes de poder hacerlo el sujeto tapó mi boca con una mano, al tiempo que aferraba mi brazo con su mano libre y apegaba su asqueroso cuerpo al mío, sin mucha dificultad pude sentir su cuerpo y todo lo que ello implicaba. Sentí miedo. Mi cuerpo comenzó a temblar y mis ojos se cristalizaron levemente, seguro me puse más pálida de lo que era y la expresión de su rostro… –. Vamos preciosa, no pongas esa cara, pasaremos un buen rato –. Dijo con voz pervertida, sabía lo que haría, sabía lo que pasaría y yo no tenía la fuerza suficiente para evitarlo, en ese momento solo una cosa pasó por mi mente, con todas mis fuerzas al cerrar los ojos –. ¡Nate…! –.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Jue Jul 02, 2015 11:47 pm

Pronto llegamos a la feria y bueno… Mia comenzó a arrastrarme por todos lados haciendo que ganara varios premios en distintos estantes que había puestos. La verdad es que en ningún momento tuve que esforzarme demasiado puesto que aquello era extremadamente fácil para mí. No es que en mi infancia había visitado mucho los sitios como este, pero aplicando la lógica y la física… Cualquiera sería capaz de hacer lo mismo. Tras atrapar uno de los peces en otro puesto que habíamos visitado, al parecer la castaña se molestó y yo la miré alzando una ceja mientras esbozaba una sonrisa ladina. – ¿Y qué esperabas? Ya tendrías que estar consciente de la perfección de tu amo. – sonreí burlón y acto seguido presencié como comenzó a marcharse hacia el otro lado. ¿En serio se molestaba por algo como eso? Resoplé e intenté ir tras ella, pero el hombre quien daba los premios no me permitía marcharme sin pagar antes y cuando quise darme cuenta, Mia había desaparecido completamente de mi campo de visión. – Maldición… – Esta mujer… ¿Por qué tuvo que largarse de esta forma? En otra ocasión, simplemente la habría dejado a su suerte pero mentiría si dijera que no me preocupaba.

Comencé a caminar por toda la feria, poniéndome cada vez más nervioso. ¿Dónde diablos de había metido? Encima la muchedumbre no me ayudaba demasiado… Aunque en más de una ocasión pregunté a alguien si había visto a una chica con la descripción de Nozomi. Para mi desgracia todas fueron respuestas negativas. Di un suspiro y volví a marcar el número de teléfono de Mia y seguía sin contestar. ¿Cuántas veces había llamado ya? ¿Tres, cuatro? Vale… Estaba acostumbrado a sus berrinches un poco infantiles pero que no me devolviera las llamadas sabiendo que estaba como un loco desesperado buscándola, era demasiado raro. Me paré en seco cerca de un puesto de comidas y me masajeé las sienes intentando pensar con la cabeza fría. Mia no era una chica amigable, sí. Pero debía admitir que tampoco era fea y allí había más que un tipo bastante borracho… La situación pintaba cada vez peor dentro de mi cabeza.
Volví a recorrer toda la feria pero no la veía por ningún lado, comenzando a cabrearme. Si se había largado sin decirme nada… Esta chica lo pagaría muy caro. Pero supe que no fue así cuando pasé al lado de un callejón, fijándome en las sombras de dos personas que al parecer estaban un tanto “ocupadas”. Al principio pensé en que se trataba de una pareja pero… Aquél pingüino tirado cerca de uno de los cubos de basura hizo que se me formara un enorme nudo en el estómago. Sin ningún tipo de vacilo, caminé hasta donde se ubicaban y al ver a aquél tipo tocando a Mia… Fui completamente cegado por la ira que llenó absolutamente todo mi cuerpo  en un solo instante. Apreté los puños y frunciendo mi ceño agarré al tipo del hombro, apartándolo violentamente de la castaña a la vez que lo giraba hacia mí proporcionándole un fuerte puñetazo en la mandíbula. Se cayó al suelo y yo agarré la muñeca de Zomi, apartándola del alcance de aquél imbécil. Eché un rápido vistazo a la ojiazul y tras ver que no llevaba la chaqueta que tenía puesta anteriormente, y su camiseta un tanto rasgada… Otro sentimiento de rabia y frustración volvió a apoderarse de mí. Me giré hasta aquella basura, que me miraba un tanto desorientado y me incliné para sujetarle del cuello de la camiseta volviendo a darle unos tres o cuatro puñetazos más. En aquellos momentos ya no era dueño de mi mismo y sinceramente, me importaba poco si lo mataba a golpes o no. Lo agarré del cuello apretándolo fuertemente y estampándole contra la pared, y esbocé una de mis peores sonrisas. – ¿Qué pasa? ¿Asustado? ¿He venido en el momento equivocado? – le proporcioné otro puñetazo tirándole al suelo justo al lado de la pared y puse mi pie sobre esta, casi rozando su cabeza. – Esta chica me pertenece. Solo la molesto yo. La hago llorar yo. La cuido yo. La hago reír yo. La toco, la abrazo y la beso yo. Si te atreves a poner un dedo encima de ella, mueres. – dije amenazante conteniendo las ganas de volver a pegarle. Aunque creo que con la paliza que le había dado ya había tenido suficiente. Aunque obvio, nunca es suficiente para mí. Le di una fuerte patada en el estómago y allí sí, lo dejé ahí tirado para luego dirigirme hasta la castaña, quien posiblemente estaría bastante choqueada.

Me quité la chaqueta, poniéndosela por encima y la cogí del brazo, pasándolo por mis hombros para luego cargarla en mis brazos llevándola fuera de aquél callejón. Sabía que después de aquella experiencia y encima en un lugar oscuro, no tendría fuerzas ni para caminar. Pero yo mismo me aseguraría de cuidarla a partir de aquél momento. Salí de la feria, dirigiéndome a un parque cercano y una vez allí, la ayudé a sentarse en uno de los bancos para luego ponerme de cuclillas enfrente de ella. – Hey. Ya estás a salvo. – llevé mis manos hasta sus mejillas, haciendo que me mirara a los ojos y volví a repetir la frase. – Estás a salvo. – acaricié uno de sus pómulos con mi dedo y la miré relajando un poco el semblante. – ¿No te llegó a hacer nada, verdad? – porque si decía que sí, juraba volver y matarlo.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Sáb Jul 04, 2015 9:48 am

¿Qué iba a hacer? La mano del tipo seguía cubriendo mi boca y comencé a sentir que me quedaba en blanco cuando alejó su mano de mi brazo y la puso en mi hombro para sujetar el cuello de mi chaqueta y jalarla, moviéndome pero sin dejarme huir. Intenté forcejear en un desesperado intento pero no había caso, era más fuerte que yo, además no sentía que tuviera olor a alcohol ni nada que pudiera ayudarme a huir, él definitivamente no me dejaría ir, no tenía forma de escapar. Irónicamente por mi mente pasó una de esas veces en las que Nate me había acosado, ahora que lo pensaba, comparado con esto, lo que Nate hacía eran mimosas caricias. El desconocido no tardó en quitarme la chaqueta y volver a empujarme contra la pared, moviendo mi cabeza con su mano para comenzar a besar mi cuello con su asquerosa boca. Me sentí completamente sucia. Pero claro, solo era el comienzo, su mano libre se escabulló sin demora bajo mi polera y se acomodó en mi cintura. Definitivamente, me sentía asquerosa. Y por supuesto que no terminaba ahí, pues su mano subió por mi piel mientras sentía que me mordisqueaba y hacía lo que quería, la mano pasó a mi espalda en busca de mi sujetador. Abrí los ojos más asustada, si es que podía estarlo, nunca había sentido tanto miedo de otra persona, él realmente me iba a violar.

Seguía intentando forcejear inútilmente, lo único que logré fue que se rasgara un poco mi polera por culpa de la mano intrusa que de todas formas consiguió soltar el broche de mi brasier, ahora la mano tenía libre acceso a mi pecho y sentí como el sujeto se apegaba más a mí para evitar que escapara. ¿Qué iba a hacer? ¿Alguien me encontraría? Sentí que mi mente iba a desconectarse de mi cuerpo, él iba a tocarme, cerré los ojos con fuerza rogando que todo pasara rápido, quería desaparecer. Pero el contacto no llegó, sentí el peso del cuerpo ajeno alejarse de golpe seguido de un ruido seco y abrí los ojos justo para ver al tipo caer al suelo. No puedo explicar realmente el alivio que sentí cuando me di cuenta que Nate estaba ahí, ahora sujetándome del brazo para alejarme de donde estaba, yo solo quería salir de ahí, no podía pensar bien, sentía que iba a desconectarme en cualquier momento y lo peor de todo era que estaba cada vez más oscuro, ¿Estaba respirando? Bah, qué importaba, yo solo quería irme, me sentía sucia, necesitaba sacarme la suciedad, estaba asquerosa. Pero el rubio parecía tener otros planes pues, tras mirarme, dio media vuelta y volvió hacia el tipo tirado en el suelo para comenzar a darle la que seguramente sería la paliza de su vida. ¿Yo? Yo me quedé ahí, quieta, pasmada, mirando lo que pasaba, quizás de ser otro momento le hubiera detenido pues realmente me parecía que lo mataría, el problema esta vez no era solo el hecho de que aquel sujeto había intentado ultrajarme, sino que no era capaz de moverme, mis manos, piernas, dedos, todo mi cuerpo estaba entumecido, frío. De haber tenido la oportunidad de huir quizás hubiera quedado en la misma situación por mera culpa de mis dormidos reflejos.

Y entonces Nate habló, le escuché apenas al principio, como si estuviera lejano, distante, pero en la medida que intentaba prestarle atención su voz se hizo clara y pude escuchar lo que decía. ¿Cómo debía interpretar eso? Realmente no lo sabía, pero no es como si en este momento pudiera pensar mucho sobre el tema pues comenzaba a sentir los efectos secundarios, mi respiración comenzó a agitarse y mis piernas flaquearon aunque no caí. Pero justo entonces sentí algo en mis hombros antes de ser movida hasta quedar en los brazos de Nate. Sin pensármelo dos veces me aferré a su cuello con ambos brazos, cerrando los ojos en un intento de calmar lo que sabía pasaría, tenía que mantenerme calmada, ya había pasado, estaba bien… Y de algún modo, el contacto con aquel rubio conseguía confirmarme que todo iría bien. Claro está, no es tan fácil controlar estas cosas, pero pude evitar entrar completamente en pánico, ya no me sentía insensibilizada aunque mi cuerpo seguía temblando con fuerza y no era capaz de desaferrar mis manos a la camiseta de Nate. ¿Dónde estábamos? Acababa de caer en la cuenta de que íbamos moviéndonos, pero no importaba, mientras no le soltara estaba a salvo.

Tras unos minutos el rubio frenó el paso y sentí como me movía hasta quedar sentada en una banca de algún lugar, alejándose para acuclillarse frente a mí y hablarme por primera vez desde que había aparecido, pero no fui del todo capaz de mirarle, aun me sentía sucia, no quería que él me viera en esas condiciones, necesitaba limpiarme, odiaba el hormigueo frío que había quedado por casi todo mi cuello y parte de mi torso, los lugares que ese asqueroso había tocado. Sin embargo Nate puso sus manos en mi rostro para hacer que le mirara antes de repetir lo antes dicho, él no sabía lo mucho que la corta frase me calmaba, y su mirada me reconfortaba de una manera que no podría describir aunque lo intentara. Entonces él preguntó algo, inevitablemente desvié la mirada y me alejé un poco de su contacto, pasando mi brazo izquierdo por mi torso, como abrazándolo, y apoyando mi mano derecha sobre el respectivo costado de mi cuello, entonces negué levemente sin mirarle –. No… Casi nada… – Susurré sincera, con la voz algo quebrada, apenas había alcanzado a tocarme pero había sido tan horriblemente desagradable… además estaba cada vez más oscuro, ¿Qué hora era ya? –. Yo… solo quiero… vamos a casa… – Pedí de un modo un tanto incoherente aun en el mismo tono.

Iba a intentar levantarme pues no me daban ganas de quedarme ahí mientras oscurecía, pero justo cuando bajaba mis brazos para apoyarlos en el borde de la banca y así usarlos como impulso y soporte, sentí un repentino y estrepitoso ruido tras de mí. Cuando me di cuenta ya había saltado en mi sitio y caído de rodillas para abrazarme al cuello de Nate, temblando. Fue una suerte que él no cayera al suelo pues en la posición que estaba hubiera sido fácil, sencillamente lo atribuí a sus reflejos mientras intentaba calmarme, quizás de haber volteado me habría enterado que el “estrepitoso ruido” no había sido más que un perro escabulléndose en el arbusto tras la banca, pero estaba demasiado ocupada aferrándome al cuello del rubio para notarlo. Y me mantuve ahí, quieta, con el rostro escondido entre su cuello y hombro porque ahí, a diferencia de muchas otras veces, me sentía segura. Cuando fui capaz de soltarlo unos momentos después, no quise alejarme, pero aun así solté el agarre y deslicé mis manos lentamente hasta dejarlas apoyadas en su pecho mientras tomaba distancia, y mirando mis propias manos volví a hablar –. Lo siento… Gracias –. Susurré un tanto avergonzada por depender de él –. Vamos… ¿Por el choco? De verdad quiero irme. Necesito… una ducha –. Lo último lo dije un tanto más bajo que el de por sí ya bastante suave tono, esperando que Nate no llegara a entender del todo mis razones, y es que era vergonzoso sentirse así, también era extraño, nunca antes me había sentido así de mal cuando el rubio se había intentado aprovechar de mí, no había sido lo mismo, no lo entendía muy bien aún, pero era diferente.

Y pronto volvimos a estar de pie, aunque tuve que apoyarme de él para erguirme pues aún me fallaban un poco las piernas, definitivamente odiaba mi debilidad en estos casos. Por mi parte no quise decir mucho más en el camino al supermercado, solo me acomodé la chaqueta de Nate para que quedaba bien puesta y caminé a su lado derecho un tanto tímidamente, con mi mano izquierda alzada y pellizcando la manga de la camiseta ajena sin soltarla en ningún momento, algo cabizbaja por la vergüenza y malestar que aun sentía, en serio solo quería llegar a algún lado y darme una maldita ducha, ¿Era tanto pedir? Al menos ya estaba mucho más tranquila para cuando llegamos al supermercado, que por cierto yo me quedé afuera, apoyada junto a la entrada mientras mi guardián iba por las bolsas pues no quería que más gente me viera, no me sentía bien para ser observada, aunque fuera un poco. Pronto Nate volvió y seguimos el camino, volví a sujetar su camiseta de la misma forma mientras lo seguía en silencio.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Dom Ago 16, 2015 6:26 pm

Sujeté a Nozomi por los brazos cuando sentí que se iba a caer al suelo. Ella se aferró rápidamente a mi cuello y lo único que hice fue abrazarla con amabilidad... Verla de este modo... Hacía que volvieran a darme ganas de volver y matar a aquél sujeto pero ahora mismo sabía que ella me necesitaba y no iba a dejarla sola. -Claro,  vamos. - acoté en respuesta a su comentario y aún sujetándola por los brazos la ayudé a levantarse para que pudiéramos marcharnos.
De camino a casa pasamos por el supermercado donde recogí el chocolate de Mia para luego continuar andando. Sabía que aún no estaba del todo tranquila ya que no soltó mi camiseta en ningún momento y por aquella misma razón, no iba a dejar que pasara la noche sola. De un momento para otro,  dejé de caminar y di un suspiro volteando mi cabeza hasta a castaña. -Esta noche dormirás en mi casa. Queda más cerca y no quiero que pases más tiempo en la calle... O mejor dicho en la oscuridad. - lo último lo había dicho casi en un susurro pero estaba casi seguro de que me había escuchado. - Y si te sientes mal o algo así avísame... Un amo debe cuidar bien a su perro. ¿No es así? - inquirí con una suave sonrisa mientras agarraba su mano y la apretaba un poco. Sólo quería que se sintiera a salvo. Que nada como eso volvería a suceder ya que yo iba a protegerla. Y... Demonios... ¿Desde cuándo me importó a mi el estado de alguien sabiendo que yo no estaba del todo bien psicológicamente? Pero claro, hablábamos de Nozomi... La única que conseguía sacarme de mis casillas e incluso ponerme histérico en algunas ocasiones. La que con tan poco tiempo llegó a importarme... Resoplé en voz baja y continué andando hasta mi departamento sin soltar la mano de Mia en ningún momento. Una vez allí, la dejé ir un momento para sacar las llaves y abrir la puerta de mi casa, en la cual Max nos recibió con gran alegría saltándome encima como siempre.

- Vale, vale tranquilo... Ahora te daré algo de comer. - comenté acariciandole el hocico mientras me dirigía a la cocina para darle algo de carne. Segundos después estaba de nuevo con Nozomi y le cogí las bolsas de chocolate dejándolas sobre la estantería del recibidor. - Bien... Supongo que querrás ducharte, ¿no es así? Te daré una toalla y una de mis camisetas. - comenté yendo hasta mi habitación para luego volver con lo que le había dicho. - Dudo que necesites pantalón. Es bastante larga. Toma anda. - le di las cosas y mientras ella estaba en el baño, fui a mi habitación para cambiar las sábanas de la cama y luego coger una manta y llevarla al salón. Quizás si aquella hubiera sido una situación normal habría obligado a Mia a dormir conmigo... Pero después de lo que acababa de pasar no era lo más recomendable. Volví a la cocina y preparé un chocolate caliente especialmente para ella, esperaba que así pudiera relajarse. Cuando salió de la ducha me apoyé sobre el marco de la puerta mientras alzaba una ceja. - ¿Estás mejor? Toma.- le entregué la taza con el chocolate caliente y llevé una mano hasta mi nuca masajeandola un poco. - Bueno... Te he preparado mi habitación así que puedes ir a dormir. Yo voy a ducharme y me quedaré en el salón. - sin una palabra más, me dirigí al baño y me metí bajo el agua caliente que comenzó a recorrer todo mi cuerpo. Las imágenes de aquel día comenzaron a pasar por mi cabeza y aunque intentara que no me afectaran me era completamente imposible. Primero aquella mujer... Luego aquella basura que intentó violar a Mia. Maldita sea, el tan sólo pensar en ello hacía que me herviera la sangre.

Después de unos diez minutos, ya estaba vestido aunque con tan sólo un pantalón de deporte. No me gustaba dormir con camiseta, sentía que podría morir de calor aunque estuviéramos en una época fría. Salí del baño, secándome el pelo con una toalla y entré al salón dejando la toalla encima de una silla. Suponía que Mia ya estaría dormida pero me equivoqué pues cuando fui a la cocina para beber un vaso de agua, noté que la luz de mi habitación seguía encendida. Fruncí un poco mis labios y caminé hasta la puerta, dándole unos pequeños golpes con los dedos segundos después. - ¿Sigues despierta? Voy a entrar. - sin más, crucé la puerta y me quedé parado enfrente de Mia mirándola con cierta preocupación. - ¿Por qué no duermes? - pregunta algo estúpida, lo sé. ¿Cómo iba a estar bien? Pero simplemente no se me ocurría mucho más que decirle. Me acerqué a ella y coloqué mi mano en su mejilla para luego acariciarle el pómulo. - ¿Sabes? Ahora mismo me gustaría borrar de tu cabeza todo lo que ha pasado hoy... Hacértelo olvidar a mi manera. Pero creo que sería demasiado egoísta aprovecharme de esta manera. Hasta me sentiría culpable. - murmuré con una leve sonrisa mientras la miraba un tanto frustrado. Bajé mi mano y me di la media vuelta para marcharme pero entonces volví a recordar aquello y negué con la cabeza comenzando a despeinarme. -No...- volteé nuevamente hasta la castaña y volví a acercarme a ella cogiendola por la cintura con una mano mientras la otra la ponía en su mejilla. -Si voy a sentirme culpable por algo que sea por esto. - y la besé. Pero no como lo haría normalmente. Era suave, pero también intenso. Mi boca rozaba la suya con gran cuidado mientras la acercaba más hacia mí provocando que el beso fuera más profundo. Cuando terminé de besarla, aún sin alejar mis labios de los suyos la miré directamente a los ojos a la vez que apartaba con delicadeza el cabello que caía en su rostro. - A partir de ahora no dejaré que nadie más se atreva a ponerte un dedo encima... Y si tú lo deseas, te haré olvidar todo lo que hizo este tipo. Sólo tienes que pedirlo. - esbocé una pequeña sonrisa ladina y acaricie su mejilla por última vez. - Buenas noches.- y así, salí de la habitación dirigiéndome nuevamente hasta el salón.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Miér Sep 02, 2015 3:32 am

Había asentido a todas y cada una de las cosas dichas por Nate sin llegar a responder una palabra, casi no sentía que hiciera falta y, además, no tenía muchos ánimos de hablar, me sentía algo frágil y no quería que se notara aún más en mi tono de voz. Fue de esa forma que terminé parada junto a la puerta del baño ajeno, esperando a que me trajera algo de su ropa para cambiarme pues, al parecer, me quedaría a dormir ahí y, a diferencia de en cualquier otra ocasión, la idea no me parecía descabellada. Entré a la ducha de forma casi mecánica, dejando la ropa tirada como solía hacer en mi piso para meterme con el agua ya cayendo y en cuánto toqué el cálido líquido comencé a sentir como hacía efecto, cerré los ojos ya bajo el agua y suspiré lentamente, dejándome relajar de a poco, de a poco, paso a paso, músculo a músculo, no pensaba ni me permitiría pensar en nada más. Lavé mi cabello sin mucho cuidado y comencé a restregar mi cuello con mi mano llena de espuma de jabón lenta e insistentemente, con lo blanca que era seguro que ya tenía todo rojo, pero no importaba, no mientras la sensación se fuera y parecía funcionar, aun a costa de un ligero ardor que lo reemplazaba.

Tras unos cuantos minutos de más ya estaba vistiéndome con lo que Nate me dejó, ciertamente me quedaba lo suficientemente enorme para ser un vestido así que no me quejé mucho, aun cuando las faldas no me gustasen este era un caso excepcional y… Vale, influía sólo un poco que olía a él y eso producía un efecto calmante, sólo un poco. Cuando me reencontré con el rubio, éste me entregó una taza de chocolate caliente que agradecí suavemente tras asentir y probé sin prisas, el empalagoso sabor definitivamente me distraía del todo. Nuevamente asentí a lo siguiente que dijo y le miré ir al baño en silencio, rememorando si habría sacado toda mi ropa antes de ello y la respuesta era un vago sí, por lo que me quedé apoyada en el mesón bebiendo mi chocolate hasta acabarlo antes de darme cuenta y dejarlo en el lava platos para tomar un sorbo de agua. Hecho esto suspiré y fui a la conocida habitación para encender la luz y cerrar, apoyándome un minuto en la puerta mirando la cama sin ganas de acostarme. Ya no me sentía entumida ni ajena, era cierto, pero aún me sentía insegura y, vamos, mis manos seguían temblando por ratos. Pasado el minuto avancé hasta quedar frente a los pies de la cama como un fantasma, alzando lentamente mi mano hasta la enrojecida zona de mi cuello al entrecerrar los ojos, la sensación… Aun vagamente, seguía ahí, ni el suave ardor lo detenía.

No supe determinar cuándo fue, pero en un momento Nate estaba frente a mí preguntándome por qué no dormía, ¿No era obvio? No quería apagar la luz ni mucho menos quedarme sola con mis pensamientos, no quería ni podía tampoco, sabía qué podía pasar, sabía que algo podía atacarme mientras dormía, me conocía y mis fantasmas del pasado no iban a desaprovechar esa oportunidad de destruirme, o intentarlo al menos, pero no hacía falta contestarle, en su mirada preocupada podía notar que él entendía más o menos mi respuesta no dicha. Sólo entrecerré mis ojos ladeando el rostro hacia su mano cuando la puso en mi rostro y escuché en silencio. No dije nada cuando alejó su mano, aun si no quería que lo hiciera, sabía que no quería que se fuera, pero… ¿Su manera? No estaba segura, no sabía bien qué pensar de ello y sin embargo no pude pensar por mucho, ya que en nada él estaba volteando nuevamente hacia mí, abrí la boca para intentar de ir algo, ¿Qué? Realmente no lo sabía, simplemente lo que fuera, pero pronto sus labios m atraparon y fue tan… diferente. Fue la primera vez que sentí algo más que desagrado o neutralidad de su parte, y es que la manera en que me besó hizo que algo cálido recorriera mi cuerpo, algo agradable, no quería que se detuviera.

Fue la primera vez que sinceramente le correspondí un beso.

Y cuando terminó aún parecía que la magia seguía ahí, pues mirándole a los ojos sabía que había algo diferente en ellos mientras me hablaba. Aun así, estaba tan ensimismada con lo que acababa de pasar y sentir que apenas pude susurrar un “buenas noches” tardío cuando él ya había salido de la habitación. Me quedé quieta otro par de minutos ahí mismo sin hacer nada, el hormigueo de sus labios seguía cosquilleando y por ahora era lo único que recorría mi mente. Finalmente llegué a recostarme en la cama, de lado abrazando parte de mi torso con una mano, apoyando ésta donde antes Nate había apoyado la suya y posando mis dedos en mi labio inferior, ¿Qué era yo, una colegiala enamorada? Pero no podía negar que aquel simple acto había conseguido calmarme demasiado. Al punto en que minuto después, estaba dormida. Sin embargo yo sabía que las cosas no podían ser bellas y lo recordé al despertar agitada en mitad de la noche, sobre la cama sin taparme y con la luz aun encendida, justo como lo había dejado al cerrar los ojos. Me senté mientras normalizaba lentamente mi respiración y tragaba en seco, necesitaba algo de agua así que me levanté lentamente, a sabiendas de que mis piernas se tambalearían un poco al hacerlo aunque no cayera por ello.

Llegué a la cocina y me serví un poco de agua para tomar de una sola vez intentando disipar los vagos recuerdos en mi cabeza, las sombras, las formas, los ruidos, seguían ahí bajo la inconsciencia, ¿Cuánto había pasado desde mi última pesadilla? Sólo volvían a atacarme cuando pasaban cosas así y todo lo que hacían era empeorarlo todo. En este caso, casi rompo el vaso de Nate al bajarlo con la mano temblorosa, de pura suerte chocó con la mesa y no se rompió así que lo dejé ahí antes de causar un desastre, girándome para volver al cuarto a intentar dormir. Pero en el camino vi al rubio y me quedé unos segundos quieta, pensando. “Si tú lo deseas, te haré olvidar todo lo que hizo este tipo. Sólo tienes que pedirlo”. Negué con la cabeza y caminé de vuelta al cuarto, pero cuando entré vi una sombra moverse y salté hacia atrás abriendo los ojos con miedo y sorpresa, sólo para encontrarme con Max moviéndome la cola… Suspiré cansada, cansada de tener miedo, y me acerqué a la cama para tomar el edredón y acostarme… sólo que me detuve al tomarlo y en lugar de acostarme lo jalé para envolverme y salir del cuarto, apagando la luz en el camino para llegar con la luz del pasillo que no pude apagar hasta quedar frente a Nate. Fruncí levemente los labios y me senté junto al sofá, apoyando mis antebrazos en el borde que se veía y tomando dudosa una mano del dueño de casa, la cual estaba a la vista con relajo a un costado de su dueño. Suspiré suavemente al tomar su mano y recosté mi cabeza sobre uno de mis antebrazos, sintiéndome lentamente más y más tranquila mientras perdía la conciencia, aunque no pude apagar la luz del pasillo, pero ésta no llegaba a él así que no le molestaría para dormir, todo estaba bien ahora.

Desperté un tanto confundida, aturdida, cosa bastante normal en mí así que podía decir que ya me sentía mejor respecto a lo de ayer, sin embargo sentía que había algo mal, aunque no supiera bien qué era en aquel momento. Lentamente me desperecé y pronto me di cuenta que estaba usando de almohada nada más y nada menos que el descubierto pecho de mi anfitrión. Abrí de golpe los ojos y sin pensármelo me senté para alejarme y mirar a mi alrededor ¿Qué hacía de vuelta en el cuarto y con Nate a mi lado? Vale que tenía el sueño pesado, pero no para no recordar haberme ido de vuelta allí, yo debería estar en el sofá… Y bueno, ya no demoré mucho en unir los puntos, ya no importaba, negué levemente con la cabeza y sentí mi rostro extraño, agh… toqué mis mejillas y lo confirmé, tenía restos medio secos de lágrimas –. Bien hecho, Mía, bien hecho – Me reproché y limpié sin cuidado el rostro para levantarme, cuidando no despertar al rubio al moverme. Pronto estaba en el baño lavándome la cara y seguidamente cepillándome los dientes, al fin y al cabo, para este momento yo ya tenía un par de cosas mías en este lugar con todo lo que pasaba aquí.

En cuanto estuve lista salí y fui a la cocina para preparar algo de desayunar, no demoré mucho cuando ya tenía una bandeja con cosas que, aunque lo dijera yo misma, lucía bastante apetecible, de modo que miré todo una vez más para asegurarme de que iba todo y la tomé con cuidado para llevarla al cuarto, asegurándome en cada pequeño paso de no tropezar con mis torpezas hasta que llegué a la puerta –. Ejem… – Carraspeé un poco para despertarlo, no pareció funcionar, fruncí un poco los labios y con mi pie moví la puerta para cerrarla, esta vez sí pareció reaccionar a ruido aunque no fuera tan fuerte y me comencé a acercar –. B-buenos días… – Saludé acercándome mientras se sentaba para dejarle la bandeja encima con cuidado –. No vayas a hacerte ideas de que haré esto siempre… Es sólo como, ya sabes, agradecimiento – Indiqué desviando el rostro, un tanto sonrojada debido a la situación mientras me erguía y ponía las manos tras mi espala –. Bueno, gracias… por lo de ayer y… por todo, ya sabes – inflé ligeramente una mejilla, un tanto extrañada por la situación –. Yo… iré a ducharme para volver a casa – agregué sin esperar una respuesta, dando media vuelta para huir al baño, donde cerré y me di una corta ducha antes de vestirme, no lavé mi cabello sólo para tardar menos y en 10 minutos ya estaba de vuelta con su camiseta doblada.

Llegué al cuarto y entré un tanto tímidamente, dejando la camiseta a un lado para mirar a Nate –. Bueno, yo, eh… Ya me voy, Nate – susurré e una forma un tanto extraña, a ser sincera no sabía cómo actuar después de todo lo ocurrido, no solo por el beso que le correspondí y lo que implicó para mí, sino también por cómo había actuado él todo el día anterior aun luego de lo ocurrido con su madre –. Gracias por todo, de verdad… – Tras decir eso hice una pequeña reverencia como acto inércico y salí sin esperar respuesta, tomando mis bolsas de chocolate y dejando un par sobre la mesa como regalo para volver a casa. Ahora que lo pensaba, seguro me esperaba un pequeño regaño de Nikolay…

________________________________________

Unas semanas después.

Había ido de compras por mero capricho pues había visto, aunque sonara infantil, un par de juguetes que se me habían hecho realmente entretenidos, de manera que no pude evitar ir a aquella tienda al día de mirar, asegurándome de llevar conmigo la cartera para poder comprar. Una vez ahí comencé a mirar si había alguna otra cosa interesante y pronto me topé con un juego de ciencias que, al verlo, pensé que quizás a Nate le gustaría, vale que él no parecía del tipo que le agradaran esas cosas de niños pero este juego podía llegar a interesarle. Iba a tomarlo cuando mi mano chocó con otra y me volteé a mirar a la persona –. Disculpe, no me he fijado – dije sin pensármelo en tono algo bajo, suave. Entonces abrí un poco los ojos al ver a quien tenía a mi lado –. U-usted es… – En viva imagen, era la mujer que había alcanzado a ver aquel día en la puerta de Nate antes de que éste perdiera el control, era su madre. –. Tú… Tú estabas ese día con Nate… – Dijo ella en igual tono sorprendido, entonces me alejé un paso con una pequeña reverencia de cabeza para dar media vuelta e irme, sin embargo ella me sujetó el brazo sin fuerza con un “espera, por favor” y una mano temblorosa.

Fruncí los labios y volteé a verla de nuevo, no me esperaba que ella me pidiera hablar conmigo, preguntándome si era cercana a él, cómo había estado, si se llevaba bien con su padre y un largo etcétera que realmente no pensé escuchar, pero ahí estaba, sentada en un café conversando con la mujer que había causado aquellos estragos en la vida del rubio, si me preguntaban por qué estaba ahí, la única respuesta que tenía era que no entendía, no entendía como un hijo podía odiar así a su madre, como podía una madre causar tal odio por parte de su hijo, no me cabía en la cabeza tal barbaridad, quizás sólo necesitaba comprobar lo buena o mala que era ella de primera mano y, hasta ahora, realmente no me parecía en absoluto una mala persona, sin embargo para Nate… Y entonces ella me lo dijo, que necesitaba hablar con él, que no sabía cómo hacer que aceptara verla, que ya lo había intentado varias veces y demás. Yo en su mirada podía ver la desesperación y no podía evitar simpatizar un poco con ella, simplemente no podía evitarlo. Ella no me dijo de qué se trataba, pero por lo que escuchaba sabía que era algo importante, algo que realmente necesitaba hablar con él. Cuando nos despedimos, no le prometí nada, más bien no le dije casi nada, me había limitado a escuchar cuando comenzó ella a hablar y traté de no darle ninguna esperanza sobre comunicarse con él, aun cuando intentaría hablarle no le diría a ella eso, después de todo no esperaba que él accediera.

Y al día siguiente fui a casa del rubio, desde aquella noche que pasé en su casa las cosas no habían cambiado mucho, sólo que él era más amable en general conmigo y notaba dejes de preocupación de su parte si parecía que algo me pasaba, a mi parecer las cosas estaban bastante bien así, pero tenía el mal presentimiento de que cuando hablara todo comenzaría a ir mal. Pronto estuve frente a su puerta para ser recibida por Nate y Max. Le había dicho la noche anterior que quería conversar de un asunto así que él sabía que no iba para cocinar o salir a ningún lado. En cuanto estuvimos en la sala con algo para beber, fruncí los labios y tragué un poco de saliva –. Umm… Bueno, sobre lo que quería decir – Comencé sin muchos ánimos, no sabía bien como entrar al tema y con lo pasota que era para hablar –. Mira, sabes que no soy Buena en esto de las palabras así que no me iré por las ramas – solté de golpe, frunciendo un poco el ceño con expresión entre preocupada y acomplejada por el asunto –. Quiero… Quiero hablar de tu madre – indiqué luego de tragar un poco de saliva y, de más está decir, noté como él se tensaba por completo –. Es que… Es que ella, yo… sabes que no soy entrometida, pero es que… yo, yo creo que deberías hablar con ella – dije finalmente luego de vagar y tartamudear un poco, sin irme del hilo. Por si no era obvio llevaba desde que me senté jugando con mis manos y me sentía realmente incómoda con lo que decía, mi postura y todo de mí lo revelaba, sólo esperaba que Nate no se enfadara mucho.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Sáb Sep 05, 2015 1:51 am

Me acosté en el sofá y lo cierto es que no tardé en dormirme a pesar de todo lo que había sucedido en un día. Estaba realmente cansado aunque aquello no quitaba que seguía teniendo una preocupación en el pecho que no podía explicar. Yo mismo le dije a Mia que la protegería pero aun con esas desconocía cuales eran mis sentimientos hacia ella. Maldición. ¿A caso no era obvio? Resoplé y me giré colocándome de lado para poder dormirme al fin. No obstante, no tardé en volver a abrir los ojos por culpa de un tacto y presencia que ahora sentía enfrente de mí... Y tal como me esperé se trataba de Zomi. – Mia... – murmuré cerca de su oído, pero la castaña ya parecía estar dormida. Iba a despertarla para preguntarle si no quería ir a la cama pero entonces miré mejor su semblante y... ¿Lágrimas?  Aquello había respondido a absolutamente todas mis dudas. Fruncí un poco mi entrecejo, bastante frustrado, y acaricié su mejilla retirando las lagrimas que caían por su rostro con mis dedos. – Ahora todo está bien... – volví a susurrar cerca de su oído y le di un suave beso en la frente comenzando a incorporarme poco a poco. Me levanté y con gran cuidado de no despertar a la ojiazul, la cargué en mis brazos y fui hasta mi habitación para luego dejarla sobre la cama y ponerme a su lado, abrazándola con uno de mis brazos. Todo lo que quería era que se sintiera a salvo... Y sin embargo, tenerla tan cerca me provocaba unas emociones que no sabía explicar. Sólo con tu tacto, calmaba absolutamente todo mi ser y con ello, creaba una increíble armonía dentro de mí... Aún no lo sabía, pero yo también la necesitaba.

No sabía exactamente qué hora era, pero me imaginaba que serían las nueve o más debido al leve ruido que escuchaba provenir de la cocina. Mia ya no se encontraba a mi lado así que supuse que estaría haciendo algo por la cocina, por lo que decidí seguir durmiendo. Sin embargo, mi sueño no duró mucho debido al sonido de la puerta cerrarse y una... Mia solo con mi camiseta y una bandeja con desayuno en mi habitación. Me incorporé lentamente, apoyándome sobre mis codos y contemplé la escena aún un tanto confuso por el sueño. Verla de aquella forma me sorprendió, no sólo por la comida que me había hecho sino por sus palabras y bueno, su expresión en sí. Iba a contestarla pero se fue a la ducha dejándome con la palabra en la boca. Pestañeé un par de veces y luego bajé mis orbes a la bandeja. – Tsk... Maldición. – murmuré por lo bajo y dejé el desayuno a un lado mientras apoyaba la barbilla sobre la palma de mi mano... Levemente sonrojado.

Terminé de desayunar y Mia no tardó en aparecer por la puerta. Me puse de pie rápidamente, llevando una de mis manos hasta mi nuca mientras desviaba la mirada hacia un lado. – Hmh... Sí, es tarde. Gracias por el desayuno. – acoté como si nada viendo como comenzaba a marcharse minutos después. Quise detenerla, decirle que se quedara pero algo dentro de mi me ha parado... Aquella persona no era yo, no podía ablandarme, o eso era lo que yo pensaba.

Unas semanas después.

Me encontraba en mi casa, tirado en la cama mientras lanzaba una pelota al techo y la atrapaba. Realmente no tenía mucho que hacer así que simplemente me dedicaba a entretenerme haciendo cualquier cosa. Mia había dicho que quería hablar conmigo y como sabía que llegaría pronto, me levanté de la cama y fui a preparar unas bebidas a la cocina para ambos. La castaña no tardó en aparecer por lo que fuimos al salón y me quedé viéndola alzando una ceja, parecía bastante nerviosa. – ¿Y bien? ¿De qué querías hablar, ha pasado algo? – inquirí sin dejar de mirarla, aunque cuando respondió... Preferí que no lo hubiera hecho. Sólo con oír “tu madre” mi cuerpo se tensó completamente y tragué mi saliva mientras mi respiración comenzaba a agitarse. Mia terminó de hablar y la miré entre atónito y enfadado, levantándome de golpe del sofá. – ¿De qué diablos estás hablando...? – inquirí con la voz rota sin dejar de fruncir mi entrecejo. – Este es un asunto que no te incumbe para nada. ¿Por qué quieres que hable con esa mujer?– no le di tiempo a contestar, me acerqué a ella y la tomé por la muñeca obligandola a levantarse y acercarse a mí. – ¡¿Por qué?! – exclamé alzando la voz y la miré directamente a los ojos. – ¿A caso hablaste con ella? Dime la verdad. – vamos... Ni hizo falta que respondiera ya que sus ojos lo decían todo. No sabría explicar como me estaba sintiendo en aquellos momentos. Tan solo quería golpear algo y desaparecer. Jamás esperé que Mia podría decepcionarme de aquella manera y aunque muy en el fondo sabía que ella no tenía la culpa, me sentía traicionado. La solté un tanto brusco y desvie mis orbes de su rostro alejándome un paso de ella. – Ahora mismo quiero estar solo, vete a casa. – acoté seco sin dirigir mi vista hacia ella. – Ah... Y no quiero que la vuelvas a ver, no es absolutamente de tu importancia. – sentencié y esta vez alcé mis ojos a los suyos, dedicándole una mirada fría y distante. – Ahora vete. – esperé a que se marchara y cuando escuche la puerta cerrarse me dejé caer nuevamente en el sofá, sintiéndome un tanto vacío por dentro. No quería tener que escuchar nada ni a nadie, solo necesitaba que aquella ira que me consumía por dentro, al hablar de aquella mujer, comenzara a disiparse...

Después de Año Nuevo, finales de enero de 2015.

Ya habían pasado las vacaciones de invierno y con ellas la Navidad y Año Nuevo. Desde aquel día en que Mia me había hablado de mi madre sucedieron muchas cosas, por lo que este tema se encontraba aparcado, de momento. Las clases habían comenzado otra vez y bueno... Al parecer la biología volvía a darle unos cuantos problemas a la castaña. Lo cierto es que después de Año Nuevo nos habíamos distanciado un poco -aún seguía sin comprender del todo la razón- pero aquella dichosa materia ayudó a que la ojiazul comenzara a venir a mi casa mucho más seguido, y por eso no podía quejarme.
Y ahí nos encontrábamos, sentados en el salón y rodeados de apuntes y libros. – A ver, lo único que tienes que saberte de este temario es el vocabulario técnico. Con eso lo tienes todo. Venga, volvamos. ¿Cómo se desarrolla el proceso que se usa en la clonación? – inquirí mirándola con la esperanza de que me respondiera, pero justo cuando parecía que iba a decir algo, mi móvil sonó y alcé el dedo índice para que no hablara. – Diga.– acoté relajado mientras iba levantándome del sofá. Pero al escuchar aquella voz, abrí los ojos como platos y exclamé: Samarah. Se trataba de una amiga de la infancia, hace muchísimo que no hablaba con ella y lo cierto es que me alegraba oírla. – ¿Cómo es que estás en la ciudad? ¿Desde cuándo? – me respondió que había llegado hoy y que una sorpresa me esperaba detrás de la puerta. Sin explicarle nada a Mia, me dirigí hacia la puerta principal y al abrirla... Ahí estaba. Una rubia, alta y algo morena con su sonrisa siempre tan radiante.
- ¡Tachaaaaan! ¿Cómo está mi rubio favorito?- exclamó riéndose y prácticamente lanzándose sobre mi para abrazarme. Correspondí al abrazo de la rubia y al separarnos esbocé una suave sonrisa mientras le daba un leve golpecito en la frente. – ¿Por qué no me avisaste que vendrías maldición? – ella se río y me dijo que quería hacerme una sorpresa. Luego de eso pareció divisar a Mia y nos miró a ambos un tanto confundida. - ¿Y esa es...?- miró a la castaña de arriba a bajo y luego volvió su mirada hacia mí como si me estuviera pidiendo una explicación. – Oh... Mia, ella es Samarah, mi amiga de la infancia. Samarah, ella es...– me quedé callado unos instantes, pues no sabía qué decir exactamente... Y bueno, finalmente me decanté por la opción más obvia. – Mia, mi novia. – lo cierto es que aún no habíamos llegado a esa clase de relación, pero por alguna razón me pareció lo más adecuado. Samarah se quedó un tanto sorprendida y me miró con una mueca mientras alzaba una ceja. - Tú... ¿Con novia?- lo cierto es que no me extrañaba que la sorprendiera, ella es la que había estado conmigo cuando sufrí aquella caída psicológica por culpa de esa mujer, por lo tanto,  también sabía sobre los líos que ya había tenido con otras chicas. – Sí, una larga historia. – acoté sin darle demasiada importancia al asunto. Samarah siguió callada por unos instantes, pero luego esbozó una sonrisa alegre y se acercó a Mia dándole un abrazo. - Me alegra mucho conocerte. - segundos después la soltó y la cogió de la mano un tanto apenada. - Lo cierto es que no tengo donde quedarme... No te importará que me quedé con tu novio, ¿verdad? -sinceramente a mi no me importaba, no la había visto en casi un año y podría dormir en el sofá perfectamente.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Jue Oct 01, 2015 9:34 pm

Desde aquel día en que intenté hablar con Nate sobre su madre, había pasado, creo que semanas en que casi no hablábamos o si es que pasaba, era incómodo, aún recuerdo con claridad el dolor y miedo que sentí con su reacción y palabras, cuando me echó de su casa y las lágrimas que cayeron al cerrar la puerta, lo fatal que me había sentido por provocar eso en él y la dualidad con su madre; yo lo presentía, sabía que tenía que intentar hacer algo para ayudar en ese tema pero era algo tan delicado que… que simplemente no sabía cómo. Sin embargo, con el tiempo, el asunto fue dejado de lado; y es que yo no pude volver a tocarlo. Si bien seguía en mi consciencia presente y potente, tenía miedo y traté de protegerme y de protegerlo a él de eso, sólo una vez volví a ver a su madre por accidente pero en cuanto ella me vio, sólo me sonrió y bajó la cabeza para irse con su melancólica sonrisa resignada. Desde entonces pasaron meses, las cosas con Nate mejoraron al dejar en el olvido el tema de su madre y pasaron varias cosas al final del año, entre ellas muchas discusiones y distanciamientos, confesiones a medias y extrañas riñas sin verdadero sentido, las cosas con el rubio estaban tomando un rumbo extraño y  nos distanciamos en todo lo que fue el invierno, más por mi culpa que suya pues eran mis propios descubiertos sentimientos los que me hacían huir.

Sin embargo, terminaron las vacaciones y comenzó la universidad, oh, la universidad. Hora de las clases y, claro, de mis problemas con biología, estúpidas ciencias y estúpido todo lo que las rodea, yo no las necesito y ellas tampoco a mí, pero sin ellas repruebo la materia así que era hora de recurrir a mi maestro por excelencia. De esa forma fue que volví a frecuentar a Nate, algo renuente al comienzo debido a mis propias inseguridades pero, de alguna forma, pronto todo se volvió tan natural como hacía un año atrás, sólo que entre nosotros había un ambiente más calmado que al principio del año anterior, por supuesto. Así que nuevamente tocaba día de estudio y yo intentaba con todas mis fuerzas concentrarme lo suficiente para aprender sobre lo que saldría en el examen. El rubio era un buen profesor pero yo una mala alumna así que, a pesar de su buena enseñanza, me costaba que entrara la información en mi cabeza. Estabamos por fin en la parte de las preguntas luego del aprendizaje y repaso, cuando él preguntó algo que demoré unos segundos en recordar, no era muy difícil, lo tenía en la punta de la lengua. ¡Oh! Claro, pero cuando iba a responder sonó el móvil del chico y yo guardé silencio al tiempo que éste me hacía una señal para ello. Vamos, no pude evitar tensarme. ¿Samarah? ¿Quién era ésa? Nate parecía bastante complacido con su llamada y sin darme la menor importancia se había levantado para conversar a gusto antes de ir a la puerta, ¿Acaso ella estaría…? Oh, claro que sí Mia, ahí estaba una extraña y despampanante joven alta y rubia que, literalmente, se lanzó sobre el dueño de casa al saludarlo.

Parecían bastante cercanos y yo me comencé a sentir totalmente fuera de lugar, de modo que simplemente desvié la mirada de vuelta a la mesa de centro, tomando mi cuaderno para fingir mirarlo. Sin embargo no duré mucho en esto pues escuché su voz referirse a mí, ah… – “¿Esa?” ¿No debería ser yo quien preguntara eso? Espera, no, no tendrías que ponerte así Mia, a final Nate y tú no son realmente nada – Pensaba en un intento de calmar nacientes celos irrazonables, y es que simplemente no podía quejarme. La miré con un rostro neutro mientras el rubio comenzaba la presentación e hice un leve asentimiento cuando me la presentó, hasta que me presentó también a mí. Si bien no abrí los ojos como enormes platos, sí me quedé paralizada y hasta dejé de respirar –. Espera… Espera, espera, espera, ¿Desde cuándo? – No me lo terminaba de creer, nosotros realmente nunca hablamos de ello y mucho menos actuábamos de forma cariñosa ni nada parecido como para que me declarara su novia de la nada. Es decir, vamos, no es que estuviera realmente en contra, el chico me tenía vuelta loca pero ¡Por favor! Desde año nuevo las cosas se habían enfriado y no lo habíamos hablado y apenas estabamos acercándonos de nuevo y… y… y… ¿¡Por qué me hace eso!?

Y mientras yo gritaba mentalmente, el mundo exterior siguió su curso, dando un extraño giro en el cual la dichosa Samarah se acercó a abrazarme como si fuéramos cercanas, cosa que me tensó un poco mucho, no me gustaba ese tipo de contacto de la nada y menos con extraños. Ni bien soltarme fue a tomarme la mano para preguntarme si me molestaba que se quedara en casa de Nate –. ¿De qué forma le digo que se puede ir al diablo sin que Nate se enfade? – Me pregunté a mí misma por un segundo. Vamos, que estaba exagerando bastante, apenas conocía a la chica y además era amiga del rubio; pero es que ni bien aparecer, algo en ella me dio mala espina, sin mencionar que no me fiaba de las amistades que él tenía y, bueno, también influían mis celos pero… ¿Cómo lo diría? Ella tenía todas las pintas de estar intentando meterse en mi territorio, no sabía explicarlo, ella llevaba como 2 minutos de haber aparecido apenas. De todas formas mantuve mi expresión neutra como al principio y asentí levemente, zafando mi mano del incómodo agarre con sutileza y con ganas de decir “sí, claro que me importa”, pero no podía decirlo, vamos, no era del tipo impulsivo –. Claro, si a Nate no le molesta está bien – No mentí, pero tampoco dije que a mí no me importara, de todas formas era cosa del rubio, aunque en el fondo quería que le dijese que no…

Pero claro que no sería así, era su amiga de la infancia al fin y al cabo –. Bueno, ya va siendo hora de que me vaya – indiqué apenas a unos segundos de “aceptar” que se quedara –. Un placer, Samarah, nos vemos – agregué de forma cordial mientras me levantaba y tomaba mi mochila, metiendo el cuaderno que antes estaba en mi mano y cerrando mientras me dirigía a la salida, siendo despedida por un alegre movimiento de mano por parte de la contraria, ¿Era idea mía o lucía demasiado feliz con que yo me fuera? Ah… No ganaba nada siendo tan defensiva con ella, era amiga de Nate y ya ¿No? Como fuera, estando ya frente al rubio le miré tranquila –. Entonces, nos vemos en la universidad, luego hablamos – me despedí de forma algo cruda, sin llegar a acercarme antes de salir por la puerta aunque no pareciendo precipitada al hacerlo. Ah… Tendría que terminar de estudiar por mi cuenta. Ni bien alejarme de la casa ajena suspiré y miré el suelo para caminar unos metros divagando –. olvidé el móvil… – Pensé al intentar ver la hora, recordando que lo dejé en la mesa del rubio, tan típico.

No es como si mi móvil tuviera la gran cosa, así que ni me medité el volver a buscarlo y pronto tomé el bus para ir a casa. Fue al día siguiente que me volví a encontrar con Nate y éste me devolvió el móvil, le agradecí y seguí con mi vida. Ah, estaba algo molesta. Tras unos días fue el examen y, como supuse, no me fue precisamente bien, pero nada podía hacerle luego de haber estudiado sola esos días, no culpaba al rubio pues fui yo la que prefirió estudiar por mi cuenta y, bueno, ahí tenía mi grato resultado. Llegó el viernes, el sábado, el domingo… ¿Se habría ido ya? No quería preguntar pues sería obvio el por qué lo hacía, tampoco quería hablar con Nate porque no sabía bien qué decirle y el tema de “novia” seguía ahí molestándome, además, él tampoco parecía interesado en hablar conmigo así que las cosas siguieron así la semana siguiente, sin embargo el martes estaba la amiga de Nate en la entrada de la universidad. Fingí no verla pues no quería saludar y caminé como si nada, hasta que me llamó… momento en que levanté la cabeza y fingí algo de sorpresa –. Samarah – mencioné en saludo al acercarme un poco y ésta me saludó con una sonrisa amigable –. Eh… ¿Esperas a Nate? Creo que sus clases terminan como en una hora – agregué señalando levemente hacia el lugar.

Oh, no, vine a verte a ti, linda – Mencionó de forma adorablemente agradable, yo me había convencido de que era mi imaginación pero aún tenía esa sensación desagradable que me repelía a esta chica –. Me llamo Nozomi – Le comenté, casi respecto al apodo “linda” empleado –. o Mia, por favor – indiqué finalmente –. Claro, Mia, ¿Por qué no has ido a visitar a tu novio? – consultó sin perder la sonrisa y aquello se me hizo extraño –. Había tenido la esperanza de poder hablar contigo un rato, me siento sola con esa cama tan grande sólo para mí – Al parecer, era una broma, pero esto sólo me lo indicó la risa que prosiguió a su comentario –. Eh, no pongas esa cara guapa, que no pasa nada ¿O crees que no es así? – consultó alzando una ceja sugestiva –. Realmente, no es de mi incumbencia nada de lo que estás diciendo, lo siento – Agregué sin querer sonar del todo desagradable, pero vamos, no podía evitarlo –. ¿Hay algo más? La verdad debo regresar rápido a estudiar… – Intenté zafar, aunque era cierto que debía estudiar pero no era tan urgente.

Y en su rostro vi una muequilla –. Tú no eres la novia de Nate, ¿No es así? – preguntó de la nada –. Sólo están jugando un rato ¿Verdad? – … ¿Qué? –. Y aunque lo fueras, no durarán mucho y lo sabes ¿Cierto? Después de todo, la más adecuada para estar a su lado es alguien que lo acompañara cuando perdió a su madre – Y esta vez su sonrisa se hizo amplia y llena de confianza. Desvié la mirada y me fui sin decir nada al respecto. ¿Qué podía decir? Realmente no éramos novios, por mucho que el chico me gustara las cosas eran extrañas y no me sentía segura entablando una relación con él, tampoco es que por eso fuera a querer que se fuera con cualquiera pero ¿Qué sabía yo? Quizás ella sí era una mejor pareja para él que yo, después de todo yo incluso quería que hablara con su madre, no estaba “de su lado”, y al parecer ella sí lo estaba. ¿Qué derecho tenía de meterme? Aunque si Nate decidía… Ah, no quería pensar en estas cosas, se me revolvía el estómago y era demasiado desagradable. Llegué a casa agitada y me encerré en mi habitación a estudiar, no quería saber nada de fuera de los libros por ahora.

Pero claro, 1 am y yo aún levantada estudiando, cuando al día siguiente no había exámenes ni nada y además las clases comenzaban a las 8 ¿Qué intentaba? Sólo quería evitar enfrentarme a la posibilidad de perder a Nate, ¿Por qué “perderlo” sonaba tan extraño? Claro, si realmente nunca le vi como realmente “mío”, nunca hizo falta llegar a definir lo que ocurría y hasta el momento parecía que así estaba bien, pero ahora tenía la imperiosa necesidad de aclarar toda esta tontería que, incluso, estaba formándome sola. Así que sin preocuparme por la hora tomé el móvil y marqué su número… Pero hasta ahí llegó mi valentía y antes de apretar el teléfono verde, me detuve. Bufé ante mi propia cobardía y opté por un mensaje –. ¿Podemos hablar mañana? – No supe qué más decir, realmente  no sabía ni qué podría decirle mañana, la verdad estaba confundida pero ya nada podía hacer, el mensaje estaba enviado y luego me las arreglaría con el resto. Así que fui a dormir, o al menos lo intenté. Y el día llegó antes de lo que yo pudiera desear, me duché, vestí, revisé material y partí sin aún saber muy bien de qué quería realmente hablar con Nate.

El día pasó en un santiamén y salí de clases, el rubio no apareció. Intenté llamarlo y contestó, pero no era su voz –. Uy querida, lo siento, a Nate ha dejado el móvil. Ya sabes, anoche casi no durmió así que hoy iba tarde y lo olvidó – Indicó con voz ambigua ¿A qué se refería exactamente? Realmente no conseguía saber si debía preocuparme o no, parecía que esta chica sólo quería molestarme y alejarme de su camino; desde ayer me molestaba realmente mucho sólo pensar en ella. Y por alguna razón no pude contactarme con él hasta el fin de semana, tampoco respondía mis mensajes, ¿Estaba enfadado? Bueno, yo lo estaría, creo… Pero ya no podía esperar más, nuestros horarios de universidad casi no coincidían y no podía verle si no lo buscaba así que por alguna razón estaba ahora en un taxi con dirección a su casa un domingo por la noche. Pagué el taxi y corrí la corta distancia hasta su puerta, tocando el timbre y golpeando la puerta ligeramente desesperada hasta que él abrió.

Por cierto, casi le asesto un golpe en la cara en un intento de tocar la puerta que se abrió. En cuanto le vi fruncí los labios y ceño –. ¡No… No quiero que estés con ella! – Le dije fuerte y claro, sin llegar a gritar –. No quiero que estés con nadie ni que mires a nadie si no soy yo – ¿Estaría exagerando todo? Ya ni siquiera me importaba si la chica seguía o no en casa del rubio, mi boca se movía sola –. no sé cómo manejarte ni tu idiota forma de ser y no sé cómo tratar contigo, eres orgulloso y extraño, a veces me das miedo y no sé cómo enfrentarte ¡Pero quiero que te quedes a mmi lado! – ¿Qué se suponía que quería decir con todo esto? ah… qué importaba, luego cuando me calmara quizás podría hablar con mayor y mejor coherencia, por ahora apreté los labios mirando a Nate y esperando que dijera algo, lo que fuera, porque comenzaba a sentir la vergüenza latente en mis mejillas y a cada segundo se hacía más difícil mantenerle la mirada.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Lun Oct 05, 2015 12:59 am

Cuando Nozomi se marchó sentí que todo fue un tanto extraño… ¿A caso se había enfadado? Pero no tuve mucho más tiempo para pensarlo ya que Samarah comenzó a hablarme y preguntarme cómo había acabado saliendo con Mia. Yo me limité en decir que aquella era una larga historia y que lo dejáramos para otra ocasión. A la rubia no pareció agradarle este hecho pero finalmente accedió a cambiar de tema.
Los siguientes días pasaron rápido, con Samarah en casa prácticamente nunca tenía tiempo para mí mismo. Era mi amiga y era obvio que no la dejaría en la calle… Pero me parecía que su estada se estaba alargando un poco. Encima Mia parecía enfadada por algo y aunque sospechaba el motivo decidí dejarla estar. Después de un año llegué a conocerla demasiado bien y sabía que en unos días se le pasaría.
Así fue como llegó martes de la semana que viene. Mia y yo continuábamos sin cruzar palabra y aquello comenzaba a irritarme. Además de eso, Samarah se estaba volviendo más cariñosa de lo normal. Ella sabía como trataba a las mujeres generalmente y nunca tuvo intenciones de acercarse hacia mí, o por lo menos hasta los días de hoy. En fin, quizás simplemente me había echado de menos… No quería ponerme en situaciones incómodas. Este mismo día, salí más tarde de la Universidad debido a un trabajo, sin embargo cuando llegué me extrañó no ver a Samarah allí. “Supongo que habrá ido a dar una vuelta…” y con este pensamiento agarré la correa de Max para salir y así pasear un rato. Durante la caminata no dejaba de darle vueltas al asunto que tenía pendiente con Nozomi. Después de la llegada de Samarah apenas habíamos hablado y el no saber dónde estaba, con quién, qué hacía… Me frustraba de una forma que ni yo mismo pude imaginar algún día. “Diablos…” yo mismo me estaba poniendo en la peor de las situaciones y aquello no me calmaba para nada. Cuando regresé a casa, la rubia ya se encontraba allí y como siempre me saludó con una sonrisa animada acompañada de un abrazo. – ¿Dónde estuviste? Cuando llegué aún no estabas. – ella se encogió de hombros y me agarró del brazo llevándome hasta el salón. – Estaba comprando los ingredientes para todo esto. – me señaló la mesa de la estancia repleta de comida casera y… ¿Vino? Alcé una ceja y zafé mi brazo de los suyos mirándola un tanto extrañado. – ¿Y a qué viene todo esto? –

– ¡Oh venga Natie! ¿A caso no podemos cenar como dios manda? Solo quería prepararle la cena a mi mejor amigo, eso es todo. ~ Vamos, ahora ve a ducharte mientras yo preparo lo que falta. ¿Sí? – con estas palabras me empujó fuera del salón y cerró la puerta del mismo dejándome con las palabras en la boca. Sinceramente no estaba de humor para cenas… Pero bueno. Por una vez al mes no me moriría. Fui a mi habitación y tras coger la ropa de recambio caminé hasta el baño para ducharme rápidamente. Apenas acabé, regresé al salón donde ya me esperaba Samarah con la cena lista. Me senté en la silla y tras hacer un pequeño brindis comenzamos a comer. La comida estaba buena, sin embargo aquello me hizo recordar a Mia y las cenas que solíamos hacer juntos... Sin percatarme una sonrisa nostálgica se asomó en mi rostro; de repente tenía unas increíbles ganas de verla… No obstante tampoco podía dejar a Samarah sola. Así que me limité en terminar la comida hecha por la rubia. Cuando acabamos ella se levantó de la silla recogiendo todos los platos. Quise ayudarla pero se negó diciéndome que me relajara ya que ahora vendría el postre. No tardó demasiado en volver y… ¿Qué jardín secreto? Observé a la rubia completamente anonadado. ¿Por qué? Bueno, digamos que no me esperaba que se apareciese en el salón totalmente desnuda. Me levanté de la silla de una forma un tanto brusca y desvié mi vista hacia un lado. – ¿Qué se supone que estás haciendo? – ella se acercó rápidamente hacia mí y me empujó hasta el sofá para luego sentarse sobre mí. – Sh…Te deseo. ¿Tú a mí no? – susurró comenzando a besarme. Estaba tan sorprendido que ni siquiera la aparté al instante. Pero cuando me percaté de lo que estaba pasando, coloqué mis manos sobre sus hombros y la retiré de encima de mí. Cogí la colcha que había sobre el respaldo del sofá y se la puse por encima manteniendo un semblante completamente neutro. – Samarah… Tú no eres así. ¿A qué diablos viene todo esto? –

– …¿Qué no soy así? ¡¿A caso tú sabes por todo lo que he tenido que pasar?! ¿A caso tú entiendes lo que siento por ti? Grandísimo idiota… ¡Te he querido siempre! ¡Y nunca me has notado! ¡Nunca! Y… Y ahora que por fin siento que tengo una oportunidad vienes con que tienes novia. Sé que ella y tú no sois nada… ¿Por qué simplemente no me aceptas…? Por favor. – comenzó a llorar apoyando su cabeza sobre mi pecho y… Solo en aquél momento comprendí que Samarah estaba enamorada de mí. Fruncí mis labios y volví a agarrar sus hombros para alejarla de mí.
– Samarah… Primero que nada, quiero pedirte perdón. Por no notar tus sentimientos. Eres una chica increíble y si te soy sincero, me hace feliz. Sin embargo, quiero serte sincero, no puedo aceptarte… No cuando estoy perdiendo la cabeza por culpa de otra persona. Y no quiero traicionar los sentimientos que tengo hacia ella. Nunca más. – la miré serio, a la espera de alguna reacción. Pero ella simplemente frunció el ceño y se retiró rápidamente del salón para encerrarse en otra habitación. Jamás quise herirla… Y me sentía mal por ello. Pero fui franco y a partir de ahora siempre dejaría las cosas claras. La mañana siguiente fue bastante ajetreada, no encontraba mi móvil por ningún lado y llegaba tarde a clases. Al final salí de casa sin teléfono, ya lo buscaría más tarde. No crucé ni una palabra con Samarah, desde la noche anterior no salió de la habitación y bueno, quería dejarla un tiempo.

Otros días pasaron y no fueron demasiado agradables, no solo porque perdí mi móvil sino también porque no conseguía ver a Mia y las cosas con Samarah seguían tensas, aunque la rubia me hablara como si no hubiera pasado nada. Así fue como llegó domingo. Tras un paseo con Max regresé a casa bastante exhausto. La semana había sido un completo desastre, tan solo quería que acabara. – ¿Y esta cara? ¿Es por el móvil? Que raro que no lo encuentres… – me dejé caer en el sofá y llevé una mano hasta mi nuca dando un suspiro. – En parte… No entiendo dónde pude haberlo perdido. – la rubia me dio una palmadita en el hombro y me dedicó una sonrisa amable. – Bueno, no te preocupes. Siempre podemos ir a comprar otro. ¿Qué te parece? En fin, voy a ducharme. – le devolví la sonrisa y cuando salió del salón mi semblante volvió a ser el serio de siempre. Desde el martes Samarah y yo no habíamos tocado el tema de lo que había pasado… ¿Aquello realmente estaba bien? Pero no pude pensarlo mucho más ya que una extraña vibración llegó hasta mis oídos. Provenía de mi habitación, creí que se trataba del teléfono de Samarah pero al mirar en su bolso lo único que logré ver fue mi Samsung. Mis ojos se agrandaron por la sorpresa y desbloqueé el móvil mirando todos los mensajes y las llamadas perdidas. Leí el mensaje de Mia e incluso vi una de sus llamadas, atendida. Inmediatamente comencé a hacer la suma en mi cabeza y un sentimiento de rabia y frustración se apoderó de mí. En este instante escuché a Samarah entrar en la habitación y cuando me vio con el móvil palideció. – Nate… Te lo puedo explicar. – apreté los dientes y me acerqué hacia ella agarrándola de un brazo bruscamente. – Dime solo una cosa… ¿Le dijiste algo a Mia? – indagué frunciendo mi ceño. Ella solo trago saliva y comenzó a temblar. Aquella reacción lo decía todo… – ¿Me tomaste por estúpido? Quiero que te largues de mi casa. – ella quiso decir algo pero mi tono completamente neutra la detuvo. – Lárgate. –

Ahora todo cuadraba perfectamente… El enfado de Mia, la “inocencia” de Samarah… ¿Cómo no pude darme cuenta antes? La rubia no tardó en recoger sus cosas y a pesar de que intentó excusarse no le di ninguna oportunidad. Cuando me quedé solo, lo primero que hice fue agarrar el móvil y llamar a Mia. Sin embargo no contestó, por lo que decidí que lo mejor sería ir directamente a su casa. Justo cuando quería ponerme la chaqueta escuché el timbre. ¿Otra vez Samarah? Caminé hasta la puerta pero por mi sorpresa a quien vi fue a Nozomi. – Mia…– quise decir algo pero ella no me dejó continuar. Comenzó a hablar dejándome totalmente anonadado. Y mi semblante sorprendido no desapareció hasta que la morena finalizó. Me quedé ahí plantado unos segundos, sin saber bien cómo reaccionar. Pero lo único que sabía y deseaba con todo mí ser era besarla. Y no me hice esperar. Sin decir nada, llevé una mis manos hasta su mejilla mientras la otra la posicionaba sobre si cintura para acercarla hacia mi cuerpo. Acerqué mi rostro al suyo y sin pensarlo dos veces la besé. Mis labios se movían intensamente sobre los suyos… Maldición, cómo había extrañado tocarlos. Sin dejar de besarla hice que entrara dentro del piso y cerré la puerta empujando a Mia contra la misma. Continué besándola sin parar llevando la mano que tenía en su mejilla hasta su cuello, acariciándolo con la yema de mis dedos. Separé nuestros labios unos segundos y la miré directamente a los ojos esbozando una sonrisa de medio lado. – ¿Ves? No era tan difícil decirlo… – susurré en su oído depositando un suave beso sobre su cuello. Entonces, rodeé su cintura con mis brazos y apoyé mi frente sobre su pecho, sintiendo aquél perfume que me volvía loco. – Lo siento. Por todo lo que ha pasado, incluso lo de Samarah… Me cogió el móvil, así que no tenía ni idea de cómo te sentías. – alcé mis orbes hacia los suyos volviendo a subir una de mis manos hasta sus mejillas. – Aunque ahora tras decirme todo esto no pienses que voy a dejarte escapar. – llevé mis labios a los suyos nuevamente y bajé mis manos hasta sus muslos para subirla un poco. En este instante la cogí en los brazos llevándola hasta mi habitación; y una vez ahí la dejé sobre mi cama, quitándome la chaqueta a la vez. Me coloqué encima de ella y acaricié suavemente su mejilla mientras la miraba con una sonrisa dulce. Hace un año ni siquiera me habría imaginado que acabaría por sentir algo como eso por una mujer. Pero ahora miraba a Mia y lo comprendía perfectamente… Por muy cutre que suene, ella era el cometa que me había devuelto la luz y no estaba dispuesto a perderla, jamás.

Aparté delicadamente uno de los mechones de su cabello y acerqué lentamente mi boca hacia su oreja. – Escúchame bien porque no lo volveré a repetir…  Te quiero, Mia. – entonces, volví a mirarla a los ojos y sin dejarla tiempo a responder volví a besarla con un deseo indescriptible.
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Jue Feb 11, 2016 1:00 am

Cuando paré de soltar palabras sin pensar, me preguntaba cómo reaccionaría el rubio a lo que le decía, sin embargo no me esperaba lo que hizo, ¡Y cómo! Si me esperaba cualquier cosa, menos que me acercara así de rápido y me besara de esa forma. Hacía tiempo, mucho tiempo que no me besaba y debía admitir que hasta mis piernas flaquearon por la sensación de electricidad en mi cuerpo, me parecía increíble como algo tan pequeño como un beso era capaz de causar tanto en mí cuando se trataba de él, tan distinto a la primera vez que ocurrió, cuando lo único que sentía era miedo del cual ya no quedaba ni un rastro. Mi mano sujetó la muñeca que él posaba en mi rostro sin llegar a aplicar fuerza mientras la otra se apoyaba con mi antebrazo en su pecho sin oponer la mínima resistencia, ¿Y cómo oponerme? Si apenas era capaz de pensar con él tan cerca y sus labios tocando los míos, su lengua apoderándose de todo sin el menor miramiento. Para cuando me di cuenta, vagamente, de lo que ocurría, sentía algo como una pared tras de mí y a Nate presionándose ligeramente contra mi cuerpo; el solo contacto provocaba que me perdiera más, pero su voz en mi oído hizo que reaccionara mejor y cuando se disculpó por lo ocurrido, abrazándome casi con cuidado, mi mano fue por sí sola a acariciar su cabello y nuca de forma lenta hasta que volvió a mirarme y casi podía sentir el peligro en su mirada, esa mirada atacante y atractiva que me obligaba a mirarlo.

Cuando habló, no me dio tiempo a responder, aunque en mi mente tampoco había mucho que pudiera decir, ¿Una respuesta? No, no quería que me dejara escapar, quería que me siguiera abrazando y tenerlo a mi alcance, no quería volver a sentir que lo perdía, lo quería para mí y sólo para mí, así que no me tomé la molestia de intentar responder y tan sólo correspondí a su beso, con mi mano libre en su mejilla a espejo de la suya y la otra aún en su nuca no supe cuándo ni cómo pero estaba siendo llevada en brazos con mis piernas a cada lado de su cadera como si nada pasara y la situación, de alguna forma, lucía normal y bien para mí, yo sólo quería besarlo y tenerlo para mí un momento, más aún después de todo el tiempo pasado y mucho más con esa dichosa Samarah los últimos días, que por cierto, al parecer ya no estaba en casa y eso me alegraba. Pronto cambiamos de lugar y ya no estaba en el recibidor, sino sobre su cama y con el rubio quitándose la chaqueta, sólo entonces sentí el presentimiento de que algo más estaba pasando pero cuando se acercó y me miró con aquella sonrisa dulce y ojos cariñosos, la pequeña alarma de mi mente se apagó y sonreí levemente, sintiendo que ahora todo estaba bien. Pocos segundos pasaron cuando se acercó a mi oído y mi cuerpo se tensó con sus palabras. “Te quiero”. Resonaba en mi mente mientras sus labios volvían a apoderarse de los míos con rapidez; si había algo que realmente no me esperaba, era eso. Pero sabía que para él estas cosas no eran su fuerte, de por sí el mío tampoco, así que respondí su beso con cariño y preferí no decir nada por el momento, al fin y al cabo, las cosas iban bien.

Con Nate aún sobre mí, acaricié su cuello sin dejar de besarle y él se acomodó más hacia mi lado, comenzando a acariciar mi cintura en lo que una de mis manos bajaba a su brazo. Por alguna razón, sentir su piel me provocaba pequeños escalofríos y sensaciones que no me explicaba, se sentía tan diferente a cualquier otra cosa que no podía evitar querer tocar más, y cada recodo de piel que sus manos tocaban se sentía tibio al tacto y me provocaba aún más sensaciones. Pronto me impulsé un poco hacia un lado, pues quería acercarme más a él y éste con su brazo me jalaba suavemente para que nos apegáramos; momento en el que quedé de lado frente a él y sentí su mano en mi espalda con una nueva caricia lenta. Cuando sentí su dedo recorrer mi espalda baja, de mis labios escapó un suspiro que no supe de donde vino, pero cuando estuvo fuera miré a Nate a los ojos ya sin besarnos y en mi mirada podía verse mi duda, no entendía muy bien lo que ocurría con mi propio cuerpo y menos qué pasaba por su cabeza, así que desvié a mirada un momento. Sin embargo, pronto el rubio volvió a buscarme y, vamos, que no me pude resistir ni un segundo, las caricias continuaron y mi cuerpo se movía por sí solo, no supe cuando mi pierna terminó entre las suyas y mi mano en el borde de su camisa, buscando tocar más de su piel sin miramientos a como él levantaba mi blusa entre caricias. Hasta que sentí su mano en mi sujetador.

Llegó a abrir uno de los broches cuando me alejé de manera algo brusca, mirando a Nate con la respiración agitada y todo mi cuerpo tibio. Algo en mi cabeza hizo “Click” y entendí por fin lo que estaba ocurriendo, a qué estábamos yendo, y debía admitir que aunque sentir a Nate cerca me volvía loca, no me sentía lista para dar ese paso –. Yo… Lo siento, Nate, no puedo – Fue lo que pude decir antes de sentarme sobre la cama –. No aún, lo siento… – susurré con la cabeza baja, ahora me sentía avergonzada por lo ocurrido y peor aún por permitir que llegara a dar la impresión de eso. Nate se sentó junto a mí, sólo que con las piernas hacia el borde de la cama y le vi mirar hacia otro lado, ¿Estaría molesto? Fruncí levemente los labios y me acerqué un poco, quedando ambos más apegados, sólo que no de la misma forma que antes, y cada uno ladeado hacia un lado distinto –. Nate, yo… – volví a hablar, colocando mi mano sobre su hombro aunque sin mirarle, no podía, me sentía muy avergonzada por lo que quería decir –. La situación en la que estamos… todo es muy confuso, sé que no te van mucho estos temas; a mí tampoco, pero… Necesito definirlo, estar segura de ti, ¿Cómo puedo llamarlo? ¿… Estamos saliendo? – No podía creer la cantidad de valor que necesité sólo para decir eso, sabía que era una tontería, pero… –. Sé que es tonto, lo sé, pero nunca hemos hablado de… bueno, lo que somos. Y cuando me presentaste con esa chica, fue todo tan… confuso, hasta ahora siempre me pareció que todo estaba bien como estaba, pero ya no quiero eso, yo… También te quiero, Nate, y quiero que no seas de nadie sino mío – vale que para decir lo último necesité tomar una bocanada de aire y levantar la mirada, lo dije mirando a los ojos al rubio que me volvía loca y no desvié la mirada mientras esperaba su respuesta, aun cuando me sentía como un completa idiota por lo que ocurría.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Nate Adams el Dom Feb 28, 2016 7:25 pm

No podía creer lo que acababa de decir. Pero así era, quería a esta chica y ya no pensaba volver a reprimir este dichoso sentimiento. ¿A caso estaba bien? ¿Después de todas las cosas que he llegado a hacerle, confiaría en mí? Tuve que darme una bofetada mental por hacerme esta clase de preguntas en aquel momento. Ahora mismo tan solo quería disfrutar de sus besos y tacto… Y eran tales las ganas de llegar a algo más que comenzaba a descontrolarme. Cada caricia, cada toque de labios o manos aumentaba mi calor corporal y mis deseos de finalizar lo que había empezado quizás demasiadas veces… Pero esta vez sin ninguna clase de burla. Esta mujer me estaba volviendo loco, la quería… Con todo lo que aquello conllevaba.  Sin embargo Mia pareció dudar por lo que se apartó de mi en cuestión de segundos. Como suponía, ella aún no estaba preparada. Lo sabía, obvio que lo sabía. Pero aún así cierto sentimiento de molestia se apoderó de mí por unos instantes. ¿Era mi culpa por ir tan rápido o es que ella realmente no sentía lo mismo al besarme? “¿Desde cuándo yo me preocupo por esta clase de cosas…?” Me pregunté a mi mismo mientras me sentaba al borde de la cama y desviaba mi mirada hacia un lado. Pero digamos que después de escucharla hablar nuevamente mis dudas se disiparon por completo. Bajé mi cabeza observándola con una expresión sorpresiva, aunque luego simplemente no pude evitar dejar escapar una suave risa cubriendo mis labios con el dorso de mi mano.

– Jamás pensé que Mia sería alguien tan posesiva. – comenté con una sonrisa algo dulce para luego levantar mi mano y colocarla en su mejilla. De alguna manera me encantaba verla de este modo, reclamando lo que es suyo… Parecía una niña. Una niña que había conseguido quitar esa dura cáscara que había en mi interior. – Estamos saliendo, eres mi novia y yo soy tu novio. Así que obviamente que te pertenezco. – sentencié ya algo más serio mientras la obligaba a mirarme a los ojos girando suavemente su rostro. Acto seguido deslicé mi mano hacia abajo y la puse en su cintura para luego rodearla con mi otro brazo. Creo que jamás me había sentido tan bien al abrazar a alguien. – Y no te preocupes por “eso”. Esperaré lo que haga falta para este día. Pero ten en cuenta una cosa… – entonces, volví a subir la mano que tenía sobre su cintura hasta su nuca a la vez que apartaba un poco su cabello. Acerqué mi boca hacia su oreja y en un suave susurro dije: – Cuando llegue ese momento tomaré absolutamente todo de ti… Así que estate preparada, Mia. – deposité un suave beso en su cuello y acto seguido me aparté sonriendo burlón mientras me levantaba de la cama. – Pero por ahora hagamos algo de comer, muero de hambre. – fue entonces cuando salí sin más de la habitación y me dirigí a la cocina comenzando a rebuscar en los cajones.

Era extraño, lo cierto es que la situación me había puesto nervioso así que ahora me dedicaba a sacar cosas a lo loco sin dejar de pensar en lo ocurrido. Diablos, parecía un adolescente en plena crisis emocional. ¿Pero cómo se supone que debía encontrarme cuando de repente tenía una novia y sabía perfectamente que la quería? La verdad es que estaba feliz, aunque a la vez era algo muy desconocido. Pero bueno… Las cosas nuevas no eran malas, ¿no? “Estar nervioso no te pega para nada.” Di un leve suspiro y saqué algo de sirope de chocolate de la nevera. – Hey. ¿Qué te parece si hacemos croquetas o algo por el estilo? Quiero algo dulce. – comenté con la voz audible para que la castaña pudiera escucharme. Como no salía de la habitación decidí volver y al mirarla me apoyé sobre el borde de la puerta alzando una ceja. – ¿Y bien? ¿Vas a quedarte allí sentada para siempre o me prestarás tus magníficos dotes de cocina? El tiempo corre. Aunque… – fue entonces cuando una idea fugaz y descabellada pasó por mi cabeza y claro, no me callé. – Ahora que somos novios podrías mudarte aquí. – sonreí algo burlón acercándome a ella para luego acuclillarme en frente y colocar mis manos sobre sus rodillas. – Ya sabes, comer siempre juntos… – levanté mi cabeza y le di un suave beso en la mejilla. – Ducharnos juntos… – desvié mis labios hacia su oreja dejándole otro beso allí. – Dormir juntos… – entonces volví hacia su rostro y atrapé su boca con la mía, mordiendo su labio inferior en el proceso. – Pero también serías demasiada tentación y no creo poder resistirme a atacarte teniéndote tan cerca de mí a todas horas. – le saqué la lengua y me incorporé cogiéndola de la mano para ayudarla a levantarse también. – Por ahora conformémonos con fines de semana como las típicas parejitas cursis. –
avatar
Nate Adams
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 152
Monedas Monedas : 1256

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Akiyama Nozomi el Vie Mayo 06, 2016 11:52 pm

Escuché en silencio cada palabra del rubio mientras me permitía sentir su calor sin otras intenciones, correspondiendo tímidamente su abrazo mientras me invadía el alivio de escuchar por sus propias palabras la confirmación de nuestra relación, oficial desde aquel momento. Era increíble la sensación de relajo que me provocaba después de esas inquietantes semanas en que no sabía qué ocurriría… Hasta que habló sobre el tema que había comenzado todo aquello y besó mi cuello sin darme tiempo a hacer más que sonrojarme y volver a ponerme nerviosa, antes de cambiar totalmente el tema. Como odiaba cuando hacía eso, pero a la vez no podía negar que su actitud desenfadada y espontanea siempre conseguía sorprenderme en el buen sentido, me agradaba, más porque yo era completamente opuesta. Y entre mi nerviosismo por el pequeño beso en mi piel, tan sólo asentí y me quedé como una boba mirándolo salir del cuarto hasta que desapareció, entonces me volví a tirar sobre la cama con un hondo suspiro para relajarme, ciertamente el escape ajeno fue bastante fortuito, necesitaba un minuto a solas para liberar la presión.

Pero mi relajo no duró mucho, pues escuchaba mucho ajetreo en la cocina y eso me extrañó, pero no hice mucho para averiguar la razón y me quedé mirando el techo hasta escuchar la voz ajena, a lo que asentí para mí misma –. Suena bien ¡Hagamos pudín, también! – Solté con tono algo más infantil de lo que esperaba y suficientemente audible para el otro cuarto, incluso alzando los brazos al nivel de mi rostro. Tras eso los bajé y puse en la cama para apoyarme hacia atrás y mirar nuevamente el techo, pensando en qué más podríamos hacer pues, si ya íbamos a hacer dulces, ¿Por qué no hacer muchos dulces? De chocolate, por supuesto… Pero el desvarío me distrajo lo suficiente para no notar los pasos de vuelta al cuarto sino hasta que el rubio estuvo en la misma puerta, volviendo a hablarme. Ni bien soltar el sospechoso “aunque…” en tono extraño, enarqué una ceja y me pregunté con qué diantres saldría ahora, lo conocía y sabía que siempre que ponía esa sonrisita y esa mirada, decía algo que me ponía en aprietos. Y mi rostro fue de portada cuando escuché lo que soltó, boca abierta y ojos fijos en los suyos mientras se acercaba con su sonrisita burlona, sin embargo mi expresión se suavizó visiblemente cuando se acuclilló y prosiguió la idea con algo más de sinceridad, incluso pasó por mi cabeza el pensamiento de que no era tan mala idea, no realmente. Aunque luego mis pensamientos se nublaron un poco, seguidos por un visible sonrojo, cerrando los ojos en el intento de alejar las ideas que me ponían nerviosa hasta que sentí sus labios en los míos y correspondí por inercia al agradable calor del beso.

Pero claro, Nate era Nate, no demoró en soltar cosas sobre la tentación y rodé los ojos dejándome guiar por su mano para levantarme y caminar hasta la cocina. Aunque no respondí nada a lo último que dijo, me lo quedé pensando mientras caminábamos y, realmente, no sabía qué tan “lista” estaba para pasar las noches con él, aunque fueran sólo dos cada semana. Es decir, si bien nuestra relación había cambiado 180°, seguían habiendo ocasiones en las que me sentía inquieta cuando lo tenía cerca, necesitaba acostumbrarme a esta nueva relación primero… Aunque estos pensamientos demoraron un buen rato mientras nos disponíamos a cocinar lo previamente dicho y terminé por soltar la respuesta a mi propio tiempo, para variar –. Sobre eso que dijiste… – Comenté de la nada pues llevábamos ya unos buenos minutos sin decir una palabra –. Eso de los fines de semana, ¿Puede esperar un par de semanas? Ya sabes… Apenas estoy acostumbrándome a todo este cambio y me da algo de… bueno, tú sabes – dejé inconclusa la frase pues no sabía bien cómo explicarlo en palabras, no era miedo lo que sentía, quizás vergüenza, algo de incomodidad repentina al pensar que podía volver a darse una situación como la de hace un rato.

Esperaba que pudiera entenderme, después de todo, él me conocía y sabía que me costaba hacer las cosas si no era a mi propio ritmo. Giré la vista para verlo por primera vez desde que había comenzado a hablar pues necesitaba saber su expresión y continué –. ¡No vayas a pensar que no quiero! – Exclamé de la nada, pensando que quizás me había malinterpretado –. Sólo… Necesito asimilar todo esto – Agregué bajando el rostro con expresión apenada. Además estaba la otra pequeña razón respecto a mi fobia, no me hacía muy a la idea de que él tuviera que despertarse de su sueño porque yo tenía alguna pesadilla o cosas así, aunque él ya antes me había visto llorar e incluso me había consolado, pero el tema de mi fobia era algo aún muy privado y me seguía costando abrirme al tema, sólo rogaba que Nate no se enfadara –. Y debes ir más a mi casa – agregué luego de unos segundos –. Kou no te conoce mucho, y no puedo dejarlo sólo por días… –Expliqué respecto a mi gato, que si bien era tranquilo, no me gustaba la idea de ir a otro lugar y dejarlo solo por dos o tres días, no estaba bien y lo extrañaría, y me gustaba la idea de que él y Nate se llevaran bien.

Esperé por su respuesta, la conversación no fue muy larga y terminó en un abrazo que yo inicié de manera un tanto infantil, no me sentía del todo yo misma actuando así pero me nacía estando con él, no podía evitarlo. El abrazo no duró mucho siendo sólo eso, pues Nate no tardó en besarme y le correspondí gustosa, con una pequeña sonrisa antes de seguir a la labor de cocinar. Le agregué que al día siguiente podía volver y preparar un pastel, obviamente de chocolate aunque no sólo de eso, claro, y nos dedicamos a cocinar y luego comer lo preparado mientras conversábamos y veíamos TV, pues sugerí comer en la sala y nos sentamos uno junto al otro. Traté de hacer algo como “novia” y apoyé cursimente mi cabeza en su hombro un minuto… Pero pronto me erguí de vuelta y lo miré, quejándome que no era cómodo comer de esa forma y que no sabía cómo la gente de la tele sí podía. Finalmente, la cena fue bastante agradable y luego de conversar un rato más, llegó la hora de volver a mi casa, momento en el que repentinamente sentí una gran ansiedad y angustia, no quería irme aún, quería quedarme aunque fuera un rato más… Pero no estaba bien, fui yo misma quien dijo lo de las quedadas hacia unas horas y no podía dejarlo en el aire así nada más, además, no podía negarme que necesitaba una buena noche con mi almohada para terminar de asimilar lo que había pasado en esas pocas horas y así poder sonreír como una boba para mí misma toda la noche. Así que finalmente nos despedimos, me encaminó hasta la parada del autobús y tras un beso no demasiado largo pues me zafé – meramente porque esas demostraciones públicas no se me hacían agradables –, partí de vuelta a casa, donde me tomé todo el tiempo del mundo para divagar sobre la situación.
avatar
Akiyama Nozomi
Visitante
Visitante

Mensajes Mensajes : 239
Monedas Monedas : 571

Volver arriba Ir abajo

Re: ¡Te odio...! Pero no tanto.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.