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Encuentros

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Encuentros

Mensaje por Valeria Caprice el Dom Dic 21, 2014 4:12 pm

Presentación:
Pues bueno, este es un fanfic estilo One-shot que hice hace ya un tiempo y luego de preguntar me decidí a subirlo, es algo largo pero bueno, es un one-shot asique tenía que meter todo en un cap (?) y pues espero les guste pues personalmente siempre le encuentro fallos, si hay alguna falta ortográfica me disculpo, por más que revise siempre siguen apareciendo   y pues eso, por favor, disfuten~

Ella se quito la mochila y saco la comida de su interior, en seguida dio media vuelta y se fue, ¡Ja! Los humanos se creen tan increíbles pero al final son una vergüenza, me acerque y comí lo dejado por aquella mujer, en cuanto termine di media vuelta y volvi al bosque, me dirigí al lago para tomar un poco de agua.

En el camino hacia el lago sentí un olor, un olor extraño en el bosque pero obviamente conocido, me acerqué con cautela mientras ocultaba mi presencia entre los árboles para mirar. Pronto me encontré con un humano, un chico apenas que entrenaba con un Bulbasaur, este no cumplió lo que el chico le decía, ninguna sorpresa pues el enano no sabía dar órdenes y el pokemon era un bebe casi recién nacido, no tendría más de un mes el pobre, entonces el chico le grito frustrado a su pokemon y este retrocedió asustado, claro, si solo era una cría, estúpidos humanos, tan engreídos siempre pensando que ellos lo hacen todo bien. Me dieron ganas de reírme y me acerqué un poco por el borde del bosque mirándolo, después de unos segundos éste miró en dirección al lago y gritó un “¡espera!” mientras comenzaba a correr para caer al lago, al rato salió muy confundido, su pokemon estaba aún más confundido, nada más fácil, en cuanto logró salir del lago lo observé un poco mientras se estrujaba la ropa y al poco tiempo retrocedió volviendo a caer ¡jajá! Suficiente diversión por el rato, decidí alejarme del lugar, me paseé un poco y busqué algún claro para dormir, pronto lo encontré y me acomodé bostezando.

Mi descanso no duro mucho pues al rato de cerrar los ojos sentí una presencia humana nuevamente acercándose, unos segundos después noté que el humano me vio y sacó a su pokemon, maldita sea, ni siquiera podía descansar un rato sin que me molestaran con estupideces, levanté la cabeza bostezando y abrí los ojos con pereza, entonces vi a un tipo, un adulto con expresión confiada, acababa de sacar a un Floatzel, esté estaba cruzado de brazos con la misma expresión confiada que su entrenador, Tsk, creídos, me levanté y estiré un poco, enseguida volví a recostarme hacia el otro lado dándoles la espalda y bostecé acomodándome con pereza. Un momento después escuché la molesta voz ronca del sujeto, al parecer se molestó por algo, quién sabe, no le presté atención y traté de conciliar el sueño nuevamente, eso hasta que presentí como el Floatzel me atacaba, ágilmente me levanté y golpeé mis colas contra el suelo impulsándome para saltar y esquivar el ataque con facilidad, bueno, lo intenté pero él se la buscó, lo miré con enfado y él solo se rió con mucha confianza, el Floatzel atacó de nuevo con aqua jet, bufé por la simplicidad. Se acercó directa y rápidamente, salté antes de que llegara y cuando pasaba por debajo de mi le golpeé la espalda con dos colas tirándolo al piso, en seguida cayó haciendo un lindo sonido al golpearse contra el suelo mientras yo caía sobre él, me dio algo de pena asique no lo pisé con todas las patas… solo con una evitándole movimiento, intento escapar frustrado mientras su entrenador gritaba cosas que ignoré pero entonces sacó un nuevo pokemon, un Onix de tamaño no muy grande, se veía joven, quizás lo había capturado hace poco, lo miré ya hastiada, le gritó al Onix que atacara y este lo hizo, al parecer quería usar atadura conmigo… ciertamente era joven.

Esquivé su ataque con agilidad y me monté en él llegando rápidamente a su cabeza, golpeándolo repetidas veces con la cola hasta que cayó al piso pero no se debilito, en eso sentí una presencia en mi espalda, salté y vi pasar al Floatzel, asique el sujeto no solo era engreído sino también un tramposo, pues muy bien, trampa quería, trampa tendría. En cuanto toqué el piso el Floatzel me atacó nuevamente, ya se estaba volviendo molesto, decidí terminarlo de una vez, me acerqué rápidamente a él y lo ataqué lanzándolo lejos contra un árbol, lo miré un segundo y parecía inconsciente, una molestia menos y, de paso, quedé cerca del entrenador, este volteó a mirarme y le devolví la mirada altiva, él se veía molesto y algo frustrado, me acerqué lentamente caminando imponente, enseñándole mi altura pues era bastante más alta que él y ondeando mis colas con elegancia. Él retrocedió un paso comenzando a asustarse y sentí al Onix levantarse y volver a atacarme para defender a su entrenador, lo esquivé sin esfuerzo pues este ataque fue mucho más débil que el anterior, enseguida golpeé nuevamente su cabeza y cayó al piso inconsciente, me senté sobre su cabeza moviendo las colas con burla y bostecé, en seguida el sujeto comenzó a gritarme muchas cosas no muy agradables, y yo que me había tomado la molestia de no matarlo por estúpido. Bufé y salté hacia él quedando justo en frente, entonces volvi a sentarme y lo miré altiva, él por el susto retrocedió y cayó al piso.

-¿ahora estas asustado?-le pregunté mirándolo sería-hace un rato parecías bastante confiado ¿no?-parecía que el tipo iba a mojar sus pantalones, no podía ni hablar-deberías aprender tu lugar-continué levantándome y caminando a su lado-no es bueno ser un tramposo ¿sabes?-pisé su mano sin demasiada fuerza-podría salirte muy, pero muy mal-presioné un poco más la mano y él hizo un gesto de dolor.

Tras esto comenzó a lloriquear y disculparse como si fuera una niña pequeña, noté como resquebrajaba huesos de su mano y tras unos segundos quité mi pata, hastiada para comenzar a alejarme del lugar. Un pequeño error, para él digo, pues en cuanto le di la espalda sacó a otro pokemon y este atacó en seguida, esquivé y vi al Rhyhorn, otro problema, ya estaba harta de la batalla sin sentido asique lo ataqué rápidamente golpeando su lomo pues si intentaba noquearlo golpeándole la cabeza podríamos estar ahí por horas, obviamente el pokemon resistió el ataque pero también parecía ser joven, lo único que tenía de fuerte era el ímpetu, con un par de coletazos cayó debilitado y volví a mirar al humano, caminando tranquila hacia él.

-no juegues con tu suerte-le advertí mirándolo fijamente.

El comenzó a retroceder aterrado pero pocos momentos después se quedó quieto y dejó de mirarme, ahora su mirada estaba perdida, conté hasta 3 y lo vi golpearse el mismo, wow, un fuerte puñetazo, me senté y lo vi asustarse del aire y golpear en todas direcciones, tras un par de minutos dejo de hacerlo y volvió a mirarme asustado, enseguida se levantó trastabillando y comenzó a intentar escapar.

-¿no se te olvida algo?-le hablé mientras caía, miró a sus pokemons y solo entonces recordó guardarlos para llevárselos a prisa y volver a irse apresurado.

Increíble, los humanos en serio se pasaban, creían que su vida era más importante que la de cualquier pokemon, que no importaba dejarlos tirados.

Me puse de muy mal humor y golpeé la cola contra el suelo molesta, en seguida me fui del lugar, ya no tenía ganas de dormir ahí y ver a ese viejo estúpido me revolvió el estomago asique me fui del bosque para ir a una montaña rocosa. En el camino a la salida del bosque sentí una presencia, miré por inercia pues estaba bastante cerca y entonces vi a una enana sentada en el pasto con una Vulpix en brazos. Me detuve y me quedé mirándolas un segundo, me senté altiva, oculta entre los arboles observé la escena y mientras más lo veía comenzaba a sentir un fuerte dolor en mi pecho, ellas se levantaron y comenzaron a jugar, corretearon por la zona, parecían divertirse…

“¡Megu…! ¡Megu…!” escuché en mi cabeza la voz de otra enana, una que no escuchaba hace mucho tiempo, parecía venir de mi espalda y por inercia volteé, viéndola en un pequeño claro entre los arboles iluminada. Con sus clásicos shorts y su siempre holgada polera encima de alguna polera ajustada, con su castaño cabello siempre revuelto, sonriendo como siempre, sonriéndome como siempre… llamándome… ¡Saki…! Me levanté y di unos pasos hacia ella casi pro inercia pero entonces desapareció en el brillo de la luz y bajé la mirada al piso frustrada ¡maldición! pensé que había dejado atrás esos recuerdos, pero aún seguía siendo débil… Voltee nuevamente hacia la enana que ahora estaba tirada en el piso con su Vulpix sobre ella lamiéndole la cara, riendo risueñamente… Saki siempre me colocaba sobre su pecho de esa manera, cerré los ojos recordando sus caricias en mi lomo, siempre brillando y sonriéndome como nadie… abrí los ojos molesta, ¡maldita sea! Por que recordar eso ahora, solo eran estupideces del pasado, ¿Por qué? Mi mente seguía siendo débil ante tonterías como esa. Golpeé mis colas contra el piso en abanico, frustrada y molesta, irritada y con ganas de atacar a la enana, la cual parecía haberse percatado de mí por el golpe. Su Vulpix miraba inquisidora y a la defensiva en mi dirección mientras la entrenadora miraba en varias direcciones atontada y algo perdida, bufé y di media vuelta para salir del lugar rápidamente, en seguida me dirigí a la montaña de más adelante corriendo y me escabullí en una cueva para ocultarme y tratar de dormir.

Cuando me levanté el suelo había cambiado… ¿y la cueva? Una pradera… miré alrededor, donde rayos… sentí un aroma extrañamente familiar ¿Saki? Volteé en dirección al aroma y la vi parada frente a mí sonriendo, estirándome los brazos. Sin pensarlo dos veces comencé a correr hacia ella pero en cuanto lo hice ella pareció alejarse, más y más. Mientras más pasos yo daba más ella se alejaba, mis piernas eran cortas, miré para atrás y vi mi antigua cola ¿era un Vulpix? Pero… ¿Pero cómo? volví a mirar a Saki, ella aun alzaba sus brazos hacia mí pero estaba muy alejada, intente llamarla… pero mi voz no salía. Saki… ¡Saki…! ¡Saki! ¡Por favor! ¡No te vayas! ¡No te vayas…! No te… vayas…

Todo comenzó a oscurecerse y ella desapareció, cerré los ojos frustrada e intenté gritar pero mi voz no salía, rayos ¿Saki, donde estás…? Entonces volvió a aclararse todo y la busqué nuevamente, a mis espaldas la encontré una vez más, aun me estiraba los brazos ¡Sí! Comencé a correr hacia ella de nuevo… hasta que vi a un Growlite saltar a sus brazos. Me detuve en seco y los vi jugar, de la misma forma que antes jugaba conmigo. Saki… no… ya lo había olvidado… el porqué no volvi con ella… ella me reemplazo por aquel Growlite cuando me perdí, cuando nos separamos en esa tormenta. Fueron varios años pero nunca dejé de buscarla, nunca… me entrené y mejoré para que se sorprendiera de mi avance… aprendí ataques geniales y me encontré una piedra fuego con la que evolucioné, aprendí a hablar y a usar mis ilusiones, busqué en la mente de la gente que pasaba, siempre por ella, siempre por Saki… hasta que un día en la mente de un chico que pasaba vi un vago recuerdo de ella, acababa de verla pasar por allí. Corrí hasta el lugar del recuerdo y la encontré por esa zona, recuerdo su sonrisa… solo que no era para mí en ese momento, era para un Growlite que estaba junto a ella jugando. No supe si acercarme pero… pero quizás no me había olvidado, quizás aun me recordaría. Claro, yo había cambiado, ahora mi forma era diferente pero… pero ella también había cambiado un poco… ahora estaba más alta y bonita, su cabello ahora era más largo aún que seguía usando el mismo estilo de ropa, ella seguramente me recordaría ¿cierto? Avancé unos pasos hacia ella saliendo de las sombras del bosque, quise llamarla pero me mantuve en silencio y a los pocos segundos ella volteó hacia mí pues el Growlite llamó su atención alertándola de mi presencia. Siempre tan distraída Saki, no habías cambiado después de todo.

Te mire ansiosa, me devolviste la mirada sorprendida, quizás me recordaste enseguida Saki. Avancé un paso hacia ella y entonces la vi retroceder, asustarse un poco, claro, yo ahora era más fuerte, ella siempre había sido buena reconociendo la fuerza de los pokemon al verlos. Me detuve esperando a que me reconociera y entonces su mirada cambio a una más tranquila al ver que no le haría daño pero seguía sin reconocerme, entonces ella hizo una pequeña reverencia y dio media vuelta para irse. No, Saki, no te vayas, no te vayas… avancé un par de pasos hacia ella hasta que su Growlite comenzó a gruñirme a la defensiva, ella volteó nuevamente y lo tranquilizó, lo guardó en su pokebola y sacó un Rapidash, uno que yo no conocía, lo montó y rápidamente se fue, sin siquiera mirarme una última vez, sin reconocerme… ni siquiera pareció meditarse un segundo si seria yo, me había olvidado… ¡Cómo pudo…! después de todo el tiempo que la busqué, todo el tiempo que estuvimos juntas antes de perderme, todo lo que pasamos juntas… quise intentar seguirla para asegurarme pero mis patas no se movieron, todo mi cuerpo estaba tenso y paralizado, algo en mi interior se acababa de romper y no me permitía moverme. ¿Saki, cómo pudiste…?

Desperté agitada con la respiración entrecortada, una pesadilla y recuerdos del pasado… nada mejor para hacer mi cabeza un lío, claro, nada mejor. Pero no había mucho que hacer, esa parte de mi nunca dejo de rogar por ser ese Growlite en sus brazos, una parte de mi nunca dejo de añorar que me hubiera reconocido, pero al parecer la memoria humana es frágil y también les es fácil reemplazar lo extraviado.

Bufé molesta por haber recordado todas esas cosas, maldije a la entrenadora que me encontré pues por ella mis recuerdos volvieron a mi mente tan vívidamente y maldije mi suerte, si nunca me hubiera perdido ahora sería yo quien estaría junto a Saki en lugar de ese Growlite, en sus cálidos brazos… ¡ahhh! ¡Maldición! Me levanté y golpeé las paredes de la cueva, molesta e irritada con varias colas mientras salía del lugar, en cuanto lo hice escalé la montaña rápidamente intentando descargar la tensión, corrí por los alrededores hasta llegar a la cima ya algo cansada y una vez ahí lancé una llamarada al cielo para calmarme, en cuanto lo hice me tiré al piso y me aovillé intentando quitar los recuerdos de mi cabeza. Ya todo mejoraría, pronto, en algún momento podría olvidarlo y continuar con mi vida, solo tenía que distraerme, distraerme, relajarme y olvidar. No es algo tan difícil… después de todo ya llevaba un par de años haciéndolo, solo calmarme, calmarme, distraerme.

Sentí una presencia y abrí los ojos encontrándome frente a frente con un Arcanine, me miraba directamente a los ojos como escudriñándome, le devolví la mirada y la sostuve con firmeza, no parecía querer atacarme, solo se veía curioso de mi presencia, tenía una mirada vivaz y cálida. Me sentí ligera y naturalmente atraída por su mirada en seguida.

Me quedé quieta mirándolo, él tampoco parecía moverse, se veía gallardo, queriendo lucirse frente a mí sin mover un solo musculo, y vaya que parecía funcionarle bien, en un momento decidí levantarme y acercarme, él me seguía con la mirada aun sin moverse, llegué frente a él caminando coqueta y paseé a su alrededor, como revisándolo, él se sentó en su lugar altivo y orgulloso siguiendo mis movimientos con la mirada, finalmente volví a quedar frente a él mirándolo coqueta, me sonrió confiado y acercó un poco el rostro, alejé el mío con algo de desdén bromista, él no creería que sería tan fácil ¿cierto? Lo miré con los ojos entrecerrados, moviendo mis colas para acomodarlas de una linda manera y me senté frente a él, se veía más interesado que antes y su mirada brillaba, pronto se acercó a mi sentándose casi a mi lado, yo me levanté y caminé un poco más hacia otro lado sentándome a unos metros de él, en seguida me siguió jugueteando y se sentó nuevamente a mi lado, hice lo mismo pero esta vez él se adelantó y se paró frente a mi deteniéndome el paso, se veía travieso, di media vuelta y él volvió a ponerse frente a mí, esta vez con una pata más cerca de mí, mirándome siempre altivo y confiado, levanté la cabeza un segundo mirándolo y luego intente ir por su otro lado, él avanzó unos pasos negándome el camino, intenté ir por el otro lado y me negó el paso nuevamente, vaya, vaya… Comenzamos a juguetear de esa manera, él me seguía cada paso que daba y no me permitía escapar, siempre con un brillo juguetón en su mirada sin perder ninguno de mis movimientos, finalmente en un intento de “escapar” que hice él me detuvo poniéndose cerca de mí y me miró de cerca, le sostuve la mirada un segundo y luego lamí su nariz juguetona, él se vio algo avergonzado y alejó un poco el rostro, reí por su reacción y pareció molestarse a broma, se acercó y me lamio el rostro en respuesta, reí y le golpeteé el cuello bromeando, entonces comenzamos a juguetear y pelear in agresión real, tras unos minutos gané la “pelea” y él quedo echado de espaldas a piso conmigo semi sobre él, con ambas patas en su mullido pecho pues era obviamente más grande que yo. Le sonreí confiada y luego me moví para recostarme a su lado, entonces él volteó su cuerpo en su lugar y se acomodó junto a mí acariciando mi rostro con el suyo, él era amable y cariñoso, juguetón y confiado, también coqueto y algo infantil.

-Me llamo Leo-me dijo finalmente, orgulloso de su nombre.

Medite un segundo si decirle mi “nombre”, lo había dejado atrás hacia un tiempo, preferí mirarlo misteriosa y negarle la respuesta, él me miró curioso y me insistió un poco pero le negué y me acurruqué en su cuello bostezando, Leo decidió callarse y acomodar su cuello sobre el mío para dormir relajado.

Tras unas horas sentí como me acariciaba el rostro y alejaba su calidez, levanté la cabeza aun soñolienta para mirarlo.

-ya debo irme preciosa-me dijo algo apenado-vendré mañana, si quieres nos podemos encontrar-insinuó en seguida sonriéndome, yo solo asentí y él pareció alegrarse mucho.

En seguida lamió mi rostro y dio media vuelta despidiéndose y corriendo hasta perderse, miré el cielo, ya estábamos en el atardecer, había dormido excelente, suspiré sintiéndome bien, él me hizo sentir bien.

Pasaron varios días en los que nos encontrábamos a la misma hora, en el mismo lugar, él siempre se iba alrededor de la misma hora y me prometía volver, yo bajaba de la montaña y me quedaba por la noche y la mañana en el bosque o en cuevas, pero en cuanto veía al sol en posición subía la montaña para encontrarme con él.

Ya pasadas un par de semanas seguíamos encontrándonos a diario, ya nos habíamos contado varias cosas, historias y anécdotas (en las que yo obviaba mi pasada entrenadora, claro), a veces él me decía que no podría venir al día siguiente, no le preguntaba por qué pero él se sentía apenado y triste por fallar a la silenciosa promesa que teníamos y luego del día en el que no nos encontrábamos siempre me traía algún regalo, algo de su cacería, flores, agua, lo que fuera, lo que pudiera, como disculpa por no haber podido venir el día anterior. Pasaron varias semanas y nuestro amor florecía cada vez más, hasta que una noche me di cuenta de que algo raro me pasaba, me sentía rara. Mi cuerpo estaba diferente, tras meditarlo un poco me di cuenta de lo que pasaba, dentro de mi había otro ser. Me sentí feliz pues era el pequeño fruto de nuestro naciente amor y esa noche no pude conciliar el sueño, quería que saliera el sol, ir a nuestro lugar de encuentro usual y darle la sorpresa.

Finalmente llego la hora del día en la que nos encontraríamos… esperé impaciente pues él se retrasó, extraño, nunca le pasaba, al menos no sin un aviso anterior, comencé a caminar de un lado al otro cada vez más ansiosa hasta que finalmente sentí su aroma a los lejos, volteé ansiosa hacia él mientras se acercaba corriendo.

-Lamento la demora, Megu-se disculpó acariciando su cuello con el mío-me retrasé porque te traje una sorpresa-lo mire feliz.

-Yo también te tengo una sorpresa, Leo-le comenté feliz, respondiendo su caricia con ternura y algo de calma, tenerle cerca causaba un efecto hermoso en mí.

-jeje ¡yo primero!-dijo revolviendo mi melena insistente y bromista, no me pude negar.

-ok, ok, pero rápido-le exigí sonriente.

-¡Claro!-entonces miró hacia atrás-hay alguien que quiero que conozcas-dijo ansioso-es alguien muy especial para mí-lo miré inquisidora-¡n-no tan importante como tú! ¡P-pero si muy importante!-intento explicarse, yo solo reí y asentí, aunque la mirada había sido por otra razón-¡bien! ¡Cierra los ojos!-me pidió moviendo la cola emocionado.

Yo asentí y los cerré levantando el rostro, me imaginaba de que se trataba, lo había sabido desde que me dijo su nombre y por sus actitudes desde el comienzo, poco después lo sentí alejarse y volver con otro aroma, un aroma extraño pero raramente familiar… negué con la cabeza rápidamente y esperé paciente, pocos segundos después él me dijo que abriera los ojos… lo vi parado moviendo la cola a varios metros acercándose con una humana. Una que yo conocía muy bien…

-¿q-que es esto?-pregunté asustada, debía ser una ilusión, una broma y una de muy mal gusto.

-e-ella es mi entrenadora, Megu-me dijo algo apenado seguramente por mi expresión.

Yo sabía que él tenía entrenador, incluso me lo había contado luego de poco tiempo, yo también le había contado que no me agradaban los humanos, no teníamos problemas con ello, hasta había pensado que tendría que conocer a su entrenadora tarde o temprano aun que no me agradaba la idea, y él prefería no hablarme de ella sabiendo que no me gustaba, pero debí haberle permitido hablarme de ella. Así quizás habría podido reconocer el peligro antes de que pasara.

Ellos avanzaron hasta mí, me quedé paralizada un momento, ella sonreía nerviosa y ansiosa en silencio hasta que finalmente pude mover mis patas, solo para escapar del lugar. Comencé a retroceder hasta dar media vuelta y salir de ahí casi trastabillando, escuché a Leo llamarme pero lo ignoré y continué corriendo, seguí y seguí hasta bajar por completo la montaña, mientras lo hacía iba pensando y recordando. Entonces Leo era el pequeño Growlite que en ese entonces había visto con ella. Estúpida, estúpida ¡Estúpida ilusa! No podía ser tan fácil, olvidar el pasado y enamorarse, ¡Simplemente no podía ser tan fácil!

Sentí una presencia atrás de mí y volteé, como ya sabía era él, y como también sabía era rápido pero yo era mas ágil, aumenté la velocidad en seguida, necesitaba salir de ahí, escapar de eso, de él. De ella.

Continué corriendo por el bosque intentando perderme, era más pequeña que él por lo que pasaba más desapercibida y ágilmente por esa zona, para él era más fácil correr por las praderas con su gran tamaño pero en el bosque corría severa desventaja. Atravesé todo el bosque hasta ver a lo lejos un claro, esa sería la pradera que estaba por ese lado, en cuanto llegara podría correr aún más rápido hasta finalmente escapar, apresuré el paso hasta que pude salir a la pradera donde frene bruscamente. Leo me esperaba agitado y en guardia.

-¿Cómo llegas…?-pregunte atontada, estaba segura de que lo había perdido en medio del bosque.

-tomé un atajo rodeando, soy más rapido que tú en campo abierto-me explicó algo serio mientras se acercaba, en seguida retrocedí asustada y él frenó-¿Pero qué te pasa…?-me miró triste sin entender, me sentí mal y bajé la mirada.

-nada que te incumba-respondí casi sin pensar, entonces él se acercó más.

Intenté escapar y Leo hizo lo mismo que el día en que nos conocimos, se interpuso rápidamente en mi camino y me evitó el paso, intenté huir como pude pero no lo logré, finalmente él fue capaz de acercarse más a mí. Comenzamos a pelear aunque realmente no quería hacerle daño pero debía irme, él se defendía mientras evitaba que me zafará sin hacerme daño y yo por mucho que lo intentara no era capaz de dar ni el 50% de mi habilidad para dañarle, finalmente quedamos en la misma posición que el primer día que nos conocimos, solo que al revés. Él tenía una de sus grandes patas sobre mi pecho y me miraba con cariño y tristeza in dejarme zafar.

-explícame-suplicó con una voz que me quiso partir en dos-si no quieres estar conmigo al menos explícame.

No, no, no, no, no, ¡no es eso! ¿Pero cómo explicar algo que me hacía tanto daño así de fácil? Desvié la mirada sin saber cómo decirle, era el primero que me hacía sentir tan bien, el primero que lograba que olvidara mi tristeza y la reemplazaba por felicidad con tan solo una juguetona mirada. Segundos después de dejar de mirarlo sentí como se aflojaba la presión de su pata sobre mi pecho.

-entiendo, entiendo-susurró con un tono decepcionado y dolido-lamento haber pensado…-no completó la frase, volvi a mirarlo, se veía muy triste y ya no me miraba a mi sino al suelo con ojos como perdidos, entendía el por qué, entendía que su amor era incluso más fuerte que el mío pues el corazón de un Arcanine está destinado siempre, casi sin poder elegir pues siempre amará a la misma compañera, reencarnada en cada alma.

-no-le dije sin saber cómo hacer que entendiera el porqué, no podía dejarle así, no podía destruirlo de esa manera-no es eso, Leo.

-¿¡Entonces qué, Megumi!?-esa fue la primera vez que lo escuché hablarme tan fuerte, estaba desesperado ¿verdad…?

-E-Es solo… los humanos…-no me dejó continuar mi vaga explicación, soltándome y volteando a caminar frustrado.

-sí, sí, los odias-dijo girando a mirarme molesto mientras me levantaba para encararle-pero no entiendo ¡¿Por qué?! ¿Por qué debido a eso huiste de mí? ¡Como si fuera el diablo!-me exigió saber, de algún modo seguía manteniendo cierta calma, pero podía notar el enfado emanando de su aura, el ambiente estaba más acalorado incluso que antes cuando “peleamos”.

-no-no huía de él-yo no…

-no, no, no ¡¿no que?!-se veía exasperado y frustrado por mis vagas respuestas ¿quién no?-¿es tan malo que tenga una entrenadora? ¡Solo quería que conocieras más de mí!-me expresó mirándome casi suplicante, estresado y molesto por no entender lo que pasaba-¡¿me odiaras por eso?!-me preguntó en un grito.

-¡NO!-grité esta vez yo parándome firme, ya harta de la discusión, mirándolo fijamente con todas las colas levantadas por el estrés-¡el maldito problema no eres tú!-no podía callármelo, quería que él supiera, que me entendiera.

-¡¿entonces qué?!-exigió saber en igual tono.

-¡Es Saki, maldita sea!-me miró confundido, algo sorprendido-¡Es por ella!

Entones él no dijo nada más por unos segundos, me miró confundido y atontado.

-como… ¿Cómo sabes su nombre?-habló bajo y me miró expectante, sabiendo que nunca me lo había nombrado.

-porque ella era mi entrenadora, Leo-entonces él retrocedió un paso-ella era…-mire al piso sintiendo un fuerte dolor en el pecho-mi entrenadora.

Entonces él no dijo nada más, sentí su mirada sobre mí por varios segundos pero no pude levantar la vista hacia él.

Finalmente lo sentí moverse, me dio la espalda, lo pude ver de reojo mientras negaba levemente con la cabeza, luego se giró a un lado y dio un par de vueltas con rostro contrariado antes de volver a mirarme y avanzar un par de pasos hacia mí.

-entonces-no quise moverme ni intentar imaginar que me diría-entonces si eras tú-¿yo? Levante la mirada extrañada, él avanzo otro par de pasos hacia mí.

-¿De qué hablas?-pregunte confusa.

-tú eras “esa” Megumi, de la que tanto escuche hablar-me miró con cariño y tristeza.

-no lo entiendo-negué retrocediendo muy confundida.

Él solo continuó avanzando hacia mí hasta abrazarme con su cuello y una pata, ¿Qué estaba pasando? ¿Qué rayos…? me alejé un poco de él para mirarlo interrogante, él tendría que explicarme de que hablaba.

-cuando-comenzó a hablar nuevamente, accediendo alejarse para mirarme-cuando fui regalado a Saki por un familiar, ella era una niña muy triste-me miraba serio y deprimido mientras recordaba-casi no sonreía y, a veces, la escuchaba llorar por las noches sin razón. En ese tiempo ella se quedaba casi todo el tiempo encerrada en sí misma, no hablaba con nadie y a veces salía corriendo de donde estuviéramos y comenzaba a vagar por cualquier lado, como buscando algo-rememoraba ya sin mirarme a mí, sino a otro lado en su memoria tras desviar el rostro a la pradera-ella me tenía a mí y no trataba con ningún otro pokemon, se dedicaba a trabajar y ahorrar. Después de varios meses finalmente me enteré de lo que pasaba cuando saco un par de pokemones de la PC, ellos me contaron que ocurría y logré entender que era lo que buscaba cuando salía corriendo-entonces volvió a mirarme significativamente, no estaba muy segura de ir entendiendo todo-ella buscaba a su Vulpix perdida, a su querida “Megumi” de la cual se había separado en una tragedia, según me explicaron sus otros pokemon.

Después de esto Leo tomó una pausa y luego suspiró cerrando loso ojos un momento, el tema parecía tan agotador para él como extraño era para mí.

-Poco después de que sacó a sus pokemones comenzó a viajar nuevamente a lejanas distancias buscando a su Megumi, mientras pasaba el tiempo también comenzó de a poco a entrenarnos. Volvió a capturar pokemons aunque normalmente para transporte, eso le facilitaba muchas cosas, yo hacia lo que podía para hacerla feliz y me esforzaba entrenando para complacerla y ayudarla, después de ya pasado un año tenía un equipo completo de transporte excepto por mí, a todos nos cuidaba mucho y se preocupaba por cada detalle de nuestro cuidado pero rara vez sonreía… Luego fuimos a su casa en uno de los viajes, ahí me enteré el porqué yo había sido regalado a ella. Yo había ido una especie de “suplente” para la tal Megumi, un reemplazo que la familia de mi maestra intento darle para sacarla de la depresión en la que entró. En ese tiempo me enfadé un poco por ser tratado de esa manera pero al poco tiempo entendí que yo nunca podría llegar a ser un sustituto para esa Vulpix ya que Saki no me veía así-bajo un poco la mirada como apenado-después de eso hice lo mejor que pude para hacerla sonreír, sin embargo fueron largos años los que mis compañeros y yo tardamos para hacerla sonreír cono una chica normal. De todas maneras ella nunca dejaba de buscar, pero cuando buscaba en su mirada siempre había decepción, ella sentía de alguna forma que no lograría encontrar a su preciosa Vulpix, estaba rendida aunque siquiera. Finalmente, después de unos 6 años ella conoció a un hombre, uno que logro hacerla feliz, él era de la ciudad de aquí cerca y Saki se quedó aquí por él, se estableció en la ciudad junto al hombre, que era criador, por esto ella comenzó a aprender sobre esa rama y a ayudarle poco a poco. Después de un tiempo por fin comenzó a sonreír de una manera más real, más sincera, nosotros pensábamos que habíamos conseguido hacerla feliz pero no era así, no sabes cuánto agradezco que lo conociera.

Esta vez había un pequeño brillo en su mirada al verme y una ligera sonrisa nostálgica al pausar el relato, yo de algún modo no quería creer lo que me decía, había pasado tanto tiempo ya, tantos años habían transcurrido que esto sencillamente no quería entrar en mi cabeza, quería convencerme de que no era cierto, solo para protegerme a mí misma de lo que comenzaba a aflorar en mi mente. Sin embargo Leo aun no terminaba.

-pero hasta el día de hoy tiene la pokebola de su Vulpix en su habitación-retomó mirando hacia otro lado como recordando brevemente-la guarda en una caja de tesoros y cada día la limpia sin falta, nunca pudo olvidar-suspiró un momento y volvió a mirarme con algo más de relajo, si es que así se le puede llamar-ella normalmente me libera por las tardes para que corra y me ejercite, uno de los días en los que corría por la zona, por mi ruta usual de entrenamiento en la montaña sentí un olor particular, me pareció apenas conocido y pensé que sería algún pokemon que antes haya visto, luego vi de lejos una llamarada al cielo y entonces te encontré, en seguida me sentí atraído por tu belleza y luego de unos días, cuando me dijiste tu nombre por un momento pensé que tú podrías ser “esa” Megumi, pero yo sabía que era una pequeña Vulpix tímida y dulce, no una gran Ninetales fuerte y extrovertida, pensé que quizás podrías ser tú pero cuando te hablaba de mi entrenadora o de cualquier persona, aquel odio me llevaba a pensar que no eran la misma, no me cabía en la cabeza que esa Vulpix que buscamos por años pudiera sentir tal desprecio por la gente, sin embargo la duda siguió y finalmente me decidí presentarlas, aunque no sabía cómo terminaría todo y de algún modo creía que no serías esa pokemon-tras esto me miro expectante y silencioso, le devolví la mirada un segundo y miré al suelo.

No sabía cómo responder no era algo… algo que esperara, no sabía cómo digerirlo, simplemente no lo entendía. Leo se quedo conmigo varias horas mientras yo intentaba asimilar todo, me acariciaba y se acurrucaba junto a mí esperando pacientemente. Finalmente decidí comprobarlo por mí misma, si esta historia era cierta entonces… entonces Saki ¿Aún me quería? Quizás… quizás me recibiría. Miré a Leo y le dije que quería ir a verla, él me sonrió animándose y me guió nuevamente a la montaña, extraño, ya estaba atardeciendo, ¿aun estaría ella ahí? Él me dijo que la había dejado ahí esperando así que sin duda estaría en ese lugar.

Finalmente llegamos y ella estaba sentada contra un árbol durmiendo junto a un hombre, uno que al parecer también había venido con ellos pero yo no le tomé atención antes, él parecía hacerle de almohada a ella mientras dormitaba y en cuanto nos vio la despertó con bastante sutileza, entonces ambos se levantaron mirándome ansiosos, podía oler sus nervios, además cuando se levantaban noté la dificultad para levantarse de ella y pronto confirmé que ella traía un ser en su vientre. En cuanto estuvimos a una cierta distancia me frené y Leo me miró expectante, tragué saliva dudosa e indecisa, mis patas temblaban, me senté para no perder el equilibro y la miré respirando profundo para darme ánimos, finalmente me decidí y le susurre.

-Saki…

No pude decir nada más pues sentía increíbles deseos de llorar en ese momento, asique simplemente la miré esperando por su reacción, ella primero se vio perpleja, me miraba extrañada, quizás sin saber el porqué de que yo supiera su nombre, trague saliva nerviosa y volví a hablarle, esta vez aún más bajo.

-… Soy Megu…

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Miré a Saki y luego a Megu, ambas estaban paralizadas en su lugar, Megu miraba expectante, veía todo su cuerpo temblar nervioso, por otro lado Saki no movía ni un musculo, su rostro era de completa estupefacción, como si no entendiera nada de la situación. Ambas permanecieron varios segundos así, el ambiente era asfixiante, pero entonces vi como las piernas de Saki tambaleaban y caía de rodillas al suelo mirando a Megu, siendo apenas a tiempo sujetada por su marido, los labios comenzaron a temblarle cada vez más y de sus ojos comenzaron a caer lágrimas, no tardó comenzar a llorar completamente, con el rostro hacia el cielo, gritando con los ojos cerrados como una niña.

-Megu… ¡Megu…! ¡Megu…!-decía sin poder parar de llorar.

Joan se había arrodillado junto a mi maestra y permanecía a su lado sujetando sus hombros para darle ánimos, acercándose ella por inercia a llorar en su abrigo. Yo miré a Megu que continuaba quieta aun que ya no temblaba tanto como antes, ella más bien estaba completamente paralizada, podría jurar que no respiraba. Me acerqué y me coloque tras ella para empujarla suavemente hacia Saki.

-Adelante…-le susurré cuando volteó asustada hacia mí-ella te está esperando.

Tras esto ella volvió a mirar adelante y después de meditarlo unos segundos se levantó, parecía que acababa de darse cuenta de lo que ocurría, yo me senté en mi lugar viéndola dar un primer y temeroso paso hacia Saki, Joan al ver esto se acercó a susurrarle algo a Saki, “alguien te está esperando amor” pude escuchar solo por mi buen oído.

Entonces ella abrió los ojos por primera vez desde que comenzó a llorar, ambas se miraron directamente a los ojos un momento y Saki dejo de llorar como antes. Las lágrimas seguían cayendo de sus ojos mientras se levantaba ayudada por Joan sin dejar de mirar a Megu en ningún momento, enseguida Megu dio otro paso hacia ella y ambas comenzaron a acortar distancia cada vez más rápido hasta que estuvieron una frente a la otra, apenas esto paso Saki abrazo con fuerza a Megu y comenzó a sollozar nuevamente, “lo lamento… lo lamento… lo lamento tanto…” susurraba de vez en cuando a Megu, esta ultima comenzó a llorar en cuanto la escuchó y devolvió el abrazo con su cuello, cobijando en su melena a mi… a nuestra maestra.
Sonreí ante la escena, miré a Joan y él parecía sentirse como yo, me sonrió y volvió a mirar a ambas chicas llorando. Tras esto paso por lo menos una hora en la que ninguna dejaba de llorar, se susurraban la una a la otra muchas cosas mientras continuaban lagrimeando, después de un cierto tiempo miré el cielo, comenzaba a oscurecer y bajaría el frio, miré a Joan y él me devolvió la mirada un segundo, miró al cielo y me asintió, siempre me había agradado esa cualidad de él de entender lo que cada pokemon quería decir sin mayor esfuerzo, enseguida avanzo hacia su esposa y yo hice lo mismo, me coloqué junto a Megu y acaricié su lomo mientras Joan acariciaba la espalda de Saki.

-Sería una buena idea continuar la reunión en casa… le hará mal al bebe tomar frio…-susurró tranquilo, Saki tocó su pansa como recordando.

Poco después ambas se calmaron y se miraron sonriendo, Saki se seco el rostro y fue abrazada por su marido mientras yo acariciaba el rostro de Megu y ella me devolvía las caricias sosegada, “gracias…” me susurro sin mirarme, casi escondida en mí.

-no sé porque agradeces, bonita-le susurre lamiendo su rostro-vamos, hay que ir a casa.
Valeria Caprice
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